• Matt Mitchell: A Pouting Grimace

    Matt

    bulb terminus, plate shapes, mini alternate, brim, deal sweeteners, squalid ink, gluts, heft, sick fields, ooze interim

     

    Músicos:

    Matt Mitchell: piano, Prophet 6, electrónicos

    Kim Cass: bajo

    Kate Gentile: batería, gongs, percusión

    Ches Smith: vibráfono, glockenspiel, bongós, timpaní, gongs, tanbou haitiano, percusión

    Dan Weiss: tabla

    Patricia Brennan: vibráfono, marimba

    Katie Andrews: arpa

    Anna Webber: flauta, flauta alta, flauta baja

    Jon Irabagon: saxo sopranino, saxo soprano

    Ben Kono: oboe, corno inglés

    Sara Schoenbeck: fagot

    Scott Robinson: saxo bajo, clarinete contrabajo

    Tyshawn Sorey: conductor

     

    Sello y año: Pi Recordings, 2017

    Calificación: A la marosca

     

    Si buscas la verdad, podrás encontrar confort al final; si buscas confort, no encontrarás ni verdad ni confort (Clive Staples Lewis)

     

    La zona de confort es un estado mental en el cual la persona permanece pasiva ante sus experiencias vitales y sólo encuentra alivio en una rutina sin sobresaltos ni riesgos, pero también sin incentivos. El apego a esa zona de confort genera apatía, dependencia e impide conocer otros escenarios creativos en donde puede haber aprendizaje, crecimiento, desarrollo y adquisición de nuevos conocimientos y experiencias.

    El individuo, para satisfacer sus aspiraciones personales más profundas y verdaderas, está obligado a abandonar la hipotética comodidad de la rutina y el supuesto confort a los que se encuentra sometido. En rigor, cuando las personas se plantean metas auténticamente motivadoras, empiezan a transformar ese confort aparente en un estado real de profundo bienestar que les permite asumir con convicción los desafíos que implica recorrer un camino propio, autónomo y alejado de la seguridad de lo rutinario y de lo ya probado y transitado.

    La búsqueda de nuevos horizontes creativos, el compromiso con las propias convicciones y una irrenunciable motivación para transitar territorios musicales inexplorados, son algunas de las cualidades que distinguen al extraordinario pianista, tecladista y compositor estadounidense Matt Mitchell.

    Mitchell es uno de los vértices del magnífico Tim Berne’s Snakeoil (agrupación con la que editó Snakeoil de 2012, Shadow Man en 2013,You’ve Been Watching Me de 2015 e Incidentals en 2017), forma parte del quinteto de Dave Douglas (Be Still en 2012, Time Travels de 2013, Brazen Heart y Brazen Heart Live at the Jazz Standard en 2015), acompaña a los bateristas y compositores Dan Weiss (en los álbumes Fourteen de 2014 y Sixteen: Drummers Suite de 2016 y en el recientemente constituido Dan Weiss Quintet) y Kate Gentile (Mannequins de 2017), participa en Jonathan Finlayson and Sicilian Defense (Moving Still de 2016) e integra Steve Coleman’s Natal Eclipse (Morphogenesis en 2017). Además de lo mencionado, colabora con Rudresh Mahanthappa’s Bird Call, John Hollenbeck’s Large Ensemble, David Binney Quartet, Anna Webber Simple Trio, Darius Jones Quartet y Ches Smith’s We All Break, entre otras bandas.

    La aclamada producción discográfica solista de Matt Mitchell incluye a los álbumes Fiction de 2013 (secundado por el baterista Ches Smith), el doble Vista Accumulation en 2015 (con una alineación en cuarteto integrada por su líder en piano, Chris Speed en saxo tenor y clarinete, Chris Tordini en bajo y Dan Weiss en batería) y el solo piano sobre composiciones de Tim Berne materializado este año con el álbum Førage.

    En el intrépido, audaz y poderoso imaginario estético que elabora Matt Mitchell en su nueva entrega discográfica titulada A Pouting Grimace, se ofrece una obra que comprende cuatro composiciones electrónicas y seis acústicas -o en su mayoría acústicas- con una inusual paleta instrumental (integrada por cinco instrumentos de viento, cuatro de percusión, arpa y bajo, más el propio Mitchell en piano, sintetizador análogo Prophet 6 y electrónicos), donde interactúan composición e improvisación y se derriban las barreras entre la vanguardia del jazz, la música clásica contemporánea, el heavy metal más experimental y las nuevas tendencias en el campo de la improvisación, para crear una forma musical sin antecedentes ni comparaciones.

    La apertura, con el evanescente y onírico carácter de bulb terminus, tiene como elemento excluyente a los electrónicos de Matt Mitchell. El breve curso de la pieza parece ubicarse simbólicamente en la delgada línea fronteriza que separa al sueño del estado de vigilia y, en cierto sentido, terminará oficiando a manera de una precuela del centro composicional desplegado en A Pouting Grimace.

    El “despertar” de la obra pergeñada por Matt Mitchell llega con el complejo entramado y las yuxtaposiciones exploratorias del abrasivo plate shapes. En el mapa narrativo de la composición se avizoran vestigios subliminales de metal, clasicismo contemporáneo y jazz de avanzada. Sin embargo, el resultado de esa convergencia se aleja de las hibridaciones amañadas y los modelos preestablecidos para ubicarnos en el umbral donde las formas musicales y los géneros tradicionales empiezan a diluirse. El tema concatena diferentes estadios dinámicos que resultan, estratégicamente, interceptados por una deliberada repetición de patrones que actúan a la manera de un mantra. Ese relato sonoro se irá nutriendo de una inusual paleta sonora en donde confluyen los invaluables aportes de Matt Mitchell (alternando piano y Prophet 6), la solidez del bajo de Kim Cass, los sutiles contrastes entre el vibráfono de Ches Smith y la marimba de Patricia Brennan y el vibrante solo de Sara Schoenbeck en fagot. Luego, durante el clímax, asomarán la deslumbrante –e inclasificable– exposición de Jon Irabagon en saxo sopranino y una arrolladora labor de Kate Gentile en batería.

    En los inquietantes, fragmentados e imaginativos trazos que dibuja mini alternate convergen la sensación de pesantez y profundidad sonora que imparte el saxo bajo de Scott Robinson, un pasaje a piano trío con epicentro en la descollante intervención de Matt Mitchell, los exóticos ornamentos aportados por Ches Smith en tanbou y glockenspiel, un infartante crescendo colectivo y la resolución con lejanos aires de raga de la India protagonizada por Ben Kono en oboe y Dan Weiss en tabla.

    El eje argumental del álbum A Pouting Grimace deriva y proviene de una banda co-liderada por Matt Mitchell y Kate Gentile llamada Snark Horse. Todas las composiciones de dicho proyecto tienen el común denominador de restringirse a un solo compás y una de ellas se titula, justamente, A Pouting Grimace. Esa pieza de un compás aparecerá en forma de un ostinato en el opresivo y asfixiante alegato estético –que el propio Mitchell describe como “heavy music”- implícito en el arco narrativo del caleidoscópico brim (el único tema que incluye a todos los músicos involucrados en este proyecto). En el marco de un superlativo nivel interpretativo por parte del ensamble –aquí bajo la dirección de Tyshawn Sorey– sobresalen los impulsos rítmicos que imparten Ches Smith en bongós, Kate Gentile en batería y percusión, Patricia Brennan en vibráfono y Dan Weiss en tabla, los coloridos ornamentos que proveen el arpa de Katie Andrews, el clarinete contrabajo de Scott Robinson y el saxo soprano de Jon Irabagon y las exquisitas apariciones solistas de Sara Schoenbeck en fagot y Anna Webber en flauta.

    La primera parte de la obra cerrará con el sucinto y enigmático deal sweeteners, pieza a modo de interludio que vuelve a ubicar en el centro de la escena a Matt Mitchell en electrónicos.

    El breve squalid ink –con los electrónicos de Matt Mitchell como único exponente– desembocará en el denso lirismo con forma de balada manifestado a través de gluts. En el curso evolutivo de la pieza se suceden sendos episodios encarnados por dos tríos diferentes –primero entre el piano de Mitchell, el bajo de Kim Cass y la batería de Kate Gentlile; luego con Anna Webber en flauta alta, Katie Andrews en arpa y Sara Schoenbeck en fagot-  para, finalmente, reunir a los seis músicos durante su fase resolutiva.

    En el poderoso, hipnótico y adictivo enunciado de heft se divisan –desde la perspectiva de la música creativa del siglo XXI– los difusos contornos, las tonalidades graves y la atmósfera pesada del doom metal. Aquí el ensamble adopta una formación en quinteto desde donde emergerán los impactantes contrastes sonoros entre el saxo bajo de Scott Robinson y el saxo sopranino de Jon Irabagon, la fortaleza rítmica que construyen el bajo de Kim Cass y la batería de Kate Gentile y los notables aportes de Matt Mitchell, tanto en piano como en Prophet 6.

    En el abstruso, tenso e inescrutable paisaje musical que describe sick fields –la segunda y última pieza dirigida por Tyshawn Sorey- se entrelaza una narrativa episódica y fragmentada con falsos comienzos y estratégicos silencios. La variada y amplia paleta tímbrica utilizada aquí, reunirá a la familiar sonoridad del piano de Matt Mitchell, el bajo de Kim Cass y la batería de Kate Gentile con los inusuales colores provenientes del corno inglés de Ben Kono, el clarinete contrabajo de Scott Robinson, el arpa de Katie Andrews, la percusión de Ches Smith, la tabla de Dan Weiss y la flauta baja de Anna Webber.

    El álbum cierra -a manera de una reflexión final abierta a múltiples lecturas- con los electrónicos de Matt Mitchell en solitario mediante el etéreo e inasible relato esbozado por ooze interim.

    A  Pouting Grimace es una obra innovadora, compleja, autentica e incomparable en la que Matt Mitchell –además de confirmarse como uno de los músicos más brillantes de la actualidad– demuestra su férrea voluntad para salir de la zona de confort en la búsqueda de nuevas expresiones creativas.

     

    No podemos convertirnos en lo que queremos ser, permaneciendo en lo que somos en la actualidad (Max DePree)

     

    Sergio Piccirilli

     

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