• Lou Reed: Yo Sé (Publicado En La Revista Esquire)

    Sé que en la expresión “Dios protege a los tontos y a los borrachos” califico en ambas.
    Sé que hay cosas de las que ni soñaría adjudicarme el menor mérito. La pura suerte, la más estúpida de las suertes: decidir no subir al auto en el último momento, o dar un paso a la izquierda sin saber por qué. Estar en prisión o escribiendo estas líneas depende sólo de eso, en última instancia. Un mal movimiento y chau: eso es la suerte.

    Sé que no soy el padre del rap. Si uno es monótono durante el tiempo suficiente, se hace un nombre. Ahora, el nombre es “rap”. Pero yo nunca pensé en esos términos.

    Sé que no existe un sándwich finito de pastrami. Una vez pedí uno y me contestaron: “No existe algo así”.
    Sé que es deprimente seguir por aquí y que los discos de uno estén fuera de catálogo.

    Lou ReedSé que todo en mis canciones debe ser supuestamente negro, pero hay otra cosa flotando en ellas. Desde la época de la Velvet: un montón de cosas que suenan divertidas. Para mí, al menos. No estaban a la moda, lo que hace que resistan la escucha años después. Muchos años. Era la idea, al menos en parte. A mucha honra.

    Sé que no puedo hacer lo que quiero. Quiero decir: no puedo tener mi propio show en televisión, no puedo dirigir mi película. Pero en mi pequeño mundo nadie me dice qué poner en mis discos.
    Sé que siempre escucho música en mi cabeza.

    La gente me pregunta si guardo todas las cosas que se me ocurren y después, cuando hay que hacer el disco, abro los cajones y listo. Y la verdad es que más de una vez he pensado en hacerlo. Pero no puedo, sencillamente. Escucho palabras que bajan con la corriente, y cada tanto una me queda. Es muy extraño, he aprendido a no tratar de entenderlo siquiera. No es que me haya rendido; simplemente no lo entiendo. Sé que no puedo entenderlo, así estamos.

    Sé que uno dibuja el mismo círculo mil veces, pero quizá le va saliendo un poquito mejor.
    Sé lo escalofriante que es cuando uno yerra en grande, o cuando la solución llega dos años después que salió el disco y uno piensa: “¿Ahora venís?”. Pero, con un poco de suerte, uno después le ve otros errores.

    Sé que hay un montón de canciones
    consideradas estúpidas y nadie concibe que sean mis favoritas. Como “Shooting Star” (del disco Street Hassle), cuyo comienzo con esa guitarra “orquestada” es una de las mejores cosas que hice, y nadie lo notó siquiera.

    Sé que no me molesta un estribillo repetitivo, lo que me molestan son las estrofas repetitivas. Una vez que uno se saca esa idea de la cabeza, el problema –si es que hay un problema– es no hacer cuarenta estrofas. Entonces llega la hora de corregir. Y reescribir. Sé que ése es el secreto. Siempre corrijo, siempre reescribo.

    Sé que no haber leído todas las obras de Shakespeare es deprimente.
    Sé que es así: uno hace el esfuerzo o no lo hace.
    Me encanta el básquet, aunque ya no juego tanto por las rodillas. Conozco cierta gente que a veces me da sus entradas para ver a los Knicks. Y ahí estoy: Spike y Woody y yo. Pero las cámaras no me toman nunca.
    Lo que me gustaría más que nada en el mundo es dejar de fumar. He dejado tantas cosas en mi vida y ésta es la peor. Quizá porque es la última.
    Sé que las leyes son injustas. Sé que hay que tener un buen abogado. Y mantener siempre la mano en la billetera.

    Sé que, si uno es músico, toca. Eso es lo que hace.

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