• Adrián Iaies

    La charla con Adrián se llevó a cabo en octubre de 2004 y pudo haber sido una más de las tantas que hemos tenido. Siempre interesantes, nunca exentas de humor y con los imprevistos a la vuelta de la esquina.

    Pero este encuentro pautado debía ser diferente.

    La propuesta (aceptada por Iaies) fue realizarle su primera entrevista (charla, diálo-monólogo) como productor y responsable de la serie S’Jazz que recientemente editara los primeros cuatro discos; y exceptuar toda mención a su actividad como músico.
    De todas maneras, bien vale una presentación.

    Adrián Iaies, pianista, compositor y arreglador nació en 1960. Estudió con Manolo Juárez, su debut discográfico fue con el disco Ventanilla 16, que editara con el grupo Touch (que además lideraba).

    Luego del segundo álbum de la banda, La lluvia es sagrada, se tomó un paréntesis para lo que sería un estilo que lo haría sobresalir como una de las figuras más importantes del movimiento jazzístico argentino: conforma el Adrián Iaies Trío y ya en Nostalgias y otros vicios, quedó delineado de qué iba la cosa: Iaies es, básicamente, un pianista de jazz que interpreta tangos como si fueran standards. Pero también toca standards de jazz como si fueran tangos. O sea.

    El disco doble Las tardecitas de Minton’s fue (dentro del estilo) un suceso inusual para el mercado discográfico argentino y le valió la primera de sus tres nominaciones al Grammy Latino. Luego vinieron los discos grabados y editados en Europa, las permanentes giras por el viejo continente, la presencia en los principales festivales de jazz, el fichaje para EMI, las notas en las principales revistas del género del mundo, las tres noches en el Lincoln Center de New York y la conformación (junto con Horacio Fumero y Pablo Mainetti) del Tango Reflections Trio, con el cual realizara dos actuaciones a tope en La Trastienda en el pasado mes de septiembre.
    Pero además, a Adrián se le ocurrió una (otra) idea:

    Es una idea que tengo de hace rato: sacarme la leche de saber si todo lo que opiné durante toda mi vida acerca de los productores y los sellos de por qué no se edita jazz en la Argentina, es cierto o no. En principio hay una cuestión que para mí es como la madre de todo el malentendido y es: ¿qué dicen los ejecutivos de las compañías? Que los discos de jazz no se venden. Como los discos de jazz no se venden, no pongamos plata en promoción, porque es tirar la plata; luego, como no invertís plata en promoción, los discos no se venden.
    Lo que yo digo es: tratá un disco… armá un sello, un catálogo de jazz y –adecuado al género y al tipo de artista y a la estética- ponéle plata en promoción y en el marketing adecuado y en prensa y ayudá a presentar los discos y ponéles un buen arte y no los vendas caros y vas a vender discos de jazz. Nunca vas a vender a Jodos o a Lo Vuolo o a Fumero, como vendés (al grupo) La Mosca; es obvio. Pero vas a vender. Entonces… me parece que ése es el primer malentendido. Lo que yo encontré, es la oportunidad, en EMI, a ver… lo que yo encontré ahí es el lugar apropiado para hacerlo. Al trabajar todos en sintonía me encontré con la posibilidad de plantearlo y de hacerlo, pero en serio. Pongámosle apoyo, gente trabajando en eso, marketing… ése es un punto.
    El segundo punto es lo que a mí me ha pasado como comprador de discos de jazz. Si vos armás un catálogo o una serie y elegís bien los discos, siendo incluso muy estricto con la elección de los artistas, en algún momento va a suceder que alguien va a comprar los discos aún sin conocer a los artistas, porque va a confiar en quien hace la selección de esos músicos.

    Algo así como lo que realizó el sello Concord con la serie del Maybeck…

    Exacto, algo así. Algo como lo que te puede pasar en Soul Note. Vos decís bueno… todo lo que saca Soul Note lo compro…, en su momento también ocurría con Blue Note, ahora ya no pasa tanto. Lo comprabas y ni te importaba quién tocaba, porque sabías que en el peor de los casos, no sería un disco malo. Luego hay artistas que te interesan más que otros. Yo compré “Maybecks” de pianistas que no había escuchado nunca, tipos de los que yo no tenía idea y los compraba igual; porque (pensaba) si alguien los había elegido para la serie, ese alguien que los eligió sabe por qué lo hizo.
    Entonces, a mí me parece que si le ponés una guita y energía y tiempo y dedicación y adecuás una estrategia al tipo de estética que es… a ver… no podés vender jazz como vendés pop; y si sos muy selectivo con el catálogo y no tratás de mear más lejos de lo que podés, digo… una compañía… el error habitual de los sellos independientes es que editan indiscriminadamente una cantidad de discos. Entonces, sacan el disco, lo ubican en las disquerías, con lo que –sin apoyo adicional- el disco se muere. Yo lo que digo es que una compañía como EMI está preparada como para defender 4 discos cada 6 meses. Eso es: sacarlos, defenderlos, hacer los conciertos de presentación, hacer prensa con los artistas, tratar de que vayan al interior… eso es lo que EMI puede hacer, ¿entendés? Y no editar indiscriminadamente y es algo que las empresas recién empiezan a entender; hacer un disco ya no es más fabricarlo como era hace unos años; antes, el costo de un disco era la fabricación, hacer un vinilo era carísimo, lo mismo el cd en sus inicios. Hoy en día, cualquiera hace un disco, porque te fabrican 300, te hacés las tapitas y ya está.
    Hacer un disco es hacer un plan, proyectarlo, grabarlo, editarlo… y después defenderlo. Lo tiene que defender el músico y también la compañía.

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