• Camila Nebbia: Aura

     

    Las manos; Algunos rastros de la memoria; La desintegración; La quietud del viento; Al costado del río

     

    Músicos:

    Camila Nebbia: saxo tenor, composición

    Valentín Garvie: trompeta

    Ingrid Feniger: saxo alto, clarinete bajo

    Daniel Iván Bruno: trombón

    Damián Bolotín: violín

    Violeta García: cello

    Juan Bayón: contrabajo

    Mariano Sarra: piano

    Axel Filip: batería

    Omar Menéndez: batería

    Juan Klas: dirección de ensamble en Algunos rastros de la memoria

     

    Sello y año: ears&eyes Records

    Calificación: Excelente

     

    ¿Qué es el aura? El entretejerse siempre extraño del espacio y el tiempo, la aparición irrepetible de una lejanía, por más cerca que esta pueda hallarse (Walter Benjamin) 

     

    El término aura describe en esencia un hálito, aliento o soplo, pero también comprende variados usos e interpretaciones que exceden a esa primera acepción del vocablo. Por ejemplo, en lenguaje poético suele aplicarse la palabra aura para hacer referencia a un viento suave y apacible, en medicina sirve para representar a la sensación subjetiva que antecede a las crisis provocadas por algunas enfermedades y en el ámbito de la parapsicología, alude a una especie de radiación luminosa que rodea a las personas. 

    En su libro de 1936 La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, el filósofo, crítico literario y ensayista alemán Walter Benjamin extrapoló el concepto de aura al campo del arte para vincularlo con el conjunto de características que hacen que una obra de arte sea única y original. El célebre autor berlinés -quien además fue uno de los miembros más conspicuos de La escuela de Fráncfort, grupo de investigadores sociales que adherían a las ideas de Hegel, Marx y Freud- afirmaba en ese texto emblemático que el aura como tal engloba aspectos intangibles de toda obra de arte: su unicidad y autenticidad, el modo en que se sitúa en su época y la manera en que es valorada en función de ello.

    De hecho, Benjamin identifica al aura con la singularidad y la experiencia de lo irrepetible porque eso permite abrir el camino hacia una nueva mirada sobre la estética en donde subyacen el papel político y la exigencia revolucionaria del arte en la contemporaneidad.

    Desde un punto imaginario de intersección entre el aura entendida como la luminosidad que irradian las personas, la valoración poética o figurativa del término y los conceptos sobre singularidad y autenticidad en el arte contemporáneo acuñados por el ensayista alemán, emerge con inusitada fortaleza creativa el álbum de Camila Nebbia que lleva por título, precisamente, Aura.

    La joven saxofonista, compositora, improvisadora y artista multidisciplinaria Camila Nebbia es una de las principales figuras de la nueva escena musical de Argentina. Su personal ideario estético se afinca en la búsqueda de inexplorados paisajes sonoros y visuales que indagan sobre diferentes formas de composición e improvisación libre.

    La formación académica de Nebbia incluye la asistencia al Conservatorio superior de música Astor Piazzolla, estudios de jazz en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla y la carrera de Dirección Cinematográfica en la Universidad del Cine. Además, recientemente, ha sido aceptada para cursar el máster CoPeCo (Contemporary Performance and Composition), un programa de dos años de duración que se lleva a cabo en cuatro universidades diferentes: la Estonian Academy of Music and Theater de Estonia, el Royal College of Music, Stockholm en Suecia, el Conservatoire national supérieur de musique et de danse de Lyon (Francia) y la Hochschule für Musik und Theater Hamburg en Alemania.

    También estudió saxo con Ricardo Cavalli, Luis Nacht y Tony Malaby, composición con Diego Schissi e improvisación con Juan Cruz de Urquiza, Ernesto Jodos y Rodrigo Domínguez, entre otros. En 2017 fue seleccionada entre alumnos y ex alumnos del Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla para concurrir a las residencias dirigidas por Tim Berne, Marilyn Crispell y Ben Goldberg en el Centro Cultural Kirchner. Entre otras experiencias formativas se destacan su participación en un seminario a cargo de Ralph Alessi en Nueva York (donde tomó clases con Kris Davis, Michaël Attias y Gerald Cleaver), estudios en composición e improvisación con Myra Melford, la obtención de una beca para participar del seminario Jazz and Creative Music en el Banff Centre de Canadá en el cual acude a clases impartidas por Vijay Iyer, Tyshawn Sorey, Okkyung Lee y Fay Victor y la asistencia al workshop Ensemble Evolution dirigido por el ICE (International Contemporary Ensemble) en el New School for Performing Arts de Nueva York.

    La fértil trayectoria artística de Camila Nebbia abarca colaboraciones a favor de La Big Nant, el sexteto de Axel Filip, Ramiro Zayas Grupo, la Gandini Band que lideran Valentín Garvie y Santiago Villalba, Mingunos, Julián Mekler sexteto y varios más.

    Asimismo, es co-creadora del colectivo multidisciplinario de mujeres improvisadoras La Jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado (documentado en el álbum del mismo nombre de 2019 y La Jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado, en vivo de 2020), participa en los proyectos cooperativos Burka (trío que completan Raian Valença y Nicolás del Aguila con el que edita en 2019 La venganza de la hija de Saturno), El devenir del río (grupo con Catu Hardoy, Violeta García, Pía Hernández y Diana María Arias materializado en Amla de 2018), Plevida y su disco homónimo de 2015 (junto a Gabriel Stern, Nacho Szulga y Axel Filip) y Yo no sé de pájaros en 2020 donde comparte créditos con Maya Keren, Diana Arias y Lesley Mok.

    En tanto que su discografía como líder incluye -además del proyecto que motiva esta reseña- a los álbumes A veces la luz de lo que existe resplandece solamente a la distancia de 2017 (donde contó con los aportes de Ingrid Feniger, Guido Kohn, Nacho Szulga, Axel Filip y Omar Menéndez) y el álbum en solitario De este lado en 2019.

    Camila Nebbia, en Aura, ofrenda un deslumbrante alegato sonoro en el que se yuxtaponen de manera muy personal los lenguajes del jazz, la improvisación libre y la música clásica contemporánea. Esos aspectos fundantes que anidan en la obra serán subrayados por una elaborada complejidad armónica, sugestivas variaciones dinámicas, la densidad de sus texturas, el uso alternado de diferentes formatos instrumentales con amplios espacios para el flujo de la improvisación y un imaginativo aprovechamiento de las posibilidades tímbricas y de orquestación.

    El álbum abre con Las manos, pieza dedicada a los ancestros femeninos de la compositora y con la que también rinde homenaje a todas las mujeres que luchan por sus derechos a vivir en una sociedad más igualitaria. El curso de la composición dibuja un cautivador paisaje sonoro que enhebra deliberadas saturaciones cromáticas, gestos melódicos de gran intensidad y atinadas aportaciones instrumentales por parte de cada uno de los miembros del ensamble.

    La extensa e imponente Algunos rastros de la memoria nos sumerge en un universo musical que desborda creatividad e ideas innovadoras. El epicentro del tema –en este caso bajo la dirección de Juan Klas se aposenta en un arrebatador motivo melódico que aparecerá en varios pasajes a través de diferentes orquestaciones, variaciones y desarrollos. Su episódico trayecto nace de un lóbrego segmento de temperamento camerístico acentuado por la masiva utilización del arco en los instrumentos de cuerda por parte de Violeta García, Juan Bayón y Damián Bolotín. Luego esa sección se ilumina -en un exquisito juego de contrastes- con el ingreso triunfal de la trompeta de Valentín Garvie y la posterior entrada del resto de los vientos que protagonizan Ingrid Feniger, Daniel Iván Bruno y Camila Nebbia. Tras alternar diferentes formaciones, la atinada utilización de técnicas extendidas y un catártico ejercicio colectivo, emergerá -en la voz de los integrantes del ensamble- una improvisación hablada sobre textos de la obra teatral de Federico García Lorca estrenada en 1935 Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. En su parte final la pieza regresa al plano instrumental para ofrecer una reexposición del motivo original resuelta con desbordante lirismo.

    En física, la desintegración es un proceso en el que una partícula, elemental o compuesta, se transforma en otras. Ese concepto aparece representado musicalmente en los postulados sonoros de La desintegración. La composición yuxtapone el uso de una partitura gráfica con algunas de las técnicas de conducción con señas pergeñadas otrora por el inolvidable Butch Morris y tiene como protagonista excluyente a la notable intervención de Camila Nebbia en saxo tenor.

    La quietud del viento está dedicada a la memoria de la tía abuela de la compositora y aspira a representar, en términos simbólicos, el pasaje de la vida terrenal a la paz eterna. Ese nudo argumental se traduce en un particular tratamiento del sonido que confronta a las baterías de Axel Filip y Omar Menéndez con un andamiaje instrumental dividido en registros agudos y graves que coexisten, se intercalan e interactúan hasta confluir en el ejercicio colectivo de la improvisación. Dicho segmento, por último, conduce a una fase conclusiva en forma de coral dictaminada por la melancolía de sus trazos y el denso cromatismo armónico. En un contexto de interpretación grupal superlativo, sobresalen aquí los aportes de Damián Bolotín en violín, Violeta García en cello y Mariano Sarra en piano.

    El álbum cierra en el formidable alegato manifestado por Al costado del río. La composición germina a partir de una ejemplar línea de bajo encarnada por Juan Bayón sobre la que giran y se superponen diferentes melodías y tempos. Ese fundante mapa sonoro –al conjuro de las baterías de Axel Filip y Omar Menéndez– sigue un vibrante crescendo por donde discurren las destacadas intervenciones solistas de Camila Nebbia en saxo tenor, Valentín Garvie en trompeta e Ingrid Feniger en clarinete bajo. El tramo final deja aflorar un pasaje definido por sonidos aislados y de muy larga duración a la manera de Morton Feldman, el cual -al amparo de las profundas frases que imparte Mariano Sarra desde el piano- terminará arribando con naturalidad a la reformulación de melodías superpuestas que dieron origen al tema.

     

    Camila Nebbia, en Aura, ha configurado una obra fascinante, llena de creatividad, abierta a múltiples lecturas y destinada a permanecer más allá de su tiempo.

     

    La esencia se escapa, pero su aura permanece (Maya Angelou)

     

    Sergio Piccirilli

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