• Eldar – Otero

    Acotación preliminar:
    El jueves 1 de noviembre hubo superposición de espectáculos. A los dos queríamos ir. Por distintas y varias razones. Pero de uno nos perderíamos el final y del otro probablemente el principio.
    El primero de los conciertos fue el de Eldar en el Teatro ND/Ateneo.
    El segundo, la presentación de Cu4tro, el nuevo álbum de Mariano Otero, en La Trastienda.
    ¿Qué hacer?
    Bueno… a Otero le habíamos anticipado que no cubriríamos el evento porque ya lo hemos hecho varias veces y veníamos de una (segunda) larga entrevista.
    Pero…
    ¿Conocen la fábula de la rana y el escorpión?

    Eldar: Virtuosismo Precoz
    Teatro ND/Ateneo – Buenos Aires
    Jueves 1 de noviembre de 2007 – 21:00 hs.

    KyrgyzstanEl pianista Eldar Djangirov nació en Kyrgyzstan en 1987. A los 11 años, se instaló en Estados Unidos. Para muchos, es el nuevo prodigio del jazz. Nosotros generalmente desconfiamos de estas cuestiones y pensamos que el tiempo acomoda las cosas. En su momento fue Sergio Salvatore, luego Peter Delano (ambos pianistas), la camada de los “Young Lions” de la que sólo emergió con cierta dignidad el trompetista Roy Hargrove… y los ejemplos abundan.
    En este site hemos reseñado los dos últimos álbumes de Eldar. Uno nos gustó y mucho. El otro… no tanto. Así las cosas, fuimos por el desempate.
    Otra salvedad: como no íbamos a asistir al concierto en su totalidad, sólo tomamos algún que otro apunte… por las dudas.
    ¿Vio?

    DjangirovA las 21:20 hs., ante una sala con muchos invitados, irrumpe el pianista acompañado por el baterista Aaron Lowe McLendon y el contrabajista Harish Narasimhan Raghavan.
    Eldar dijo “uno, dos…” y antes de llegar al “tres” ya estábamos en Delfeayo’s Dilemma, tema del trompetista Wynton Marsalis. Velocidad, precisión, velocidad, autoridad, velocidad, sincronización, velocidad. Me acuerdo de los inicios de Joey Calderazzo. Pareciera como si quisieran terminar rápido para ir a ver a Otero a La Trastienda. Raghavan responde con sobriedad. McLendon se emociona fácilmente y no le resulta complicado irse de tiempo.
    Bueno… es el inicio, salieron a quemar las naves, se entiende.
    Sigue I Remember When, tema que abre el disco Re-Imagination. Eldar dispara una secuencia (innecesaria) desde un teclado adicional ubicado a su izquierda. El pianista tiene técnica y recursos admirables. Velocidad, precisión, velocidad, autoridad, velocidad, sincronización, velocidad. Ah… ¿ya escribí esto? Se ve que de niño pocas veces le deben haber dicho “callate”. Ahora recuerdo a la Chick Corea Akoustic Band; o, mejor, a la Elektric Band… unplugged.

    McLendom parece tener una licuadora en cada mano. Los artefactos cumplen con su función pero cada tanto trituran algún huevo.
    Se impone una balada.
    Bésame mucho comienza con una intro en solo piano con dedos ágiles, mucho yeite y pocas ideas. El baterista apela a las escobillas; el tema vira a una bossa. ¿Se acuerdan del Rubalcaba pirotécnico de los inicios? Yo también. McLendon cambió escobas por palos y entonces… velocidad, precisión, velocidad, autoridad, velocidad, sincronización, velocidad.
    Sí… ya sé… pero… ¿qué culpa tengo?

    EldarCuarto tema y Eldar, solito y solo, deja en claro que nunca una artrosis, una artritis, un problema en las falanges, un calambre repentino. Su privilegiada técnica apabulla, aturde, ya no asombra. Eso sí: interpreta a la perfección todos los ejercicios todos.
    Vuelve el trío; otra innecesaria secuencia disparada desde el teclado; un aire épico. Excesivamente épico. No sé si se los comenté, pero lo que viene del escenario es velocidad, precisión, velocidad, autoridad, velocidad, sincronización, velocidad.

