• Mariana Bianchini: Matrioska

     

     

    MatrioskaDra. Ketamina, La Sra. del kiosco, Espejo negro, Sumo, La policía de la armonía, Hermana gemela, Un amor de película, Contracto matrimonial, Oficina de objetos perdidos

     

    Músicos:

    Mariana Bianchini: voces

    Camila Beszkin: bajo

    Lulo Isod: batería

    Sergio Alvarez: guitarras

     

    Músicos invitados:

    Nicolás Raffetta: órgano Hammond

    Tery Langer: voz

    Marilina Bertoldi: percusión electrónica

    Facundo Rodríguez: piano

     

    Sello y año: Quark, 2018

    Calificación: Dame dos

     

    El pintor, diseñador escénico, artista gráfico, ilustrador, arquitecto y docente Сергей Васильевич Малютин, más conocido como Sergey Vasilyevich Malyutin, nació en Moscú (Rusia) el 22 de septiembre de 1859 (aunque fuera registrado en el Registro de allá el 4 de octubre) y falleció el 6 de diciembre de 1937 a la edad de 78 años, también en Moscú (pero a esa altura, Unión Soviética). Entre 1861 y 1880 vivió en Voronezh, regresando a su ciudad natal para estudiar en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú, graduándose en 1886. Poseedor de un currículum extenso en cada una de las disciplinas en las que ha incursionado, se lo recuerda especialmente por haber sido el “creador” de las matrioskas, matrioshkas, mamushkas, babushkas, esas muñecas de madera, huecas, que albergan en su interior a otra, y ésta a su vez a otra y a otra y a otra y así…
    Y si hemos escrito “creador” entre comillas, es porque el bueno de Sergey Vasilyevich Malyutin lejos está de poder considerárselo como el verdadero autor intelectual. Resulta que su socio, el empresario Savva Mamontov, trajo desde Japón una figura que representaba a uno de los siete dioses nipones de la fortuna, el Dios Fukurukoju, que en su interior albergaba a las otras divinidades.

    Esto produjo una gran “influencia” e inspiración”.

    Malyutin realizó el diseño de las (en esta ocasión ocho) figuras, el artesano Vasilly Zcezdochki las talló y el propio Malyutin fue quien las pintó.
    El “invento ruso” fue presentado en la Exhibición Universal de París en 1900 por M. A. Mamontova (la esposa del mecenas Mamontov) obteniendo la medalla de bronce. Este éxito inicial fue el germen de la expansión y reconocimiento de las matrioskas en el mundo entero.
    Su nombre proviene de Matriona, nombre popular en la Rusia antigua, que viene del latín y significa “señora respetada” o “madre de familia” y que refiere también a Matriona de Tesalónica, mártir cristiana que vivió en el siglo III y que fuera declarada santa tanto por los católicos como por los ortodoxos. Hay varias teorías acerca del significado y se han escrito incluso algunos cuentos cuyas historias, basadas en el hecho real, incluyen elementos fantásticos o ficcionales. Algunos de esos relatos, como el escrito por el poeta búlgaro Dimiter Janakiew Inkiow, muy pero muy bellos. Símbolo de prosperidad, alegría y sabiduría, también de maternidad y fertilidad, las mamushkas habitualmente constan de cinco elementos aunque las hay de más, como la construida en 1970 y que cuenta con 72 piezas.

    La cantante y compositora argentina Mariana Bianchini, obviamente, no nació en Moscú (se llamaría Мариана Бьянчини). Tampoco en Japón (firmaría como マリアナ・ビアンキーニ). Pero tiene su propia Matrioska en forma de disco, que contiene nueve historias de distintas mujeres que, tal vez, sean la misma.

    Mariana Bianchini formó parte, con 18 años de edad, de la agrupación Hipnótiko. La experiencia (entretenida, caótica) duró unos tres años. En 1998 se convirtió en la voz líder de Panza, banda que co-lideró con el guitarrista Sergio Alvarez, con la que editara Sonrisas de plastilina (2000), el EP El marajá de San Telmo (2002), Infanticidio (2003),  Nada es rosa (2005), Pequeños fracasos v 2.0 (2007), el impactante disco triple La madre de todos los picantes (2010), el magnífico Big Bang (DVD doble + CD, en 2012) y Panza (2014) y la agrupación es (lo decimos una vez más) una de las mejores cosas que le ha ocurrido al rock vernáculo en el presente milenio. En 2015 editó su primer libro de cuentos: Informes desde Villa Estruendo. En 2017 se unió al consolidado proyecto Pájaro de Fuego liderado por el tecladista Esteban Sehinkman con el que registrara el elogiado Universo invertido. Como solista debutó en 2003 con Post-incubadora al que le sucedieron  (2009) e Indisciplina (2012). Y este 2018 trae como novedad la edición de su cuarto opus como líder y que, como ya se ha dicho, lleva por título Matrioska.
    Una Matrioska de nueve piezas. Nueve canciones. Nueve historias. Nueve mujeres. O nueve facetas. Un potente universo femenino susurrado, gritado, implorado, expuesto, dominante, sumiso, incisivo, cómplice, sádico, vengativo, comprensivo, lúdico, lúcido, oscuro, luminoso, sorprendente, único.

    Luego de la disolución del cuarteto de señoritas Las Bailarinas Anarquistas, Bianchini experimentó con diversas propuestas y formaciones hasta llegar a la consolidación de su cuarteto actual que completan Lulo Isod en batería, Camila Beszkin en bajo y Sergio Alvarez en guitarras. Con todos ellos une a Bianchini una fuerte ligazón artística: con Sergio Alvarez (básicamente) en Panza; Cam Beszkin fue miembro estable de Las Bailarinas Anarquistas; y Lulo Isod grabó en el segundo álbum solista de la cantante y participó luego en varias de sus agrupaciones.
    Es lógico entonces que el cuarteto, con los antecedentes mencionados, los ensayos y las actuaciones en vivo, suene de manera compacta, afiatada, envidiable.

    La primera pieza de esta Matrioska es Dra. Ketamina. Perversa, vengativa, dominante, la protagonista –“anestesiada”- ya no siente dolor por haber sido abandonada. En su lugar, una fuerte sed de venganza y dominación impecablemente reflejada en el onírico video oficial protagonizado por una áspera Bianchini bajo la dirección de Hernán Castellanos y que reza en su comienzo “La diferencia entre un veneno, una medicina y un narcótico, es sólo la dosis”. El tema es envolvente, con un aire jamaiquino reforzado por el órgano Hammond de Nicolás Raffetta y con una imaginativa participación de Sergio Alvarez en guitarra (en declarado plan Marc Ribot). La base rítmica a cargo de Lulo Isod y Cam Beszkin es, como a lo largo de todo el álbum, precisa y sólida. Bianchini interpreta admirablemente a esa doctora sádica extirpa corazones.
    Muy distinta es la protagonista de La Sra. del Kiosco, una abuela amable, atenta, condescendiente con sus clientes-nietos en una atmósfera que recuerda al Matte Kudasai de King Crimson. Un gran Lulo Isod, una precisa Cam Beszkin y Alvarez haciendo lo necesario para que Bianchini detone en el momento justo. En Espejo negro una mujer renuncia al mundo virtual con la esperanza de contactar con la “realidad”. No le resulta fácil. La compacta base del tándem Isod / Beszkin propicia el estallido liberador de la protagonista… y de la cantante.

    En 1974 Peter Gabriel compuso todas las letras del gran The Lamb Lies Down on Broadway (Genesis) a partir de una historia que él mismo había escrito. Mariana Bianchini editó, en 2015, un libro de cuentos titulado Informes desde Villa Estruendo. Y uno de esos cuentos terminó transformándose en canción: Sumo. La historia, fantástica (un luchador de sumo que se instala en la tráquea de una cantante y la deja sin voz), la manera en que ha sido plasmada, la música en perfecto correlato, la atmósfera enigmática, una Bianchini en estado de gracia y un ínclito Sergio Alvarez brindando una performance de excepción (con ciertos atisbos del King Crimson de Discipline), justifican la adquisición del álbum. Un blues cuyo inicio recuerda a Back in New York City (del citado The Lamb Lies Down on Broadway). Adictivo, sublime, genial.
    Matrioska prosigue con La policía de la armonía, directa, pegadiza, la autocensura, la soledad, el temor, el estatismo. En tanto que Hermana gemela muestra ese combate interno entre lo que “se debería” (la calma, la resignación) y lo que “se querría” (la violencia, la venganza), entre sentirse víctima o victimaria.

    La protagonista de Un amor de película se asume como una actriz de reparto en cuestiones de pareja pero con la intención de revertir la tendencia. El alegato realista y que va de la desesperanza a la ilusión, se enmarca en una melodía pop con aires de los ’60 y ’70 pero convenientemente aggiornados. La resultante es una pequeña obra rayana en la perfección, con el cuarteto en estado de gracia e invitando a subir el volumen.
    La furia se hace presente desde el inicio mismo en Contracto matrimonial y su crisis indisimulada “Nuestra cama no es tan grande para vos, mi contractura y yo”, canta desgarradoramente Bianchini en la composición de Matrioska que más relación guarda con Panza. Una sólida performance de Beszkin, un inventivo y preciso Isod y un iluminado Alvarez aportan lo necesario para uno de los puntos más altos del álbum.
    El cierre es con la sentida y perturbadora Oficina de objetos perdidos, una letra breve reflejando una situación tan dolorosa como ambigua de una pareja en caída libre: “Me estás dejando ir… me estás dejando”. Gran final.

    Mariana Bianchini, notablemente acompañada por Lulo Isod, Cam Beszkin y Sergio Alvarez ha concretado, con Matrioska, el mejor álbum de su carrera solista. Un poderoso alegato conceptual que excede los límites musicales y que la posiciona claramente como una de las artistas más relevantes del rock contemporáneo argentino.

     

    Marcelo Morales

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