• Larry Ochs Sax & Drumming Core: Stone Shift Ochs/Masaoka/Lee: Spiller Alley

    Larry Ochs Sax & Drumming Core: Stone Shift
    Across from Over, Abstraction Rising, Stone Shift (for Kurosawa), Finn Veers from Venus

    Músicos:
    Larry Ochs: saxo tenor, saxo sopranino
    Satoko Fujii: piano, sintetizador
    Natsuki Tamura: trompeta
    Scott Amendola, Donald Robinson: batería

    Rogue Art, 2009

    Calificación: Dame dos

    Ochs/Masaoka/Lee: Spiller Alley
    Nobody Knows, neoNawi, Micro-mirror, Spiller Alley, Last Light

    Músicos:
    Larry Ochs: saxo tenor, saxo sopranino
    Miya Masaoka: koto
    Peggy Lee: cello

    Rogue Art, 2009

    Calificación: Está muy bien

    Cualquiera puede adquirir la técnica, pero el verdadero reto es traer a este mundo un signo de individualidad y de identificación (Max Roach)

    Desde tiempos inmemoriales y en las más diversas culturas, la música ha sido considerada una experiencia integral que conecta al hombre con lo sagrado. Una especie de sortilegio que se manifiesta a través de un lenguaje que no es estrictamente racional pero que contiene un sinnúmero de razones con capacidades suficientes para elevar el espíritu, propulsar un reposicionamiento del individuo en el mundo y expresar emociones a través de una simbología representativa de su época.
    Sin embargo, cada época y cultura tienen una manera particular de vivir las emociones, un modo de construcción distinto e incluso una mecánica diferente para dotarlas de contenido. No debemos olvidar que la música es una realidad viva, una idea en acción, un poderoso alegato en el que adquieren organicidad las fuerzas que emergen de los sentidos más profundos de la existencia humana. Esa fuerza inherente a la dinámica de la creación del arte musical y su relación con las emociones más sublimes, son las fuentes principales del mantenimiento de su vigencia expresiva a lo largo de la historia. El estudio y la formación académica sólo pueden ayudar a comprender, dominar y organizar la sintaxis musical; pero el carácter impredecible de todo desafío creativo y su dependencia de las emociones, hacen que el plano más encumbrado de la música sólo sea alcanzado por quienes, además de tener potestad sobre la técnica, poseen algo importante, profundo y significativo para transmitir.

    En la icónica figura del compositor y saxofonista Lawrence Larry Ochs confluyen esos dos mundos, ya que su obra revela un cabal conocimiento del lenguaje musical pero también evidencia la indelegable necesidad de comunicar creativamente un signo propio de identificación e individualidad.
    Si bien no existe una definición unívoca, podríamos describir la creatividad como el potencial para unir, conectar, juntar, combinar e integrar diferentes ideas ya existentes y previamente no relacionadas entre sí. A través de esa asociación inhabitual, sorpresiva e innovadora, el creativo busca producir nuevas ideas con un propósito en esencia subjetivo que se inserte en un contexto temporal y sociocultural determinado.
    La creatividad no siempre va aparejada con la inteligencia, ya que se puede ser mucho más creativo que inteligente y viceversa. Se lo digo por experiencia: Por ejemplo, yo soy mucho más “viceversa” que la mayoría de la gente.
    La creatividad está mancomunada a la imaginación, debido a que crear es poner de manifiesto aquello que se imagina. De hecho, todo lo que ha logrado construir el hombre fue concebido originariamente por la imaginación, desde los toscos objetos de piedra construidos por el hombre prehistórico a la complejidad de las redes de comunicación virtual diseñadas por los hombres de ciencia contemporáneos. También, según parece, es necesario incorporar en el proceso a la experiencia y el conocimiento. Sin ellos, el ejercicio creativo no lograría progresar, quedándose atascado en el tiempo. Cabe citar a un célebre artista (cuyo nombre no recuerdo en este momento) que no tuvo en cuenta esos detalles y sus creaciones terminaron siendo una infinita colección de… toscos objetos de piedra. No obstante, su ego no le permitió aceptar que el frustrante resultado obtenido obedecía a la falta de conocimientos y experiencias; incluso llegó a formular una serie de bizarras explicaciones que quedaron plasmadas en su famoso libro autobiográfico: “Nadie es Perfecto”.
    ¡Me acordé de su nombre! Se llamaba John Nadie.
    Bueno, como a mí no me importa Nadie, mejor sigamos con Larry Ochs.

    El compositor, improvisador y saxofonista tenor y sopranino Larry Ochs lleva más de tres décadas de vigencia en la escena del jazz de vanguardia y la música creativa. En su extensa trayectoria ha encarnado innumerables ensambles, varios de los cuales conviven simultáneamente en la actualidad. Desde 1978 a la fecha ha integrado, junto a
    Bruce Ackley, Jon Raskin y Steve Adams, el afamado Rova Saxophone Quartet. En 1986 constituyó Room, en compañía de Chris Brown y William Winnat y en 1990 se asoció a Wayne Horvitz en The International Creative Music Orchestra. El amplio rango de los actuales intereses musicales de Ochs se manifiestan en el trío de improvisación colectiva Maybe Monday (con Fred Frith y Miya Masaoka), en la libre improvisación de What We Live junto a Lisle Ellis y Donald Robinson y en la recreación de sinawi coreano desde la perspectiva del free en Kihnoua con Dohee Lee y Scott Amendola. Otros dos proyectos vigentes en el ideario de Ochs son el trío Ochs/Masaoka/Lee y el Larry Ochs Sax and Drumming Core, ambos con sendos nuevos álbumes.

    Larry Ochs Sax and Drumming Core se constituyó en 2000 con un inusual formato de saxo y dos baterías (Donald Robinson y Scott Amendola). Luego de dos álbumes, Neon Truth de 2004 y Up from Under de 2007, el trío adoptó estructura de quinteto al incorporar al trompetista Natsuki Tamura y a Satoko Fujii en piano y sintetizador. Con esa integración la banda editó este año Stone Shift. La médula de los enunciados de este ensayo cooperativo, se funda en una revisión instrumental de ancestrales nociones de la música vocal. Un imaginativo recorrido que, desde la perspectiva urbana contemporánea, nos traslada a las simientes de los cantos de trabajadores rurales en África, Asia y Estados Unidos; recalando en géneros tradicionales como los blues shouters (provenientes de épocas previas al advenimiento del micrófono y la amplificación) o en el género narrativo de la música coreana conocido como pansori (estilo en el que un cantante o sorikkun improvisa una historia acompañado por un percusionista o gosu). Stone Shift profundiza esos conceptos, pero la expansión tímbrica generada por la incorporación de teclados y trompeta dota al proyecto de una infinita gama de permutaciones, variaciones y recursos sonoros. Ochs interpreta que la forma precede a la función y por ello parece organizar los detalles internos de cada pieza, posando la vista en la imagen completa del universo de sonidos y haciendo que la música evolucione naturalmente desde su centro. Este enfoque se manifiesta desde el inicio del compacto con el notable Across from Over, composición inspirada en los blues shouter que oficia como especie de secuela del tema que diera titulo al álbum Up from Under de 2007. Un expresivo solo en saxo tenor sobre el que se entrelazan las baterías de Robinson y Amendola describen los difusos horizontes del blues. Luego, el entramado armónico se completa con la trompeta de Tamura y el sintetizador de Fujii. Siempre he creído que un pianista virtuoso (y Fujii lo es) tocando teclados electrónicos es un desperdicio. Sin embargo, en más de una ocasión me he tenido que tragar mis propias palabras y ésta es una de ellas. Su enfoque hacia el instrumento, además de fascinante, es una elusión sistemática a todo tipo de cliché y eso se manifiesta tanto en la creación de texturas como en los solos. Luego la pieza despliega un neurálgico crescendo con amplios espacios adjudicados a la libre improvisación, para finalmente aquietarse en una re-exposición de la secuencia inicial.

