• Federico Zypce

    Pero tampoco te dicen que no les interesa.

    No… parece que les interesara, a priori… Yo no quiero que parezca que estoy juzgando. Para nada. Para mí (y sin ningún tipo de pretenciosidad), como compositor y como gente que produce arte, si no hay algún tipo de riesgo… Por ejemplo, ahora con Sima, un dúo «pop» entramos en un lugar más fácil para la escucha: son canciones, tienen base, pero hay unas cositas medio jodidas en la estructura… es que insisto, si no hay algún tipo de riesgo que produzca algún tipo de corrimiento (al menos a mí), no lo hago. En la escucha hay mucho de deseo y el deseo es masturbatorio. Tensar esos límites en cuanto a decir «voy a escuchar una de Beethoven». Eso es paja. Y a mí me encanta Beethoven. Depende del lugar en el que te ponés como oyente cuando te sentás a tener una relación con la música: puede haber aburguesamiento y la piloteás, o la sorpresa de la búsqueda no propuesta; porque para mí la música debe generar algún tipo de pregunta; que conste que hablo en función de lo que estoy haciendo, no intento generalizar. Yo puedo escuchar a Chavela Vargas, tranquilamente, y me voy a derretir. Pero ya sé lo que va a hacer. Son distintos lugares: lo que te provoca corrimiento, lo que te provoca simplemente placer, y lo que te provoca placer y corrimiento. Con respecto a lo que me planteabas antes acerca de la ausencia de público, lo que se me ocurre es atribuirlo a cuestiones sociológicas, pero sería la vía más sencilla. Cierto es que a veces el riesgo sacude estructuras e incomoda. Por eso empecé a pensar en el interlocutor, porque si no está para terminar de redondear la propuesta…

    ¿No hay una porción de inseguridad también? Porque tal vez no estés necesitando solamente del interlocutor sino también de la aceptación.

    Pero eso es inmanente…

    Pero también, aparentemente, se da que si el interlocutor no recibe lo que tirás, lo atribuyas, por ejemplo, a que es «jazzero» (risas). No sé si vas a ser autocrítico con lo que pueda tirarte el interlocutor.

    (Piensa) No importa lo que piense, en ese sentido, en el sentido de la crítica hacia mí. Importa que esté. El problema es cuando no está.

    Y si es tan importante que esté, ¿por qué no tocás gratis en las calles?

    Es una posibilidad. Pero necesitaría un entorno técnico mínimo que es muy pesado. Lo he hecho cuando era más pibe.

    Podemos intentar una versión unplugged…

    No… ya no. Bueno… tal vez sí… pero se necesitaría para eso una producción y yo no tengo el dinero. Y hay que ver, si hay una producción, en qué términos. Porque si lo produce Macri…

    Perdón, pero… ¿tenés algún problema con Macri?

    (Risas) No… está arreglando bien la ciudad… el bacheo…

    Pero si te lo bancara de verdad, ¿lo aceptarías?

    Y… es difícil… Mirá… indirectamente y no tanto… el jueves tocamos con Isol en el BAFICI, contra una película de Chaplin…

    ¿»Contra» una de Chaplin? (Risas)

    Y sí… está buenísimo Chaplin, pero hay que tocar contra una rutina circense… (risas)

    ¿Qué te pasa cuando tocás en el proyecto con tu hermana? Ahí sí tenés interlocutores…

    Ahí hay más; al ser más popular, más accesible, hay más personas a las que no les conozco las caras.

    Y vos, ¿qué recibís?

    Me divierto mucho trabajando; componiendo, en los conciertos…

    Me refiero a qué recibís del interlocutor cuando el proyecto Sima está sobre el escenario.

    Vuelvo a lo anterior: yo no quiero que me aplaudan, a mí no me dicen nada…

    Me refiero a lo que percibís, porque vos decís que es popular pero acotado; convengamos que no es Soda Stereo ni Entre Ríos. Entonces, ¿cómo recibe la gente esa propuesta «popular»? ¿Sentís que hay algún tipo de comunión o que les pasa algo?

    Al menos conscientemente, no es algo que me formule.

    Ahora van dos preguntas en una: ¿vos hubieses hecho Sima de no haber sido con tu hermana? Y si no fueras el hermano, ¿Isol hubiera hecho un proyecto con vos?

    Me parece que no.

    ¿Que no a qué?

    Que no a las dos (risas devenidas en carcajadas).

    O sea: paso y no quiero…

    Tiene mucho, pero mucho que ver que sea mi hermana; igualmente te digo que me gusta lo que hace y lo que piensa. Está abierta a lo que le propongo, lo que ya de movida me interesa. No me pone ataduras.

    Hay entonces un valor agregado que es el afecto y el respeto mutuo… ahora vamos por la segunda parte: Isol, ¿le hubiese propuesto a un músico como vos hacer Sima?

    Sos muy zorro (risas). Y te voy a responder más zorramente: «preguntale a ella».

    Ahá; entonces te pregunto: ¿cuál es tu percepción?

    (Sonríe) Supongo que lo hace porque soy el hermano. Quería mostrar sus composiciones que, de por sí, eran bastante arriesgadas. Eso fue una sorpresa para mí. Que ella empezara a componer (no lo hacía) y que lo que propusiera fuera algo interesante. La propuesta era buena.

    Igualmente ya habían trabajado juntos…

    Sí, en Nuevo Muerto… pero desde otro lugar. Yo la dirigía completamente; ella trabajaba la improvisación y luego yo decidía qué quedaba y qué no. Después yo me peleé un poco con las voces y deje de trabajar con ella. Es más, hasta hoy me dura el enojo con las voces (risas). Cuando compongo tengo una traba importante con la voz.

    El proyecto ya está hecho, ¿cómo te resulta Sima?

    Llevo compuestos cinco temas nuevos para el segundo disco.

    O sea que te interesó…

    (Tajante) ¡Sí! Tiene otros tiempos, eso es muy importante. Con una obra mía de 12 minutos puedo estar un año…

    Sos el «caracol» Zypce…

    Pero después se nota… es decir, yo lo noto en mi proceso creativo: veo la composición cuando tenía dos meses y luego la resultante a los cuatro siguientes sobre la misma idea… es trabajo, profundización.

    Siempre y cuando haya un interlocutor (risas). ¿Este entusiasmo puede tener que ver justamente con eso, con el haber encontrado interlocutores?

    (Piensa mucho)

    Si esto fuera radio, nos estarían echando a los dos (risas)

    Mi problema con esa pregunta es que se circunscriba a que yo necesito gente que me vea para hacer algo.

    ¿Pero cuando te importó eso?

    Por eso, cuando hablo de interlocutor me refiero a algo más profundo, no al que está ahí adelante. Tiene que ver con el que está ahí pero que a la vez termina de redondear ese evento musical donde se presenta la obra. Es muy diferente.

    ¿Nunca se te ocurrió hacer un doble programa en el que convivan Sima por un lado y tus obras por el otro?

    Podría ser… no se me termina de armar eso en la cabeza… igualmente meto cositas que en el disco no están, fundamentalmente en las intros, pero no termino de verlo del todo porque es muy diferente lo que se propone desde ambos lugares.

    Pero intercalar un par de obras cortas, de dos minutos, en un «supuesto cambio de vestuario»…

    Eso podría ser… tendría que consensuarlo con Isol; pero te reitero que a algunas cosas les metemos un poco más de rosca.

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