• Matt Mitchell: Phalanx Ambassadors

     

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    Músicos:

    Matt Mitchell: piano, Mellotron, Prophet-6

    Miles Okazaki: guitarra eléctrica, guitarra acústica

    Patricia Brennan: vibráfono, marimba

    Kim Cass: contrabajo, bajo eléctrico

    Kate Gentile: batería, percusión

     

    Sello y año: Pi Recordings, 2019

    Calificación: Dame dos

     

    Cuando las metas resulten difíciles de alcanzar, no ajustes las metas; ajusta los pasos para conseguirlas (Confucio)

     

    De manera general, el término meta identifica al fin u objetivo hacia el que se dirigen las acciones o deseos de una persona o grupo de personas.

    La raíz etimológica del vocablo meta proviene del latín metae y, en origen, era utilizado para denominar los pilares cónicos situados a ambos extremos de la espina en el circo romano. De allí procede, justamente, la idea de identificar a la palabra meta como un límite y también su aplicación en el ámbito de los deportes para marcar el punto que señala el final de una competencia.

    Por otra parte, el prefijo meta (derivado del lexema griego “más allá”, “después de”) sirve para indicar una idea de abstracción referida a otro concepto, o bien para expresar algo que trasciende un ámbito concreto.

    Los criterios de meta -entendida ésta como finalidad de una acción- pueden ser usados en diferentes contextos. Ergo, es posible que una meta indique el final de un proceso, la culminación de una tarea o la obtención de propósitos establecidos y que, además, aplique como significante de herramienta para la elaboración de un producto u obra, la obtención de un conocimiento específico o el cumplimiento de una expectativa determinada.

    Está claro que la dimensión de una meta depende de los propósitos que se persiguen y del marco conceptual desde donde surge. Eso explica que haya metas que sólo atienden necesidades básicas o de uso cotidiano y otras cuyos desarrollos implican desafíos, conllevan una idea de trascendencia e interpelan sobre las razones en las que se funda la propia existencia.

    En cualquier caso, establecer metas ambiciosas o de largo alcance -idea que en mercadotecnia aparece descripta como “stretch goals”; es decir, expandir metas o extender objetivos- siempre inspira un nuevo nivel de compromiso, esfuerzo y rendimiento, incrementa radicalmente la percepción cognitiva, ayuda a refinar los sentidos, obliga a mejorar la concentración y alienta la búsqueda de enfoques innovadores.

    El establecimiento de metas u objetivos que involucran grandes desafíos, ese sentido de ir “más allá” implícito en el prefijo meta e incluso los parámetros subyacentes en la definición del concepto de “stretch goals”, terminan constituyéndose en el aspecto nodal del formidable y asombroso ideario estético dispuesto por Matt Mitchell en el álbum Phalanx Abassadors.

    El pianista, tecladista y compositor estadounidense Matt Mitchell es, sin lugar a duda, una de las figuras más relevantes de la música creativa contemporánea. Su admirado cuerpo de trabajo está vivamente representado por una producción discográfica solista que comprende a los álbumes Fiction de 2013 (allí en compañía del baterista Ches Smith), el doble Vista Accumulation de 2015 (en formato de cuarteto con Chris Speed en saxo tenor y clarinete, Chris Tordini en contrabajo y Dan Weiss en batería), la relectura a solo piano de la música de Tim Berne plasmada en Førage de 2017, el fascinante A Pouting Grimace (donde contó con aportes de Kim Cass, Ches Smith, Kate Gentile, Dan Weiss, Patricia Brennan, Katie Andrews, Anna Webber, Jon Irabagon, Ben Kono, Sara Schoenbeck, Scott Robinson y Tyshawn Sorey) y el disco a dúo con Tim Berne de 2018 Angel Dusk.

    La infatigable labor desplegada por Matt Mitchell también se manifiesta a través de su participación como miembro de los ensambles Tim Berne’s Snakeoil (agrupación con la que edita los discos Snakeoil de 2012, Shadow Man en 2013, You’ve Been Watching Me de 2015 e Incidentals en 2017), Dan Weiss’ Starebaby (quinteto que, además de su líder, incluye a Craig Taborn, Ben Monder y Trevor Dunn) y Anna Webber’s Simple Trio (propuesta que se cristaliza con los álbumes Simple de 2014 y Binnary en 2016), comparte créditos con Kate Gentile en Snark Horse y la secunda en el Kate Gentile Quartet, forma parte del quinteto del trompetista Dave Douglas e integra los grupos Steve Coleman’s Natal Eclipse, Jonathan Finlayson and Sicilian Defense, John Hollenbeck Large Ensemble, Darius Jones Quartet y Ches Smith’s We All Break, entre otros.

    Esa vitalidad resulta subrayada por una intensa actividad como músico de sesión que, sólo en 2019, abarca contribuciones a favor de la saxofonista y flautista Anna Webber en el consagratorio Clockwise, el saxofonista y clarinetista Brian Krock en Liddle, la bajista Linda May Han Oh en Aventurine, el baterista Sam Ospovat en Ride Angles, la saxofonista Caroline Davis en Alula, el bajista Yuriy Galkin en For Its Beauty Alone, el saxofonista Quinsin Nachoff en Path of Totality y en las futuras entregas discográficas del saxofonista Jon Irabagon (Invisible Horizons, trabajo que cuenta con la presencia del prestigioso ensamble de cuerdas Mivos Quartet) y el debutante Nomad Trio, banda que lidera el guitarrista y ejecutante de oud Gordon Grdina e incluye al baterista Jim Black.

