• 1st Angel City Jazz Festival-Rethinking Jazz: Crear o Reventar

    Barnsdall Art Park – Hollywood (U.S.A.)
    Lunes 01 de Septiembre de 2008 – 10:00 hs.

    Participantes:
    Nels Cline Quintet, Satoko Fujii Ma-Do, Arthur Blythe Quintet, Wayne Horvitz & Sweeter than the day, Elliott Sharp, Leni Stern, Alan Pasqua Quartet, Motoko Honda’s Sound/E/Scape Project, Ian Rapien, Nick Rosen Group, Nick Mancini Collective, Bow Sides Now, Robby Marshall Group, Andy Milne & Gregoire Maret, Unification Theory

    El término festival se utiliza para describir una celebración o acontecimiento dedicado a reflejar algún aspecto o tema específico de una comunidad. También se considera festival a una fiesta especialmente musical o a un conjunto de representaciones dedicadas a un arte en particular. Sin embargo, sus diferentes acepciones han evolucionado a través de la historia. En la mitología, el concepto de festival estaba asociado a un conjunto de celebraciones en honor de los dioses. En la era de la cristiandad tuvo un significado litúrgico; y más tarde, también se lo relacionó al ritual de ceremonias o actos solemnes no religiosos.
    En la actualidad los festivales sirven para satisfacer una necesidad determinada, así como para proporcionar entretenimiento a la vez que ofrecen un sentido de pertenencia que puede tener fines religiosos, sociales, geográficos o artísticos.
    La raíz etimológica de la palabra festival es muy parecida a la de fiesta, ya que ambas derivan del alemán fest y éste, a su vez, del latín festivus. Por supuesto que hay muchos tipos de fiestas y se lo digo con conocimiento de causa.
    Lo concreto es que la acción de asistir al 1st Angel City Jazz Festival nos generaba una serie de expectativas acordes con el significado del término festival. Una aglomeración de vagas emociones que incluían algunos de los aspectos mencionados: el sentido de pertenencia, el carácter de representación artística, el entretenimiento en su forma más elevada y, por qué no, una simbólica ofrenda a los “dioses” desde una perspectiva laica. Este evento reunió a un verdadero seleccionado de la nueva música creativa, el jazz de vanguardia y la libre exploración; pero además, para aquellos que conocíamos los entretelones organizativos, representaba el triunfo de la voluntad y la pasión por divulgar las nuevas corrientes del arte musical.

    El 1st Angel City Jazz Festival fue producto del utópico sueño de un joven llamado Rocco Somazzi. Este infatigable animador del circuito de avant-garde de la ciudad de Los Angeles no es un multimillonario filantrópico, ni un mecenas saltimbanqui, ni un benefactor trasnochado. Por el contrario, es la clase de persona que no duda en desprenderse de sus raleadas pertenencias y que se abraza con lealtad a sus sueños hasta que éstos se convierten en una realidad. No decir todo esto sería un despropósito y una falta imperdonable, sobre todo en el marco de una sociedad signada por la frivolidad, la mezquindad, el egoísmo y la banalidad extrema.
    El 1st Angel City Jazz Festival llevaba adosado el sugestivo eslogan de “rethinking jazz” o sea: redefiniendo o repensando el jazz. Analicemos la frase…
    La palabra pensar proviene del latín pensare que significa…
    Significa más o menos lo mismo.
    Pensar representa la capacidad de imaginar, considerar o discurrir, también expresa la propiedad de reflexionar o examinar algo con cuidado para formar dictamen.
    Por analogía podríamos decir que el término "repensar" reproviene del relatin que resignfica… ¡pero no! ¡ReNada que ver!
    Repensar es reflexionar o considerar detenida o nuevamente algo, por ejemplo el jazz.
    Redefinir, en cambio, es volver a definir algo cuyas características o circunstancias han cambiado. Por ende, el eslogan “rethinking jazz” nos conduce de manera ineludible a formularnos dos preguntas. La primera es: ¿Han cambiado las características o circunstancias del jazz? Y… ¿Eh?, es la segunda pregunta.

    La palabra jazz, referida a un género musical, se utilizó por primera vez en 1913 en una nota aparecida en el periódico San Francisco Bulletin en la que el crítico de espectáculos, al reseñar la presentación de una orquesta del ejército, dijo que sus músicos “tocaban a ritmo de ragtime y jazz”.
    Muchos se preguntaron en aquel momento qué era el jazz, algunos dudaron sobre el significado de la palabra ragtime, también hubo quienes desconocían qué era una orquesta e incluso varios se cuestionaron para qué servía un ejército. Y tenían razón. Por aquel entonces, el término jazz osciló entre jaz, jas, jass, jasz o jascz y zas…
    Quiero decir y… ¡zas! De pronto, todos se pusieron de acuerdo y empezaron a usar la palabra jazz. Algunos musicólogos le adjudican un origen africano. No obstante, puede que fuese un término originario del minstrel o del vodevil o incluso del mundo árabe. Varios autores indican también que la palabra jazz, en el argot estadounidense, tiene relación con el acto sexual, teoría que sostienen aquellos que han profundizado en ese tema… en ambos temas.
    El jazz como género musical se caracteriza por eludir la ejecución de las interpretaciones a partir de la lectura fiel de una partitura.
    Esto, de alguna manera, ratifica la relación entre el término jazz y las relaciones sexuales ya que ambas, en gran medida, parecen provenir de un acto de infidelidad.
    En su esencia musical, el jazz utiliza como base estilística la improvisación y, por consecuencia, se centra más en el intérprete que en el compositor. Estos factores permitieron que el intérprete recreara libremente las composiciones en cada ejecución y posibilitaron la incorporación al ámbito musical de occidente de síncopas y ritmos de tradiciones de origen no europeo, como la africana.
    La historia del jazz se ha caracterizado por dos rasgos fundamentales: la asimilación constante de tendencias musicales culturalmente ajenas a él para crear nuevos estilos y la ininterrumpida sucesión de numerosos sub-estilos que, vistos en perspectiva, manifiestan entre ellos enormes diferencias musicales. Claro que estos rasgos conceptuales no siempre son aceptados por la cultura mainstream, los puristas del jazz y la industria discográfica, entre otros formadores de opinión que tienden a marginar voluntaria o involuntariamente todo aquello que represente innovación creativa o experimentación artística.

    El 1st Angel City Jazz Festival-Rethinking Jazz, en esencia, no pretendía otra cosa que reformular el espíritu embrionario de libertad creativa y transformación cultural que anida en el ADN del jazz. Nada más y nada menos.
    A nuestra llegada al Barnsdall Art Park nos recibe Unification Theory. Emprendimiento multimedios integrado por músicos, artistas visuales y poetas que conforman, entre otros, Man One, Overtone Lloyd y Gustavo Alberto González Vaca. Durante el transcurso del festival, y en paralelo a los dos escenarios principales, ofrecieron una innovadora propuesta a la que denominan “futurismo callejero” que entremezcla música, proyecciones, DJ’s y pintura en vivo vistas a través del prisma del graffiti, el hip hop, el video-arte digital, el tecno, el funk y el jazz. Interesante. Muy.

    La apertura oficial del festival estuvo a cargo del joven saxofonista Ian Rapien y su banda integrada por Romain Collins en Fender Rhodes, Nick Anderson en batería y Kai Kurosawa en warr guitar y bajo eléctrico. Tras un inicio fallido atribuido a algunos problemas de sonido, el grupo logró exponer una espaciosa propuesta musical que reúne desde una perspectiva electroacústica: jazz, rock, pop, funk, música electrónica y hip hop. Un prospecto atrayente pero todavía en proceso de desarrollo.

    Nuestro periplo musical continuó en el Barnsdall Theater con la deslumbrante presentación de Motoko Honda’s Sound/E/Scape Project, ensamble extendido que constituyen Steuart Liebig en bajo eléctrico, Vinny Golia en saxo, Joe Berardi en batería, Jessica Caltron en cello, Jeff Gauthier en violín, Kris Tiner en trompeta y su líder, Motoko Honda, en piano acústico y piano preparado. Una arquitectura de sonidos subyugantes en la que confluyen el jazz, la música clásica, libre improvisación y música étnica no tradicional. Una oferta artística diferente, fogosa y convincente.
    Luego presenciamos un segmento de la actuación de Both Side Now, grupo que lidera el trompetista de Kneebody Shane Endsley y a quien acompañaron Garrett Smith en trombón, Adam Benjamin en piano eléctrico, Kaveh Rastegar en bajo y Nate Wood en batería. Un interesante testimonio de música electrónica y exploración de climas y sonidos.

    En realidad, todo aquello que no entiendo suele resultarme interesante; así que, para una definición más explícita, diré que la presentación fue muy, pero muy interesante. Captó la indirecta, ¿no? Digo… porque si lo que no entiendo es interesante y esto fue “muy pero muy interesante” quiere decir queee… ¡olvídese!
    A continuación, el turno de Elliot Sharp en solo de guitarra acústica. Una actuación visceral, mágica y apabullante que giro en torno al álbum The Velocity of Hue, proyecto que unifica en el campo de la libre improvisación elementos provenientes del blues, el minimalismo, el folk y música de Oriente.

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