• Adrian Belew Power Trio & Stick Men – Two of a Perfect Trio Tour en concierto: ¡A Rey Muerto, Rey Puesto!

    Canyon Club – Agoura Hills, California (USA)

    Viernes 21 de Octubre de 2011 – 20:00 hs.

     

    El Two of a Perfect Trio Tour es un proyecto que reunió en escena al grupo Stick Men que integran Tony Levin en chapman stick y voz, Markus Reuter en touch guitar y Pat Mastelotto en batería con el Adrian Belew Power Trio, banda que además de su líder en guitarra y voz incluye al baterista Tobias Ralph y a la bajista Julie Slick.

    El atractivo principal de esta gira -que abarcó más de treinta ciudades de Estados Unidos y Canadá- estaba centrado en el hecho de que ambos tríos, luego de sus respectivas actuaciones, confluirían en el escenario para ofrecer como sexteto un extenso set destinado a recrear parte del repertorio del inolvidable King Crimson.

     

    Nadie desconoce la importancia que ha tenido esta mítica banda británica liderada por el guitarrista Robert Fripp en el acontecer del rock de las últimas cuatro décadas; así que soslayaremos mencionar la importancia que tuvo esta –y me cito textualmente-”mítica banda británica liderada por el guitarrista Robert Fripp en el acontecer de las últimas cuatro décadas”. Tampoco es necesario recordar que el debut discográfico de King Crimson tuvo lugar en 1969 con el álbum In The Court of the Crimson King y que su ultima grabación fue The Power to Believe en 2003 o que entre ambas producciones hubo otros once álbumes en estudio cuyos títulos no es imperioso citar debido a que todos ya saben que estamos hablando de In the Wake of Poseidon y Lizard de 1970, Islands en 1971, Lark’s Tongues in Aspic de 1973, Starless and Bible Black y Red de 1974, Discipline en 1981, Beat de 1982, Three of a Perfect Pair de 1984, Thrak en 1995 y The ConstruKction of Light de 2000.

     

    Sin embargo, no sólo obviaremos eso sino que tampoco vamos a mencionar que en la historia de la banda -pese a sus permanentes cambios de alineación- se pueden identificar cuatro períodos bien definidos: uno inicial entre 1968 y 1974 que incluyó –entre otros- a Greg Lake, Ian McDonald, Michael Giles, Peter Sinfield, Jamie Muir, Buz Burrell, John Wetton, David Cross y Andy McCulloch; una segunda reencarnación materializada entre 1981 y 1984 que integró a Adrian Belew, Tony Levin y Bill Bruford; una tercera fase promediando los noventa que, además de a estos últimos, incluyó a Trey Gunn y Pat Mastelotto y una cuarta época a principios de este milenio con una formación similar pero sin Levin ni Bruford. Además no hace falta decir (y por ningún motivo se me ocurriría hacerlo) que Robert Fripp estuvo presente en todas las formaciones mencionadas, ni tampoco le encuentro demasiado sentido a recordar que el grupo regresó brevemente a escena en 2008 con motivo de su cuadragésimo aniversario; y mucho menos agregar que de esas actuaciones surgió la edición en formato digital del doble Park West, Chicago, Illinois-August 7, 2008.

     

    No vale la pena ahora traer a la memoria que hay distintas interpretaciones sobre el origen del nombre de la banda porque cualquier transeúnte o peatón más o menos alfabetizado conoce que King Crimson alude al rey Federico II Hohenstaufen quien, como todas las personas saben (y cuando digo “todas las personas” me refiero a Yo, Tú, Él, Nosotros, Vosotros y Ellos), además de haber sido hacia finales del siglo XII y principios del XIII Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico es considerado también como una de la figuras más interesantes de la historia universal por sus cualidades extraordinarias y carácter excéntrico, distinto a los hombres de su época y adelantado a ellos en más de un sentido. Por cierto, seria en vano aclarar en este momento que el color carmesí (crimson, en inglés) está relacionado con Belcebú, pero no en referencia a la deidad filistea del mismo nombre ni en alusión al carácter demoníaco adjudicado a dicho personaje en los relatos bíblicos sino como un anglicismo de la frase en árabe «B’il Sabab», que significa “el hombre con un objetivo” o “con una causa”.

