• Marco Sanguinetti: 9

     

    nueveTremendo, Niño, Alienígena, Subte, Murga triste, Escena final, Isodravio, Percha, La distancia, Brebaje

     

    Músicos:

    Marco Sanguinetti: piano, armonio

    Migma: bandeja de vinilos

    Jerónimo Carmona: contrabajo

    Fermín Merlo: batería

    Violeta García: cello

     

    Músico invitado:

    Pablo Butelman: guitarra

     

    Sello y año: Exiles Records, 2017

    Calificación: Dame dos

     

    Se define como confort (así, con “n”) a la comodidad, al bienestar material, también a la ventaja, la oportunidad, la utilidad, el interés (¡?). Por el momento creo que reducir el significado del término a una sensación de “bienestar” o “comodidad”, ayudaría a no enturbiar la cuestión. El psicólogo Alasdair A. K. White, en 2009, fue un poco más allá al plantear y desarrollar lo que se ha dado en llamar “zona de confort”, definiéndola como “un estado de comportamiento en el cual la persona opera en una condición de ‘ansiedad neutral’, utilizando una serie de comportamientos para conseguir un nivel constante de rendimiento sin sentido del riesgo”.

    Si bien para algunos esta zona de confort puede resultar o parecer un estado de suma placidez -ya que son situaciones en las que los individuos pueden sentirse (se sienten) seguros, en lugares que asoman como fortalezas impenetrables para los designios infaustos del mundo exterior-, la consecuencia deviene en una dependencia a lo conocido, a lo (pre)establecido, limitando el acceso a otros estadios, otros escenarios, otras circunstancias diferentes anulando así la posibilidad de crecimiento, de conocimiento, de experimentación de situaciones productivas en beneficio del desarrollo personal y por ende familiar y social.

    Es importante una aclaración: contra lo que puede suponerse, no todo es agradable en la zona de confort. Muchas veces conlleva situaciones poco felices, molestas, dolorosas, pero a las que nos adaptamos sin oponer demasiada resistencia por el hecho de producirse en un territorio ampliamente conocido. Un ejemplo sintomático se revela con singular potencia y crueldad en la película Manderlay, del cineasta danés Lars Von Trier. En el film, una gran realización de 2005, la protagonista (Grace, interpretada por Bryce Dallas Howard) se topa con una plantación de algodón llamada –justamente- Manderlay, donde aún rige la esclavitud. Decide quedarse para ayudarlos y una vez que logra liberarlos les dice que ahora sí, que pueden irse, que son libres. Pero nadie se mueve y deciden quedarse porque “América no está preparada para recibir a los negros como iguales, como seres libres (…) Podríamos habernos liberado solos y lo habríamos hecho… pero no lo hicimos porque creemos que no tiene sentido”.

    Salir de la zona de confort implica riesgos y desafíos. Muchas veces los artistas, especialmente aquellos que han encontrado “la fórmula”, se sienten muy cómodos desarrollando sus carreras dentro de un recinto hermético que conocen a la perfección pero que suele llevarlos a la reiteración, la mecanización, la abulia, la desmotivación, la dependencia, la carencia de incentivos y también la angustia. Pero afortunadamente están los otros, los que deciden romper esas barreras (incluso de manera inconsciente, como un mandato natural) con la intención de buscar, de descubrir, de experimentar y, en lo posible, de forjar una identidad que los diferencie, que los distinga, que los perpetúe.

    Un claro y reconfortante ejemplo de esto último es el pianista, compositor, arreglador, productor y diseñador industrial argentino Marco Sanguinetti.

    Sanguinetti es inquieto, es pensante, es creativo, es curioso, es creador, es trabajador, es inconformista, es rebelde, es ambicioso, es arriesgado, es obsesivo, es minucioso,  Esto corre por mi cuenta, por supuesto, como resultante de lo percibido de sus distintas entregas artísticas. También me animaría a decir que Sanguinetti es desconfiado. Pero de sí mismo. Y que en cada proceso creativo, a partir de esa desconfianza, activa un mecanismo tras el cual se ponen en funcionamiento las otras cualidades en un cóctel que pensará, elaborará y pulirá una y otra y otra y otra vez.
    Hasta quedar conforme.
    O algo así.

    Marco Sanguinetti nació en Buenos Aires en 1973 y comenzó sus estudios musicales a los 9 años de edad. Su debut discográfico se produjo en 2005 con Improvisiones (en solo piano), al que le sucedieron Los Procesos de Franz (de la obra homónima, también en solo piano en 2008), El otro en 2011 (con Hernán Rodríguez en batería, Migma en bandeja de vinilos, Omar Grandoso en trombón y Paloma del Cerro en voz), 8 en 2013 (con Jerónimo Carmona en contrabajo, Fermín Merlo en batería, Migma en bandeja de vinilos, Victoria Zotalis en voz, Leila Cherro en violonchelo y Mariano “Manza” Esain en guitarra), Cómo desaparecer completamente de 2016 (disco doble con el proyecto Sanguinetti Plays Radiohead, acompañado por Migma, Tomás Babjaczuk en batería, Pablo Butelman en guitarras y Milena L’Argentiere en voz) y en 2017 llegó el turno de 9, su sexto álbum, con los aportes de Migma en bandeja de vinilos, Violeta García en cello, Jerónimo Carmona en contrabajo, Fermín Merlo en batería y, como invitado, Pablo Butelman en guitarra.

