• Julio Santillán

    Julio SantillanEl guitarrista, compositor y arreglista Julio Santillán nació en Yerba Buena, provincia de Tucumán, Argentina, y reside en la actualidad en New York, Estados Unidos. En el epicentro de su ideario creativo confluyen la esencia de la música folclórica argentina, el ejercicio de la improvisación que anida en el jazz y el rigor académico de la música clásica.
    Julio Santillán, en su trayectoria, ha manifestado una constante evolución y una permanente búsqueda de nuevos horizontes artísticos; pero siempre conservando un fino equilibrio con sus raíces musicales y su identidad cultural de origen. Esos conceptos se expresan simultáneamente y con similar claridad en su labor como líder y compositor, productor y arreglista, músico de sesión y pedagogo.
    A la fecha tiene editados cuatro álbumes como líder: Desde el Norte de 2001 y Ñann de 2005 junto a Los Changos Trío y Anit Negra de 2003 y El Bosque de la Memoria de 2008, ambos en formato de septeto.
    El bosque de la Memoria, su trabajo más reciente, es una cabal representación de los intereses y la orientación cultural de la obra de Santillán. El álbum incluye un ballet en cinco movimientos, canciones sobre poemas de Jorge Luis Borges y un arreglo sobre un preludio de Bach en ritmo de chacarera, entre otros. Cada disco, de único diseño, fue elaborado a mano por la artista Silvia López Chaves; y el título elegido para el disco rinde tributo al parque homónimo creado a petición de la Asamblea por los Derechos Humanos en memoria de los desaparecidos.

    Tucuman - Yerba BuenaJulio Santillán tiene una sólida formación académica. Estudió guitarra clásica en el Instituto Superior de Música de Tucumán bajo la dirección del maestro Pablo González Jasey y se graduó con honores en Classical Composition y Contemporary Writing and Production en el afamado Berklee College of Boston. También estudio improvisación con el legendario guitarrista Mick Goodrick.
    Además ha grabado más de 30 discos, incluyendo un CD para el libro de Oscar Stagnaro "The Latin Bass Book"; dos álbumes con el Pablo Ablanedo Octet (From Down There de 2001 y Alegría de 2003), cuatro con la cantante colombiana Marta Gómez (Marta Gómez de 2001, Sólo es vivir de 2003, Cantos de agua dulce de 2004 y Entre cada palabra de 2006) y uno con la cantante de tango Katie Viqueira (Amores torcidos de 2007), ganador del Independent Music Award en la categoría de Mejor Álbum de World Music.

    Santillán ha grabado y compartido escenario con músicos de diversos estilos y nacionalidades, tales como Quique Sinesi, Oscar Stagnaro, Livingston Taylor, Raúl Carnota, John Mayer, León Gieco, Diana Krall, Tania Libertad, Bonnie Raitt, Mercedes Sosa, Fer Isella, Mika Pohjola y Pablo Ziegler, entre muchos otros.
    Otro componente sustancial de su labor ha sido su producción como compositor y arreglista de música para documentales y teatro, la edición del libro “Cinco estudios criollos”, el desarrollo de una profusa actividad educativa que incluye tareas como docente en el Manhattan College y el dictado periódico de clínicas alrededor del mundo.
    También ha recibido premios y reconocimientos de la Kunstgegen Foundation 2007 Music for Modern Dance Performence, 2004 Meet the Composer/Van Lier Fellowship, el Louis Armstrong Jazz Award, el Arif Mardin Award, el Ascaplus Award, el Contemporary Writing and Production Achievemente Award y la beca BEST de Berklee.
    Pablo Piccaso dijo alguna vez que “cuando llegue la inspiración me encontrará trabajando”. Frase que, a la luz de lo mencionado anteriormente, parece hecha a medida de Julio Santillán.
    Y si algo faltaba para completar el rompecabezas, era encontrarnos con un tipo humilde, sacrificado, cálido, apasionado y convencido de su identidad.
    Siga leyendo y sabrá por qué, después de la entrevista, salimos convencidos de que al rompecabezas no le faltaba ninguna pieza…

    Quiero que me digas en pocas palabras quién es Julio Santillán. Como si fuera un tarjeta personal del tipo “fulano de tal – electricista, gasista, plomero-presupuestos gratis” (risas). Algo simple pero que llame la atención y que a la vez resulte lo suficientemente descriptivo…

    Julio Santillán – compositor y guitarrista tucumano de Yerba Buena.

    Hablemos de los tiempos en que no tenías tarjeta personal. Tu infancia en Tucumán, tus recuerdos, el descubrimiento de la música, el inicio de un largo viaje…

    Los SantillánEn Tucumán crecí en Yerba Buena, frente al cerro San Javier. Mi casa estaba rodeada de baldíos. Me gustaba salir del colegio e internarme ahí con mis amigos. Hacíamos chozas en los árboles, cabañas subterráneas, cocinábamos con fuego. Llegamos a inventar un deporte similar al béisbol. Pintamos de colores y construimos unos bates cuadrados cortando unos zancos, preparamos una cancha desmalezando y delineándola con cal, fabricamos una pelota de trapo, formamos equipos y hasta organizamos campeonatos en el barrio. No vengo de una familia de músicos, sin embargo a mi mamá le gustaba poner música clásica. Algunos fines de semana, nos levantaba con “Las cuatro estaciones” de Vivaldi. Mi papá toca la guitarra. Lo de él es el folclore. Le gusta el campo (es ingeniero agrónomo), la naturaleza, el asado, el paisaje. Cuando yo le mostré interés, tenía diez años, me empezó a enseñar zambas y luego chacareras. Al poco tiempo comencé a prestar atención a la música que pasaban por la radio. Me atraía el rock. Me puse a aprender canciones de Charly (García), Fito (Páez) y Spinetta con las revistitas “Canta Rock”. Después mis amigos más grandes me acercaron grabaciones de Los Beatles y de ahí al rock sinfónico: Pink Floyd, Genesis, Yes, King Crimson. Armé mi primera banda y comencé a componer.

    Después ingresaste en el Instituto Superior de Música… ¿Sentís que ése fue un paso lógico y natural o una barrera que había que franquear para alcanzar tus sueños?

    Para esa época estaba desistiendo de la idea de ser ingeniero eléctrico o carpintero. Sin embargo, como nadie en mi familia es músico profesional, no se me pasaba por la cabeza dedicarme a la música. Me gustaba mucho y, cuanto más me metía, más preguntas aparecían. Tomé unas clases de piano y después comencé a tomar clases de guitarra clásica con Pablo González. Él me abrió la cabeza. Empecé a ver y a sentir la música de una manera más profunda. Pablo me incentivó para que me inscriba en el Instituto Superior de Música que es el único lugar, junto al conservatorio de la provincia, donde se puede estudiar música académicamente. Lamentablemente no pasé el examen de ingreso. Pero después de rogar, llorar y patalear, me aceptaron. Además de Pablo, que enseñaba en el Instituto, tuve un profesor de composición muy bueno: Daniel Robles.

    La siguiente escala fue en el Berklee College of Music de Boston. Siempre queda bien en el currículo de un músico haber estudiado en Berlklee (y vos te graduaste con honores); pero, sin la pretensión de desmitificar los resultados obtenidos, quiero que nos cuentes cuáles fueron los sacrificios que representó esa experiencia…

    SantillanSí, fue sacrificado… En el ’91 estuve en Estados Unidos como alumno de intercambio. Fui a terminar la secundaria. Ese año decidí que quería dedicarme a la música. Tomada la decisión, apareció el sueño de estudiar en Berklee. Preparé y mandé un demo; me aceptaron, pero mi familia no estaba en condiciones de afrontar los gastos… así que volví a Argentina con la idea de estudiar mucho, ya que no tenía que ir al colegio y presentarme para una beca de Berklee. El momento llegó cinco años después. Habíamos abierto un taller de música popular con unos amigos y uno se enteró que profesores de Berklee iban a dar unas clínicas en Buenos Aires. Pensamos que si asistíamos íbamos a poder cobrar más caras nuestras clases en Tucumán (risas). Yo tenía un concierto importante en un teatro la noche anterior al comienzo de la clínica. Teniendo en cuenta los 1400 km y las 16 horas en ómnibus que nos separan de Buenos Aires, no podía ir. Sin embargo, mi papá juntó unos ahorros y me dio para comprar un pasaje de avión. Cuando llegué a Buenos Aires me enteré de que al otro día había audiciones para becas. ¡Era la oportunidad que había estado esperando por cinco años! Pero cuando leí que había que estar preparados con cierto material y que mis compañeros porteños se venían preparando hacía meses para la ocasión, desistí.
    Cuando le conté a mi mamá, que ya vivía en Buenos Aires, me dijo que de ninguna manera podía dejar pasar esa oportunidad. Yo le expliqué que no estaba preparado y que ni siquiera había traído mi guitarra. Ella insistió y me dijo que conseguiría una guitarra. Le dije que la inscripción se había cerrado. Ella llamó por teléfono, les rogó, lloró y pataleó hasta que le dijeron que, teniendo en cuenta que yo había viajado desde tan lejos, iban a hacer una excepción. Esa noche nos juntamos con mis amigos y “ensayamos” de palabra, sin los instrumentos, lo que íbamos a tocar para la audición. Al otro día apareció la guitarra, toqué y, de las diez becas que entregaron, cuatro fueron para los cinco tucumanos que nos habíamos presentado. Aunque todavía necesitaba juntar plata para el pasaje y la estadía, yo pensaba ingenuamente que, con la beca en mano, iba a tener respaldo del gobierno o de otras instituciones. Obviamente me equivoqué. Tuve que hacer de todo: trabajé como vendedor en una casa de música, vendí fuegos artificiales en la calle, grabé un casete con canciones mías y me fui a venderlo puerta por puerta, hice recitales, vendí todos los equipos que tenía y finalmente, con un crédito que conseguí un año después, junté lo necesario para ir a Boston. Allá tuve dos años de tranquilidad económica que aproveché al máximo estudiando intensamente. Luego, la plata se acabó y de nuevo, tuve que moverme para poder sobrevivir y pagar el crédito. Empecé trabajando en la recepción de uno de los edificios de Berklee, que era lo único legal que podía hacer con mi visa de estudiante; pero no me alcanzaba el sueldo. Luego hice algunos trabajos ilegales como estacionar autos; más adelante, en el verano, comencé a tocar en la calle y con el tiempo fui armando mi carrera musical. Me preguntaste por los sacrificios y mi respuesta se enfocó en eso, pero fue una experiencia maravillosa, llena también de cosas hermosas.

    Notas Relacionadas o de Interés:
  • Siguiente: