• Ben Goldberg

    ¿Y cómo fue la historia con Myra Melford Be Bread?

    Myra (Melford) y yo nos encontramos cuando ella fue contratada para enseñar en la Universidad de California en Berkeley hace pocos años. Nos juntamos y tocamos y, desde el principio, nos dimos cuenta que había mundos enteros que necesitábamos buscar juntos. Myra tiene todo: momentos fuertes, melodía perfecta y la más profunda y misteriosa sabiduría armónica. Cada vez que toco con ella me lleva a un lugar completamente nuevo… ¡y la banda! (con gesto de admiración): Cuong (Vu), Stomu (Takeishi), Brandon (Ross), Matt (Wilson)… mi Dios… También, recientemente, Myra y yo hemos estado tocando duetos y dimos algunos muy buenos conciertos.

    Ahora tenés un nuevo cuarteto: Go Home. ¿Cuál es el concepto fundacional de esta nueva constelación?

    En Go Home estoy con Charlie Hunter, Scott Amendola y ahora Curtis Fowlkes en el lugar en el que estaba originalmente Ron Miles. Charlie (Hunter) y yo habíamos tocado un poco en los noventa. Participé en su primer disco para el sello Blue Note (se refiere a Bing! Bing! Bing! de 1995) pero estuvimos transitando diferentes círculos después de eso. Hace pocos años le dije a Scott (Amendola): “Ahora necesito hacer un álbum con Charlie”, porque determiné que ciertas cosas habían cambiado en mi consciencia volviéndose más fuertes, así que estaba listo para eso. Por supuesto no había escuchado a Charlie (Hunter) en mucho tiempo; y cuando vino al Yoshi’s de San Francisco con su grupo, me quedé completamente pasmado. Para mí eso fue como si todo lo que había amado de Charlie cuando tocamos diez años atrás hubiera sido sólo un avance de lo que es ahora. Charlie (Hunter) es como un rayo disparado en todas direcciones con la calma del conocimiento en su centro. Por supuesto que Scott y Charlie son dos lados de un mismo latido, así que cuando Scott y yo estuvimos en New York en abril de 2008 invitamos a Charlie a que grabara con nosotros. Coincidentemente, Ron (Miles) estuvo tocando con Bill Frisell esa misma semana en el Vanguard, así que estaba disponible para acompañarnos. Fui a la casa de Charlie un par de días antes de la grabación; le mostré la música que tenía y él supo exactamente qué hacer tanto como lo que yo podría improvisar en un par de canciones (expresando admiración). Después de hacer el disco comencé a sentir que podría ser un grupo. Hicimos un lindo tour en California durante la primavera y estaremos en la Costa Este hacia fines de octubre, incluyendo cuatro noches en el Jazz Standard. Ron (Miles) tenía otros compromisos y tuvo que dejar el grupo pero fuimos afortunados en tener a Curtis (Fowlkes) tocando con nosotros.

    Go Home es un nombre algo extraño; ¿me podés decir de dónde proviene y cómo se aplica a la música?

    El nombre Go Home (“Volver a casa”) vino a mí porque sentí que esta música reflejaba una dirección en mi vida, una aceptación de ciertas cosas de mí mismo que, quizás, había estado tratando de sacar desde hacía tiempo. En realidad, alguna de las canciones que tocamos en el grupo comenzó con un dueto que había hecho con mi hijo Ethan… ¡con él en batería y yo tocando piano!

    ¿Qué desafíos experimentás liderando tu propio grupo?

    Mayormente desafíos de calendario, intentando encontrar un momento en que todos puedan estar en el mismo lugar… (con tono de resignación)

    Cuando empezás una composición, ¿tenés un sonido en mente o una estructura o idea? ¿Un ensamble o músico en particular? ¿Hacés muchos bocetos o es más improvisado?

    Muy a menudo una canción se me presenta como una visión. Una foto del grupo y yo en el escenario y escucho que estamos tocando. Eso me resulta suficiente para comenzar, tratando de capturar aquel sonido. Después de eso, sólo trabajo fuerte y por muchas horas. Como mis hijos podrían testificar, sé invertir días en el piano intentando diferentes implicaciones de movimiento melódico y armónico, escuchando y pensando, tratando de “oír” el próximo paso. A veces llego a tener 50 bocetos llenos de símbolos que permiten saber a dónde va cada pequeña sección. Entonces la parte más difícil es recordar qué quise decir con todos esos símbolos (risas). Aprendí a usar Sibelius (programa completo para escribir, ejecutar, imprimir y publicar partituras creado por la empresa Sibelius Software), el cual es una gran herramienta, pero para mí todo tiene que ser elaborado primero en piano.

    Me gustaría debatir sobre la tentación de enfocarse en la técnica por sobre la música que experimentan algunos artistas. ¿Cómo trabajás para que los dos aspectos estén balanceados?

    Recientemente mi hijo Reuben me preguntó: “¿querés ser el mejor clarinetista del mundo?” y recordé que cuando era joven, probablemente como ocurre con un montón de músicos, para mí todo giraba en torno a la técnica. Y creo que eso seguramente es importante cuando somos jóvenes, porque allí hay mucho para aprender con el fin de dominar un instrumento. Ahora supongo que siento que la técnica es sólo la técnica para tocar música tal como se necesita y debe ser tocada. Se trata de una definición más amplia del término que aún sigue abarcando lo que solía considerar como técnica. No tiene nada de malo estar físicamente en forma con el instrumento.

