• María Volonté

    ¿Usted cree en los signos?
    No… no me refiero a los de puntuación; a los zodiacales.
    Yo… tampoco. Pero los leo. En realidad sí creo en las características, no en las predicciones diarias de Horangel.
    ¿Y con el horóscopo chino… cómo se lleva, ah?
    Yo, como lo conozco menos, le creo más.
    María Cristina Pasquinelli es sagitariana y, en el horóscopo chino, cabra.
    Nació en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires. Su padre, que de joven se la pasaba actuando, recitando y cantando en cines, teatros y cabarets, renunció a las tablas al casarse; pero volcó en sus hijas (¡seis!) sus inclinaciones. Desde niña, María y sus hermanas vivieron rodeadas de óleos, témperas, disfraces, discos, libros y un largo etcétera.
    Pero ni se les ocurra hacer algo fuera de casa.
    María se casó con el periodista Timo Zorraquín, quien además la impulsó a sacarlo todo afuera. Y María lo hizo. Y decidió utilizar el apellido de su madre.
    Así “nació” María Volonté.
    Que en sus comienzos tuvo sus escarceos con el rock; María Volonté y Obelix contaba en sus filas con un jovencísimo baterista que se hacía llamar Javier Malosetti. Sí, el mismo.
    Reuniones, contactos, fiestas, intentos, búsquedas… eso: búsquedas. Muchas.
    Y encuentros.

    Esta impactante morocha argentina (visual y artísticamente), luego de transitar plazas, bares, centros culturales y muchas calles, debuta discográficamente en 1996 con Tango y otras pasiones. Y no le fue mal, ya que el diario La Nación lo sindica como uno de los 100 mejores discos de tango de la historia.
    Cornisas del corazón (1999), grabado en vivo en el Café Tortoni (donde la Volonté se presentó todos los jueves durante muchos años) fue su segundo álbum. Fuimos (2003), en compañía del pianista Horacio Larumbe, la hizo merecedora del Premio Gardel 2004 al Mejor Álbum de Tango y fue nominado para el Grammy Latino. En el 2004 edita Tangos, una colección de clásicos de su repertorio, que fuera nominado al Premio Gardel 2005. Y Yo soy María, del 2005 y también nominado al Premio Gardel, la encuentra fusionando el tango con el jazz y la bossa nova.

    A lo largo de su carrera, María Volonté ha compartido escenarios con una cantidad de músicos que impresiona por su cantidad y diversidad: Horacio Larumbe, Javier Malosetti, Ariel Prat, Walter Ríos, Pascual Mamone, Abel Rogantini, Facundo Bergalli, César Angeleri, Néstor Marconi, Oscar Giunta, Esteban Morgado, Daniel Maza, Larry Vuckovich, Pedro Giraudo, Darío Eskenazi, Gerardo Gandini, Tangoloco (el quinteto de tango-fusión de Daniel García) y la Orquesta Juan de Dios Filiberto.
    También ha realizado numerosas presentaciones junto con Chico Novarro.
    Además de sus actuaciones en la Argentina toda, María se ha presentado en Europa, América Latina y en los Estados Unidos. En Munich protagonizó la ópera “María de Buenos Aires” compuesta por Ástor Piazzolla. Ha cantado con gran éxito en Londres, Zurich, Viena, Belgrado y en el Helsinki Festival. En los Estados Unidos cantó en el famoso club de jazz Yoshi’s, en California, mientras que en Buenos Aires fue telonera del pianista Brad Mehldau.

    Ya en el 2007, estrenó María Volonté: Intima, un show solista con sucesivas actuaciones en Estados Unidos y que presentara con singular éxito en el Maipo Club durante todo el mes de septiembre.

    Y acaba de editar su sexto álbum, Sudestada, por el sello Acqua Records. Con producción de Raúl Carnota, el disco ofrece algunos clásicos del tango junto con La flor de la canela, de Chabuca Granda, y cuatro composiciones propias, algunas de ellas ya clásicos en sus conciertos como Parte del juego y la tremenda chacarera Sauce grande. La acompañan en el CD el pianista, compositor y arreglador Popi Spatocco,, el guitarrista Lucho González, el percusionista Martín González, el bandoneonista Walter Ríos, el bajista Daniel Maza, el cantante Roberto “Caracol” Paviotti, el armoniquista Franco Luciani, el flautista Ruben “Mono” Izarrualde, un cuarteto de cuerdas y el mencionado Raúl Carnota en guitarra y bombo legüero.

    Veamos qué se dice de Sagitario: “es uno de los signos más positivos del zodiaco. Son versátiles y les encanta la aventura y lo desconocido. Tienen la mente abierta a nuevas ideas y experiencias y mantienen una actitud optimista incluso cuando las cosas se les ponen difíciles. Son fiables, honestos, buenos, alegres, fieles y sinceros y dispuestos a luchar por buenas causas cueste lo que cueste. Son capaces de sacrificarse para realizar un objetivo. Esto hace que a veces sean demasiado exigentes con los demás”.
    ¿Y de la Cabra? A ver: “es el signo más femenino del zodiaco chino. Es honrada y sincera, de modales retraídos e incluso tímida. Sus tendencias artísticas, su elegancia y capacidad creativa son los aspectos más positivos. Su aspecto exterior es tranquilo pero interiormente es muy firme y decidida. Es tan sensible a la armonía y a la belleza que sus estados de animo dependen en gran medida de su ambiente”

    Bueno… luego de haber estado unas dos horas conversando intensamente con la Volonté podemos decir que, en algún punto, todo lo mencionado se trasluce en la nota. Y también en cualquier mano a mano circunstancial. Y, en el escenario, ni hablar.
    Porque María Volonté es más María que nunca arriba de las tablas.
    Y la experiencia no sólo es fascinante para los eventuales espectadores, sino para ella misma.
    ¿Cómo escapar entonces a sus propias sensaciones de un ciclo de conciertos que finalizó el día anterior a esta charla?
    María Volonté, damos fe, ha sido paciente y harto generosa con nosotros. Y de sus bondades artísticas y humanas podríamos hablar un rato largo; pero compruébenlo ustedes y, cuando actúe, ya saben lo que hay que hacer.

    Cada martes fue distinto. Porque el primer día cayeron Daniel Maza, Caracol, Carnota, Franco Luciani… y después, cada martes, fue distinto. Vino Lucho González, mi hija subió a cantar y en la última función vino Walter Ríos, que tiene un gran humor a pesar de ese gesto adusto y de verdad que hacía años que no la pasaba tan bien arriba de un escenario. Supongo que tiene que ver con que yo hoy estoy más conectada con las cosas que me importan. Y que eso se nota. Hacer este disco fue mortal, haber laburado con Carnota fue otra historia…

    ¿Por qué Carnota?

    Yo lo admiro mucho como artista, pero la verdad que como productor me encanta. Me morí con el primer disco que hizo Caracol; porque luego de haberlo conocido más (refiriéndose a Caracol) caí en la cuenta de que Carnota había sacado lo mejor de él. Es un disco en el que cada cosa transmite una sensación de equilibrio aunque el arreglo sea sencillo o elaborado; se llegó al corazón de cada canción y ahí estuvo Carnota para sacar lo mejor del intérprete. Y por el repertorio que quería grabar ahora, pensé que Raúl (Carnota) era ideal. Aunque igualmente, a la hora de grabar, siempre está el salto al vacío.

    ¿Muta mucho la idea original con respecto al trabajo terminado?

    (Piensa) No… creo que no… porque cuando uno tira las ideas, las pautas… en realidad es al revés; lo más difícil es cómo acercarse a esa idea original y en todo caso la mutación fue lo más interesante, porque fue para mejor, para acercarse más a esa idea. A ver… porque la idea estaba en los dos, porque yo tenía un repertorio ecléctico y lo que quería era homogeneizarlo. Por eso necesitaba la mirada de otro. Lo que me pasa como intérprete es que estoy atenta a lo que pasa “del otro lado”. Difícilmente me suba al escenario con una idea férrea e inamovible. No… lo que me interesa simplemente es ser genuina y verdadera y para que eso pase, yo tengo que estar seducida, afectada, sorprendida, enamorada de lo que está pasando musicalmente. Por ahí puede ser algo que me surge en el momento o algún arreglo… por ejemplo… en el disco grabé Naranjo en flor. Y Popi (Spatocco) propuso un cuarteto de cuerdas y me pareció perfecto… porque nunca la había cantado en ese formato. Pero ojo, porque además de ser diferente tiene que ser buena y que provoque algo en el oyente. Si eso no ocurre, no sirve de nada. También juegan el misterio y la magia en todo esto. Volviendo a tu pregunta, el resultado final no dista mucho del origen; es lo suficientemente diferente como para sentir eso de “la primera vez”. Este ejercicio de la libertad me impulsó a volver a tocar la guitarra sobre un escenario o el cajón… sí… hubo como una incitación al cambio, pero no de ésos en los que después no te reconocés, sino todo lo contrario (piensa) La verdad que lo del disco salió todo tan redondito, con tanto cuidado, fluidez… y con gente a la que me une un gran afecto. Tal vez tenga que ver también que, con los años, uno se libera más y se anima a ser lo que verdaderamente es. Y cuando la devolución es generosa, hay que celebrarlo, porque es difícil sostener esas apuestas artísticas. Y son años de lucha… y creo que hoy estoy tan contenta por el hecho de haber apostado a “otra cosa” y que la vida me está recompensando. Esperemos que dure (sonríe).

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