    Sanguinetti además tiene un particular interés por otras ramas artísticas; ha incursionado en filmes, teatro, danza. Con la bailarina y coreógrafa Inés Armas y el dramaturgo Fagner Paván conformó en 2008 el grupo interdisciplinario Cía. Móvil. Además de dirigir musicalmente PIBE A, compuso el material para las obras Los procesos de Franz, Objetos y Asociaciones Libres, todas seleccionadas en festivales internacionales; y en 2016 hizo lo propio para Materiales, de la Cía. Nacional de Danza Contemporánea, dirigida por el coreógrafo francés Pierrik Malebranche. Desde 2013 dicta el seminario Música en el cuerpo destinado a bailarines y actores profesionales y desde 2017 desarrolla, junto a VJ Heroinax y DJ Migma, el proyecto H2M, donde articulan música e imágenes en un cruce acústico – analógico – digital. Y como se ha dicho es, además, Diseñador Industrial, desempeñándose como docente en la UBA desde 2001 y Profesor Adjunto en la Cátedra Naso, recibiendo numerosos premios y distinciones y brindando conferencias en la Argentina y en el exterior. Actualmente desarrolla su tesis de Doctorado titulada (mire usted) Diseño de la dimensión sonora de los objetos.

    Hay una particularidad constante en cada álbum pergeñado por Marco Sanguinetti: el respeto. Respeta a sus músicos, a los oyentes y al arte. Pero también se respeta a sí mismo. Como si necesitara sentirse orgulloso de lo actuado. Y se nota. Desconfiado, inconformista, nómade. Asumiendo riesgos. Y generoso incluso desde el arte en este nuevo disco, impecable con partituras para leer la música de una manera diferente, una asociación entre formas gráficas y sonoras que “todo el mundo va a poder interpretar”, afirmó Sanguinetti, influenciado seguramente por sus experiencias con el teatro y la danza.

    9 remite a 8 por varios motivos a pesar de que entre ambos trabajos el pianista editó el notable doble Cómo desaparecer completamente, al que podríamos tildar de “extrapartidario” ya que es el único registro del pianista que no contiene composiciones propias. El nuevo álbum en cambio hace hincapié en la música escrita aunque, por supuesto, con una fuerte presencia de la improvisación. La mayoría de los músicos han formado parte de 8 y se nota en el afiatado ensamble grupal que se manifiesta a lo largo del disco. Que con Tremendo tiene un inicio ídem. Atmósfera urbana (urbana de acá), ciudadana (piazzolliana), moderna, fraseos minimalistas, energía pulcra, lúcida, lúdica, el líder como guía por encima de la potente base a cargo de Fermín Merlo y Jerónimo Carmona y los destellos de Migma en bandeja de vinilos y Violeta García en cello. Niño es más reflexiva, con Merlo espaciando su intervención y Migma adaptándose a un momento camerístico de humor mutante. Es muy difícil no pensar en Thom Yorke al escuchar los primeros acordes de Alienígena, pero tal vez sean ideas mías. Lo cierto es que, más allá de eso, Sanguinetti es cada vez más Sanguinetti. Hay aquí un gran aporte de Violeta García en cello, envolvente, inquietante, distinguido.

    Un gran Carmona, un dúctil Merlo y un siempre ubicuo Migma invitan a subir el volumen en el comienzo de Subte. García y Sanguinetti irrumpen transversalmente y los roles se intercambian. Ya no sabemos quién sigue a quién, aunque queda claro que todos apuntan hacia la misma dirección. Incluso el guitarrista Pablo Butelman, que en su primera aparición no apuesta al lucimiento personal sino al aporte grupal para que todo sea ganancia.

    La calma inicial de Murga triste oficia de preámbulo a una superlativa entrega de Migma y a una poderosa exposición de Fermín Merlo en batería que desemboca luego en una sutil coda protagonizada por Sanguinetti en piano y Carmona en contrabajo. El pianista recurre al armonio para la introducción de Entrega final, asistido por una económica intervención de Carmona. Un pasaje con el piano como sostén habilita un sentido alegato en cello de Violeta García, la guitarra de Butelman abriendo paso al retorno del armonio en un pasaje litúrgico con destellos de Migma en bandejas y sutiles aporte de Merlo en batería. Un nuevo y notable aporte de García preanuncia el difuminado final.
    Isodravio muta de un comienzo poético liderado por el piano de Sanguinetti y el cello de García a un sólido pasaje emparentado con el pop-rock repleto de sutilezas, con una atmósfera por momentos camerística que se quiebra con un potente solo de Merlo que actúa de puente hacia un regreso al motif inicial con (otras) buenas intervenciones de García en cello y Butelman en guitarra.
    Percha es cosa seria desde los primeros acordes. Avant-garde, clásica contemporánea, libertades, donde todos brillan por igual en una entrega cercana a la épica. La distancia, en tanto, se sumerge en la (densa) calma con Sanguinetti como líder natural no invasivo y perceptibles destellos de Migma, Butelman y García en bandejas, guitarra y cello respectivamente. El cierre es con la prístina y luminosa Brebaje con sólidas intervenciones de Merlo, Carmona y García.

     

    Marco Sanguinetti ha encontrado un sonido, una impronta, un estilo que le son propios, que le pertenecen, que lo identifican. El esqueleto de su música es el jazz, pero un jazz que se torna irreverente, desprejuiciado, rebelde, prepotente, desafiante, arriesgado, permeable. De ahí la existencia natural de otros géneros que conviven sin conflictos. El pianista ha logrado, también, que su propuesta se identifique con su lugar de pertenencia. Sanguinetti suena a esta parte del planeta. Pero sus bondades traspasan los límites geográficos logrando que su arte sea universal. Y esto queda claramente reflejado con la edición de 9, un álbum que lo confirma como una de las voces más personales y representativas de la música creativa del presente milenio.

     

    Marcelo Morales 

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