    Troncomovil
    Ya está, demasiado, un prodigio el muchacho, pero… ¿alguien habrá de explicarle alguna vez que los silencios existen?
    Y partimos raudamente para La Trastienda en un Troncomóvil ajeno.

    Mariano Otero Orquesta: A Toda Ídem
    La Trastienda – Buenos Aires
    OteroJueves 1 de noviembre de 2007 – 22:00 hs.

    Ya comentamos que no íbamos a cubrir el concierto. Se lo dijimos a Otero, además. Pero algunas cosas ocurrieron para que, al menos, hagamos mención del evento.
    Uno de los motivos fue que nos trataron como reyes. Como reyes buenos. Otro fue el envío (sin pedido alguno y en forma absolutamente desinteresada) de unas fotos magníficas tomadas por el gran Horacio Sbaraglia.
    Y entre varias otras razones… lo que vimos y escuchamos.

    El Troncomóvil se sintió a sus anchas en las rocosas calles de Buenos Aires y llegamos minúsculos instantes antes del comienzo. Hay que decir que hubo varios cambios en la conformación del grupo. Y un par más para este concierto. El equipo formó entonces con Mariano Otero, Sergio Verdinelli, Miguel Tarzia, Patricio Carpossi, Hernán Jacinto, Juan Cruz de Urquiza, Mariano Loíacono, Coqui Di Doménica (reemplazante de Richard Nant), Martín Pantyrer, Carlos Michelini, Ramiro Flores, Rodrigo Domínguez, Daniel Kovacich (en el lugar de Gustavo Musso) y Juan Canosa.

    Se interpretaron seis temas y un bis. Todos pertenecientes a Cu4tro.

    Así desfilaron:
    Brown, impresionante tema para abrir, cerrar, dejar la puerta abierta y salir a jugar. Grandísimas intervenciones de Juan Cruz de Urquiza y Sergio Verdinelli.
    Buzz, dedicado al impresionante personaje de Toy Story. Otero apeló al arco y Rodrigo Domínguez la rompió con el soprano.
    Lomos (en referencia a los “lomos de burro” de las calles porteñas), con un Domínguez que esta vez sobresale en el saxo alto y con un pasaje en trío (contrabajo, batería y trompeta) liderado por Urquiza que te asfalta cualquier calle.

    Hasta el cielo, gran fanfarria, Verdinelli empieza con escobillas y después te liquida; Otero, en bajo eléctrico, más que hacer base, solea.
    Rebel, el comienzo (diría Spinetta) es aleatorio, una suerte de blues arrastrado que me recuerda a los Lounge Lizards. Nuevamente Domínguez y Verdinelli (¡qué nochecita tienen los dos!) que la dejan chiquitita. Ah… el sonido, gran responsabilidad de Federico Zypce, es perfecto: es la primera vez que, en concierto, logro escuchar todo; sí… al Fender Rhodes también.
    Zep, bueno… obviamente dedicado a los Led Zeppelin, con claras citas a “el” tema (si se me permite) del cuarteto: Kashmir. Tremendo tema, impecable versión y gran cierre.
    El bis fue Espíritu, donde apareció como invitado Javier Malosetti en bajo eléctrico. No es casual… Otero le dedicó el tema.
    Final.

    Un show notable, con el riesgo de ofrecer toda música nueva y con incorporaciones flamantes.
    Ya dijimos que no íbamos a hacer reseña alguna (y en realidad no lo es); pero no podíamos permanecer indiferentes ni hacer mención al que ha sido, sin dudas, uno de los mejores conciertos del 2007.
    Y si piensan que exageramos… vayan, vean, escuchen, sientan y nos cuentan.

    Marcelo Morales

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