    Seguramente usted sabrá comprender las razones y motivos por los cuales hemos omitido contar todos esos detalles que hacen al historial de King Crimson y espero que esté de acuerdo conmigo en que bastará con afirmar que se trata de una “mítica banda británica liderada por Robert Fripp…” etc., etc., etc. (y etc.).

     

    Lo concreto es que el Two of a Perfect Trio Tour –sobre todo por su segmento dedicado a King Crimson- podía brindarle a los más jóvenes (categoría en la que incluyo a púberes, mocitos, efebos, mozalbetes y algunas vírgenes especialmente seleccionadas) la posibilidad de experimentar algo que ya no creían posible; y a los no tan jóvenes (aquí entran los que peinan canas y aquellos que ya no peinan nada) lo que nunca pensaron que volverían a experimentar; es decir, ver a King Crimson en escena una vez más aunque no se presente oficialmente como tal ni cuente aquí con la participación de su líder histórico.

     

    Mientras tanto, le aviso que sobre el escenario del coqueto Canyon Club de la ciudad de Agoura Hills se encuentra Stick Men (Tony Levin en chapman stick y voz, Pat Mastelotto en batería y electrónicos y Markus Reuter en touch guitar y electrónicos). A tono con el plato principal de la noche el trío abre con una potente y (excesivamente) festejada versión del tema de King Crimson Vrooom Vrooom, en origen incluido en el álbum Thrak de 1995. A continuación –y con mucho menos fortuna- ofrecen una ambigua interpretación de Soup, pieza perteneciente al álbum homónimo de 2010 en la que confluyen un preludio vocal (aparentemente) humorístico, una línea melódica algo ramplona pero muy pegadiza y algunos destacados pasajes instrumentales principalmente a cargo de Markus Reuter en touch guitar. Luego llega una extensa improvisación –aquí anunciada como Agoura Jam, en honor a la ciudad que oficia de sede del show- cuyo clímax ascendente desemboca en una arrolladora lectura de Relentless, también del álbum Soup, que sobre el final incluye un fenomenal solo de Tony Levin en stick.

     

    Mucho menos convincente será la entrega del tema de Stick Man de 2007: Slow Glide. Un híbrido de pop, música electrónica y rock progresivo en donde conviven el canto (o “parloteo entonado”) de Tony Levin, un solo en stick ejecutado con arco, un sutil interludio de soundscapes impulsado por Markus Reuter en touch guitar y las infinitas variedades percusivas que dispara Pat Mastelotto en batería y electrónicos. No obstante, antes de que pudiésemos fruncir el entrecejo, el trío nos arranca una sonrisa de felicidad con la memorable e impactante recreación de Breathless –tema extractado del álbum solista de Robert Fripp Exposure de 1978-. Stick Men cerrará su –contrastante- presentación con una extraña, paradójica y estrafalaria variante “electrificada” del clásico de Igor Stravinski de 1910 Fire Bird. Fin de la primera parte y que pase el que sigue…

     

    Ahora es el turno del Adrian Belew Power Trío (Adrian Belew en guitarra y voz, Tobias Ralph en batería y Julie Slick en bajo) y, a modo de adelanto, le señalo que su actuación fue –de principio a fin- demoledora, tremenda, formidable, morrocotuda (¡?) y hasta –si me permiten la exageración- más o menos linda y bastante convincente. Nada que cambie el curso de la música, sólo rock muy bien concebido y mejor interpretado.

    Desde la apertura, con una efervescente versión de Young Lions, el trío deja en claro que no subió al escenario sólo para cumplir con un compromiso contractual. Adrian Belew se muestra en gran forma, cantando con el tono embriagante que lo caracteriza, aportando sus –habitualmente- insanas intervenciones en guitarra e irradiando un contagioso entusiasmo; la bajista Julie Slick confirma virtudes (buena técnica, gran sonido y arrolladora presencia escénica) y el baterista Tobias Ralph nos recuerda que potencia, velocidad y precisión no siempre son términos musicales contradictorios.

     

    Tras una vibrante relectura de Beatbox Guitar del álbum Side One de 2005 nos ofrecen una fantástica y visceral interpretación de Neurotica, tema de King Crimson incluido en Beat de 1982 inspirado en la revista del mismo nombre que fuera -a mediados del siglo XX- un ícono del movimiento literario conocido como la generación beat.

