• Entrevista a Steve Swell

    Steve SwellSi nos viéramos en la obligación de confeccionar una lista con los trombonistas más destacados de las últimas décadas, uno de los primeros nombres que seguramente surgirían sería el de Steve Swell. No sólo por su particular y personal enfoque del instrumento sino también por el riguroso compromiso creativo que ha manifestado a lo largo de su dilatada trayectoria y su inalterable fidelidad con la exploración de nuevos territorios musicales.
    Steve Swell nació en Newark, New Jersey; pero el cuerpo principal de su carrera se desplegó en la ciudad de New York.
    Su principal influencia fue el compositor y trombonista Roswell Rudd, con quien estudiara a mediados de los setenta. También estudio con Grachan Moncur III y Jimmy Knepper.
    En su etapa formativa recorrió un amplio abanico de corrientes y géneros artísticos, desde bandas de salsa a musicales de Broadway.
    Siendo muy joven, integró los ensambles de dos auténticas leyendas del jazz de todos los tiempos: Buddy Rich y Lionel Hampton.

    Más tarde se incorporaría a la banda del compositor y multinstrumentista Makanda Ken McIntyre. Desde ese momento a la fecha ha participado en giras y grabado casi un centenar de discos con músicos de la talla de Anthony Braxton (solista en la ópera de Braxton Shala Fears for the Poor), Joey Baron (en Barondown), John Zorn (en Cobra), Herb Robertson, Cecil Taylor, Bill Dixon, Elliot Sharp, Butch Morris, Rob Mazurek, William Parker (en Little Huey Creative Music Orchestra), Perry Robinson, Gebhard Ullman, Michael Formanek, Tim Berne (en Caos Total) Mary LaRose y Phillip Johnston, por sólo mencionar algunos.
    Como líder ha editado una veintena de discos distribuidos en diferentes proyectos: Slamin’ the Infinite junto a Sabir Mateen, Matthew Heyner y Klaus Kugel (ahora reemplazado por Mike Wiberley); Fire into Music con William Parker, Jemeel Moondoc y Hamid Drake; Unified Theory of Sound en el que participan Cooper Moore y Matt Lavelle y el ensamble extendido Nation of We, también conocido como Now Ensamble.
    Sus trabajos más recientes han sido Live@The Vision Festival de 2007 junto a Slamin’ the Infinite y Swimming in a Galaxy of Goodwill and Sorrow con Fire into Music también de 2007.
    Steve Swell, además de lo mencionado, desarrolla una intensa actividad como educador.
    Pero hay mucho más que usted merece, debe y tiene que saber sobre él…
    Siga leyendo y se enterará.

    NewarkEmpecemos desde el principio, por favor contame como fue tu infancia en Newark. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos?

    Tengo muchos recuerdos de aquel momento pese a que nuestra familia se mudó a la ciudad vecina, Union (en New Jersey), cuando tenía 5 años de edad. Recuerdo el encontrarme con algunas monjas católicas en las escaleras de nuestro edificio de apartamentos y me veo en un cochecito de bebé yendo de compras a un centro comercial de Newark. También atesoro en mi memoria las periódicas visitas al médico de la familia en el boulevard Raymond, lo cual hicimos hasta que cumplí doce años.

    Hablemos de algunas de tus iniciales influencias musicales. ¿Quién viene primero a tu mente?

    Roswell RuddRoswell Rudd, por supuesto. Definitivamente, él es la razón principal por la que hoy estoy tocando el trombón. Había estado haciéndolo desde que tenía diez años y, a través de mi padre, había escuchado a otros trombonistas como Glen Miller y Tommy Dorsey pero no fue sino hasta que tuve 15 y escuché a Roswell que se encendió la mecha. Me dio vuelta por el sonido y el imaginativo uso del instrumento. Su enfoque fue realmente un llamado a meterme de lleno en eso y me hizo ver todas las diferentes formas para tocar el trombón. En varios aspectos, él es un tradicionalista; por lo tanto, también me hizo respetar la tradición, llevándome a escuchar a los grandes trombonistas del pasado.

    Creo que es muy interesante saber por qué los músicos eligen su instrumento. Por ejemplo, leyendo el libro The Musical World of J.J. Johnson me sorprendió conocer que, alguien que tiempo después se convertiría en una leyenda del trombón y que parecía nacido para ese instrumento en sus inicios, había optado por el saxo barítono; pero el destino quiso que concurriera a una escuela en un barrio pobre y que el único instrumento utilizable a disposición fuera un trombón. ¡Todos agradecidos por esa casualidad! En tu caso, ¿la primera opción fue el trombón? ¿Por qué?

    En realidad no fue así. Mi padre, cuando era joven, tocaba clarinete y saxo alto; él me enseñó cómo tocar el clarinete un año antes que tomara el trombón. Incluso el trombón no fue una de las elecciones que hice en la escuela. Prefería inclinarme por clarinete, trompeta o violín. Afortunadamente, o desafortunadamente como quiera que desees verlo, tuve un accidente bastante feo en el que me corté la muñeca derecha y tuvieron que darme varios puntos de sutura y vendarme fuertemente, por lo tanto no tenía demasiada movilidad en mis dedos. Eso hizo que tenga sentido tocar el trombón ya que no necesitaba mover mis dedos sobre teclas o válvulas. Sólo tenía que agarrar la varilla y mover mi brazo entero en lugar de los dedos, los cuales no podía mover muy bien en aquel momento.

    ¿Y cómo fue que llegaste al jazz?