    Matt Mitchell, con el álbum Phalanx Ambassadors, presenta en sociedad al quinteto homónimo que completan los sobresalientes Miles Okazaki (Miles Okazaki’s Trickster, Steve Coleman and Five Elements, Mary Halvorson’s Quartet) en guitarra, Patricia Brennan (Kaleidoscope, John Hollenbeck Large Ensemble, Michael Formanek Ensemble Kolossus) en vibráfono y marimba, Kim Cass (Sam Ospovat Trio, Kate Gentile Quartet, Noah Preminger Group) en contrabajo y bajo eléctrico y Kate Gentile (Kate Gentile’s Mannequins, Kate Gentile Quartet, Snark Horse) en batería y percusión.

    En el complejo entramado que constituye la nueva propuesta de Matt Mitchell, están omnipresentes algunos de los elementos e intereses musicales latentes en toda su obra y eso incluye la inquebrantable vocación del compositor por acceder a espacios inexplorados -tanto en el marco de la composición como en la improvisación- y una pertinaz búsqueda por propiciar el desarrollo de un entorno creativo libre de restricciones, límites y convencionalismos. Esa valoración conceptual, sumada a la claridad de los objetivos, ha permitido que cada uno de los álbumes de Matt Mitchell -aunque conserven su sello característico- siempre suenen novedosos, diferentes e inspiradores.

    La música de Phalanx Ambassadors es intrincada, compleja y contiene una gran de cantidad de información, es estructurada al detalle en términos de composición aunque conserva amplios márgenes para entrelazar la improvisación, desarrolla patrones rítmicos que parecen encajar como piezas de un rompecabezas, explora territorios armónicos y melódicos infrecuentes, despliega un exhaustivo ejercicio del contrapunto y requiere niveles extremos de concentración interpretativa. Sin embargo, todas esas cualidades parecen conducir, finalmente, a una especie de epifanía creativa donde abundan la imaginación, las sorpresas y los desafíos estéticos inesperados.

    Las ambiciosas metas trazadas para este proyecto demandaron un extenso proceso de elaboración que abarca desde su estreno escénico en 2016 (el cual estuvo precedido por varios meses de ensayos) y la formulación definitiva de las siete piezas que integran el repertorio del quinteto hasta la sesión de grabación en el estudio (cuya producción estuvo a cargo de un experto en la materia como David Torn), llevada a cabo a fines del año pasado y que ahora se materializa con la edición del álbum que aquí reseñamos.

    El disco abre con el explosivo alegato contenido en stretch goal, la primera de las composiciones pergeñadas por Mitchell para el proyecto Phalanx Ambassadors. La pieza evoluciona a partir de la fortaleza rítmica que construye la batería de -la siempre imaginativa- Kate Gentile para luego devenir en un intenso e intrincado andamiaje estructural donde van convergiendo con natural precisión la solidez del contrabajo de Kim Cass, la descollante aparición del vibráfono de Patricia Brennan y las luminosas intervenciones de Miles Okazaki en guitarra y Matt Mitchell en piano.

    A continuación, se suceden los sucintos retazos musicales enunciados en taut pry y zoom romp. El primero de ellos, desarrollando una narrativa fragmentada, vigorosa e inclasificable que aparece dictaminada por la sonoridad del Prophet-6 de Matt Mitchell; y el segundo, siguiendo una adictiva línea rítmica en la que resultaran claves el bajo eléctrico de Kim Cass y la batería de Kate Gentile.

    Los difusos contornos iniciales que envuelven al temperamento epigramático de phasic haze ramps, desembocarán en sucesivos cambios en las dinámicas e inusuales progresiones armónicas que se resuelven mediante un uso ejemplar del contrapuntismo colectivo.

    El elegante distanciamiento contenido en ssgg aparece estratégicamente subrayado por los subterráneos aportes percusivos de Kate Gentile, la delicada introspección de la guitarra acústica de Miles Okazaki y los variados colores que provee el vibráfono de Patricia Brennan.

    La contundente propuesta que ofrenda Be irreparable sigue un arco narrativo que inicia por medio de la atinada improvisación en batería a cargo de Kate Gentile, continúa con el despliegue colectivo de múltiples texturas y matices, pasa por un clímax de carácter épico y culmina en las capas sonoras que elabora Matt Mitchell en Prophet-6.

    La noción de doppelgänger (vocablo alemán con el que se define al doble fantasmagórico o sosías malvado de una persona viva) aparece en relatos mitológicos, en obras literarias (desde El Doble de Fiódor Dostoyevski hasta El Hombre Duplicado de José Saramago) y en el cine fantástico (el ejemplo más reciente es la película Us de Jordan Peel). Dicho concepto, también será la cualidad sobresaliente del glorioso final del álbum con mind aortal cicatrix.

    El embriagante clima esbozado durante el primer tramo de la composición derivará, paulatinamente, en una especie de doppelgänger musical que superpone sucesivamente al piano y el mellotrón de Matt Mitchell, la marimba y el vibráfono de Patricia Brennan y una briosa aparición de la guitarra de Miles Okazaki que será duplicada mediante el uso de un pedal de Fuzz. Un cierre tan creativo como inmejorable.

    Las altas y exigentes metas trazadas por Matt Mitchell para la concreción del proyecto Phalanx Ambassador, demandaron mucho tiempo, trabajo y dedicación; pero los resultados de ese esfuerzo han sido auténticamente deslumbrantes e inspiradores.

     

    Cuanto más alto coloque el hombre su meta, tanto más crecerá (Friedrich Schiller)

     

    Sergio Piccirilli

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