• Tatiana Castro Mejía: Giro, vuelvo y giro

     

    GiroLa niña en tus ojos, Soneto XXVIII, Bruma, Brillante gota del momento, Bocas de mar, Ssss… Shhh, Suena el río, Cansancio, Aprenderemos a ser agua / Ritual del agua, Espiral

     

    Músicos:

    Tatiana Castro Mejía: piano

    Andrés Elstein: batería

    Juan Bayón: contrabajo

    Rocío Luz Mehtce: voz

     

    Sello y año: La Croqueta Records, 2017

    Calificación: Dame dos

     

    En 1871 el filósofo alemán Friedrich Nietzsche escribió un texto que se mantuvo inédito durante muchos años titulado “Sobre la música y la palabra”. Si bien la mayoría de las referencias están realizadas en función de la ópera, hay segmentos que tranquilamente pueden trasladarse a otros estilos: “En todos los pueblos la música apareció ligada a la lírica, y mucho tiempo antes de que se pensara en una música absoluta, realizó en aquel maridaje sus primeros progresos” Luego va más allá: “La música no puede expresar los sentimientos de amor, de temor y de esperanza por caminos directos, por lo que llena cada uno de estos sentimientos con representaciones. En cambio, estos sentimientos sirven para simbolizar la música, y esto es lo que hace el lírico traduciendo el mundo de La Voluntad inasequible a los conceptos y a las imágenes, en el mundo simbólico de los sentimientos”.
    Nietzsche, quien afirmaba que “Sin música, la vida es sencillamente un error, una fatiga, un exilio”, también recurre a Schopenhauer, citándolo: “Podría admitirse, aunque un espíritu puramente musical quizá no lo necesite, que el lenguaje de los sonidos, aunque se basta a sí mismo y no necesita de ninguna ayuda, debe ir acompañado de palabras y aun de una acción plástica, para que nuestro intelecto intuitivo y reflexivo, que no puede estar ocioso nunca, se ocupe de una manera análoga de modo que no se desvíe de la música su atención, y lo que los sonidos dicen a nuestro sentimiento vaya acompañado de una imagen intuitiva, que sea como un esquema, o como un ejemplo que se pone a un concepto general: y esto reforzará el efecto de la música”. No sólo quedan claros los conceptos sino además lo bien que escribían estos tipos.

    Volviendo a Nietzsche, su pasión por la música provocó varios artículos y ensayos. El filósofo y escritor alemán Rüdiger Safranski sostiene que “La música fue para Nietzsche el único mundo verdadero, el único mundo sin ficción, sin mentira moral ni fabulación histórica”. El escritor y periodista argentino Blas Matamoro editó en 2015 el magnífico Nietzsche y la música, donde refleja la importancia e influencia capital que ejerció la música sobre su obra escrita.
    También se refiere al filósofo alemán la ínclita colombiana Valentina Marulanda en su artículo La música y la palabra: encuentros y desencuentros: “Dos filósofos músicos como fueron Nietzsche y Adorno (…) no sólo valoraron la música por encima de otras formas de expresión e incluso del mismo pensamiento especulativo, sino que tuvieron  la sensibilidad y la lucidez para penetrar en los arcanos de la que fuera para ellos faro y musa de su reflexión”. Marulanda sostiene además que “(…) Una asociación básica entre la música y la palabra es la que se da en el género vocal (la ópera, la canción, el oratorio), pero también en formas exclusivamente instrumentales (…), como el ‘poema sinfónico’, que no es otra cosa que una exploración musical  a partir de un texto literario, pero al mismo  tiempo, como decía Liszt, se buscaba que la música fuera generadora de ideas literarias”. Y finaliza su texto afirmando que “Relacionar la música con lo verbal, ya se hable de palabra, discurso, texto, narración o poema y tratar de definirla en función de predicados propios del lenguaje de la lógica o lenguaje semántico, tales como qué dice, qué significa, qué comunica la música, constituye uno de los asuntos cruciales del pensamiento musical desde la antigüedad hasta hoy”.

    Esta incompleta, imperfecta, arbitraria introducción viene a colación del nuevo trabajo de la exquisita pianista y compositora colombiana Tatiana Castro Mejía que lleva por título Giro, vuelvo y giro, que concretó con su agrupación Trío + Una, surgida por su “necesidad creativa de expresar desde la música y desde la palabra. Buscar caminos que exploren más allá de la canción. Explorar en la narración, contadora de historias. Dejar que la palabra recite al lado de la música. Jugar con ella desde la improvisación, y que interactúe con el sonido. Música y texto. Texto y música”. Y Castro Mejía lo lleva a cabo desde tres perspectivas diferentes: composiciones con música y palabras, instrumentales (con la música sugiriendo figuras poéticas) y narradas (donde la voz se expresa musicalmente).