    Supongo que empezó con mi padre en casa escuchando un montón de discos de big band. Él amaba el Dixieland también y, junto con mis hermanas que tocaban piano, flauta y clarinete, formamos una pequeña banda con la que tocábamos un par de veces al mes en el living de casa solo para nosotros. Nunca tocamos en público pero me hubiera gustado hacerlo. Escribí algunos arreglos también, eso estuvo muy divertido. Después, cuando concurrí a la secundaria, contábamos con programas escolares que incluían jazz de big band o las usualmente llamadas “bandas de escena”. Morty Geist, el director de la escuela de jazz en la secundaria, nos llevó al siguiente nivel exponiéndonos a los grandes: Charlie Parker, Mingus, Coltrane, Monk. También nos hizo participar en competencias regionales en New Jersey, Connecticut y Boston

    Pero tu primer trabajo no fue como músico sino vendiendo galletas y gelatina de manzana, ¿no?

    En realidad mi primer trabajo, cuando tenía 12, fue en un local de comidas en New Jersey, limpiando mesas, lavando platos. Me gradué en galletas y gelatina de manzana un par de años después (risas)

    ¿De qué forma hiciste que tu carrera musical avanzara?

    Alrededor de 1974 respondí a un aviso en el Village Voice en el que una banda del top 40 necesitaba un trombonista. Me involucré en eso saliendo de la escuela y así fue cómo salí a la ruta por primera vez. No se trataba de una buena banda, era un pseudo acto de Sonny & Cher. Después de aquello, trabajé un montón con bandas de salsa y rhythm and blues y toqué bastante en clubes y eventos sociales con bandas locales.

    ¿Cómo conociste a Roswell Rudd?

    Me encontré con Roswell Rudd en 1975 a través de un programa financiado por el gobierno en el que se dictaban clases gratuitas de música. Había oído que él estaba participando en ese momento, así que mis amigos y yo concurrimos a esas clases gratuitas durante un par de años. Allí estaban todos esos músicos famosos dando lecciones gratis… fue impresionante.

    ¿Cuál fue la lección más importante que aprendiste con él?

    Con Roswell, desde el principio, se trata de que seas y toques por vos mismo. Ambas cosas van de la mano. Y esto no era algo de lo que él hablara demasiado, pero soy un buen observador y creo haber visto eso expresado claramente en él. El jazz no es una música que deba tocarse “sobre seguro” tanto como muchos lo hacen en estos días. Roswell (Rudd) realmente es, para mí, un ejemplo del espíritu del jazz. Esta música tiene que ver con la libertad y la expresión individual en el contexto de un trabajo con otros. Él me mostró cómo asumir riesgos. La recompensa de ese enfoque es que te permite desarrollar algo realmente original y, al fin de cuentas, de eso se trata el jazz y la música improvisada.

    A lo largo de tu carrera has tenido la chance de tocar con algunos auténticos maestros de jazz como Buddy Rich o Lionel Hampton. ¿Podrías decirme en qué te influyeron?

    Buddy RichBueno, fueron dos grandes personas con las que pude estar asociado, aunque sea brevemente. Trabajé con Buddy Rich por dos meses y con Lionel Hampton por un año. Buddy Rich fue un baterista magistral. También mucha técnica e ideas. Él fue, en cierto modo, una de las primeras superestrellas del jazz. Me hizo ver y entender cómo una sola persona puede hacer una diferencia en una banda. Estaba de gira con él cuando sufrió un ataque al corazón y nos vimos obligados a llenar el espacio con un par de bateristas; pero, definitivamente, la banda no sonaba de la misma manera sin él. Con Hamp (Lionel Hampton) fue otra historia. Su asunto fue música, música y música. No era inusual hacer un set de dos a dos horas y media… ¡dos veces cada noche! (exclama). Pero nunca era aburrido, siempre excitante, siempre musical. Supongo que gracias a eso aprendí a mantenerme enfocado en un show y hacer que cada noche sea interesante. Esforzándome siempre para que así sea. No voy a un concierto sólo para caminar sobre el escenario. Estoy allí para tocar y aportar algo en cada actuación.

    Cada trombonista de jazz con que me ha tocado hablar se queja de que su instrumento es tratado como un “ciudadano de segunda clase” y me animaría a decir que no sos la excepción (risas) ¿Por qué pensás que es así?

    Creo que es un doble problema. Uno, económico. Es más fácil tener un saxofón, una guitarra, tal vez una trompeta. El trombón siempre ha sido una especie de tercera rueda a lo largo de la historia del jazz. Incluso en el Dixieland o el swing, cuando el instrumento tuvo su apogeo, era usado más como un apoyo para otros instrumentos (como la trompeta) que para tocar al frente. Además, en algún sentido, los otros instrumentos son más fáciles para tocar esta música. A mi juicio, se necesita un montón de paciencia para desarrollar una fluidez natural en el trombón. El segundo problema, creo que es la gente. Y cuando digo gente me refiero a ambos, oyentes y los trombonistas en sí mismos. Usualmente a los oyentes no les gusta el desafío. Ellos quieren su zona de confort; entonces, terminan apegándose a lo que les gusta. El saxofón es el instrumento con cartel en el jazz; por lo tanto, en él se concentran las mayores atenciones. Y los trombonistas están tocando “sobre seguro” como otros instrumentistas. Todos queremos trabajar, ganarnos la vida y resultar agradables y accesibles; entonces, para lograrlo, muchos trombonistas continúan con lo que ya estaba hecho y con lo que los oyentes tienen por admitido. El resultado de eso es que nadie se siente entusiasmado con algo que ya escuchó mil veces. Ciertamente no será fácil responder a alguien que es un auténtico innovador o que tiene un enfoque original, ya que eso asusta a la mayoría de la gente. Pero siento que el arte y la expresión de tu música es lo que está primero; y que ésa es la razón que te mantiene involucrado con este tipo de música.

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