    Abstraction Rising hace honor a su título a través de una línea melódica de carácter abstruso y de gran riqueza visual, adornada por dramáticos acordes en piano, un impactante unísono de saxo tenor y trompeta y el aquelarre rítmico que construye el tándem de baterías.
    Stone Shift (dedicado al gran cineasta japonés Akira Kurosawa) es la primera de las composiciones de Ochs que integran su serie “paisajes sonoros para filmes imaginarios”. De hecho, esta misma banda en escena suele interpretar otra pieza de la serie llamada Wild Red Yellow, inspirada en la obra fílmica de David Cronenberg. En Stone Shift, se apropian con autoridad de la iconografía del cine de Kurosawa, haciendo del ejercicio de la abstracción y la creación de atmósferas una representación cabal de la complejidad de la condición humana. Todo realzado por la sobresaliente intervención de Ochs en sopranino, el amplio dominio de técnicas extendidas a cargo de Tamura y una demoledora exposición de Fujii en sintetizador.
    El álbum concluye con el convincente carácter narrativo de Finn Veers from Venus.

    Spiller Alley, álbum de Ochs/Masaoka/Lee, marca la evolución natural del inusual trío de saxofón, cello y koto japonés que Larry Ochs constituyera en 2000 junto a Miya Masaoka y Jean Jeanrenaud para un concierto en San Francisco. Lo que en principio fue un equilibrado balance de composición e improvisación, fue prosperando hasta ajustarse al actual concepto de “composiciones escritas para improvisadores”. Con su integración primigenia, el trío editó en 2004 el álbum Fly Fly Fly e inició una extensa gira en la que Jeanrenaud fue reemplazada por la cellista canadiense Peggy Lee, quedando así definitivamente conformado el trío Ochs/Masaoka/Lee.
    Desde la apertura del álbum con Nobody Knows, el trío dibuja un caleidoscopio sonoro al conjuro de la libre improvisación, la música de cámara, el blues y música oriental, pero sin llegar en ningún momento a someterse a ninguno de esos rótulos en particular. Una elusión deliberada de los estrictos límites de toda herencia musical que les permite reinventarse a sí mismos y redescubrir la naturaleza de sus instrumentos, dejando en claro que éste es el tipo de obra que sólo puede ser juzgada en sus propios términos o que, al menos, exige desentrañar sus códigos secretos para ser evaluada apropiadamente.

    NeoNawi se afinca en un fértil territorio de timbres, texturas e inflexiones. Mediante el riguroso uso de la técnica, el trío construye una pintura sonora cuya vida parece depender de cada nota. Una explícita connivencia de balance y contraste, una coordinación manifiesta de gestos espontáneos que expresan sensaciones ambivalentes: vulnerabilidad y fortaleza, austeridad y riqueza, perturbación y sosiego.
    Micro-mirror nos permite recordar que el uso de tres instrumentos icónicos (como son el saxo para el jazz, el cello para la música de cámara y el koto para la música japonesa) no significa, al menos en el concepto del trío, sometimiento alguno a ideas preconcebidas o funciones específicas. Esa liberadora postura permite crear un paisaje abstracto en el que se amalgaman la exótica sonoridad del koto de Misaoka, la elegancia del cello de Lee y la controlada tensión del sopranino de Ochs.
    Spiller Alley, con sus 18 minutos de duración, es un viaje a territorios inexplorados en donde no existe el concepto tradicional de la melodía ni se interfiere el silencio sin razones justificadas. Un espacio sonoro en el que los instrumentos se bifurcan y convergen cíclicamente y cuya pacífica coexistencia demanda concentración y atención, tanto de los músicos entre sí como del oyente. Finalmente, Last Light reitera búsquedas e intereses y ratifica la asombrosa capacidad del trío para alcanzar nuevas formas musicales de extraña belleza sin perder un ápice de emotividad y perspicacia.

    Síntesis: Larry Ochs se sumerge a través de su arte en un mundo gobernado por la creatividad extrema pero, además, esa acción es una ineludible invitación a reflexionar en libertad y a actuar en consecuencia.

    Nuestra música debería quitar la frustración, permitir que la gente actúe más libremente, a pensar más libremente (Albert Ayler)

    Sergio Piccirilli

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