    La pianista, improvisadora y compositora colombiana Tatiana Castro Mejía es una de las artistas más comprometidas y subyugantes del actual panorama de la música creativa argentina. Su carrera artística profesional se inició en Bogotá, donde participó de de la Big Band de la Universidad Javeriana (dirigida por Silke Eberhard y Nikolaus Neuser), del quinteto Mair y del grupo de percusión Tekeyé (liderado por Túpac Mantilla). Ya en Buenos Aires, donde reside desde hace doce años, integró el cuarteto de jazz Bogotaires, el Proyecto de Música Contemporánea Free, Guillermo Roldán Trío, Tatiana Castro Cuarteto y Quinteto, el dúo Rave – Castro Mejía (con la saxofonista Ada Rave), el cuarteto Loterstein /Castro / Kirszner / Harriague, fue parte del Colectivo de Compositores y desde 2008 investiga y participa en proyectos interdisciplinarios (música y danza, texto, narración, teatro, etc.) con varios artistas.
    Actualmente se encuentra involucrada en varias propuestas donde la improvisación ocupa un sitial de relevancia: Cuarteto Instantáneo (con el líder Guillermo Roldán en bajo, Enrique Norris en corneta y Francisco Salgado en trombón), Castro Mejía – Salgado Dúo, Eriza (trío que completan Cecilia Quintero en cello y Amanda Irarrázabal en) contrabajo), es parte del colectivo artístico interdisciplinario Creatividad en Movimiento, programa desde 2016 el ciclo Plataforma Piano y, entre otras actividades, lidera desde finales de 2014 el grupo que nos ocupa: Trío + una, que completan el baterista Andrés Elstein (ELSTEIN6, Francisco Slepoy Cuarteto, Carlos Quebrada Cabeza de Termo, Noel Morroni Trío, Catu Hardoy Grupo, Nebbia / Elstein / Lamisovsky Trío), el contrabajista Juan Bayón (Juan Bayón Cuarteto, Adrián Iaies, Paula Shocron) y la cantante Rocío Luz Mehtce (De la Tierra al Cielo, Guillermos sonoros elementales).

    Giro, vuelvo y giro es un álbum distinto y distintivo desde la propuesta pero también en su interpretación y en la lucida presentación. Cuentan, un breve texto narrado por Rocío Luz Mehtce, acompaña el calmo inicio de La niña en tus ojos que paulatinamente va ganando en intensidad con Castro Mejía liderando por sobre una afiatada base rítmica a cargo de un monolítico trabajo de Juan Bayón y las figuras percusivas desplegadas por el baterista Andrés Elstein.
    La (mucho más que) lectura del Soneto XXVIII (desde Sonetos a Orfeo, del poeta Rainer Maria Rilke) oficia de introducción a Bruma, de tenebroso comienzo, luego convertida en una frenética y potente exposición de la pianista apuntalada por Bayón y Elstein en una entrega que recuerda en parte al tándem conformado por Jack DeJohnette y Charlie Haden en el majestuoso Song X de Ornette Coleman y Pat Metheny y que desemboca en un exquisito momento protagonizado por Juan Bayón en contrabajo.

    Nuevamente Mehtce le pone música al profundo Brillante gota del momento, texto de Tatiana Castro Mejía que precede (y no de manera casual) a Bocas de mar, de inicio acuático (si se me permite) con un ubicuo Bayón en contrabajo con arco, la ascética presencia de Castro Mejía al piano y el contenido desborde de Elstein en batería. El estallido posterior, cual maremoto, encuentra al trío en pleno estado de gracia. Mehtce, en la interpretación de Ssss… Shhh, de la pianista, atrapa una vez más con su tono expresivo. Una de las líneas del poema da título a la siguiente composición instrumental, Suena el río, una atmósfera de blues que va degenerándose hacia un final con Bayón como protagonista una vez más. Mehtce se zambulle en el Cansancio, de Oliverio Girondo (de En la masméluda) pero esta vez acompañada por el trío en un grado de conjunción que deviene en combustión precisa, intrincada, alocada, distinguida, con los cuatro (el Tres + una) brillando por igual.

    Se repite el formato pero no la fórmula en la comunión llevada a cabo en Aprenderemos a ser agua / Ritual del agua. El primer segmento incluye otra hipnótica intervención de Mehtce con el trío de fondo para el texto de la colombiana María Gómez Lara (desde Después del horizonte); luego los músicos estallan en un ritual (justamente) que los muestra afiatados, desenfrenados, pasando por diferentes estadios que abarcan elementos de avant-garde, jazz, rock y libre improvisación, con su momento reflexivo, camerístico, antes de la explosión y la coda final. Sublime.

    El cierre es con Espiral y otra vez el cuarteto que sorprende. Aquí Mehtce canta, narra, interpreta el texto escrito por la pianista. La sostiene el trío en formato canción, aunque con ciertas libertades y licencias, dando claras muestras de compenetración y compromiso ante una propuesta tan inhabitual como original y atractiva.

    Tatiana Castro Mejía, con su formidable proyecto Trío + una, concretó con Giro, vuelvo y giro un registro admirable, un trabajo de orfebrería donde cada pieza no ocupa su lugar por cuestiones azarosas sino por un elaborado entramado previo que transforma al álbum en una obra artística de inmensa valía, con la música y la palabra creando un universo mágico que las trasciende.

     

    Marcelo Morales

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