• Federico Zypce

    Por ahí por tus ideas… porque no sos muy dócil que digamos.

    No… yo no me estigmatizaría…

    A ver… ¿con cuántos músicos, digamos, de jazz, hubo propuestas en las que al principio te dijeron «pero sí, Zypce, cómo no…» y que luego nunca se concretaron?

    ¡Cómo te gusta molestar… cómo te gusta incomodar…! De paso aprovecho para decirte (y se pone serio de verdad) que el sitio (por El Intruso) está muy jazzero; bueno… siempre lo fue… y por otro lado me digo… ¿qué espectro se puede cubrir si se quiere hacer una «fisura», que es para mí a lo que apuntó siempre El Intruso? Porque es cierto… si querés ir por algo no comercial o que intente romper algún molde… ¿con qué lo cubrís? Bueno… (golpeando la mesa), ahí empieza también todo el tema, ¿no? ¿Adónde te vas, qué hacés? Al menos en el espectro local, porque afuera probablemente sí haya algún espacio como para moverse…

    Yo no me olvido de lo que te pregunté, pero igual quiero recoger el guante que tiraste: sin poner en el tapete lo que decís y sin importar si estoy de acuerdo o no, en el número anterior está Mary Halvorson, por ejemplo. En la medida de lo posible lo intentamos, pero también reconozcamos que los músicos «creativos» o «experimentales», por momentos tienen un grado de hippismo insoportable y no hay manera de combinar, congeniar o ponerse de acuerdo para una simple nota o que te envíen la información que luego quieren ver publicada.

    Ahhh… vos decís «hippismo» en ese sentido…

    Por momentos parece que vivieran en la burbuja de plástico de Travolta (risas).

    Bueno… eso yo no lo sé…

    Yo sí… pero estábamos en las propuestas con los músicos de jazz que nunca se concretaron…

    Y hubiese estado bueno… realmente pienso que hubiese estado bueno. Específicamente en 2005 y 2006 yo hice propuestas e insistí bastante con algunos con los que tengo confianza como para juntarnos a hacer algunos «ruidos» (sonríe). Y con el mismo grado de confianza les digo que el jazz está muerto (ahora suelta una carcajada cómplice). También que lo experimental está muerto, que el rock está muerto y esas cosas de rebeldía que son más bien chicanas que…

    Pero vos pensás realmente que el jazz está muerto.

    Sí, yo lo pienso realmente. Pero en cuanto a estructura, en cuanto a palabra terminada, en cuanto a estilo inmóvil, en cuanto a método indudable, sin preguntas, cuestionamientos ni corrimientos. Necesito que quede claro esto, que no quede como una postura soberbia ni intolerante. Me encantaría que fuera de otra forma porque estoy convencido de que hay músicos muy talentosos que a veces se dejan absorber por lo pre-establecido, como que nada se puede cambiar porque «es así». Yo esto lo hablé con varios. A uno le decía «¿por qué esos acordes?» Pero en confianza, no es que yo ando por ahí haciéndome el canchero… o por ejemplo «¿por qué volvés al tema al final?» Y en general me respondían «porque es jazz». Y ahí me la daban servida (risas). Y les decía «Ahhh… a b a… a b a… ¿y el solo? ¿por qué hacen solos?» Y ojo, porque en general me permito estos comentarios con músicos creativos y con mucho potencial; pero (y creo que vos a un par de ellos se lo has dicho también) se les nota demasiado lo que escuchan en lugar de explotar más lo que son, lo que traen consigo y que no es poco. En las charlas de los músicos de jazz caigo en la cuenta de que escuchan mucha música y de que tienen referentes muy fuertes de los que les resulta muy difícil soltarse.

    Pero… ¿es un problema escuchar… o querer ser como el que escuchás?

    Yo no sería tan terminante como para afirmar que algunos quieren «ser como». Yo, la verdad, no sé cómo se maneja eso. No creo que piensen «yo quiero ser como éste o aquél». Pasa más por un costado inconsciente.

    Pero por nombrar a un tótem: yo creo que Braxton debe escuchar o debe haber escuchado mucha música…

    Yo eso no lo sé. Lo que sí puedo decirte es que yo hace unos diez años que no escucho música. Por un lado no escucho, pero al mismo tiempo escucho todo el tiempo, por mi laburo como sonidista. Pero es un trabajo. Lo que ya no hago es lo que hacía cuando ponía a Schoemberg y escuchaba de verdad, con atención; yo aprendo de eso, en realidad. Hay un punto en que dejé de hacerlo y empecé a componer mucho desde la información adquirida, por supuesto. Pero ya no pongo un CD y me siento… pero yo no digo que haya que hacer una cosa o la otra. No obstante, cuando participo de alguna de esas charlas como las que te comenté, los músicos, talentosos, se la pasan tirando referencias todo el tiempo. Es difícil decirlo porque no es que me parezca mal; simplemente que, en lo personal, creo que te limita…

    ¿Vos decís que eso te contamina como artista?

