• Ambulancia: Enfermate Y Que Te Lleven

    Clásica y Moderna – Buenos Aires
    Domingo 22 de Julio de 2007 – 0:30 hs.

    Una ambulancia es un vehículo destinado al transporte de heridos y enfermos y al de auxilios y elementos de cura. Su historia se remonta a los tiempos bíblicos. Hasta finales del siglo XVIII, cumplía solamente con el propósito de trasladar a los enfermos al hospital. Pero en 1792, el cirujano francés Jean Larrey, decidió que en el vehículo se trasladara a los médicos con su instrumental. El sistema, tal cual lo conocemos en la actualidad, se inició mucho después, promediando y algo más el siglo XX.
    Pero Ambulancia es también un sexteto que, según reza la gacetilla infomativa, realiza “un viaje para mirar música”.

    Sus integrantes son actores que o bien tocan instrumentos o cantan. También hay un director teatral, Sergio D’Ángelo que tiene, y mucho, que ver con la propuesta.
    El espectáculo brindado por el combo es musical, eso está claro.
    Pero posee también un fuerte contenido actoral, como se sospecha.
    Trasnoche de sábado. Los músicos/actores arman el escenario. A la una de la mañana del domingo, prueban sonido con un breve pasaje de Sweet Home Alabama (o Encuentro con el diablo, vaya uno a saber, ya que las voces… bien gracias). Vemos varios elementos que salen de una Caja de Pandora: un bolillero de lotería, maraquitas, castañuelas, fotos, shékeres, silbatos, tubos de plástico, armónicas… Sobre el piano acústico hay un teclado Yamaha, un acordeón, una pandereta y un par de etcéteras.

    A la 1:20 se apagan las luces; Mariano Torre va a la batería; Federico Macchi (reemplazante del titular Luciano Bonanno) se cuelga un bajo eléctrico de 4 cuerdas; Julián Vilar, una guitarra de seis. Y Víctor Malagrino se sienta tras el teclado. Cierto aire arábigo se funde con un pasaje a go go. Entran los cantantes: Muriel Santa Ana y el líder natural, Mike Amigorena, este último con saquito y pollera al tono, medias blancas con ligas y zapatos sin taco. También porta un frasco de vidrio en cuyo interior hay un panadero. Sí, ese yuyo que de chicos todos soplamos alguna vez. Es una suerte de talismán de la banda.
    El tema elegido para la apertura me suena. Cuando Amigorena hace molinete con una de sus manos al entonar “soy el molino de tu amorrrrrrrrrrrr…”, caigo en la cuenta de que estamos ante Trigal, de Sandro.
    Lo que sigue, creo, porque las versiones están deformadas con propósito y la voz del cantante no suena lo prístina que uno deseara, parece ser India, de Corey Hart. Pero no, es Earth Angel, de Marvin Berry. Vamos entendiendo la propuesta.

    Mike AmigorenaYour Love, de The Outfield, muta de rockito a una cabalgata; sólo falta que alguien grite “¡arre Silver!” Cuando retornan al inicio, me acuerdo de Joe Jackson. Amigorena decide ¿citar? al ¿poeta? Guillermo Vilas. Luego de “falsetear” a lo Prince o Barry Gibb, se afeita con el micrófono mientras los demás ponen cara de póker.
    El cuarto tema es un bolero. El cantante imita a las gaviotas. El bolero es Vení Raquel, de Los Auténticos Decadentes. Con citas a la Marcha Peronista. Con Muriel Santa Ana extrayendo bolillas del bolillero que introduce en su boca para lanzárselas al guitarrista. Amigorena, de pronto, se y nos pregunta: “¿es Pepino un buen payaso?

    MurielSe viene, musicalmente hablando, uno de los mejores momentos de la noche con Hand in my Pocket, de Alanis Morrissette. Gran performance visual de Muriel. Al tecladista, Víctor Malagrino, se le traba la batería electrónica. Esto provoca un conciliábulo pero no se saca nada en claro. Un frenético ritmo de drum’n’bass inunda la sala. Muriel canta, Malagrino lee una revista, Amigorena realiza un solo de armónica y cita frases de presidentes argentinos: el dislate está asegurado. Mariano Torre se sube a su butaca y comienza una danza tribal con exceso de entusiasmo. Muriel se despacha con “yo quiero tener un millón de amigos”. Vuelven a reunirse alrededor de la máquina de ritmos. Malagrino revolea la revista vociferando “pero está todo en coreano, señor”. Supuesto break. Porque Muriel Santa Ana se queda. La acompañan Malagrino en acordeón y Villar en guitarra. Muriel llora afectadamente mientras entona el clásico de Doménico Modugno, La distancia es como el viento, que muchos recordarán interpretada por Los Iracundos.
    Ahora sí, final del primer tramo.

    Trato de no sacar conclusiones apresuradas porque la verdad es que no sé cómo catalogar o rotular (si hubiera o hubiese que hacerlo) lo que estoy presenciando. Al verme tomar apuntes durante el espectáculo, un grupo de señoras de edad más bien avanzada, muy coquetas ellas, preguntan de qué medio soy. Le responden “de elintruso.com”. Y una de las señoras dice “ah… el de Rial…
    No aclaramos nada.
    Por las dudas.

    El reinicio es con kalimbas, una cajita de música (activada), un tubo de plástico y un cajoncito similar al utilizado por Bill Bruford en The Sheltering Sky (King Crimson, Discipline, 1980). El tema fue popularizado por Los Palmeras: Voló la paloma. Se sucede un pseudo carnaval carioca. Mariano Torre abandona su set de batería y comienza a danzar nuevamente. La interrupción es abrupta provocando la desazón del drummer que, enojado, se retira del escenario. La venganza será terrible, pienso. Y efectivamente, en el cálido comienzo de 99 Red Balloons, Torre irrumpe violentamente rompiendo todo clima. Que luego retorna para derivar en una suerte de chanson francaise. Muriel hace burbujitas.
    Boys Don’t Cry, de The Cure, comienza como una balada. Pero luego (vaya uno a saber cómo) estamos en pleno ritmo disco. Malagrino, entusiasta, le da al piano Yamaha con ganas. Lo pone vertical y toca notas con la lengua. O lo intenta.

    Otro gran momento fue con Himno de mi corazón, de Los abuelos de la nada. La versión es funky, con un solo de flauta que me hace recordar el tema de la serie Baretta. Sólo falta el pajarraco.
    Cambios en el equipo: tecladista, a la batería; baterista, a cantar. Me olvidé de vivir, de Julio Iglesias, sufre algunas transformaciones. A la frase “de tanto jugar con los sentimientos”, le sigue un “boludo, boludo”. Y al estribillo “me olvidé de vivir”, un “despierta, despierta”. Pero, además, el tema es descuartizado sin piedad transformándolo en una suerte de flamenco-rap. ¿Insólito? Sí. Genial… también.

    Mike AmigorenaAmigorena vuelve a decir frases disparatadas poniendo cara de Eurípides (¡?): “el tiempo es la ropa interior de la vida” o “viví despacio y arrancale el corpiño al momento”. Suena un rockabilly que, como corresponde, no fue compuesto como tal: God Save the Queen, de los Sex Pistols. Y el “no future” final suena a epitafio. Y lo es. Final del concierto.
    Vuelve Amigorena, hablando en portuñol y acompañado por la guitarra de Julián Villar. Monologa. Improvisa. Dice disparates:
    Moria Casán se compra una motoneta; y la hija de mil putas, la maneja con una teta”.
    Susana Giménez se tiró del quinto piso; y el portero encargado, la paró con un chorizo”.
    Las chicas de mi barrio no van a la pileta, porque dicen que el bañero es un negro chupa tetas”.
    Luego de este momento cultural, arremeten con Más que nada, de Sergio Mendes, que incluye citas a Felicidade, un samba-rap y el grito tribal de los Sumo en el final de Los Viejos Vinagres.
    Fin.

    Como dijimos al principio, una ambulancia es un vehículo destinado al transporte de heridos y enfermos y al de auxilios y elementos de cura.
    Lo que no nos avisaron, es que todos los tripulantes de esta Ambulancia iban a hacernos sentir en un psiquiátrico.
    Y si esta gente distorsionó todos y cada uno de los temas interpretados, yo haré lo mismo con una frase de Groucho Marx.
    “He pasado una noche extraordinaria. Y fue ésta”.

    Marcelo Morales

    Nota: Las fotos de la presentación de Ambulancia pertenecen a Clara Muschetti y fueron extraídas de http://www.alternativateatral.com.ar/

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