• Cold Trane: Ravi Coltrane

    CatalinaCatalina’s Bar & Grill
    03 de Agosto de 2005

    El Catalina’s Bar & Grill es uno de los clubes de jazz más prestigiosos de Los Angeles. Vaya a saber por qué este lugar se llama así. Cuando vea a su dueña, Catalina Popescu, me comprometo a preguntarle. Está ubicado en el corazón de Hollywood (o en el estómago, ya que es un restaurante). Si el término no evidenciara mi edad diría que es un lugar pituco. Para disimular, prefiero calificarlo simplemente como petitero.
    Con más de dos décadas desde su inauguración, han pasado por allí desde Dizzy Gillespie a Chick Corea. De Betty Carter a Art Blakey. De John Scofield a Joe Zawinul. Gente con un mínimo de garantías. En síntesis: para tocar ahí tenés que estar en la pomada (¡uf! los años me persiguen y ya no corro como antes).

    Pocos meses atrás, el Catalina’s se trasladó a su nuevo local de la calle Sunset (calle cogotuda si las hay). Los que, pese al tiempo, conservan intacta su capacidad de revivir hechos del pasado (aunque sea en blanco y negro) recordarán la serie 77 Sunset Street. Sirva como referencia. Mejor cerremos los sarcófagos y tratemos de ubicarnos en la actualidad (o por lo menos tratemos de ubicarnos).
    ColdtraneEste lugar cada semana modifica su cartelera. Entre los días 2 y 7 de agosto el turno le correspondió a Ravi Coltrane. Doce shows en cinco noches, como estila el lugar. Tras arduo debate asambleario la elección recayó en la segunda función del miércoles. Poca gente: 30 personas, 4 músicos. Si consideramos a estos últimos como personas, suman aproximadamente 34. No era un marco muy cálido. Para subir la temperatura el camarero (un personaje extractado de algún libro de J.R.R.Tolkien) nos trae el menú. La botella de vino más barata cuesta 50 dólares. Ya logramos transpirar. Me dirijo al Hobbit gastronómico y le digo “si la botella es tan cara, tráigame el vino solo”. No entiende o no quiere entender.
    La anécdota no es muy simpática, pero terminaría siendo lo más divertido de la noche.
    Ravi Coltrane es un saxofonista de los buenos y que ha logrado ganar su espacio pese a cargar sobre sus espaldas con el mito de su padre. Nacido en Long Island en 1965, Ravi es el segundo hijo de John y Alice Coltrane. Su trayectoria incluye una prolífica tarea como sesionista. Trabajó con Jeff Watts, David Gilmour, Jack De Johnette, Kenny Barron, David Murray, Elvin Jones y Wallace Roney, además de una larga sociedad con Steve Coleman y los Five Elements.

    En 1998 editó “Moving Pictures” su primer labor como solista. Dos años más tarde haría lo propio con “ From the Round Box”. Desde ese entonces está concentrado en su propia música. El último exponente de esta etapa es “In the Flux” aparecido durante el 2005. Allí lo acompañan Luis Perdomo en piano, Drew Gress en bajo acústico y E.J. Strickland en batería. Con la misma integración se presentó en la noche del Catalina’s.
    A las 10:45 PM ingresan al escenario. Coltrane se acerca al micrófono con Luis Perdomoparsimonia y un inocultable desgano. Saluda, presenta a sus músicos y nos anuncia que abrirá con un tema nuevo que todavía no tiene título. Pide disculpas por ello e invita al público a que le pongan el título que quieran. Alguien sonríe, pero seguramente por otros motivos. Ravi tira un par de frases que marcan el camino y sale del escenario dejando al grupo en trío por un largo pasaje. Desde el vamos el que sorprende es el pianista venezolano Luis Perdomo. Muy concentrado y seguro. Perdomo ha tocado y grabado con John Patitucci, Brian Blade, Bobby Watson, Ray Barreto, Greg Osby y Henry Threadgill, entre otros, además de obtener un premio en el Concurso Martial Solal 2002 en Francia y haber dado inicio a su carrera solista este año con  “Locus Point”, disco en el que participan Miguel Zenon, Ralph Peterson, Ugonna Okegwo y Ravi Coltrane. Todo esto para argumentar que no se trata de un improvisado.

