• Guillermo Klein

    En la historia musical argentina tenemos varios casos de artistas que no han gozado, en su país de origen, del reconocimiento, prestigio y respeto que sí han recibido en otros lugares. No solemos ser muy cuidadosos de nuestros artistas en general, lamentablemente, y vaya uno a saber por qué cuestiones. Hasta su fallecimiento, el bandoneonista Ástor Piazzolla contaba con más discos editados en el exterior que en la Argentina. Incluso hoy, varios de sus álbumes más célebres, como el Live at Central Park, no cuentan con edición local. Es más, en el año 2007, el DVD The Next Tango sí fue editado; pero a los pocos días debió retirarse de la venta por cuestiones que de artísticas no tenían, seguramente, nada.
    Hoy día, el material de músicos emblemáticos de nuestra cultura como Dino Saluzzi y Cuchi Leguizamón brilla por su ausencia por diversos motivos. Algo parecido sucedió durante mucho tiempo con uno de los músicos más talentosos del panorama musical contemporáneo: el pianista, compositor y arreglador Guillermo Klein. Afortunada y paulatinamente, este enorme desacierto está comenzando a desaparecer.

    Klein es un músico ante el cual sus colegas (de cualquier nacionalidad) muestran un respeto y una admiración poco frecuentes. Hay que reconocer que si bien el pianista ha hecho méritos suficientes para ello, no ayuda en lo más mínimo a la hora de promocionar su trabajo: no posee sitio de internet, tampoco un myspace, ni un blog, ni promociona sus conciertos y por supuesto que no lleva el menor registro de sus actividades.
    En 1990 se trasladó a Boston e ingresó a la Berklee College of Music. Luego se mudó a New York, donde residió por un lapso de seis años. Retornó a Buenos Aires en el 2000 pero su estadía duró apenas hasta el 2002. Su nuevo destino sería Barcelona.

    Apenas pasada la barrera de los 20, Klein conformó en los Estados Unidos una big band a la que denominó Big Van. Con ella registró El Minotauro, editado en 1994 por el sello Candid Records. A pesar del éxito obtenido, el pianista decidió reducir los integrantes del grupo de 17 a 11, bautizó a su nuevo proyecto Los Guachos y grabó Los Guachos 1. Pero no era lo que los responsables del sello Candid esperaban y esto implicó tres cosas: el contrato se deshizo, el álbum no fue editado y, ante el contratiempo, nació la mística de Los Guachos; que siguieron tocando hasta que llegó la aparición de Los Guachos 2, en 1999 y por el sello Sunnyside. Le sucedieron Los Guachos III (2002), Live in Barcelona (2005) y Filtros (2008). Previo a este último, Klein editó bajo su nombre Una nave, junto con Filtros, sus únicos dos discos editados en la Argentina.

    Pero además de ese proyecto singular que es Los Guachos, Klein ha compuesto música para teatro y ballet siendo joven, obtuvo el Jazz Composers Alliance Composition Contest y el premio Toshiko Akiyoshi, ha sido comisionado (entre otros) por la United Nations Orchestra, por el Massachusetts Institute of Technology, por el Ensemble de Cuerdas Kosmic y la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Recientemente se presentó en un dueto de pianos con Jorge Rossy (ex baterista de Brad Mehldau), realizó un ciclo de presentaciones en el Village Vanguard con Los Guachos y fue elegido para inaugurar la segunda edición del Festival Musical de Cadaqués donde, conduciendo la Orquesta Girona Jazz Project, homenajeara con arreglos jazzísticos la música de Albéniz.

    Este extraordinario artista argentino fue comisionado en el 2008 por Adrián Iaies, el Director del Festival de Jazz de Buenos Aires, para homenajear al Cuchi Leguizamón. La actuación que brindara en el Teatro I.F.T. fue deslumbrante (estamos esperando aún la edición del CD). Y merced a este encuentro con la música del querido Cuchi, algo atravesó el alma y las entrañas de Klein.
    Muchos quedarán afuera a la hora de mencionar a los músicos que han participado de sus proyectos, pero ahí van algunos: Ben Monder, Juan Cruz de Urquiza, Seamus Blake, Kurt Rosenwinkel, Richard Nant, Daniel “Pipi” Piazzolla, Chris Cheek, Sergio Verdinelli, Ricardo Cavalli, Diego Urcola, Bill McHenry, Tony Malaby, Jeff Ballard, Luciana Souza, Esteban Sehinkman, Aaron Goldberg, Marc Miralta, Martín Pantyrer, Matías Méndez, Gustavo Musso, Claudia Acuña, Fernando Huergo, Rodrigo Domínguez y Marlon Browden. Sí, sólo algunos.

    Los Guachos están realizando una serie de actuaciones en el interior del país y el viernes 11 de septiembre (mirá vos… el Día del Maestro…) actuarán en el Café Vinilo en el marco del Limbo Fest ’09! El repertorio estará basado en composiciones del Cuchi Leguizamón y no hace falta que les sugiera qué es lo que habría que realizar ese viernes por la noche. Y si no, en octubre pueden irse hasta Finlandia, donde el pianista dirigirá una orquesta local que interpretará temas de su autoría (¿no te sobra un markka?).
    Nos citamos con Guillermo Klein en un café de la Avenida Santa Fe. Hacía mucho tiempo que veníamos intentando concretar este encuentro pero, al verlo entrar, su gesto adusto fue un toque de atención. El pianista no estaba en uno de sus mejores días y luego nos confesaría que estuvo a punto de cancelar la entrevista. Decidió suspender la búsqueda de un par de acordes rebeldes para que ustedes tengan la oportunidad de apreciar a un artista generoso y con convicciones que, de tan profundas, parecen lamentablemente en desuso. La música del Cuchi Leguizamón lo reclamaba a gritos pero Klein decidió quedarse con nosotros y, si bien debimos comenzar con pies de plomo, la satisfacción del momento que nos regaló este Guacho, cuya cantidad de entrevistas otorgadas es inversamente proporcional a su talento, ha pagado con creces la espera.
    Aquí lo tienen.
    Disfrútenlo.

    ¿Viniste a la Argentina a tocar o a algo más?

    Estuvimos tocando en Río Cuarto, mañana nos vamos a Salta a tocar la música del Cuchi, pasado mañana a Jujuy… La idea es quedarme un tiempo acá con mi familia, vamos a ver qué acontece. A esta altura de mi vida he viajado tanto que me jode un poco hablar del futuro acerca de dónde voy a vivir o no. Me pongo medio fastidioso con eso… Porque además de la guita hay otros elementos que cuentan a la hora de tomar una decisión así, muchas cuestiones que me sacan de la música y que me joden un poco.

    ¿Esas cosas han hecho que intentes quedarte o, por el contrario, te hacen dudar?

    Me hacen dudar. Ya me lo habían dicho pero cuando te encontrás con determinadas situaciones… es muy diferente. Hay tantas cosas a favor pero también tantas otras en contra que… la verdad debería haberte contestado que no quiero hablar de ese tema.

    Vamos para atrás entonces; ¿cómo fue que se te ocurrió quedarte en Boston? Digo, para hacer el camino inverso (risas).

    Yo fui a estudiar música y me encantó. Yo soy feliz donde estoy bien con la música. Es lo que hizo que me quedara en Boston, después en New York y también en Barcelona. Es lo que me hace volver a Buenos Aires y viajar tanto. En Boston estaba bien, conocí a grandes músicos, muchísimos, el 70% de Los Guachos los conocí ahí, por eso me quedé, había un nivel musical espectacular.

    ¿Sentiste en algún momento la necesidad de volver a causa del desarraigo o no?

    En Boston sí… pero tampoco es tan blanco y negro. Uno va viviendo y le van pasando cosas. Hay días que tenés un agujero en la panza y te preguntás «¿adónde estoy?» Y al otro día pensás que estás en el lugar adecuado. En mi experiencia, lo que me hizo estar tanto tiempo fue la música. Cada uno tiene su forma de verlo y, además, hay algo que es muy curioso… que es hablar de ciertas cosas que han pasado mirándolas desde otra situación. Lo correcto hubiese sido contártelo cuando yo estaba ahí. Porque hoy yo no sé qué me pasaba, no me acuerdo… realmente no me acuerdo. Tengo fotos emotivas, pero después… yo qué sé…

    Ahí formaste un proyecto que se mantiene hasta hoy

    Sí, eso sí… un montón de cosas se mantienen hasta hoy; mi amor por la camiseta (refiriéndose al fútbol, es hincha de Boca Jrs.), la familia, mi amor por la música, gracias a Dios también Los Guachos, que es sin dudas de lo más grosso que me ha pasado y que me sigue pasando.

