• Federico Zypce

    La siguiente ha sido la entrevista más larga y complicada que me ha tocado hacer y no hay la menor posibilidad de que esta afirmación pueda discutirse.
    Y antes de seguir, siento la irrefrenable necesidad de confesarles algo.
    Con Federico Zypce nos conocemos desde hace muchos años y hemos compartido trabajos, experiencias, charlas, asados, momentos de euforia, de tristeza, nos hemos desencontrado, nos hemos felicitado, criticado, aconsejado, escuchado y puedo decir, sin que me tiemble el teclado, que es uno de los artistas más honestos, talentosos, comprometidos, viscerales y combativos que he conocido.
    Nota: donde escribí «uno de los artistas», reemplazar sin inconveniente alguno por «una de las personas».
    A la hora de hacer una nota, lo antedicho no hace más que complicar las cosas, tanto para el entrevistado como para el entrevistador; y se requiere un doble esfuerzo, una doble concentración. Porque a los dos, además, nos gusta competir (sanamente y en familia). El alivio viene porque nunca hemos sido condescendientes, sino todo lo contrario: a veces las críticas ante cada labor desarrollada por el otro han sido feroces y debimos recurrir al stand-by.

    Zypce nació en 1973. Su madre, cantante lírica; su padre, artista plástico; su hermana, dibujante, cantante y compositora. No adelantaremos lo que estará reflejado en la charla, simplemente comentaremos una nimia cantidad de sucesos en los que se ha visto involucrado. En 1990 formó parte de «Caldo de Brujas», agrupación orientada al free jazz donde interpretaba saxo alto, acompañado por Gastón Leiras en guitarra y músicos rotativos en sintetizadores y percusión a partir de metales encontrados, material de descarte, tambores de 20 y 100 lts., etc. Al año siguiente realizó tres actuaciones en el desaparecido Babilonia presentando el espectáculo «Autarquía». Desde (muy) joven comenzó a componer para obras de teatro y ballet. A los 20 años, en 1994, edita su primer y hasta el momento único álbum solista, Nuevo Muerto, en forma independiente. Formó parte de Estetoscopio ’94 y ’95, conformó el trío Franov-Dergarabedian-Zypce. Al año siguiente participó en el proyecto “Ejecución de recuerdos valiosos” a cargo del músico-poeta alemán Blixa Bargeld en el Goethe Institut y de las “Jornadas 1996 de música electroacústica”; también presentó la obra “H.O. (legajo 143)”, -donde H.O. refiere a Héctor Oesterheld y el legajo es el número que figura en la CONADEP-.

    Participa del ciclo «EXPERIMENTA`97» y, como intérprete, en la obra compuesta para tres máquinas de escribir, «Maquinas», de Carmen Baliero, en Porto Alegre.
    Sus obras comienzan a ser interpretadas por artistas como la gran pianista Adriana de los Santos no sólo en la Argentina sino también en el exterior..
    Junto con Nicolás Varchausky, comienza a incursionar como cantor de tango. Funda la agrupación de tango «34 Puñaladas» realizando varias actuaciones en Babilonia, Casa del Tango, Biblioteca Evaristo Carriego, Notorious, etc.
    En 1999 se separa de «34 Puñaladas», participa del «Proyecto Brecht» y presenta varias obras propias como, por citar sólo un ejemplo, Pasible (para saxo barítono, trombón, violín, cello, dos saxos altos, cinta, «cordero» [instr. creado] y aspiradora sobre parche).
    Gesta el trío de tango «Lunfardos» junto a Silvia Gerszkowicz y Nicolás Cecinini.
    En 2003, en Grissinópoli (fábrica recuperada y puesta a producir por sus trabajadores) estrena la obra «Ni impuestos ni nada» (todo un hit, créanme). En el mismo lugar, algunos meses más tarde, presenta las obras «Cenestesia», «Regicidas» y «Sinarquía» (para percusión, maquinaria, motores giratorios, cinta, bandeja giradiscos, etc., interpretada junto a Adriana de los Santos).
    Participa como músico invitado del grupo XO’ON, dentro del FELCO (Festival Latinoamericano sobre Clase Obrera). En 2005 presenta la obra «¡Piquetero!» en la Biblioteca Nacional.
    Y vamos acotando… si mencionáramos la cantidad de obras compuestas para teatro y ballet en todo este tiempo… bueno… ustedes entienden, ¿no?

    Con su hermana Isol (ex cantante de Entre Ríos), conformó en 2008 el proyecto Sima, un proyecto de música «pop-experimental-etcétera» cuyo álbum debut fuera presentado en diversas actuaciones en lugares como el Teatro 25 de Mayo y el Goethe Institut. Dicho sea de paso, volverán a presentarse los viernes 17 y 24 de abril en el Centro Cultural de la Cooperación, a las 00:00 hs.

    Pero el origen de esta nota data de varios años atrás, por el 2005, cuando Federico Zypce estuvo a punto de editar su segundo álbum, que llevaría por título Cenestesia y que uno espera que se haga justicia algún día y podamos disfrutarlo. O padecerlo. El álbum no salió y la nota se postergó.
    Justamente esto es lo que explica el comienzo de una entrevista de la que nos enorgullecemos pura y exclusivamente por las calidades humanas y artísticas del entrevistado. Que no se calla nada, que no esquiva el bulto, que es un notable operador de sonido, que tiene la manía de crear, fabricar y ejecutar sus propios instrumentos y que se ha hecho tiempo para hablar con nosotros con una dedicación que ojalá más de cuatro tuvieran.

