• Pájaro de fuego (con Mariana Bianchini): Universo invertido

     

    pajaroCDInacción vegetal, Pez volador, Máquina infernal, Culo sucio, Un solo de vals, Paisaje virtual, Luna llena en Tauro, Ladrón de rimas, La extranjera

    Músicos:

    Esteban Sehinkman: Rhodes, sintetizadores

    Daniel “Pipi” Piazzolla: batería

    Mariano Sívori: bajo eléctrico

    Lucio Balduini: guitarra

    Mariana Bianchini: voz

     

    Sello y año: Club del Disco, 2017

    Calificación: Está muy bien

     

    Universo, dicen, proviene del latín Universus que a su vez se compone de los vocablos “unus” (o sea: “uno”) y versus (que significa “convertido o girado”). Se colige entonces que el Universo es “Uno y todo lo que lo rodea”. O bien “Todo lo que existe y el lugar que ocupa”. Y por qué no “Conjunto de todo lo existente”. Es decir que vendría a ser todo, pero absolutamente todo. Desde lo más pequeño hasta lo inimaginablemente grande.

    Con respecto a sus orígenes, hubo (hay) cuatro teorías –de las más reconocidas- que intentaron echar luz sobre las sombras: la Teoría inflacionaria, la Teoría del Universo oscilante, la Teoría del estado estacionario y la más aceptada por los entendidos (y los no entendidos también), la Teoría del Big Bang. Incluso podríamos agregar la Teoría de la Congelación, hipótesis surgida en 2014. Esto, si nos atenemos a la ciencia. Porque si queremos complicarla, podríamos recurrir a los griegos (que parten desde el Caos), los judeo-cristianos (“En el principio creó Dios el cielo y la tierra”), los mayas (el mundo era agua hasta que llegaron Tepeu y Gucumatz), los aztecas (con un dios creador, Ometecuhlti, y el mundo que se crea, se destruye, se vuelve a crear, se vuelve a destruir y así…), los egipcios (para los que el Universo era una caja y un sol que por las noches navegaba en un barco), los chinos (con la teoría del hun t’ien –cielo envolvente- donde el cielo es como un huevo de gallina donde la Tierra sería la yema), los ekoi (del sur de Nigeria, para quienes todo fue creado por Obassi Osaw y Obassi Nsi), los ainu (en Japón, con el dios creador Kamui, sus seis cielos superiores, seis mundos subterráneos, seis cielos inferiores y más), los húngaros (con el Gran Padre de los Cielos y el Mar Sagrado), los vikingos (con Ginnungagup, donde se encontraron el hielo de Niflheim y el fuego de Muspell), los incas (para quienes el Dios Creador surgió de una piedra Viracocha), la teoría babilónica (con el enfrentamiento entre Marduk y Ti’amat) y otras más (muchísimas), algunas de ellas francamente imaginativas.

    Lo cierto es que de acuerdo con (y retornando a) la Teoría del Big Bang, el origen de todo esto que usted y yo vemos (y lo que no vemos también) se comenzó a formar hace apenas unos 15.000 millones de años (día más, día menos), así que alguna que otra historia pudo haber sufrido leves distorsiones en el camino. Aunque hay algo que seguiré preguntándome día tras día: ¿qué había antes de ese inicio? ¿Hace 15.000 millones… y un día?

    También, convengamos, se utiliza la palabra “Universo” para referirse a un “Conjunto unitario de elementos inmateriales, en especial las ideas o los sentimientos, que pertenecen a una determinada actividad”. Así, pues, encontramos factible la existencia de universos literarios, musicales, políticos, deportivos y así ad infinitum (o casi).

    En el Tarot, la carta referida al Universo representa al mundo coronado, con todos rendidos a sus pies. augura victoria, suerte, éxito, realidad, premio, triunfo, plenitud. En el plano espiritual, la realización plena y total. En el anímico, la superación de todos los problemas y en el material, la disposición de todas sus energías. Resumiendo: todo es posible, todo es favorable.

    Y lo referido viene a colación de que a la agrupación que nos ocupa, Pájaro de fuego, le corresponde en el Tarot, justamente, el Universo. Y seremos sinceros: no vaya a creer que hemos realizado una investigación exhaustiva consultando a especialistas y pitonisas. O que hemos quemado pestañas en gruesos tratados sobre el apasionante mundo de los naipes y sus significados. O que nos pasamos extensas jornadas investigando en bibliotecas esotéricas. No señor, nada de eso. Nos basamos pura y exclusivamente en las declaraciones del líder de la agrupación mencionada, el tecladista y compositor Esteban Sehinkman, quien declaró a voz en cuello “al grupo le corresponde en el Tarot la carta del Universo”.

    Porque el nuevo trabajo de Pájaro de fuego (en este caso con el aporte de la vocalista y compositora Mariana Bianchini) se titula, por esa razón, Universo invertido. Y la explicación de “invertido” salió de boca de la cantante, con esa sensación de que hoy por hoy todo está medio “dado vuelta”, donde la tecnología que muchos creen los acerca en realidad los aleja, que se está en contacto con todos pero en realidad con ninguno y una serie de dicotomías por el estilo sin que esto implique una reivindicación del pasado pero sí del “démosle a las cosas sus verdaderos lugar, significado y trascendencia”. O similar.

    Pájaro de fuego debutó discográficamente en 2012 con el álbum homónimo (Sehinkman en teclados, Daniel “Pipi” Piazzolla en batería y Matías Méndez en bajo, la misma formación que el disco anterior del tecladista, El sapo argentino de boca ancha), al que le sucedió La rueda de la fortuna en 2014 (donde el trío se convirtió en cuarteto con la incorporación de Nicolás Sorín en sintetizador y voz en dos temas). Y para este Universo invertido las cosas han cambiado bastante.

