• Fernando Kabusacki

    Muchas veces en la cotidianeidad utilizamos la palabra “ecléctico” y, permítame la generalización, las más de las veces sin tener una idea cabal de lo que el término significa.
    Los orígenes del eclecticismo nos remontan a Grecia, al siglo II a. C.; por entonces, surgió como un intento de demoler el dogmatismo sin caer en el escepticismo. Dicen que eran habituales las concentraciones populares (pacíficas, aseguran), donde los asistentes iban provistos de brazaletes, vinchas, indumentaria y banderas que rezaban la siguiente máxima: “Ni dogmáticos ni escépticos: ¡Eclécticos!” Sin querer entrar en disquisiciones acerca de las distintas corrientes (por desconocimiento, no vaya a creer que por otra cosa), pero sí teniendo en cuenta varios estudios, ensayos y teorías realizados sobre el tema, podemos concluir que la definición que nos brinda la Real Academia Española es insuficiente. Al menos para nuestros intereses. Las dos acepciones de la R.A.E.: son las siguientes:
    a – Modo de juzgar u obrar que adopta una postura intermedia, en vez de seguir soluciones extremas o bien definidas.
    b – Escuela filosófica que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores o más verosímiles, aunque procedan de diversos sistemas.

    Si optamos por la definición “a”, la sensación es que un ecléctico vendría a resultar algo así como un “promediador”; o sea… ni a la derecha ni a la izquierda, al centro.
    No (me) convence. Es como aquello que decía Eduardo Galeano acerca de las estadísticas: “Desde el punto de vista de las estadísticas, si una persona recibe mil dólares y otra persona no recibe nada, cada una de esas personas aparece recibiendo quinientos dólares en el cómputo del ingreso per cápita”. La “b”, al adentrarse en el terreno de la filosofía, probablemente nos asuste un poco (al menos a aquellos que no somos filósofos). Pero nos da pie para poder investigar.

    El filósofo Diógenes Laercio sostiene que “el eclecticismo es un intento de apertura, de reconocimiento de que la verdad, de donde venga, sin prejuicios ideológicos; es el resultado del compromiso con una línea teórica particular”. Por su parte José Ferrater Mora señala al respecto que se trata de “la búsqueda de un criterio de verdad que permita no sólo justificar las propias posiciones, sino también posiciones adoptadas desde otros puntos de vista, la búsqueda de una armonía entre posiciones aparentemente encontradas, pero que ‘en el fondo’, se estiman concordantes”. Y que su característica más saliente “parece ser la moderación constante, inclusive con respecto a la propia actitud ecléctica”. Y finalmente, del filósofo Jorge Ángel Livraga (a quien, la verdad sea dicha, en más de un aspecto sentimos en la vereda de enfrente) rescatamos lo siguiente: “El eclecticismo, si es verdadero, es un acceso a la verdad; y una vez descubierta esta verdad se la debe mostrar, afirmar y proclamar, pese a quien pese y caiga quien caiga (…) No es la eterna duda cartesiana, sino la laboriosa afirmación platónica; no es la angustia de Kafka, sino la voluntad de ser de Schopenhauer; no es la contemplación abúlica y descomprometida sino la historicidad de la juventud que sabe por qué vive y por qué muere” Y luego proclama: “Debemos ser eclécticos, pero de los verdaderos, de los activos buscadores de la verdad; de ésos que, cuando la encuentran, la descubren y la proclaman sin concesiones a la pobreza intelectual, a la conveniencia ni a la moda”.
    Teniendo en cuenta lo antedicho, permítame afirmar ahora sí que el guitarrista y compositor argentino Fernando Kabusacki es un artista ecléctico.

