• Daniel Ástor Pipi Piazzolla

    El baterista Daniel Ástor Piazzolla (para todos, "el Pipi") ya había colaborado con este site entregando un generoso y atractivo 1×5(+1).
    Esto fue hace apenas dos meses, por lo que teníamos ciertas dudas en proponerle que dejara a un lado sus múltiples actividades para acceder a una entrevista.
    Teníamos todo el speech preparado: que su 1×5 había tenido mucha repercusión, que podríamos aprovechar la salida del nuevo disco de su banda Escalandrum, la distribución en la Argentina de un disco que grabara con gente de Estonia, la futura presentación en La Trastienda, su ciclo posterior en Notorious, la gira por el interior… estábamos afilados.
    No hizo falta. El diálogo fue más o menos así:
    Pipi, ¿te parece que…?
    Dále.
    Así nomás.

    El Pipi nació en 1972; empezó sus estudios baterísticos a los 17 años aunque previamente había tenido sus coqueteos con el piano. La batería ganó a los golpes.
    Ha pertenecido a las bandas de Daniel Maza, Ernesto Snajer, Las Sabrosas Zarigüellas, Lito Vitale Quinteto, Giusti Funk Corp., Octeto Piazzolla, Piazzolla Jr. Band y Guillermo Klein.
    Tocó además con Fito Páez, Pedro Aznar, León Gieco, Alejandro Lerner, Diego Urcola, Fabiana Cantilo, Juan Carlos Baglietto, Raúl Lavié, Víctor Heredia… y además con Chick Corea, Danilo Pérez, Gary Burton, Gloria Estefan, etc.

    Actualmente pertenece al cuarteto de Juan Cruz de Urquiza, Latinaje, Argentos, el Villu Veski – Tiit Kalluste Sextet (de Estonia), el grupo de Carlos Cutaia y además lidera Escalandrum, con el que hasta el momento ha editado 3 discos: Bar Los Amigos (2000), Estados alterados (2002) y Sexteto en movimiento (2003).La cuarta entrega se edita en el presente mes de abril por el sello MDR Records y llevará por título Misterioso.
    Ha obtenido premios y nominaciones varias y ha tocado en numerosos países que van de Brasil a Panamá, de Estonia a Luxemburgo, de Paraguay a Bélgica, de Francia a Japón.
    Y, además, es el nieto de Ástor Pantaleón Piazzolla.
    Pero siempre se ha cuidado de separar las cosas; por ello, cuando el Pipi se dirige a su abuelo, lo llama simplemente "abuelo". Y no conozco situación en la que haya intentado "chapear" con el apellido ni mucho menos. Más bien, se lo siente incómodo al respecto.

    Afirma que son más las puertas que se le han cerrado que las que se le han abierto, justamente, por el apellido.
    Pero el Pipi va. Y con tutti.
    Nos apersonamos en su casa un soleado mediodía del mes de marzo y nos recibió con una sonrisa, amabilidad y generosidad que, sinceramente, no creemos merecer.
    Para un servidor, Daniel Pipi Piazzolla es uno de los bateristas más interesantes y creativos de la escena jazzística argentina. Y gracias a su espíritu inquieto (y a sus dotes naturales, obviamente) está en pleno crecimiento y andá a saber adónde queda el techo.
    Verlo tocar es un placer.
    Y hablar con él… también.

    Desde que era chico siempre hubo música en mi casa… algo obvio. Lo que se escuchaba era Oscar Peterson y a mi abuelo, porque mi viejo era fanático de la música del padre. Es medio loco pero era así. También iba a ver muchos shows de mi abuelo; tenía unos 4 años y ponía el pie arriba de una silla y hacía como que tocaba el bandoneón. A los 5, mi abuela me regala un tecladito chiquito naranja; un día escucho una melodía de una propaganda de la tele y al toque, de oído, la saco igual. Y bueno… a la semana estaba estudiando piano clásico. Fui unos 4 ó 5 años hasta que me aburrió esa cosa estricta que tiene el régimen clásico, porque yo tenía la rara habilidad de que leía la parte una vez y ya me la aprendía de memoria; y así y todo me obligaban a tocar con la partitura enfrente…  y eso me fue alejando… Otra cosa es que yo tenía 7 u 8 años y me tomaba el colectivo 59, solito, desde Belgrano hasta el Obelisco para tomar las clases…

    Hoy es inimaginable una situación así…

    Ni hablar… la cuestión es que me alejé de la música y por otro lado empecé a hacer deportes. Fui capitán del equipo de rugby Los Pinos, de Del Viso, que, en un gran porcentaje, estaba integrado por miembros de la hinchada de Defensores de Belgrano (risas), así que imaginate lo que era eso… Yo jugaba de medio scrum, era el más chiquito y me pusieron de capitán. Y me respetaban… y me protegían también. Nunca me lastimé ni nada, fue una muy linda experiencia. En mi casa, por suerte, nunca me obligaron a hacer nada. Si quería tocar el piano o dejarlo o jugar al rugby… estaba bien.

    Hasta que un día me invitaron a ver un concierto de Rod Stewart en River; en esa época mi viejo estuvo separado de mi vieja (durante 5 años, ahora están juntos de nuevo) y se volvió un pendeviejo; andaba en una moto 1100 y pasaba a 190 km. por hora y yo a mis amigos les decía "ahí va mi viejo" (risas). Y entonces todos sus amigos tenían 20 años y uno fue el que me invitó al concierto. Fue a finales de los '80. En esa época mi viejo estaba en el conjunto electrónico de mi abuelo y tocaba ahí teclados y percusión; y medio me había picado el bichito de nuevo. Un día se compra una máquina de ritmos y yo jugaba con ella armando cositas… yo era fanático de River y mi ilusión era tocar el bombo en la popular… hasta que me di cuenta qué tenías que ser o hacer para pertenecer (risas).
    La cuestión es que en el concierto se vino un solo de batería y quedé hipnotizado. A la semana ya estaba tomando clases con el Oso Picardi y me acuerdo que en la primera clase veo una batería y… ¡tenía pedales! (carcajadas). Es que nunca había visto una batería de cerca… desde ese momento hasta hoy pienso las 24 horas del día en el instrumento. Me volví loco. Todavía recuerdo el olor que tenían el primer par de palillos que me regalaron… enloquecí… pasión pura…

    Tenemos que aclarar que, ni bien nos sentamos para comenzar la nota, el Pipi despejó el área, desconectó el teléfono y se puso a hablar sin parar y con la misma pasión que acaba de mencionar. Intentábamos meter algún bocadillo, pero lo pensamos mejor y decidimos dejarlo a él (que en realidad es lo que importa); mientras tanto, la mandíbula propia se dedicaba a manducar exquisitos alfajores Havanna.

    Arranqué a estudiar y durante un año y medio estuve sin instrumento porque no tenía la guita… entonces empecé a juntar: vendí los botines de rugby, la pelota, una Commodore 64… (risas), cualquier cosa con tal de juntar lo necesario para comprarme lo peor que hubiere y no me alcanzaba para nada… me ponía las dos guías de teléfono como charleston, una carpeta hacía de tambor y de pedal… nada… movía el pie nomás; y,como todos, tocaba encima de los discos, qué sé yo… Pink Floyd, New Order…

    Notas Relacionadas o de Interés: