• Maceo Parker: Con el cartucho lleno

    Jueves 16 de septiembre de 2010 – 21:30 hs.
    Teatro Gran Rex – Buenos Aires

    Los argentinos nos jactamos de ser los inventores de infinidad de elementos; y de la más diversa índole. Nos adjudicamos el dulce de leche, las huellas digitales, el bastón blanco para ciegos, el bypass, el dibujo animado (con “El Apóstol”, 1917), el semáforo para ciegos, el colectivo, el secador de pisos, el Magiclick, la milanesa napolitana, la pelota al cesto, el Siam Di Tella, el Torino, la camilla automática, el alambre de púas, el helicóptero, el Pato (deporte), el alfajor, el sifón (¡¡¡Úuuubedaaa…!!!), la jeringa descartable, la emisora radial, el cine porno (“El Satario”, 1908), la Gran Willy, el tango y el bolígrafo.
    Se me ocurren muchos otros inventos argentos pero es preferible no levantar la perdiz, no sé si me explico… Lo cierto es que estos inventos han solucionado carencias, pero también tenemos varios casos en los que han sido realizados como respuestas a algo ya existente y, en algunos casos, para mejorarlo.
    Ahí tenemos como ejemplo al bolígrafo. No es que no se pudiera escribir ni mucho menos, pero hasta que el húngaro nacionalizado argentino Lazlo Biro, con el aporte de su amigo costurero Juan J. Meyne inventaran la birome, lo que se utilizaba habitualmente era la comúnmete denominada “pluma fuente”, ese elemento que en la escuela primaria fue responsable de manchones, borrones, agujeros, retos y palizas. Recuerdo que las marcas Sheaffer y 303 eran las utilizadas por la gran mayoría. Y que el sello distintivo, la envidia y cierto toque aristocrático eran promovidos por las lujosas Parker, con su cartucho de tinta alargado, diferente, único, inutilizable en cualquier otra lapicera.

    En 1803, el ingeniero inglés Bryan Donkin patentó la primera pluma de acero. En 1829 aparecieron los plumines (también de acero); y la primera pluma estilográfica con depósito de tinta fue patentada en 1884 por un tal Lewis Waterman, un agente de seguros de New York. Cuatro años después, un tal George Stafford Parker se sacó con sus estudiantes de telegrafía, quienes no solamente rompían las plumas sino que además debía reparárselas. Luego de arrojar tres floreros contra una pared y de no darle de comer al gato por dos días, reflexionó. “Hay que hacer algo”, se dijo Mr. Parker. Y se fue a dormir. Pero, entre ovejita y ovejita que estaban meta balar y balar impidiéndole el reparador descanso, tuvo una idea: crear una “pluma superior”. Y nació la empresa Parker. Y sus lapiceras. Signo de distinción, alcurnia, honorabilidad, nobleza, resistencia, perdurabilidad, excelsitud, fineza, delicadeza, ostentación, magnificencia, pompa, exquisitez y excelencia. Bueno… exageramos un poquito, ¿no?
    Puede ser… pero a la hora de firmar un decreto, un pacto, un documento, una sentencia, una invasión, una declaración, un cheque o un autógrafo, personalidades como Conan Doyle, Ronald Reagan, Gorbachov, Eisenhower, Mac Arthur o George Bush (por nombrar solamente a un variopinto abanico de celebridades… en uno u otro sentido…), no utilizaban una humilde Sheaffer, ni una 303, y mucho menos una Perfecta. No señor. Recurrían a la consabida Parker, signo de distinción, etcétera.

    Como decíamos, el crecimiento de la lapicera se chocó con un piquete de proporciones en la segunda mitad del siglo XX ante la irrupción de la birome. Sus inventores incluso se vieron sorprendidos por el éxito, el entusiasmo y la aceptación. Tanto que debieron morderse la lengua… ya que pensaban pedir 300.000 dólares por los derechos como para no entregárselos a nadie. La suma que les fue ofrecida a Biro y Meyne fue de dos millones de dólares.
    Pero dejemos esta historia de invenciones y reemplazos, al menos por el momento (¿momento eterno?). Porque a fuer de ser sinceros, esto surgió a partir del apellido de un saxofonista que se presentó en el Teatro Gran Rex el jueves 16 de septiembre de 2010, a quien se denomina “el padre del Funk y del Soul”, nacido en Carolina del Norte el 14 de febrero de 1943, por lo que cuenta con 67 años y cuyo nombre es MaceoParker, mítico integrante de Parliament Funkadelic y de los JB’s Horns, la sección de bronces que acompañara durante muchos años a James Brown que completaban Pee Wee Ellis en saxo tenor y Fred Wesley en trombón.

    A casi cuatro años de su anterior visita (octubre de 2006), la excusa en esta ocasión era la supuesta presentación de Roots & Grooves. Pero habida cuenta de que el álbum es de 2007, intuíamos que el repertorio no estaría basado exclusivamente en el mismo…
    El noneto, integrado por Jamal Jerome Thomas (batería), Rodney Curtis (bajo eléctrico), Bruno Speight (guitarra eléctrica), William Boulware (teclados), Gregory Boyer (trombón), William Hogans (trompeta), Corey Parker y Carolyn Hall (voces) y el propio Maceo Parker en saxo alto, era casi el mismo que el de 2006, con la excepción del trompetista William Hogans y de la cantante Carolyn Hall, quienes ocuparon los lugares dejados por Ron Tooley y Martha High.

    A las 21:45 hs. la banda, sin los bronces y liderada por el tecladista William Boulware, inicia el concierto de la misma manera que en 2006 con A Funky Fiesta. La presentadora  y manager Natasha Maddison ingresa para ir anunciando a los músicos faltantes (¿en un claro ejemplo de discriminación instrumental?); cuando le toca el turno a Maceo Parker, la gente lo ovaciona reverencialmente aunque el tema finalice sin que el saxofonista toque una sola nota. Pero en Off the Hook decide ponerse al día haciendo lo que mejor sabe (clichés incluidos). Incluso rappea brevemente y amaga con unos pasitos de baile que lo muestran en buena forma a sus 67 años. El iluminador amenaza con que la noche se nos haga difícil encendiendo hacia la platea unos focos demoledores no aptos para fotofóbicos y, por momentos, dejando al escenario a oscuras para sorpresa de propios, extraños y aledaños. En medio de la ceguera, auditivamente intuimos que el trombonista Gregory Boyer parece estar en “su” noche.

    El clásico Make it Funky aporta un buen segmento de la trilogía broncera y deja algunas sensaciones: que esta noche, a diferencia de cuatro años atrás donde deslumbró, al baterista Jamal Jerome Thomas parece faltarle una horneada. Y al tecladista, dos. Mientras tanto, el guitarrista Bruno Speight parece agazapado esperando tímida y rítmicamente su momento. Luego de un solo impecable del trombonista y de una buena intervención de William Hogans con su trompeta asordinada, se cuelan sutilmente unos compases de It’s Too Funky in Here bien insertados y que nos recuerdan recomendarles el que para este escriba es una joya de James Brown, el imbatible Hot on the One, en vivo en Tokyo (1980). Irresistible de principio a fin, haciendo caso omiso de las baladas (poquitas) con las que tengo serios inconvenientes, sepa comprender.

    Y de pronto, el baterista que parece haber tomado Molykote para un hard funk comandado (obvio) por Parker y con un incendiario solo del guitarrista Bruno Speight que venía pidiendo pista desde hacía rato. Un gran momento que incluyó una petite coreografía a cargo de Parker, Boyer y Hogans y una suerte de mini reprise del tema como para que el disfrute fuera aún mayor. A continuación, otra marca registrada de Maceo: una notable y extensísima versión de Gimme Some More (con inserts de Papa Don’t Take No Mess, de James Brown), con el saxofonista mostrando sus cualidades (no demasiadas) en flauta y otro atractivo solo de William Hogans en trompeta.

    A la hora exacta de concierto llegó lo que temíamos: el segmento de los lentos. Que afortunadamente incluyó solamente a la almibarada My Love (de Paul McCartney) con los correspondientes y previsibles solos de saxo alto, trombón y trompeta. En ese orden. Y con la almohada cerca, por las dudas.
    Y salimos del piquete marca somnífero con la enérgica Uptown Up. Muy buen arreglo, vigorosas intervenciones de Gregory Boyer y William Hogans y el liderazgo vocal de Corey Parker mostrando que sus bondades no son escasas. Algo que quedaría manifestado también en What You Know About Love? Pero cómo dejar de lado la remozada y contagiosa versión de (Gonna Have A) Funky Good Time y que el cierre fuera un solo de batería…

    Para los bises, Maceo Parker, con lentes oscuros e imitando a Ray Charles, lo homenajea con You Don’t Know Me, acompañado solamente por el tecladista William Boulware. Pero la furia atacó de nuevo en el resto de los bises que regalaron, entre otras cosas, un mayor protagonismo del bajista Rodney Curtis, el avance del público hacia el borde del escenario, infinitas referencias por parte de Parker al amor (como en toda la noche), más clásicos como Pass the Peas, Soul Power y (a pedido de la audiencia) Everything You’ve Got.

    Fue un concierto más corto que el de cuatro años atrás. Éste apenas duró 135 minutos, a diferencia de los 195 de 2006. No obstante, esto no implica que el saxofonista se haya mostrado disminuido, avejentado, cansado o fuera de forma. Para nada. Bien acompañado en especial por el trombonista Gregory Boyer y el trompetista William Hogans, la agradable sorpresa que resultó ser Corey Parker y el correcto acompañamiento de los demás, Maceo Parker demostró que posee unos cuantos cartuchos en su haber.
    Y que en medio de tanto músico tan pasatista, banal y advenedizo, tiene tinta para rato.
    Como una buena Parker.

    Marcelo Morales

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