    Cuando ya nadie recordaba al dueño de la pelota, Coltrane regresa  con pretensiones de demostrar que la casa está en orden y ofrece un acertado solo en tenor. Felices Pascuas. Muy profesional. Poco para decir. El resto de la banda es ambivalente. Mientras Gress hace lo que sabe, E.J Strickland hace lo que puede. Este muchacho es un buen baterista pero desconoce lo que es el silencio. El tema concluye y sigue sin título. Tibios aplausos (por fin algo tibio), vamos al segundo tema. Es cierto que uno no espera grandes sorpresas. Ni que Coltrane toque el saxo con los dientes o que el público haga pogo pero… no me hagan caso, esperemos un poco más.

    EJ StricklandLlega la versión numero un millón de Giant Steps de papá Coltrane. No está mal. Entre ese millón de versiones la ubico en el último tercio. Otro correcto solo de Ravi en tenor. No hay caso, tiene menos gracia que un mamut disecado. Luego es el turno de Perdomo. Toma riesgos, empuja y la versión parece mejorar. Alentado por la situación, Gress se suma con un solo enorme, el cual se ve levemente perjudicado por el incontenible E.J. Strickland quien a continuación también hace su solo. En realidad no dejó de hacerlo nunca, pero para que se note la diferencia el resto hace silencio. De una mesa surge una espontánea ovación. Tranquilos, es la familia Strickland. Consulto al Bilbo Bolson devenido en camarero sobre el elevado nivel del aire acondicionado. Me responde en lengua élfica y, como no le entiendo, con un gesto señala el escenario. Parece que el frío viene de allí.

    Siguen con “For Zoe” , primer y único tema de “In the Flux” que harán durante toda la noche. Como casi todas las composiciones de Ravi Coltrane, suena adecuada y lánguida. Coltrane suelta notas con una precisión mecánica. Casi tediosa. Terminan y el público no aplaude. Los músicos se miran entre sí como preguntando: ¿habremos hecho algo mal? Sin esperar la respuesta (o imaginándola), Perdomo salva el bache con un extenso y profundo pasaje en solitario. Ravi dijo alguna vez: “a mi padre lo conocí por el eco de sus discos pero a quien le debo todo es a mi madre” (refiriéndose a Alice McLeod-Coltrane). Para ratificar esa edípica visión empalman el solo de piano con “Jagadishwar”, tema de mamá Coltrane extractado de su último disco “Translinear Light”. Una melodía de trazos sutiles y sin riesgos aparentes e innecesarios. Bien. Por decir algo. Además es una palabra fácil y sólo lleva cuatro letras (la voz de la conciencia me dice: ¿qué tal si probamos con “mal “ que tiene tres?). Creo que me quiero ir. El hobbit intuye el peligro y trae la cuenta. Observo el monto a pagar y lanzo una mirada de asesino serial en dirección al escenario. “¡Tocá negro, por favor!”

    Drew GressEl pánico se apodera de Coltrane. Deja el tenor y pasa al soprano y por contradictorio que parezca, el curso toma otro tenor. Parece dispuesto a lastimar, pero fiel a su estilo elige la seguridad del clásico de Johnny Mercer “Autumn Leaves”. Sin embargo, ante la inminencia del final, Coltrane decide soltar algo de lo que es capaz. La gente agradece pero sin euforia. A excepción de papá, mamá y tío Strickland que siguen arengando a su nene. Son muy unidos, parece. Drew Gress continúa en su propio mundo, que sin dudas es mucho mejor que éste (Claudia Quintet, Uri Caine trio y su reciente y fabuloso disco solista “7 Black Butterflies”). Perdomo sin pedir permiso suelta una catarata de notas proveniente de otro show. Ravi parece aceptar el duelo pero nos engaña a todos y regresa a la melodía principal, dando por tierra con las últimas esperanzas. Final. Pese a que el show sólo duró 70 escasos minutos, nadie pide más. Es medianoche y Coltrane desaparece como Cenicienta del palacio. Pero sin un príncipe que salga en su búsqueda. La gente se dispersa rapidamente.
    Regresando a casa, en el auto se escucha “Dark Side Of the Moon” de Pink Floyd.
    Dicen que el lado oscuro de la luna es frío.
    Se me ocurre pensar que hay lugares más fríos aún.

    Sergio Piccirilli.

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