• Argamonte + Pablo Ledesma / Mono Hurtado / Pepe Angelillo / Martín Misa: Orillas

     

    orillas#1, #2, #3, #4, #5, #6, #7, #8, #9, #10, #11, #12, #13, #14, #15, #16

     

    Músicos:

    Pablo Ledesma: saxo alto, saxo soprano

    Pepe Angelillo: piano

    Horacio “Mono” Hurtado: contrabajo

    Martín Misa: percusión

    Argamonte: fotografía

     

    Sello y año: Cielo Arriba, 2014

    Calificación: Dame dos

     

    La vida está en la orilla; la muerte, en otro lado. Nosotros estamos aquí, y no allí (Haruki Murakami)

     

    El significado de la palabra orilla, en sus principales acepciones, describe tanto a la parte extrema o borde de una superficie como también al límite de la tierra que está tocando a una masa de agua.

    La asociación entre los conceptos de “orilla” y “vida” que encierra la frase de Murakami del epígrafe, no obedece sólo a un mero recurso literario sino que, además, aparece firmemente ligada al desarrollo mismo de la especie humana. Desde tiempos inmemoriales, el hombre fue construyendo sus moradas cerca de ríos y mares; primero estimulado por la necesidad de obtener alimentos y más tarde, con el desarrollo de la navegación, amparado en la necesidad de viajar para salir al encuentro de nuevos territorios, civilizaciones y culturas.

    En sentido figurado, llegar a una orilla siempre impone el desafío de haber encontrado un límite (quizás más aparente que real) que nos obliga a decidir entre permanecer allí, emprender el regreso o cruzarlo para ver qué hay más allá.

    En los inabarcables territorios del arte musical, suelen presentarse similares disyuntivas. Algunos, al toparse con un límite –y en este caso el término “algunos” incluyen tanto a los que disfrutan del arte como a quienes lo crean- prefieren quedarse allí (en la “orilla”) o retroceden hasta el punto de partida. Otros, por fortuna, aceptan el desafío (rindiendo así pleitesía a aquella frase de Jacques Lacan que dice: “La primera virtud del conocimiento es la capacidad de enfrentarse a lo que no es evidente”) y emprenden sin temores la travesía que los aparta de su zona de confort y los lleva al descubrimiento de nuevos lugares, al encuentro con lo desconocido e inesperado.

    Sin lugar a dudas, a ese último y selecto grupo suscriben los involucrados en el magnífico proyecto titulado, apropiadamente, Orillas.

    Esta obra de arte –dicho en el sentido más amplio del término- se compone de dieciséis piezas musicales improvisadas, generadas e inspiradas a partir de imágenes captadas por el conspicuo fotógrafo bonaerense Argamonte.

    El exquisito material fotográfico aportado por Argamonte –en riguroso y sugestivo blanco y negro– refleja imágenes tomadas en diferentes costas (de allí el título “Orillas”) ubicadas en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil.

    Esas imágenes se extrapolan a la música por intermedio de un cuarteto de notables integrado por el saxofonista Pablo Ledesma, el pianista Pepe Angelillo, el contrabajista Mono Hurtado y el baterista Martín Misa mediante una obra que se aposenta en los principios creativos de improvisación libre a los que Derek Bailey definiera, acertadamente, como “improvisación no idiomática”.

    El proyecto Orillas y su pertinente e impecable edición –solventada con aportes del Fondo Ciudadano de Desarrollo Cultural del Ministerio de Cultura de la Provincia de Salta– cobra vida en un formato de libro-CD que contiene el material fotográfico ya mencionado y al disco en donde se materializa el fascinante universo de improvisación sonora que construyen, a partir de esas imágenes, los músicos implicados en la obra.

    Cada una de esas dieciséis improvisaciones –que alternan formaciones a dúo, trío y en cuarteto- no llevan un título sino un número de orden que las identifica; pero todas, sin excepción, utilizan como marco referencial los distintos paisajes retratados en las fotografías de Argamonte.

    El álbum atraviesa diferentes climas -mayormente asociados a las imágenes que le dan vida- pero encuentra común denominador en su carácter abstracto (es decir, que no responde a conceptos estilísticos predeterminados), un tratamiento del material espacioso y relajado (que deviene de la atenta escucha y recíproca comprensión con la que interactúan colectivamente) y en la constante pulsión lúdica que impregna el ejercicio improvisador del conjunto.

    #1 encuentra su matriz en una inquietante fotografía del lago Nahuel Huapi ubicado en la provincia de Neuquén, Argentina. Aquí el cuarteto despliega una improvisación de temperamento ascético y evanescente desde cuyos pliegues emergen sensaciones no menos inquietantes a las que subyacen en la imagen original.

    #2 y #3 utilizan como fuente de inspiración sendas fotografías de Altas Cumbres (zona del Valle de Traslasierra, Córdoba, en donde nacen numerosos cursos de agua). En ambos casos traducidos musicalmente en formaciones a dúo; la primera de ellas se constituye a partir de los detallados acentos de la batería de Martín Misa y el contrabajo de Mono Hurtado –aquí alternando el uso del arco con el pizzicato– que parecen agregarle colores a la foto en blanco y negro que le da vida; y el segundo, expresado mediante el fragmentado dramatismo que construye el piano del sobresaliente Pepe Angelillo en complicidad con la batería de Misa.

    En #4 hallamos una luminosa improvisación a dúo de piano y contrabajo –aquí con magníficos aportes de Hurtado y Angelillo– que nos lleva simbólicamente al ensoñador paisaje de Isla Negra (San Antonio, Chile) captado en la foto de Argamonte. Ese mismo territorio del litoral chileno también da forma a las liberadoras abstracciones de #5 que construyen los experimentados Mono Hurtado en contrabajo y Pablo Ledesma en saxo.

    Los cambiantes planos sonoros de #6 nos traen de regreso al cuarteto para “ponerle música” a una fotografía de Cabo Frio, Rio de Janeiro, Brasil.

    Los ritmos folclóricos aparecen de forma sublimada en #7 y #8 para acercarse de manera más subjetiva que explícita a las orillas del Pilcomayo (Salta, Argentina) capturadas por la lente de Argamonte en sendas fotografías. El primero de esos pasajes a dúo de saxo y batería, el segundo en formato de cuarteto y, en ambos, con indubitable destaque de Pablo Ledesma en saxo.

    En la sutil exposición del cuarteto en #9 cobra vida un desolado paisaje de Solís Grande (Maldonado, Uruguay); en #10 sobreviene un hermoso diálogo entre el piano de Pepe Angelillo y el saxo soprano de Pablo Ledesma, afincado en una foto de la soleada Piriápopls para, finalmente, concluir este tránsito por tierras uruguayas con un regreso a las playas de Solís Grande representadas a trío de saxo, piano y contrabajo en el exigente relato sonoro de #11.

    La imagen de El Bermejo (Mendoza, Argentina) propicia en #12 un vibrante alegato con el cuarteto a pleno para dar cierre al cuerpo principal de la obra.

    Luego se suceden a modo de yapa (“obsequio”, en el argot de Buenos Aires): #13 –en formato de piano trío y con descollante entrega de Pepe Angelillo-, la frenética exposición del cuarteto en #14 y las intensidades de #15 (inspirado en una foto de Arraial do Cabo Frío, Río de Janeiro, Brasil) que incluyen destacadas aportaciones de Martín Misa en batería y Pablo Ledesma en saxo alto.

    El álbum cierra con el extenso diálogo colectivo y la superlativa entrega del cuarteto materializada en #16.

    Orillas es una obra de infrecuente calidad que destila honestidad creativa e impulsa a reemplazar nuestras limitaciones por la ilusión de encontrar algo nuevo.

     

    Hay algo que da esplendor a cuanto existe y es la ilusión de encontrar algo nuevo a la vuelta de la esquina (Gilbert Keith Chesterton)

     

    Sergio Piccirilli

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