• Bola de Nieve: Déjame Que Te Cuente De Bola

    (Ramón Fajardo estrada – Ediciones Unión)

    Yo soy un expresionista intérprete, lo que en Francia se llama un disseur, en el que importa, sobre todo, la sensibilidad, la manera de decir y lo que se dice. En fin, que no soy un juglar, un decimista o un genio; no creo en la improvisación: tengo que estudiar, ensayar. Hace falta mucha dedicación, disciplinar el propio sentimiento para encuadrar la canción.
    (…)
    Escojo las canciones que interpreto por placer. Cuando me gusta una canción la estudio hasta averiguar todos los rincones que pueda tener en su letra y en su música. Muy de tarde en tarde lanzo una canción; y cuando lo hago ya es mía siempre. Cuando la canción que yo canto con esta voz de manguero me gusta más en otra voz, la saco de mi repertorio que no es tan amplio. Tengo esta pretensión, un poquito petulante. Siempre he dicho que yo no canto sino que expreso lo que las canciones o pregones o poemas musicalizados tienen dentro. Cultivo la expresión más que la impresión. Lo que me interesa es tocar la sensibilidad del que escucha.
    (…)
    Creo que lo que mejor me califica es mi personalidad de intérprete. No soy exactamente un cantante, sino alguien que dice las canciones, que les otorga un sentido especial, una significación propia, utilizando la música para subrayar la interpretación. Si hubiera tenido voz, hubiera cantado en serio, me hubiera gustado cantar en serio, me hubiera gustado cantar ópera, pero tengo voz de manguero, voz de vendedor de duraznos, de ciruelas, entonces me resigné con vender ciruelas sentado al piano. Cuando interpreto una canción ajena no la siento así. La hago mía. Yo soy la canción que canto; sea cual fuere su compositor. Por eso, cuando no siento profundamente una canción, prefiero no cantarla. Si yo canto una canción porque está de moda, pero no la siento, entonces no la puedo transmitir, no le puedo dar nada a quien me escucha. Yo entiendo por arte dar las cosas como uno siente, poniendo al servicio del autor la propia sensibilidad; y establecer esa corriente que hace que el público ría o llore, o guarde silencio.

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