    Por supuesto que conserva su lugar el líder, Esteban Sehinkman, y también el baterista Daniel “Pipi” Piazzolla; en tanto que el bajista Mariano Sívori reemplaza a Matías Méndez y el guitarrista Lucio Balduini al tecladista Nicolás Sorín. La mayor novedad (y sorpresa) es la incorporación, en su rol de cantante y –también- de compositora, de la ex Panza Mariana Bianchini. Con esto queda claro que las modificaciones no se han dado sólo en el terreno instrumental sino además en cuanto a la concepción del proyecto, habida cuenta de que se trata del primer álbum de Pájaro de fuego con una poderosa presencia verbal (porque, además, Bianchini escribe buenas historias y lo hace muy bien) y no como había ocurrido hasta el momento donde las letras se circunscribían a uno o dos temas (como en La rueda de la fortuna).

    El inicio de Universo invertido es con Inaccción vegetal, con Sehinkman marcando el rumbo con cierta reminiscencia minimalista alla Phillip Glass, sostenido por un atractivo trabajo de la base comandada por Daniel “Pipi” Piazzolla y Mariano Sívori. Bianchini comienza a mostrar sus dotes vocales por encima de “un loop abrazador” y la canción llegó para quedarse. Pez volador es la única letra compuesta por Sehinkman para este disco. Nuevamente la atmósfera con dosis de psicodelia, las texturas en los teclados en carácter “sci-fi”, Balduini aportando sutilezas y el disco que empieza a dejarse llevar. Aquello de “invertido” a lo que hacía referencia Bianchini se manifiesta claramente en Máquina infernal: “La distancia es real”, “GPS emocional”, “¿Cuándo voy a reiniciar esta máquina infernal?”, canta en una balada con un adictivo aroma a setentismo aggiornado.

    Estaba faltando algo y llegó Culo sucio. Tal vez una muestra clara de los distintos estadíos que Pájaro de fuego atraviesa en este álbum. Un inicio contundente con Piazzolla y Sívori demostrando que se conocen de verdad desde hace unas dos décadas, Sehinkman –gran inventor de climas y melodías- y Balduini creando capas donde una vez más el uso de auriculares brinda un importante valor agregado para el disfrute. Bianchini se siente a sus anchas en esta suerte de funky soul y canta con soltura, expresividad y riesgo una muy buena letra (muy buena en serio): “Odiame más, para volver a empezar, para salir ilesos. Hoy le declaro la guerra a tu sumisión. Ya no detengo las flechas que van hacia vos”. Y luego del arrollador comienzo, Culo sucio se adentra en una meseta “espacial” comandada por el tecladista donde la cantante suelta “Yo aquí espero… conectada a un pulmotor”. Finalmente, una tercera parte en esta suerte de rapsodia, liberadora, lúdica, con un Piazzolla inqueto y genial que permite que todo lo demás fluya. Y fluye.

    Un solo de vals es una gran balada que Bianchini (en este caso también responsable de la música) interpreta con sensualidad al principio, desgarradoramente después y magnetismo siempre. El grupo suena muy ajustado, hay una ínclita intervención de Lucio Balduini en guitarra, un particular destaque de Mariano Sívori en bajo, pero es Bianchini quien aquí brilla y encandila hasta el dolor.

    Paisaje virtual, además de su contenido “realístico-virtual”, brinda una melodía apacible con la banda afiatada y en estado de gracia grupal.

    Y llegamos a una destacada trilogía final.

    ¿Es un hombre o un robot? ¿Tiene motor, disco rígido o corazón? ¿Sangre, vino, interruptor, o un circuito conectado a un ordenador?”, dice una gran Bianchini al inicio de Luna llena en Tauro que va ganando en intensidad con Sívori, a quien se le nota nada que retomara el bajo eléctrico después de casi dos décadas (sabida es su formidable aportación en contrabajo en Escalandrum), Sehinkman marcando el rumbo, los “detalles” que parece que no están pero sí del imaginativo Lucio Balduini (“siempre es bueno tenerlo a Balduini cerca”, dijo Daniel “Pipi” Piazzolla), el baterista que a su vez se destaca con sapiencia y la energía que se eleva para luego disminuir en un climático final.

    Ladrón de rimas es la pieza más larga del álbum. También la que representa acabadamente las bondades del disco, de sus integrantes y de la banda. Podría decirse que lo tiene todo. Bianchini que cuando tiene que susurrar, subyuga; y cuando tiene que exprimir su garganta, demuele. Como si se tratara de otra rapsodia con segmentos delimitados pero no forzados, los climas varían con naturalidad y en los momentos justos, con protagonismos repartidos, sustanciosos y destacados por igual. Funk, soul, jazz, rock en equilibradas dosis para uno de los mejores momentos de Universo invertido.

    Y el cierre es con una balada exquisita. La extranjera es una hermosa historia pergeñada por Mariana Bianchini quien, además, la interpreta con calidez y carácter. La intimista atmósfera permite apreciar una vez más las dotes de los músicos pero es especialmente Lucio Balduini quien realiza un aporte superlativo.

    El ahora quinteto Pájaro de fuego, en Universo invertido –excepcionalmente grabado por Facundo Rodríguez-, ha concretado un álbum distinto y distintivo, con notables aportes de cada uno de sus integrantes y que destila talento, frescura y compromiso.

     

    Marcelo Morales

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