    A continuación, una aplastante intro en batería a cargo de Tobias Ralph nos sumerge en las exploraciones instrumentales que impulsa la guitarra de -un encendido e intratable- Adrian Belew en Madness. En tanto que el enérgico Of Bow and Drum del álbum conceptual Op Zop Too Wah de 1996 encuentra en el bajo de Julie Slick a su principal protagonista. El cierre, con el encantador e hipnótico e. –pieza instrumental extractada de la suite del mismo nombre editada por el Adrian Belew Power Trio en 2009-, será el tiro de gracia para un auditorio extasiado. Gran final.

     

    Está claro que Adrian Belew y su trío dejaron al público “a punto caramelo” para lo que viene, pero la inminencia del segmento dedicado a King Crimson ha incrementado exponencialmente la ansiedad y la excitación a niveles que arrojan dudas sobre la salud mental de algunos parroquianos. Muchos se abrazan emocionados, otros se sacan fotos que certifiquen su presencia en el evento, varios emiten extraños gorjeos de placer e incluso a mi diestra hay un auto-proclamado “crimsoniano de la primera hora” dispuesto a contarme con lujo de detalles que vio a la banda por primera vez en 1969. En general soy bastante tolerante con las reacciones humanas; pero que alguien me tome del brazo y mirándome a los ojos exprese “estoy muy excitado” es un signo evidente de que debo empezar a preocuparme por el futuro inmediato de mi integridad física, moral y psíquica.

    En ese momento, para mi fortuna, hacen su ingreso Adrian Belew, Tony Levin y Pat Mastelotto y arrancan con una vivaz y efusiva versión en trío de Three of a Perfect Pair. Alguien me sopla al oído que en este tema los versos están en 6/8, los coros en 7/8 y que el stick sobre el final es tocado en 6/8 mientras la guitarra va en 2/4; pero la verdad es que me parece inútil ponerme a pensar en este momento en números fraccionarios, numeradores, denominadores y líneas fraccionarias cuando todo suena tan simple, fresco y claro. Y estoy tan seguro de eso como que una fracción genérica a/b representa el producto de a por el reciproco multiplicativo de b de tal modo que a/b = a-1/b.

     

    Ahora Tony Levin cambia el stick por el bajo y se calza los “funk fingers” para dar pie a una encomiable interpretación de Sleepless de Three of a Perfect Pair de 1984. De inmediato se suma Markus Reuter en touch guitar y en cuarteto atacan con una vibrante y remozada -pero muy respetuosa- recreación del inoxidable Red de 1974.

    A continuación llega un segmento dedicado enteramente al álbum Thrak de 1994, primero en formato de trío con Pat Mastelotto, Tobias Ralph y Markus Reuter para brindar una lograda exposición de B’Boom (que incluyó un sobresaliente dúo de baterías) y luego –ya con el sexteto a pleno – ofreciendo una memorable seguidilla integrada por Thrak, Dinosaur y One Time; estas dos últimas cantadas por Adrian Belew de manera inmejorable. A esta altura no tiene demasiada importancia determinar si esta versión de King Crimson es mejor, peor o igual que el original; pero aun así podemos identificar con claridad que el grupo sin Robert Fripp –aun cuando Markus Reuter replique las partes de guitarra con sorprendente autoridad- suena menos etéreo y con un menor énfasis en el detalle ornamental pero permitiéndose una mayor libertad y frescura interpretativa.

    La parte final del concierto enlaza dos temas del álbum Discipline de 1981; en primer lugar con el notable ejercicio poli-rítmico de Frame by Frame y luego mediante una abrasiva e impagable adaptación de Indiscipline que incluiría un fantástico –y no exento de humor- duelo percusivo entre Pat Mastelotto y Tobias Ralph. Ovación.

     

    La banda regresa –ahora como un septeto que incluye al baterista de Tool Danny Carey como percusionista invitado- y nos entrega una feroz recreación de Thela Hun Ginjeet.

    Aplausos, aullidos, catarsis colectiva y hasta algunos orgasmos involuntarios. Final.

    Es probable que el Rey Carmesí ya no exista como tal pero quizás -de igual manera que en toda institución monárquica puede cambiarse de persona pero no el título que identifica a la autoridad- haya llegado el momento de exclamar a viva voz: ¡A Rey Muerto, Rey Puesto!

     

    Sergio Piccirilli

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