• Mariano Otero Orquesta: Hay Equipo

    Notorious – Buenos Aires
    Jueves 27 de abril de 2006 – 22:00 hs.
     

    Mariano OteroMariano Otero es un músico joven pero con mucha experiencia; talentoso, inquieto y curioso.
    Luego de dos discos como solista decidió darle forma a una orquesta, convocando para ello a parte de la créme de la créme de la escena jazzística local. Y le dijeron que sí.

    A las 22:20 hs. suben los 13 músicos al escenario. Pepi Taveira en batería, Otero al contrabajo, Miguel Tarzia en guitarra, Francisco Lo Vuolo en piano, Enrique Norris en corneta, Juan Cruz de Urquiza y Mariano Loiácono en trompetas, Juan Canosa en trombón, Pablo Puntoriero en saxo barítono y flauta, Ramiro Flores y Mario Serra en saxo tenor y Rodrigo Domínguez en alto y soprano y Carlos Lastra en tenor y soprano.

    La mayoría son líderes de sus propios proyectos y muchos poseen discos como solistas. La expectativa creada en el ambiente local es enorme. De ahí a que es habitual ver a muchos músicos entre los espectadores y con la sensación de querer subir a tocar.

    Los caños comienzan a entregarse notas, de a una, cual ejercicio Frippeano. Norris y Canosa intentan una mini fanfarria. Se produce un desbande sonoro; Otero intenta “ordenar” a los caños y el combo explota.

    Estamos en Mingusiana. La base de piano, contrabajo y batería es monolítica y le permite a Norris brillar. Los arreglos son complejos, la banda acelera, se vira a un straight ahead y Lastra hace de las suyas en el tenor acompañado sólo por Otero / Taveira. Mientras tanto, Lo Vuolo sale despedido a hablar con el sonidista (Federico Zypce, mago de las perillas que logra que se escuche todo); Loiácono hace reír a sus compañeros de sección.

    Atacan todos de nuevo. Mini solo de Taveira que preanuncia el final.
    Minga.
    El Pepi arremete con un aire latino y los demás se suman. El trombón y las trompetas asordinadas brindan otra coloratura y ahora sí, el explosivo final.
    Fueron 14 minutos.

    No hay que ser un genio para deducir que el tema está dedicado a Charles Mingus. Y que por supuesto hay cosas que lo emparentan. Pero me permito decir que el combo suena también “a otras cosas”. Ya volveremos sobre el tema.

    Para Flow (tema de Otero arreglado por Loiácono), Puntoriero toma una flauta y Lastra y Domínguez se pasan al soprano.

    Hay calma y un terreno más transitado y lógico. El contrabajista pareciera estar haciendo “sombra” con su instrumento, como si estuviera de boxing. Se plantea una lucha desigual: el soprano de Domínguez frente al TDG (Trío De Guerrilleros): Taveira – Otero – Lo Vuolo. Ya no hay tanta calma. Hay un exquisito dueto entre Tarzia y Urquiza que se conocen bien (ambos integran el cuarteto del trompetista). Urquiza se olvida de que no está físicamente al 100% y provoca el asentimiento severo de Norris y muecas de asombro en Loiácono. Otero sigue danzando con esa chica ancha de caderas que se llama contrabajo. Se vuelve a la calma inicial y se acaba. Otros 14 minutos.


    El contrabajista toma el micrófono, presenta a los músicos, no sin humor. Se lo siente cómodo como maestro de ceremonias. Se muestra orgulloso, feliz y agradecido.

    El tercer tema es Nudos, que comienza con una suerte de fanfarria fanfarrona (si se me permite), hay un amago de blues que se aborta rápidamente y pica en punta Flores para una correcta intervención. Taveira se acuerda de su afición por la música del África, Otero juega y Lo Vuolo lucha contra un piano que no brinda demasiadas garantías. Al pianista le lleva un par de compases entender que es lo que hay y actúa en consecuencia. Los caños atacan pero Francisco sigue en su mundo. Una vez que enderezó el auto, déjenlo manejar. Tarzia amaga; los caños se prestan la pelota; hacen jueguito, alguna rabona y hasta algún foul táctico. Norris clarifica el juego a pesar de sacarse los lentes en pleno solo. Tarzia la pide por derecha y por izquierda. Sigue jugando para el equipo.

    El tema se introduce en un terreno previsible y cómodo, pero no hay que descuidarse. Hay jugadores que te definen el partido. Final del primer tiempo.
    Fueron 45 minutos exactos, sin descuento.

    Comentario del entretiempo: la propuesta es atrapante y seductora. El equipo sabe a lo que juega. Y cuando se producen algunos baches en el funcionamiento, insistimos, no hay que descuidarse: las individualidades tienen peso propio y las sorpresas están latentes.

    Segundo tiempo. Holanda no está dedicado al país de los tulipanes sino a Dave Holland. Mueve Otero con un solo despiadado. El sonido me hace acordar a Rob Wasserman. Pone cara de enojado. Gesticula. Busca un riff con el cuchillo entre los dientes. Lo encuentra. Se suman los caños. Es una de tiros. No me suena mucho a Holland; más bien a un arreglo de James Taylor (el organista, no el cantante de Hombre trabajador). Taveira entra a destiempo provocando la hilaridad en varios de sus compañeros pero encauza rápidamente la cuestión.

    Rodrigo Domínguez mete un correcto solo y la base me suena a algo… bien podría ser el Jean Pierre de Miles Davis. Las trompetas y el trombón (un trombón más… tal vez…) siguen siendo un medio campo combativo que, además, distribuye bien el juego. Tarzia sigue sin aparecer, pero viste cómo son los goleadores, Walter Nelson dixit.


    Sobrevuela más que nunca un aire Zappiano. Queda claro que hay un fuerte espíritu rocker en Otero que no se encarga de disimular.

    Y el guitarrista que por fin ataca cual Frisell rejuvenecido pero con la furia de un penal no sancionado. No importó. Fue gol igual.
    Al festejo se suman todos; la tribuna hace la ola.
    Trece minutos plenamente justificados.

    Hacia un lugar (composición de Tarzia, premiado después del gol) brinda una compleja obertura. Vuelve la calma y los terrenos transitados; parece que estuvieran defendiendo el resultado (¿por eso Otero agarró el arco en la intro?). Con buenas armas, pero no mucho más que eso.

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