    Nacido en Rosario en 1965, viendo que su horizonte se le acotaba, decidió viajar a Londres en 1988. Allí logró llegar a Robert Fripp e ingresó (cursos mediante) en The League of Crafty Guitarists. Cuando el Rey Carmesí decidió rearmar King Crimson a principios de los ’90, “La Liga” entró en receso. Fue el nacimiento de Berlin Guitar Quartet, luego devenido en trío bajo la denominación Les Gauchos Allemands para posteriormente ser rebautizado como Los Gauchos Alemanes, un trío de guitarristas acústicos que además integraban el argentino Hernán Núñez y el alemán Martin Schuwtke. También fue el momento del retorno a la Argentina, primero por determinados lapsos de tiempo hasta luego radicarse definitivamente en Buenos Aires.
    Con L.G.A. (hoy transformados en The Electric Gauchos) realizó numerosas giras por Europa, Estados Unidos y Sudamérica, en ocasiones acompañando a Robert Fripp en sus giras Soundscapes. También formó parte del Círculo de Guitarras de Buenos Aires y, como ya mencionamos, de The League of Crafty Guitarists. Pero hubo y hay mucho más en este músico que hoy la acústica la utiliza sólo para ensayar o dar clases.
    Desde 1991 dirige y coordina la National FilmChamber Orchestra, con la cual musicaliza en vivo películas mudas y que próximamente editará un box set con varias de esas musicalizaciones. Formó parte del trío Nikada, integró la banda de la folclorista Liliana Herrero entre 1995 y 1997; con la cantante pop Juana Molina, en el período 2000 – 2002, grabó dos álbumes y realizó giras por Japón y Estados Unidos. También fue guitarrista de la banda de María Gabriela Epumer y de Charly García. Actualmente integra, además de The Electric Gauchos, los grupos Vértigo Colectivo, Imán, Congreso World Templation, la mencionada National Film Chamber Orchestra (con Matías Mango) y las bandas de Charly García, Flopa y  Francisco Bochatón. Compuso y grabó bandas de sonido para animaciones y series de Pablo Rodríguez Jáuregui y películas de Julia Solomonoff, Jorge Caterbona, Lucía Cedrón y Teresa Costantini.

    Ha tocado, además de los mencionados, con artistas de las más diversas extracciones estilísticas: Santiago Vázquez, Mono Fontana, Axel Krygier, Roxana Amed, Santos Luminosos, California Guitar Trio, Sergio Bulgakov, Javier Calamaro, Colectivo Eterofónico de Improvisación, Nuria Martínez, Fernando Samalea, Hermeto Pascoal, Steve Ball, El Umbral, Adi Azicri, Guillermo Cides, 2Saxos2, A Tirador Láser, Christian Basso, Martin Iannaconne, Montecarlo Jazz Ensamble, Juan Ravioli, Pablo Davidowickz y Guillermo Piccolini, entre otros
    Pero si bien su propuesta como solista no goza en su país de una popularidad acorde al enorme reconocimiento de sus colegas, en Japón disfruta de un cariño y un respeto que sorprende al propio Kabusacki. Esto lo ha llevado a editar varios de sus discos en el país asiático pero también que una gran cantidad de músicos nipones requieran permanentemente de sus servicios. Todos ellos, animadores de la actual escena de la música creativa contemporánea: Yamatsuka Eye, Yoshimi P-We, Seiichi Yamamoto, Yuji Katsui, Kei, Yoshitake Expe, Kido Natsuki, Yoichi Okabe, Rovo, Yasuhiro Yoshigaki, Yae, Takashi Numazawa, Miho Hatori, Yuji Oniki, Buffalo Daughter, Uchihashi Kazuhisa y algunos que no reconocimos en la foto porque, como se sabe, son todos iguales (perdón…).

    Su producción como solista incluye los álbumes Houses I, The Planet and its Beings, Luz de Oro de Chiporrita, 4.5 Together, 6.1 La Maravilla y el doble que contiene The Flower (7) y The Radio (8). En el país de Toshiro Mifune, Takeshi Kitano, Yasunari Kawabata y Haruki Murakami, editó Kirie: Kabusacki Tokyo Session, The Ten Oxherding Pictures, Chichipio (Buenos Aires Session vol I), Izumi (Bs As Session Vol II), Live at Cinema Club, Tokyo (Rovo + Franov/ Kabusacki/ Vázquez), The Planet Transport y The Planet DVD (animación de Pablo Rodríguez Jáuregui y musicalizada por Kabusacki que ganó en el Festival de La Habana como “Mejor film experimental”).

    Entre sus proyectos actuales está la edición de dos discos como solista (uno, que ya está listo, en vivo en el ND/Ateneo y el segundo, por terminarse, en estudio con invitados), otro junto con Fernando Samalea y la box set con la National Film Chamber Orchestra, presentaciones solo con su guitarra en Buenos Aires, actuaciones en Japón y, todo esto, antes de fin de año.
    Fernando Kabusacki es un guitarrista, además de incansable, estudioso, original, requerido, sensitivo y creativo, absolutamente inclasificable. De notorio bajo perfil, ha sido siempre sumamente generoso ante cada uno de nuestros requerimientos. Y esta oportunidad no fue la excepción. Incisivo hasta consigo mismo, habló de sus inicios, de sus inquietudes, de las enormes diferencias entre el público local y el nipón, de sus proyectos, sus experiencias, sus frustraciones y muchísimas cosas más en una extensa charla llevada a cabo durante una tarde de invierno que resultó absolutamente cálida.
    Y donde nos reforzó la sensación de haber estado frente a un un verdadero ecléctico.
    Disfrútelo

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