    ¿Ante qué escollos del ego hay que estar alerta para no sucumbir en el ejercicio de una carrera orientada al encuentro de la creatividad en la música?

    Creo que la música misma se encarga de eso. La música demanda honestidad. Tanto con el fin de aprender de la música como para hacer progresos con ella. Debés respetar los requerimientos de honestidad, integridad y coraje que son inherentes a la música. En la música encuentro muchos personajes encantadores y coloridos y algunos difíciles, pero no muchos egoístas. La música infunde en nosotros una profunda humildad.

    Emocional y físicamente hablando, ¿cómo manejás un calendario extenuante por períodos de tiempo tan largos? ¿Hay peligro de agotarse? Y si es así, ¿cómo combatís la fatiga y renovás tu nivel de creatividad?

    Para mí la música es una fuente constante de renovación de energías. Al igual que mucha gente me encuentro exhausto, pero por otras exigencias de la vida. Incluso algunas de las cosas que rodean a la música son agotadoras, copiando partes, haciendo calendarios, etc. Pero luego allí aparece la música, siempre dándote la posibilidad de que algo profundo y grande suceda.

    ¿Qué “palabras mágicas” o qué frase recordás haber recibido de un maestro que te haya inspirado para siempre?

    Steve Lacy dijo “la música tiene voluntad propia”.

    Entonces hablemos sobre Steve Lacy, quien supongo ejerció una gran influencia en tu carrera: ¿cuánto influyó?

    Fui absolutamente atrapado por la música de Steve (Lacy) desde el primer momento que lo escuché. Tenía un disco que él había hecho con Don Cherry llamado Evidence y acostumbraba escucharlo cuatro veces al día. Aprendí de ese álbum algunos solos de Steve, tratando de averiguar así qué estaba haciendo. Su manera de tocar, al menos para mí, siempre ha sido la magia más fuerte. Eventualmente tomé una lección con Steve (Lacy) en París y él me enseñó cómo estudiar música desde la base y eso cambió mi vida por completo. Invertí diez años de mi vida trabajando sobre estudios que él me sugirió.

    Has invertido mucho tiempo en los claustros académicos, primero como estudiante y luego como maestro. Me gustaría escuchar cuál es tu punto de vista sobre la educación en el jazz…

    Para mí no es tanto una cuestión de la educación de jazz en particular como de educación musical en general. Hay demasiado para aprender y, en ciertos puntos, es esencial tener un buen maestro, alguien que pueda darte un método que te permita ir encontrado tu camino en el mundo. Mi sensación es que si alguien estudia los fundamentos de armonía, ritmo, etc., tendrá la habilidad suficiente para hacer lo que quiera en la música.

    Hablemos del instrumento. ¿Cuándo empezaste a tocar clarinete?

    Mi madre tocaba el clarinete en su juventud. Cuando yo era chico le pedí permiso para tocar “esa cosa negra que estaba en una caja” (Risas). Ella tenía un viejo Noblet. Me encantó su olor y el sonido… fue tan misterioso… Ése fue el clarinete con el que empecé.

    Me gustaría referirme brevemente a las técnicas que usás…

    Cuando era joven traté de desarrollar toda clase de técnicas extendidas, multifónicos (técnica que posibilita a un instrumento monofónico producir varias notas a la vez), tránsito de armónico (técnica para producir un tono cambiando la dirección o la fuerza de la columna de aire), etc. ¡En estos días me resulta suficiente con tocar el clarinete! (risas). Pero algunas de esas técnicas aún siguen conmigo, como la respiración circular. En Tin Hat me gusta usar el slap tonguing (técnica que permite, mediante la lengua, crear un sonido que acompaña a la nota)

    ¿Considerás que el clarinete es una extensión física de vos mismo o simplemente es una herramienta?

    En estos días siento el clarinete como una parte de mí. Como tal, generalmente, eso actúa siempre como un recordatorio sobre cómo estoy sintiéndome ese día en particular. Pero cuando todo está en el lugar adecuado, no hay diferencias entre el instrumento y yo. Ése es uno de los grandes placeres físicos de la vida, estar conectado al instrumento en esa forma.

    ¿Cuáles son tus próximos planes de grabación? 

    Tengo un nuevo álbum a editarse a través del sello Tzadik este mes llamado Speech Communication. Es un trío con Greg Cohen (contrabajo) y Kenny Wollesen (batería). El disco de Go Home estará saliendo en septiembre. También puede haber un álbum con mi quinteto con Carla Kihlstedt, Rob Sudduth, Ches Smith y Devin Hoff y otro buen quinteto que grabé con Joshua Redman y Ron Miles para el cual no encontré sello todavía.

    Para concluir: dado que al final del día, sos el único juez calificado para criticar tu propio trabajo… ¿te resulta difícil dormir por las noches? (risas)

    Dormir es la única cosa que no representa una dificultad; lo más difícil es encontrar tiempo para eso…

    http://www.myspace.com/bengoldbergmusic

    Sergio Piccirilli

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