El Ojo Tuerto

Fernando Tarrés: Bienvenidas Estas Cruces

Jazz Voyeur – Buenos Aires
Jueves 07 de Diciembre de 2006 – 21:30 hs.

Fernando TarrésDiego Muzzio nació en Buenos Aires en 1969; en 1990 publicó su primer libro de poemas “El hueso del ojo”; en 1996 obtuvo el Primer Premio Nacional de Poesía otorgado por el Fondo Nacional de las Artes. También fue galardonado en España con una mención honorífica por la obra “Hieronymus Bosch” en el II Premio Hispanoamericano de Poesía Dulce María Loynaz; obtuvo la cuarta edición del Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz en Costa Rica en el año 2000 por “Gabatha”. También alcanzó el Segundo Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes (2004). Su primera novela fue “El año en que Lu Yeng se deshizo de Lu Yeng” y, para ir resumiendo, en el 2006 editó “La asombrosa sombra del pez limón”. Actualmente, reside en París.
Ergo, no es un improvisado.
Fernando Tarrés, tampoco.

Fernando Tarrés - CrucesEl guitarrista argentino se basó en un pequeño texto del escritor mencionado para la edición de su reciente álbum titulado Cruces: “Profundo, en la sangre, vive el árbol de cada uno; de esa íntima madera, será la cruz”.
En el disco, Tarrés desarrolla una suite en diez movimientos: La realidad, Los sueños, La ansiedad, La angustia, La obsesión, La locura, La introspección, Los recuerdos, La certeza y La nada.
El CD, probablemente el más logrado del músico cordobés, fue presentado oficialmente en dos conciertos realizados en el Jazz Voyeur, situado en pleno centro de la Capital Federal.
Asistimos al debut el jueves 07 de diciembre de 2006 y acompañaron a Tarrés los mismos músicos que participaron en el álbum: Ernesto Jodos den piano, Carto Brandán en batería, Jerónimo Carmona en contrabajo y Rodrigo Domínguez en saxo y clarinete.

A las 22:10 hs. y luego de que dos grupos de estadounidenses parlanchines en exceso provocaran torvas miradas de Carmona, Domínguez hace caso omiso del bullicio y comienza, solo, con el tema que abre el CD: La realidad. La intro, potente, provoca dos cosas: que uno de los grupos se llame a silencio y la sensación de que Domínguez está en una noche mágica.
Casi sin darnos cuenta, el quinteto se introduce en un potente aire… ¿malambo free? Bueno… algo así. Los arreglos, en este caso y afortunadamente, no abruman. Tarrés va por el camino Jeronimo Carmonamás largo (¿y más seguro?): economía de dedos y abundancia de ideas. Domínguez vuelve a pegar fuerte mientras el triángulo conformado por Jodos/Carmona/Brandán, juega.
Sobrevuela un aire tanguero (piazzolliano) que desemboca en una correcta intervención de Jodos. Por su parte, Carmona toca tanto como lo indican sus (impagables) gestos. Gran pasaje en trío con Tarrés y Domínguez concentradísimos en el presente y augurando lo por-venir. Los guerrilleros, con Brandán a la cabeza, empujan a Jodos que parece enloquecer. Llora el saxo de Domínguez y durante largos minutos (de 70 u 80 segundos), el líder no toca una nota. Más que una buena señal.

El uso del arco, a cargo de Carmona, le da a Los sueños un aire camarístico. La pareja situada a mi izquierda no para de hablar; y lo hacen a un volumen impropio hasta para ellos mismos. Los músicos miran de reojo. El que sí se llama a silencio es Brandán para introducirnos en un bello pasaje sostenido por Tarrés, Carmona y Jodos. Luego, un potente dueto a cargo de Domínguez y Brandán. Carmona muestra su enojo intentando, como sea, deshilachar el arco. No lo logra. Parece que llega el final pero Jodos mete en solo endemoniado que logra muchas cosas menos hacer callar a mis vecinos. Todos entran en un pasaje lúdico y complejo. Final de la primera parte y, aunque no lo crean, la parejita yanqui se llama a silencio… en el intervalo.

Ernesto JodosUn aire folclórico, con Domínguez como líder, anuncia La obsesión. La pareja vuelve a hacer las veces de molesto coro y me desconcentra un poco. Cuando vuelvo en mí, el quinteto está a pleno. Otra intervención de Jodos (el piano ahora suena mucho mejor) y la sensación de que cuando el pianista toca solo, algo (mucho) pasa.
Es uno de los momentos más logrados de la noche, donde Tarrés mete un pseudo riff al tiempo que Domínguez y Brandán chacarerean el asunto.
Aprovecho el final del tema para mandarles un mensaje por escrito a los parlanchines:
Please… if You can, try to speak lower. I’m trying to listen and understand what’s happening on stage. Thank You” (Por favor… si pueden, traten de hablar más bajo. Estoy tratando de escuchar y comprender lo que sucede en el escenario. Gracias).
La respuesta no se hizo esperar. Con letra que denunciaba el soberano estado etílico de los tórtolos, contestaron:
We try but we can’t” (Lo intentamos pero no podemos).


Me apiadé de ambos y Carmona nos introduce (mirá vos…) en La locura mirando al techo. Señores, al igual que Domínguez, Carmona la está gastando. Gesticula y respira en voz alta (¡?). El problema es que a posteriori te ataca el quinteto; Tarrés baja los decibeles pero no la intensidad. Y está Carto y un gran pasaje de Domínguez en clarinete al que luego se le suma Carmona con el arco para un pasaje notable del concierto. Un aire de marcha se introduce sin pedir permiso y los 5 se llevan el tema a su casa en un clima ¿festivamente fúnebre?

Una hora de concierto. Un excelso nivel de ejecución y concentración. Tarrés parece haber encontrado la horma de su zapato. Y si bien 4 temas en una hora suena a escasez de síntesis, es justo reconocer que cada uno de los temas parece en sí una suite compuesta de pequeños segmentos hilvanados sin esfuerzo y de una manera tan natural que hasta nos parece fácil de lograr.
El quinteto ha logrado una química más que interesante; pero lo más importante parece ser que esa química se percibe puertas afuera.
Y los oyentes, agradecidos de cargar con estas Cruces.

Marcelo Morales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *