• James Gavin: Deep In a Dream

    La Larga Noche De Chet Baker
    Editorial Sudamericana

    El debate sobre todos los pensamientos y motivos de Baker se prolongó hasta el infinito. “No creo que él hubiera apreciado nada de toda esta mierda –dijo Ruth Young-. El aura de Chet se ha exagerado mucho. De alguna manera, su falta de personalidad se convirtió en su personalidad. La tromba d’oro y la belleza y todas esas idioteces… Si Chet hubiera tenido la pinta de Mickey Mouse, no tendríamos esta conversación. Él no quería hacer nada, aparte de tocar su trompeta y cantar y, a poder ser, dejar algo que tuviera mérito musical. Se puede apreciar mucha bondad en su esfuerzo. Sentarse aquí a discutir por qué hizo esto y por qué no hizo lo otro, y qué más podría haber hecho… ¿qué es esto? Yo sé lo que él diría: <¿Qué es toda esa palabrería? Todo el mundo comete errores. ¿Es que los míos son mucho peores que los de los demás? ¡Que me dejen en paz!>.
    La mayor parte de la gente no corre riesgos, no busca, no vive. Chet sí… aunque era un mentiroso, un tramposo y un hijo de puta. Hay un montón de personas en Wall Street que se meten en los lavabos y se ponen ciegos con sus trajes de tres piezas, y lo hacen con mucha menos relevancia para todos los aspectos de sus vidas. Es la falta de alma comparada con el alma. Por eso la gente gravitaba hacia él. Había sabiduría espiritual en su trayectoria. Chet era un espíritu libre, lo que significa que estaba en contacto con su espíritu.”
    Y aunque estaba encadenado por su adicción, cuando tocaba escapaba tan dentro de sí mismo que “trascendía, se elevaba a las alturas”, según Lisa Galt Bond.
    Y se llevaba con él a muchos oyentes.

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