    Un detalle más; en 2007 cubrimos uno de los conciertos que realizara junto con Adriana de los Santos. Dicho espectáculo se anunciaba como un “Concierto de Música para piano, motores livianos, placas metálicas, piedras, motores giratorios, taladros pequeños, resortes e instrumental propio”.
    El sábado 25 de abril se presentarán nuevamente en el SADEM.
    Federico Zypce.
    Más allá de gustos o afinidades, un verdadero artista.
    Disfrútenlo.

    ¿En qué andás?

    ¿Qué es lo que vas a hacer?

    Una nota.

    Pero… ¿por qué la hacemos?

    ¿Por qué razón? Seguramente en la introducción debe estar aclarado.

    Pero al final no saqué el disco…

    ¿Te referís a «Cenestesia»? ¿Y por qué no salió?

    Quedó ahí… no sé por qué… (piensa) Tal vez porque me metí con Sima y quedó relegado…

    Pero… ¿desde cuándo está listo el disco?

    Desde 2004.

    Y en cinco años… ¿no tuvimos posibilidad, chance… o ganas?

    Algunas obras quedaron viejas…

    ¿Al principio cuál fue el problema?

    La guita… no encontramos sello… aunque apareció la manera de sacarlo por uno independiente pero ahí también surgió el problema del dinero. La verdad es que no lo moví mucho y quedó ahí… flotando… (piensa y luego exclama) no sé por qué no lo moví… En 2006 me metí a componer con Isol, en 2007 a tocar con Adriana (de los Santos)… a ver si puedo entenderlo al menos yo (risas): no salió el disco, después se dilató, no pude defenderlo en algunos puntos y después me empecé a interesar por hacer cosas en vivo. Algunas, nuevas, que no pueden hacerse en disco como La Plusvalía, ¡Piquetero!… algunos temas a los que en un CD les faltaría toda la puesta que sí existe a la hora de representarlos. En algún momento se me ocurrió hacer un DVD, después entré en una crisis… porque hacer semejante movida para hacer un concierto y que falte el interlocutor, que no haya público… Incluso hemos hablado con Adriana esta cuestión existencial de «¿tocar para quién?» Porque en principio la cosa me pareció muy frívola; decía «y bueno, en realidad, es para mí»; que es una parte de la cosa, ¿no? Pero si es para mí, me quedo solo en casa haciéndolo… para mí. Cuando me doy cuenta de que falta el interlocutor para que la obra termine de ser obra… (pone gesto de resignación). Y de alguna manera me repliego; debe haber sido por mayo de 2007, después de los conciertos con Adriana (de los Santos); comienzo a trabajar en Sima, que es un proyecto más orientado a lo «popular», por llamarlo de alguna forma. Y no fue una especulación, muy por el contrario: lo vi como un buen espacio para experimentar con otras cosas, si bien es cierto que la canción acota las formas y las estructuras. Lo cierto es que hubo un repliegue de todo lo demás, de la «escucha de corrimiento», por no llamarla experimental, que me suena a laboratorio (risas).

    A vos experimental te suena a laboratorio y a mí lo que me contás me suena a que abandonaste…

    (Sorprendido) ¿Que abandoné?

    Claro… como que te dejaste vencer.

    (Piensa mucho y un rictus asesino asoma en sus pupilas) Es una militancia. Es una militancia. Sigo componiendo pero lo muevo menos, sería algo así.

    Pero… ¿por qué dejás de moverlo y por qué te afecta tanto el, digamos, «interlocutor affaire«?

    Convengamos en que yo no me muevo mucho para conseguir fechas o cosas por el estilo. Eso fue siempre así, no es que ahora haya amainado. Las últimas dos fechas en «Domus Artis» (con la pianista Adriana de los Santos) me empaqué y me molestó mucho que hubiera exclusivamente público amigo. E inmediatamente después de esas dos presentaciones actuamos en el SADEM (Sindicato Argentino de Músicos). Estaba Mario Trejo… y todo más que bien con él, por supuesto, pero… le hicimos el concierto a él… tocamos para Mario Trejo y para mis viejos… ¡ni siquiera estabas vos! (risas) Yo tomé esa fecha porque pensaba que iban a circular los pibes del SADEM que toman clases y que podía armarse algún tipo de debate…

    ¿No será que lo estás enfocando mal? Porque para la gente, probablemente, lo que vos hacés no sea música… probablemente sea más una cuestión teatral…

    Eso es lo que a mí me interesaba mucho también… digo… afortunadamente nunca me preocupé por si lo que hacía o hago es música u otra cosa, porque me van surgiendo cosas que no hacen que me pregunte si es o no es. (El tema) La Plusvalía es casi una instalación…

    Y yo eliminaría el «casi»…

    Por eso… se empieza a construir desde otro lugar; hay mucho de obra conceptual, mucho de obra política, es militar… bueno… militar de militancia, se entiende ¿no?

    Por supuesto; de ahí que también tocaste en fábricas tomadas por los obreros como en Grissinópoli…

    Tal cual, una militancia; pero tampoco tomo eso como una bandera.

    Pero en Grissinópoli hubo mucha gente… ¿qué pasó ahí entonces?

    Era otro contexto… era el año 2003, todas las asambleas estaban todavía en pie, estaba LuchArte que pugnaba por mejores condiciones para el trabajo de los músicos, una serie de cosas que eran contextuales.

    ¿No será también que, tal vez, estás rotulado como «jodido»?

    Nooo… ¿jodido en qué sentido, por la música, la estética?

    Notas Relacionadas o de Interés: