• In the Country: Losing Stones, Collecting Bones

    My Best Friend Is a Dancer, Hello Walt, Ashes To Ashes, Everyone Live Their Live, Medicine Waltz, Take Me Over, Torch-Fishing, The Bear, Can I Come Home Now, Kung Fu Boys, Don’t Walk Another Mile


    Músicos:
    Morten Qvenild: piano, celesta, harmonium, órgano Hammond, voz.
    Roger Amtzen: contrabajo, voces.
    Pal Hausken: batería, percusión, voces.
    Invitados:
    Marc Ribot: guitarra
    Stefan Soundtrom: voz

    Rune Gramofon, 2006

    Calificación: Dame dos (sexos)

    Losing Stones, Collecting Bones es el segundo disco de In the Country, trío liderado por el joven pianista y compositor noruego Morten Qvenild. In the Country conjuga diferentes corrientes musicales: jazz, pop, rock, country, gospel, folk, blues y clásica contemporánea. No es el típico trío de piano, bajo y batería aun cuando suscriben en parte a la escuela de Keith Jarrett y su discurso adopta características que lo acercan al pianista de The Bad Plus, Ethan Iverson. Admite sí, ciertas influencias del primer Paul Bley y del músico de free noruego Svein Finneraud tanto como reconoce herencias de músicos provenientes del pop y especialmente de compositores modernos como Morton Feldman y Oliver Messiaen, sobre todo por el uso de los espacios, los silencios y la construcción del sonido. El económico vocabulario utilizado por la banda para comunicar esas referencias musicales, le permite obtener un resultado accesible, detallista y de gran naturalidad expresiva.

    El álbum debut de esta banda (This Was the Peace Of My Heartbeat) motivó críticas favorables que derivaron en la convocatoria del trío a distintos festivales en Europa y los Estados Unidos.
    Morten Qvenild (quien también integra Susanna and the Magical Orchestra, el grupo de prog-jazz Shinning y Damp, es arreglador del cantante de jazz noruego Solveig Slettahjell y miembro de la banda de pop-rock The National Bank) es una de las figuras emergentes de la nueva escena musical de Noruega. Esa escena está llena de nombres ilustres como Roy Ksopp, Jan Garbarek, Ame Nordheim, Mari Boine, Nils Petter Molvaer, Rofl Wallin, Serena Maneesh…
    Nunca un Pérez, un López, un Rodríguez…
    Para ubicarlo en situación, intentaré ilustrarlo con algunos datos demográficos, geopolíticos, históricos y socioeconómicos. En Noruega… eh… hace frío…
    Noruega es un país que… esteeee… es un país.
    Entender en profundidad a los noruegos no es tarea sencilla ya que se empeñan en hablar todo el tiempo en… noruego.
    Olvídese de pedir explicaciones por escrito, ya que tienen dos formas de escritura: el bokmal y el nynorsak.
    El buen olfato de los noruegos para los negocios los llevó a convertirse en los principales exportadores mundiales de bacalao. Fue justamente el olfato lo que motivó sacar al bacalao afuera del país.
    ¿Se imagina? Frío y, encima, olor a bacalao. Bueno…

    No los quiero abrumar con tanta información peeero… un dato sorprendente es que en Noruega cada familia tiene un promedio de 1,78 hijos. Tremenda situación que ha llevado a algunos padres a adoptar un promedio de 0,22 hijos para lograr constituir una familia entera.…
    Siguiendo el hilo de la conversación… peor es el caso de aquellos países que tienen una tasa de natalidad que duplica la tasa de mortalidad. Lo que equivale a decir que una de cada dos personas es inmortal… con el consecuente déficit habitacional. Todo esto es bastante subjetivo, lo que sí tengo claro es que no tener hijos es hereditario. Basta como ejemplo decir que si mi padre no hubiese tenido descendencia, muy difícilmente yo sí lo hubiera logrado…

    Corresponde aclarar que éste no es un curso para recibirse de noruególogo, pero aun así, espero haber sido claro, preciso y sobre todo coherente.
    Frío, olor a bacalao, hijos fraccionados…
    ¡Ma’sí! Como dicen los noruegos: jódansen.
    Y para colmo de esto, el disco se grabo en Esto-colmo.
    Losing Stones, Collecting Bones abre con My Best Friend Is a Dancer. Una melodía delicada sostenida por un piano en el que confluyen el pre-romanticismo alemán y el impresionismo francés. Ese arcaísmo musical combinado con un discurso cargado de lirismo “a lo Jarrett” se traduce en una atmósfera de oscura tranquilidad que reconoce influencias estilísticas de David Monrad Johansen. (¡tomá!).
    Hello Walt actúa como un derivado del tema anterior pero incorporando elementos de The Bad Plus, por su aproximación al pop, y del Esbjorn Svensson Trio por la apropiación de un sutil encuadre jazzístico, eludiendo la dinámica percusiva del primero y evitando el clasicismo explícito de este último. El resultado es difuso y sugerente y sin llegar a ser artificial alcanza una natural sencillez estilística.

    En Ashes to Ashes adoptan características del seter o canciones pastorales típicas de la tradición noruega pero aceptando la herencia de un lenguaje clásico al que la banda alude permanentemente. De hecho, en su disco anterior, ofrecieron una cálida versión de Laschia Ch’io Pianga de Handel. Aquí parecen filtrar esas influencias con un enfoque que los acerca respetuosamente a la música del Wayne Horvitz ‘s Sweeter Than the Day (Zony Mash acústico, para los amigos).

    En la tradición noruega tambien hallamos unas melodías de danza con características concretas para ser cantadas, denominadas Slatt. Ésa es la base del estilo sobre la que se apoya Everyone Live Their Lives. Aquí se incorpora el cantante Stefan Soundtrom para desplegar lo que se asemeja a un tipo de poesía popular monoestrófica con patrones específicos que los noruegos denominan stev. Luego, un coro ensaya un depresivo mantra que repite una y otra vez “todos tienen sus vidas todos se van a morir”. Pero lo cantan con una alegría y convicción tal que uno no ve la hora de obtener su certificado de defunción.
    El oblicuo discurso pianístico en Medicine Waltz se aproxima a Oliver Messiaen como consecuencia del uso sistemático de modos de transposición limitada y la adopción de un lenguaje armónico equidistante tanto del dodecafonismo como del neoclasicismo.
    Take Me Over contiene un cúmulo de influencias derivadas del folk tradicional noruego, en particular por la incorporación de elementos del vals, los reinlenderes y la polka. Incluso de formas más antiguas como el springer, el gangar y el lyarsiatt. Todos esos ritmos están basados en una gran variedad tonal. En efecto, In the Country busca inspiración en grupos folk como Majorstuen, Kvarts, Tindra o Utla.

    En Torch-Fishing se suma al trío el guitarrista Marc Ribot. Un rock-épico que alude vagamente a la prolífica escena rockera escandinava cuyo principal exponente es Turbo Negro (extraño nombre para un país en que la mayoría de los turbos… son rubios). Las delicadas texturas y la deliberada simplicidad de The Bear suscriben, en términos tangenciales, al neo-romanticismo. La cuasi-religiosa melodía inicial de Can I Come Home Now se ve interrumpida por matices que no son extraños a la música pop. Es sabido que las melodías para violín hardanger (instrumento característico del folk noruego) se basan en otras que tuvieron naturaleza religiosa. La posterior incorporación protagónica de guitarra y coro parece confirmar la difusa diferencia en el contexto de la tradición noruega entre música vocal e instrumental. El pop-rock de Kung Fu Boys resultaría propicio para musicalizar un video game. El cierre es con Don’t Walk Another Mile cuya estructura melódica, sus arreglos y la voz de Soundtrom nos remiten inmediatamente al tema de Peter Gabriel Father, Son del álbum Ovo.

    En síntesis: un disco sutil, delicado, mimoso (¿¡mimoso!?), casi femenino. Ideal para dejar aflorar esa mujer que todo hombre lleva adentro. Aprovechemos que en Noruega nadie nos conoce…

    Sergio Piccirilli

    Notas Relacionadas o de Interés:
  • Siguiente: