• Guy Klucevsek – Alan Bern

    ¿Y qué hay de la prensa con todo esto?

    G.K.: Yo estoy bastante contento con la prensa…

    Quiero decir… ¿creen que la prensa contribuye a la confusión?

    G.K.: Bueno… caemos nuevamente en las categorizaciones. Porque el New York Times, por ejemplo, tiene una guía de fin de semana de tres páginas con muchas ofertas musicales. Y a nosotros nos resulta bastante difícil encajar allí porque la sección está dividida en clásica, jazz, rock…

    Bueno… a insertarse en "beyond" (risas)

    G.K.: Pero es que tampoco existe (risas). Así que si no tocás en algún club de jazz o en algún reducto de música clásica, no figurás en listado alguno. El tema es que la mayoría probablemente no nos haya escuchado y, entonces, no saben adónde ubicarnos.

    A.B.: Conozco a muchos periodistas que son contratados bajo presión para realizar una cantidad de notas determinadas. Y por supuesto que no van a tomar riesgos desmedidos. Porque para entrevistar a alguno de nosotros, casi se impone un conocimiento previo, escuchar algunos de nuestros proyectos y, al menos, saber qué instrumentos tocamos (risas). Eso implica mucho trabajo y tiempo. Y la verdad es que a nosotros tampoco nos interesa prestarnos a cierta canibalización del mainstream.

    Hace unos minutos Alan me comentaba que no es habitual que toquen, como dúo, ante tanta gente como lo hicieron aquí en Buenos Aires. Luego de esta experiencia, ¿qué los seduce más, un reducto pequeño con el público cerca o un gran teatro repleto?

    G.K.: A mí me sientan bien ambas situaciones. Por un lado, en New York, me presento en lugares en donde, con gente parada, podés contar con 50 ó 60 asistentes, lo que te da cierta seguridad de que quien asiste, va a escucharte realmente. Pero, por otro lado, es fascinante ver lo que se produce cuando te encontrás con una audiencia mayor. Es un desafío cautivante el hecho de intentar captar la atención de mucha gente. También es cierto que la audiencia cambia en cada concierto. Es notorio como, ante un repertorio similar, distintas personas pueden reaccionar de manera tan disímil, incluso en las mismas condiciones. Y esto sí que no tiene nada que ver con el marketing (risas) ni con el dinero que recaudes.

    A.B.: Pienso que la razón por la que nos convocan en especial para festivales es que la gente que asiste a esos eventos lo hace con la mente más abierta y dispuesta a escuchar cosas diferentes. Así, cuando se da esa combinación de mente abierta y oído atento, nos sentimos más cómodos, porque ahí sí que en realidad todo depende de nosotros.

    ¿Cuál es la principal diferencia entre una composición propia o una comisión?

    G.K.: Creativamente, para mí, ninguna… A veces las comisiones vienen acompañadas de ciertas especificaciones que tienen que ver con la instrumentación o ciertos requerimientos en cuanto al "mood" del encargo. Me encantan además las comisiones porque te pagan (risas). Me gusta el desafío de tener que, por ejemplo, componer una pieza de siete minutos con tres movimientos y con una instrumentación determinada, me pone a prueba. Y también me gusta porque pienso que la limitación es libertad…

    ¿Sí? ¿Vos adherís?

    A.B.: Por supuesto… Es necesaria. Porque el rango de cosas que podés hacer es infinito; ¿y cómo sabrías, entonces, qué hacer? Tal vez hasta sería interesante que uno se comisione a sí mismo. Eso crearía ciertos requerimientos con los que habría que trabajar. Y una comisión vine con ellos.

    ¿Vos querés decir que trabajás mejor cuando te ponés límites?

    A.B.: Creo que lo mejor me sale cuando trabajo de esa manera, porque siempre estoy necesitando una idea clara de lo que voy a hacer y que sea distinto de lo que ya hice. Y una comisión eso lo hace por vos (risas).

    ¿Han asistido a alguno de los eventos del festival?

    G.K.: No exactamente, pero a tres metros de mi ventana he tenido shows durante varios días. ¡Y gratuitos! (risas).

    Pero… ¿sienten que en la ciudad se respira "aire de festival"?

    G.K.: Sí, definitivamente. Hay afiches por todas partes, mucha presencia en los medios gráficos, shows todo el tiempo durante cinco días y siempre con mucha gente asistiendo (y el nuestro es un ejemplo irrebatible). Se ve que se ha hecho con mucha conciencia y conocimiento y con una oferta variada y atractiva, algo no muy habitual…

    Tal vez se deba al hecho de que el Director Artístico es un músico

    G.K.: (Exclamando) ¡Con razón! Ahora empezamos a entender algunas cosas…

    ¿Saben algo de chamamé?

    G.K.: Sí, no mucho, pero conozco al Chango Spasiuk. Hace unos años hemos tocado un poco…

    A.B.: Yo a quienes conozco muy bien de aquí es a César Lerner y Marcelo Moguilevsky. Son increíbles… Además hemos tocado juntos en mi septeto, son fantásticos…

    Por lo que se ve, están cómodos uno con el otro (ambos adhieren), pero… ¿han discutido alguna vez? (ambos sonríen).

    G.K.: Tuvimos una gran pelea hace unos ocho o nueve años. Fueron un par de horas… algo que no recuerdo bien pero fue seguramente una terrible estupidez (risas). Yo no toco con gente con la que no me sienta cómodo. Y con Alan tengo la certeza de que no tengo que andar explicándole ciertas cosas. Es importante que estamos conectados con lo que tocamos porque ciertas necesidades son coincidentes; aunque a veces esas necesidades no se den exactamente al mismo tiempo.