    ¿Vos lo pensaste como un colectivo de músicos de distintas nacionalidades o como un proyecto en el que los integrantes podían ir mutando de acuerdo al lugar en que tocaban?

    No… estás pedaleando muy rápido… yo lo pensé como una banda de gente que me gusta cómo toca. No tenía la menor idea de que iba a hacer más de dos conciertos. Porque cuando armás una banda, al menos en mi caso, con 22 años, es para tocar y hacer tu canción; y la gente se copó tocándola y de verdad que eso es todo lo que había. Y, de hecho, todo lo que hay. Esto de ir actuando por el mundo se empezó a dar hace un par de años, apenas. Nosotros seguimos tocando cuando voy a New York; o cuando vivía ahí, pero la cuestión es que si seguimos tocando es porque, cuando empezamos, la sensación era muy poderosa. Y por eso nos venía a ver gente. Lo mismo cuando toco acá con Pipi (Piazzolla) o Juan Cruz (de Urquiza) o con Richard (Nant), ésa es realmente la única fuerza motora, ¿qué más te puedo decir?

    Vos viviste en Boston, New York, Barcelona y acá; ¿notás diferencias en la recepción de lo que hacés en los diferentes lugares?

    Lo que siento es que… (piensa); obviamente que las sociedades son muy diferentes… en cada lugar que tocás la recepción es muy diferente y también la sensación que uno tiene es distinta. No es lo mismo tocar en tu casa, en tu tierra, que en otros lugares. Lo que pasa es que para mí, los lugares que mencionaste son como mi casa. Vas sintiendo, después de tanto tiempo de estar, que vas formando parte de la geografía del lugar. Distinto sería en Polonia, país al que nunca fui. Cada lugar tiene una vibración especial pero también tiene que ver con la gente que te fue a ver ese día. Es curioso… cada vez que tocás tenés que estar conectado con lo que pasa en ese momento. No podemos negar que nosotros, los argentinos, en general, vamos siempre con el corazón en la boca. Y a la hora de tocar sentís que estás tocando vos y toda la gente también. Eso se siente. Es muy fuerte y lo más grande que hay. Eso no se puede negar y te lo dice todo el mundo. Nosotros, como público, nos involucramos mucho y por eso es muy potente toda actividad artística que se desarrolla en nuestro país, no solamente en Buenos Aires.

    El primer disco editado del grupo es Los Guachos 2; pero ¿es el primero?

    Hay uno anterior que lo grabamos pero nunca lo editamos. Por eso el segundo se llamó así y la idea era llegar al 20.000 (risas); pero después pensé que en lugar de ir sumando era mejor ir multiplicando (más risas). Los Guachos 1 se grabó en el ’96, con más o menos la misma banda; estaba Seamus Blake en tenor y en guitarra Kurt Rosenwinkel en lugar de Ben Monder. Y la música está muy buena, incluso algunos temas como Snake, El espejo, El río y algún otro los seguimos tocando actualmente. Y lo grabamos… (piensa). Lo que pasó es que antes yo tenía una big band llamada Big Van, con la que grabamos un disco en el ’94. De hecho, hemos venido a tocar a Buenos Aires en el ’94 y en el ’95 en La Trastienda. Éramos 17 y reduje la banda a 11, con los que más me identificaba. Yo tenía un contrato por cinco discos con una compañía inglesa (se refiere al sello Candid Records). Sacaron Big Van (el álbum se tituló El Minotauro) y mi segundo disco fue Los Guachos 1 y cuando lo escucharon… es que en ese momento era muy novedoso y el tipo me dice «¿qué hiciste? Me mataste… yo no puedo sacar esto…» Deshicimos el contrato y seguí adelante. Y Los Guachos 2 salió tres años después; porque seguimos tocando y ahí fue cuando se armó la mística; uno no especula, la vida te pega en la jeta. No nos sacaron el disco y seguimos tocando. con el tiempo apareció (el sello) Sunnyside, que nos editó y seguimos adelante. Todo ese interín hace que Los Guachos tenga un piso de cemento muy potente. El disco (se refiere a Los Guachos 1) existe y realmente no me calienta sacarlo. A mis amigos se lo copio, pero ahora para qué lo voy a sacar… Si hay tanta data en el mundo… Es otro tema ése, ¿hasta qué punto querés ser escuchado, qué tenés para decir? Es todo un tema… cómo van pasando los años y lo ves desde un punto… (piensa), querer ir e imponer tus cosas…

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