• Dawn of Midi: Live

    Fields, Surround, The Black Danger, While, Lapse, Gravity, Leads

     

    Músicos:

    Aakaash Israni: contrabajo

    Qasim Naqvi: percusión

    Amino Belyamani: piano

     

    Sello y año: dawnofmidi.com, 2011

    Calificación: Dame dos

     

    En la música no existe una separación entre pensamiento y emoción, entre racionalidad e intuición. Todos esos elementos constituyen una unidad (Daniel Barenboim)

     

    Dawn of Midi, desde su aclamado debut discográfico en 2010 con el álbum First, supo manifestar con admirable autoridad sus infrecuentes atributos musicales e inequívocas cualidades estéticas. En el fascinante temperamento sonoro de este trío integrado por el contrabajista  Aakaash Israni, el baterista Qasim Naqvi y el pianista Amino Belyamani concurren con particular naturalidad –entre otros rasgos estilísticos- la libre improvisación, el minimalismo, la música concreta y el romanticismo. La unidad conceptual que los distingue amalgama una innovadora iconografía musical en la que se vinculan el rigor académico y un profundo lirismo y en donde el entendimiento de composición instantánea e improvisación absoluta se funden en un mismo plano conceptual. La propuesta de Dawn of Midi se expresa en todo momento ajena a los estereotipos que caracterizan al formato de piano trío en el jazz debido a que, en su predica, la labor cooperativa se antepone siempre al paradigma de las nociones de liderazgo; en tanto que la elusión deliberada de la idea del “solo” tradicional y la preeminencia en la elaboración de climas o sus construcciones de axiomático carácter narrativo, excluyen deliberadamente el ejercicio del virtuosismo exagerado y banal.

     

    En ese contexto –y como si honraran la frase del maestro Barenboim que encabeza este comentario- la razón, el pensamiento, la intuición y la emotividad conforman aquí un magnifico poliedro musical gobernado por el diálogo colectivo y la comunicación. Además, la capital importancia asignada por el trío al silencio y los espacios no parecen obedecer únicamente a razones estéticas sino también practicas, ya que en la improvisación esos intervalos –a los que John Cage denominaba “el espacio vacío entre dos”- permiten una exposición instrumental mucho más diáfana e inteligible. En un análisis aún más profundo, también podemos encontrar en su ideario una cabal ilación –en equidistante simetría- entre el concepto de música enarbolado otrora por el genial compositor Claude Debussy y algunos de los principios de la “improvisación total” revelados por Keith Jarrett en su recordado ensayo Inside Out. Mientras el primero definió en cierta ocasión a la música como “un total de fuerzas dispersas expresadas en un proceso sonoro que incluye al instrumento, el instrumentista, el creador y su obra, un medio propagador y un sistema receptor”; el segundo, por su parte, afirmaba que la improvisación total reunía en el músico a las figuras del “improvisador, el compositor espontáneo y el ejecutante” y aseguraba que éste debe “tratar de controlar los procesos sin juzgar o intervenir demasiado a la vez que comprueba las funciones vitales del procedimiento”.

     

    El llamativo nombre de la banda (Dawn of Midi -en inglés significa el “amanecer” o el “albor del MIDI”- hace referencia al estándar de la interfaz creado en 1983 que permitió comunicar diferentes instrumentos musicales con un ordenador principal conocido como Musical Instrument Digital Interface), además de ubicarnos en la época a la que pertenecen los jóvenes integrantes del trío, también nos ofrece certezas sobre la obsesiva diversidad de voces y estilos que caracterizan a los músicos de su generación. Por ello su alegato se nutre de un sinfín de rasgos e influencias sublimadas que parecen atender a ese concepto de diversidad. En su voluntario collage estético hallamos la unión de elementos tan distantes entre sí como el lenguaje impresionista de Claude Debussy y los conceptos de música electrónica experimental asociados a bandas como Autechre y The Book, el uso de texturas en micro-polifonía a la manera de Gyorgy Ligeti y el evanescente lirismo del pop barroco de Arcade Fire, los modos de secuencia serial aplicado al free-jazz por Henry Threadgill y el equilibrio armónico derivado del contrapuntismo de Johann Sebastian Bach e, incluso, manifiestan una sutil confrontación entre la densidad espectral de algunas canciones de Radiohead con el éxtasis del minimalismo proveniente de Terry Riley y una tendencia a organizar los eventos sonoros que remiten -en cierto modo- a los parámetros enunciados por el compositor alemán Helmut Lachenmann en la música concreta.

     

    Lo cierto es que Dawn of Midi, tras su encomiable debut discográfico, un espectáculo multimedios denominado Kashmir (cuya premier mundial tuvo lugar días pasados en el marco del Serralves Foundation Document-se! de Portugal) y un segundo álbum en estudio de inminente lanzamiento titulado Path, ahora nos regala -literalmente hablando- Live. Este trabajo, editado en formato digital y de descarga gratuita, incluye siete piezas originales registradas en concierto durante dos actuaciones llevadas a cabo por el trío en 2010 en el Black Box Gasteig de Munich y en el Roulette de New York y de una toma en vivo proveniente de la emisora radial WNUR de Chicago.

     

    En el encantador Fields se descubre una cabal representación de la propuesta del trío, toda vez que su delicada arquitectura sonora y las etéreas resoluciones armónicas que lo envuelven van construyendo –sin efectismo ni grandilocuencia- una atmósfera tan contenida y suavizada como humana. En esa construcción estética, por cierto, resultan de cardinal importancia los coloridos acentos percusivos que impulsa la batería de Qasim Naqvi, los meticulosos, ascéticos  e imaginativos fraseos que emergen del piano de Amino Belyamani y el pulso de orfebrería que sostiene el imaginativo contrabajo de Aakaash Israni.

    Surround es otro claro ejemplo de cómo decir mucho con poco y de cómo, mediante un económico ejercicio de recursos técnicos -en donde cada nota tiene su razón de ser- sumado al sutil juego de climas y la cuidada elaboración de los diferentes planos sonoros, se permiten contar una historia sin necesidad de palabras, vacuos ornamentos, golpes de efecto ni gestos ampulosos.

    The Black Danger nos sumerge -mediante un sólido manejo de los matices dinámicos y el acabado aumento gradual en la intensidad del sonido- en una atmósfera dramática y cargada de tensión que finalmente se esquematiza en una especie de coda minimalista.

     

    El breve e hipnótico While orbita sobre un etéreo motif al que contribuyen la ausencia de clímax, un final deliberadamente inconcluso y cuya desnudez se ve acentuada por la subterránea percusión que aporta Qasim Naqvi, el sosegado tempo marcado por el contrabajo de Aakaash Israni y la lectura serena y de contenido apasionamiento que hace el piano de Amino Belyamani.

    Está claro que en Dawn of Midi existe una tendencia a eludir las convenciones formales mediante una elíptica pulverización del lenguaje tradicional y la metódica recurrencia a la belleza del sonido en sí mismo. Y ese modelo alternativo -que rige a su propuesta musical- puede ser tanto el epicentro de las técnicas extendidas que circundan a las enigmáticas exploraciones de Lapse como oficiar de médula conceptual de la cual nace el aletargado ascenso sonoro del atrapante Gravity o servir de inspiración al idilio climático y la fortaleza dinámica que alimentan los inquietantes vaivenes armónicos de Leads.

     

    En síntesis: Dawn of Midi, en Live, convence, diluye fronteras musicales, unifica conceptos estéticos y, sobre todo, manifiesta una admirable capacidad para despertar sensaciones auditivas plenas de lirismo y fantasía.

     

    La música deber ser lo suficientemente flexible para adaptarse a las efusiones líricas del alma y la fantasía de los sueños (Claude Debussy)

     

     Sergio Piccirilli

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