    Yo creo que si escucho todo el tiempo a (Edmundo) Rivero, voy a terminar cantando como él. Y ahí me meto con el tango que está muerto, pero muerto de verdad (con énfasis, lo que provoca carcajadas en el entrevistador). Ése sí que está muerto de verdad… Es que me ha pasado. En 34 puñaladas yo cantaba como Rivero… y acá si podés reiterá aquello de «en cuanto a palabra terminada… «, etcétera (risas).

    Pero entonces… ¿no será que eso es lo que te pasa a vos?

    ¡Por supuesto! Es una visión particular.

    Pero ¿por qué con los músicos de afuera no ocurre eso? O bien ¿Rivero a quién escuchó para cantar como Rivero?

    No… claro… todos trabajamos con referentes. Yo no digo que salí de un repollo porque evidentemente es una mentira. Lo que digo es «paren de escuchar música», no que no lo hagan más. Acá hay músicos a los que le copian el set. Y a mí me resulta increíble, no puedo entenderlo… yo a los 15 años era así; a esa edad mi padre me regaló un saxo alto y yo quería tocar Donna Lee que, dicho entre nosotros, nunca pude hacerlo… (risas). Estudiaba y no me salía; y al mismo tiempo me traumatizaba. Mi referente era Ornette Coleman y después aparece John Zorn. Y Tim Berne. Todo eso gracias a mi padre (el artista plástico Eduardo del Estal), al programa «Música de la gran flauta» de Koremblit. Pero después empecé a probar diferentes tipos de grabaciones multipistas, con dos grabadores enfrentados, empezando a armar el porta-estudio, grabando en cuatro canales, orquestando… Y a partir de ahí dejo de tener referencias tan claras y a acercarme a gente que no está tan formada musicalmente, lo que me sirvió mucho, gente que no tenía formación académica pero que me entusiasmaba lo que hacían, como Einsturzende Neubauten, que trabajaban con máquinas y con un caos en el que yo encontraba cierto orden porque siempre tuve en la cabeza la composición; que en algunos casos está bueno, pero en otros no tanto. Yo siempre busco forma. Por eso la improvisación nunca me terminó de convencer, ni siquiera cuando la hago yo. Siempre me termina aburriendo la resultante. Y ésa es una restricción bien mía. Cuando no me satisface mucho la forma, la estructura (que no trabaja con el «a b a»), empiezo a aburrirme y aparece la parte más autoritaria de la «cosa» que sigo sosteniendo de la forma, la del compositor que, cuando tiene los elementos, empieza a hacer una estructura y determina un discurso. La improvisación también determina un discurso pero tiene otro tipo de relación con el objeto, con el instrumento y las ideas que uno puede plasmar con esa herramienta. Es otra cosa, es más masturbatoria. Yo voy más por la composición; o bien tomar diferentes impros y empezar a concretar mínimos esquemas, a limpiar mucho, «imponer» una idea temporal como, por ejemplo: «en siete minutos tenemos que hacer esto». Ahí sí me funciona; como método compositivo me funciona un poco más. Pero yo, en realidad, compongo la música que hago. La Plusvalía es así. ¡Piquetero! también. Pero haciendo un link con lo que vos habías dicho acerca de si lo que hago no es música, ni siquiera me lo planteo. En cambio creo que «ellos» (risas) sí se lo plantean.

    «Ellos» (más risas), «ellos»… ¿quiénes son «ellos»?

    Los jazzeros… (carcajadas)

    Y ante este panorama de «el sistema no me quiere», «los músicos me dicen sí, hagámoslo, pero después no concretan», ante esta realidad, Zypce dice «no toco, no la voy a pelear, lo mío es mío». ¿No hay una manera de pelearla de verdad?

    No sé si tomarlo por el lado de la pelea, aunque lo veo un poco así yo también. Por ese lado también me presiono un poco. El de decir «no hay que bajar la bandera, no estoy bajando la bandera»… me molesta un poco este tema… porque yo venía pensando… ¿cómo que no hay gente? Yo sentía como que no importaba; ¿no hay gente? ¡el concierto lo hacemos igual! Pero a partir de las últimas presentaciones es que me empiezo a cuestionar lo que te comentaba antes…

    Ya sabemos que lo que hacés no es popular. ¿No será que, tal vez, se falle en la manera de enviar el mensaje? Porque probablemente no le llegue a la gente que le tiene que llegar. Y tal vez hay gente interesada a la que la información le pasa por arriba…

    Eso no lo sé. No puedo saberlo. Se ha hecho prensa… pero no puedo saberlo. Es posible, pero para mí es difícil el tema de la propaganda.

    Propaganda… estás usando cada palabra…

    Propaganda… promoción… yo no sabría para dónde ir, porque además como no es popular… uno termina pensando y preguntándose «para qué lo hago»

    ¿Y por qué creés que no es popular? ¿Tiene que ver el entorno, la situación, los medios… los jazzeros (risas)?

    Yo invité a varios músicos a mis conciertos.

    Y yo no los he visto

    Eso habla bien de vos (risas). Tampoco hago tantas presentaciones, la verdad sea dicha…

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