• Jessica Lurie Ensemble-Shop of Wild Dreams

    Number Six, I Don’t Care If I Don’t Care, The Usual Things, Gray Ocean, Grinch, Shop of Wild Dreams, Pinjur, Circus Rain, Flying Man, Anthem

    Músicos:
    Jessica Lurie: saxo alto, saxo tenor, flauta, ukelele, acordeón, voz
    Todd Sickafoose: contrabajo
    Allison Miller: batería
    Erik Deutsch: piano, teclados
    Brandon Seabrook: guitarra, banjo
    Elizabeth Puppo-Walker: percusión
    Tina Richardson: saxo barítono

    Zippa Music, 2009

    Calificación: Dame dos

    Cuanto más aptos somos para hacer consciente lo que es inconsciente, más grande es la cantidad de vida que integramos. (Carl Gustav Jung)

    Shop of Wild Dreams fue en origen una propuesta interdisciplinaria que involucró a la compositora y multi-instrumentista Jessica Lurie y a su esposo, el artista visual croata Danijel Zezelj. Esa obra combinaba música en vivo con el ejercicio del arte pictórico en tiempo real. La aspiración estética de ese proyecto era constituir un diálogo interactivo que permitiera contar una historia utilizando formas conocidas, como la música y la pintura, pero manifestadas conjuntamente en un contexto no convencional como el de la improvisación y el automatismo psíquico puro aplicado a la creación artística.
    Un intento formal de expresar emociones sin la intromisión censora de la consciencia pero con una orientación más próxima a la construcción romántica del surrealismo que a la destrucción nihilista del dadaísmo.
    El nuevo álbum de Jessica Lurie, en ciertos aspectos, es una extensión de aquella producción multimedios, ya que no sólo recoge de allí su titulo Shop the Wild Dreams y el arte de la cubierta del compacto es una ilustración de Zezelj, sino que también los sueños y su correspondiente simbología onírica emergen naturalmente en la elaboración de su diseño estético.

    El término sueño designa tanto el acto de dormir como el deseo de hacerlo y también se aplica por extensión al acto de soñar, aun cuando para este último existe la palabra específica ensueño. Sugiero tener en cuenta estos detalles ya que no es lo mismo decir “yo sueño” para expresar nuestras fantasías como durmiente o los anhelos e ilusiones que nos movilizan, que hacerlo para referirnos a la necesidad de dormir. En este caso, expresarse de esa manera sonaría decididamente tarzanesco: “yo sueño, tú despierta.”
    El sueño, en cuanto acto de dormir, es un estado de reposo uniforme del organismo que se caracteriza por los bajos niveles de actividad fisiológica y por una respuesta menor ante los estímulos externos. En cambio, en el estado de vigilia ocurre todo lo contrario; es decir que tenemos un alto nivel de actividad fisiológica como respuesta a los estímulos externos de… una menor. Bueno, uno tampoco le va a andar pidiendo documentos a cada estímulo externo que recibe, ¿no?
    Soñar es un proceso mental involuntario que nos sumerge en una realidad virtual formada por imágenes, sonidos, pensamientos y sensaciones.
    En culturas ancestrales, el sueño tenía un valor profético ya que era concebido como un mensaje cifrado de origen divino; incluso en la Grecia antigua se practicó una forma de interpretación de los sueños llamada oniromancia.
    Sin embargo, en el siglo XX, Sigmund Freud retomaría el tema desde una perspectiva racionalista en su libro Interpretación de los sueños. El trabajo de Freud consideraba que el análisis de los sueños era la vía de acceso al inconsciente y que podía llegarse a él internándose en las zonas marginales del ser humano: la irracionalidad y el sexo.
    Marginales, pero divertidísimas.

    En el campo del psicoanálisis es importante distinguir entre el contenido manifiesto y el contenido latente de los sueños. El primero es la historia tal como el soñante la vive y el segundo es el significado verdadero que el psicoanalista se esfuerza por revelar e interpretar mediante la labor terapéutica.
    Muchas veces se obtienen resultados contradictorios. Por ejemplo, la semana pasada le relate un sueño a mi psicoanalista y se durmió.
    Aquel día tome consciencia de que mi psicoanalista era un inconsciente pero también consideré que, tal vez, a mis sueños les faltaban algunas cosas… Nada del otro mundo: un productor, un director, un montajista, iluminadores, varios actores, efectos especiales, alguna escena de sexo y un final feliz.
    Carl Gustav Jung sostenía que los sueños eran un órgano de información y de comunicación de ideas expresadas dentro de los límites de la simbología onírica. En su abordaje teórico enfatizó la conexión entre la psiquis y sus manifestaciones culturales y concluyó que el hombre accedía a la dinámica inconsciente a través de los símbolos subjetivos manifestados, entre otros aspectos de la vida, en los sueños y en el arte.
    Estos conceptos guardan varios puntos de contacto con Shop of Wild Dreams, ya que previamente a la edición del álbum que nos ocupa, la obra multimedios que le dio origen tuvo su correlato fílmico en un cortometraje experimental dirigido por Aric Mayer estructurado sobre algunos de esos principios esbozados por Jung.

    Jessica Lurie es una artista polifacética. Además de su labor en el campo de las artes interdisciplinarias, es compositora, canta, toca saxo alto y tenor, flauta, clarinete y acordeón. Su ideario creativo se ha manifestado en contextos diversos y abarcando un amplio rango de géneros y estilos. Lurie, además de liderar su propio ensamble, ha sabido expresarse con similar autoridad en proyectos tan disímiles como el Tiptons Sax Quartet, el grupo de música latina La Buya, The Livingdaylights, el recientemente constituido Tunnel Trio y en la banda de música de los Balcanes Sheger.
    En Shop of Wild Dreams confluyen influencias de folk estadounidense, melodías del este europeo, groove, ritmos afro-cubanos, jazz, música klezmer y libre improvisación. Todo esto canalizado a través de una dinámica de fuerte impacto melódico y rítmico propulsada por la empática interacción existente entre los componentes del ensamble. Banda que, por otra parte, integra a una especie de seleccionado de músicos de la nueva generación como Brandon Seabrook, Erik Deutsch, Allison Miller y Todd Sickafoose. Este último ocupa aquí un rol trascendental, ya que no sólo aportó su instrumento y co-produjo el álbum sino que además permite entrever cierta comunión de intereses estéticos existentes entre la actual oferta musical de Lurie y la expresada por Sickafoose en el fantástico Tiny Resistors de 2008.
    Number Six nos sumerge en un mapa sonoro del que, al amparo de un atrapante groove en 5/4, emergen en armonía líneas, texturas y colores provenientes de la música folk estadounidense y el klezmer. Todo tamizado por un nivel de narrativa orquestal asociado al estilo que caracteriza a Ennio Morricone y que, pese a expresarse en un formato instrumental más reducido, no resulta menos eficaz. En ese resultado tienen importancia capital la solidez de la base rítmica que configuran Sickafoose y Miller, los climas que construye Seabrook alternando banjo y guitarra, el refrescante aporte de Deutsch en teclados y el portentoso discurso de Lurie en saxo y flauta.

    I Don’t Care If I Don’t Care nos relata en la voz de Lurie el conflicto entre dos amantes. El concepto de Jung que sugería que el hombre también accede a la dinámica inconsciente a través de la experiencia subjetiva de los dramas psicológicos representados en las relaciones interpersonales y los propósitos internos, le otorga a esta canción otra dimensión. Lurie parece haber encontrado su voz abrevando en las fuentes de la cantante Gillian Welch y su particular combinación de bluegrass y country neo-tradicional, permitiéndose realzar ese marco estructural a través de las luminosas inserciones del piano de Deutsch y la inquieta y creativa guitarra de Seabrook.
    En este álbum interactúan y se entremezclan lo fáctico y lo onírico como parte integral del factor humano. The Usual Things halla fuente de inspiración en el impacto provocado en las pequeñas cosas de la vida cotidiana por la guerra de Irak, mientras que Gray Ocean es una alucinada metáfora de dos personas que, separadas por un inmenso océano, intentan encontrarse a mitad de camino. En otro juego de contrastes entre realidad y fantasía, la teatral expresividad de Circus Rain alude a la tormenta producida en Seattle durante el Hannukkah de 2006 y a las inundaciones de 2005 ocurridas en New Orleans a causa del huracán Katrina. En tanto que Lurie, en Flyng Man, conjuga desde el surrealismo el mito de Ícaro con sus propias sensaciones ante el acto de la creación artística. El ensamble, sin perder consistencia, recorre caminos musicales diversos. Desde una perspectiva vanguardista explora ritmos antillanos en Grinch, ofrece una visión futurista del klezmer en Pinjur y redimensiona los principios del folk en Anthem. Shop the Wild Dreams, bellísimo tema que da título al álbum, actúa como catalizador de todas las influencias musicales y conceptuales apuntadas y es el punto de encuentro ideal entre la búsqueda inicial del artista y la meta alcanzada.
    Los sueños suponen un pasaje a mundos no relacionados directamente con lo real; pero Lurie, confiando en sus sueños, hizo que este trabajo fuese una magnífica realidad.

    Confiad en los sueños porque en ellos se esconde la puerta de la eternidad.
    (Khalil Gibran)

    Sergio Piccirilli

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