    A.B.: Yo creo que es interesante que, al tener diferentes escuelas, los dos somos algo así como una especie de…

    ¿Intrusos? (ambos sonríen)

    A.B.: Sí… o visitantes, mejor dicho… ya que hemos logrado compatibilizar los territorios individuales para una tercera posición en las que los aportes (por momentos) son opuestos pero equitativos. Nos conocemos y entendemos bastante bien porque ninguno de nuestros mundos excluye al otro, sino que todo lo contrario. Nos nutrimos mutuamente. Y resulta esencial para fortalecernos y crecer artísticamente incorporando uno cosas del otro.

    Yo entiendo prácticamente nada acerca de esto, pero… ¿tocan el mismo tipo de acordeón?

    G.K.: No, el mío es un acordeón clásico de concierto. La principal diferencia es la afinación. Hay dos tipos de afinación, la "left tuning" y la "drive tuning". Esta última es la que utilizo yo, que brinda un sonido más puro ya que está afinado en la misma frecuencia. es el que también se utiliza en el jazz, por ejemplo. En cambio el de Alan es un "left tuning" que… mejor que lo explique él… (risas).

    A.B.: Hay tres sets de teclas; uno afinado en 448, otro en 442 y un tercero en 440. Juntos, están balanceados brindando un sonido con una mayor vibración, por lo que podés escuchar un vibrato diferente. Es muy complejo explicarlo con palabras…

    Y entenderlo ni te cuento… (risas) ¿Han tocado bandoneón alguna vez?

    G.K.: No… es un instrumento totalmente diferente al acordeón.

    ¿Sí?

    G.K.: Totalmente. Hay gente que toca ambos, pero la técnica entre un instrumento y otro es absolutamente diferente. Y tampoco hemos tocado con bandoneonistas… en alguna oportunidad, tal vez…

    Podrían crear un trío: dos acordeones y un bandoneón…

    A.B.: No es una mala idea… suena interesante…

    G.K.: Sí, pero… ya dos acordeones traen consigo un montón de sonidos… y yo tengo una banda de cinco acordeonistas… ¿querés complicarme la vida? (risas).

    Aquí ambos se mostraron interesados por las reacciones o comentarios que sucedieron a su actuación. Les comentamos nuestras sensaciones y las de algunos que nos hicieron llegar las suyas, aclarándoles nuestra sorpresa con respecto a la cantidad de asistentes a un concierto inhabitual de dos músicos que no tienen material editado en la Argentina. Increíble el grado de atención y de humildad con el que registraban todo comentario todo por más nimio que alguno resultare. Y terminaron siendo ellos los entrevistadores con preguntas que iban del acordeón al bandoneón, del por qué era inusual un concierto como el que brindaron y algunas cuitas que resultaron anécdotas que no serán reveladas aquí, sepan disculpar la mesura y el recato.

    Por momentos hubo en el teatro un silencio reverencial, casi mágico durante su actuación.

    A.B.: No sabés lo importante que resulta para nosotros esto que comentás. No solamente porque nos confirma lo que percibimos desde el escenario, sino porque es esencial que alguien en la audiencia (en este caso representado por vos), haya escuchado ese silencio y nuestros silencios, que forman parte de nuestra propuesta, sin duda alguna. Porque ambos somos muy concientes de la importancia y relación entre el sonido y el silencio. El ruido o el silencio influyen directamente sobre lo que estamos proponiendo, a pesar nuestro. Y no se trata de que tenga que decirle a la audiencia que preste atención, sino de que resulte algo natural porque están prestando atención a lo que estamos tocando. De esa manera, podés tener un lugar desde el cual podés explayarte artísticamente con tranquilidad, ¿entendés lo que quiero decir?

    Por supuesto.

    A.B.: Si vos tenés una charla (comienza a hablar muy bajito) en este tono, así, confidencial, vas a crear un clima propicio para que la conversación se desarrolle, desde el otro interlocutor, de la misma manera…

    Quiero informarles que el público argentino tiene una rara predilección por participar todo el tiempo. Y era simpático el hecho de que ninguno (o casi) supiera cuándo aplaudir y cuándo no… (carcajadas de ambos).

    A.B.: Eso nos ha ocurrido varias veces.

    G.K.: Depende, en muchos casos, del espacio en el que tocás y del espacio que generás al tocar. Incluso aquí, en Argentina, seguramente la reacción de la gente hubiera sido muy distinta en otro contexto, ya sea en un club, al aire libre… Yo participé de un proyecto en Japón, en un teatro como en el que tocamos aquí (el Coliseo); teníamos un set de 30 temas. Al finalizar el primero de ellos, nadie aplaudió. Hasta revisamos los instrumentos pensando que no se había escuchado nada. pero de pronto se pusieron de pie y nos aplaudieron durante cinco minutos. Entonces pensamos "OK, así es en Japón…", hasta que fuimos a un pequeño club a tocar, repleto de veinteañeros y ahí no paraban de aplaudir y gritar en el medio de cada tema, así que… (risas). Por un lado, en un teatro tenés a más de mil personas en un silencio absoluto; y cuando estás en un club, de repente, no lográs que 50 individuos logren estar callados diez segundos… Ambas experiencias son fascinantes.

    A.B.: Podemos concluir con que es evidente que, cualquier cosa que hagas, tiene su trasfondo social.

    http://www.guyklucevsek.com/
    http://www.myspace.com/alanbern

    Marcelo Morales

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