• Mauger: El poder de la oposición

    Winfred Smith Hall – Irvine, California (USA)
    Miércoles 17 de Febrero de 2010 – 19:00 hs.

    Mauger es un trío integrado por el saxo alto Rudresh Mahanthappa, el contrabajista Mark Dresser y el baterista Gerry Hemingway; su propuesta suscribe a los parámetros del jazz pero privilegiando los principios inmanentes a la música improvisada por sobre la lógica que emerge del material escrito. Dresser y Hemingway, quienes compartieran escena en el Anthony Braxton Quartet por más de una década, tienen vasta experiencia idiomática en el campo de la libre improvisación. Esos conocimientos se materializaron en innumerables proyectos a través de los años, lo que les ha permitido posicionarse como dos de las figuras más representativas, respetadas y vigentes de la música creativa.
    Gerry Hemingway, en la actualidad, pasea su erudición en WHO trio, en el Sylvie Courvoisier / Mark Feldman Quartet, en sendos dúos con el saxofonista John Butcher y el guitarrista Terrence MacManus o en el legendario trío BassDrumBone; Mark Dresser, por su parte, es figura capital del Trio M (con Myra Melford y Matt Wilson) y del Satoko Fujii Four (junto a Satoko Fujii, Natsuki Tamura y Jim Black).
    En tanto, Rudresh Mahanthappa, a la luz de proyectos como Indo-Pak Coalition, Rudresh Mahanthappa Quartet, Dakshina Ensemble y su sociedad con Vijay Iyer expresada en el dúo Raw Materials y en el Vijay Iyer Quartet, se ha erigido en una de las grandes revelaciones de la escena musical del nuevo milenio.

    En el ejercicio de la interacción musical, las cualidades individuales, el talento y la experiencia no siempre garantizan la creación de una entidad superadora a las partes. Sin embargo, en el caso de Mauger y su elogiado álbum debut The Beautiful Enabler de 2009, el producto obtenido no sólo estuvo a la altura de las expectativas sino que además evidenció la química musical subyacente en la ejecución de su enunciado colectivo.
    El nombre del trío encierra un mensaje encriptado que oficia como declaración de principios de los intereses que representa este proyecto, ya que usando en orden aleatorio las dos primeras letras de los nombres de sus integrantes conformaron la palabra Mauger. Término en inglés cuyo equivalente en castellano significa “en oposición a”, “opuesto a” o “a pesar de”
    Esto nos conduce a preguntar: ¿A qué se opone Mauger?

    En el contexto de un mundo signado por la mundialización cultural y la globalización económica y tecnológica, en donde las industrias culturales siguiendo la lógica del consumo ofertan una “gran variedad de lo mismo”, pensar en la sublimación del arte en cualquiera de sus formas puede ser un esfuerzo contra natura. Sin embargo, esa pulsión crítica que emana de los artistas, la defensa de su libertad creativa y la búsqueda de la originalidad, se constituyen en la más fuerte oposición a un sistema que tiende, por su propia inercia de poder y dominio, a la banalidad estética y a impedir que el arte abra nuevas fronteras generando reacciones en cadena entre el resto de los actores protagónicos de la sociedad.
    Sin mayores esfuerzos podemos deducir a qué se opone Mauger desde la perspectiva de su imaginario creativo o a pesar de qué cosas se empeña en buscar a través del arte un signo de auténtica individualidad que haga de contrapeso a la estandarización de la estética.

    Por supuesto, no hablamos de reemplazar un orden establecido por otro supuestamente mejor; ni se pretende que las variables de Wall Street, en lugar de regirse por el Dow Jones o el Nasdaq, lo hagan de acuerdo al valor de la cotización de The Shape of Jazz to Come de Ornette Coleman o el Trebuchet de Marcel Duchamp o un monoprint de Andy Warhol. Tampoco procuramos que el sistema nos habilite a pagar nuestras deudas silbando So What de Miles Davis o tarareando Metamorphosis de John Cage. De hecho, lo intenté una vez y terminé tarareando en un neuropsiquiátrico; y si bien es cierto que los otros internos me ayudaron a ampliar mi repertorio, le puedo asegurar que eso no logró conmover a ninguno de mis acreedores.
    Pensar de esa manera nos puede conducir a vivir pequeñas decepciones, tal como le ocurrió a un amigo que quiso seducir a una conejita de Playboy explicándole las simbologías contenidas en Solaris de Tarkovsky y leyéndole el Antrophos de E.E. Cummings, sin tener en cuenta que, según las leyes de mercado, las chicas que ostentan un categórico 90/60/90 también suelen preferir hombres con medidas perfectas, o sea: 80/02/80 (ochenta años, dos infartos, ochenta millones en su cuenta bancaria).
    En todo caso, la real pretensión es recuperar la vieja ambición vanguardista de acercar el arte a la vida a través de diferentes formas de participación social que involucren una cadena de instancias en donde los extremos de la creación de la obra, y su consecuente exposición, estén integrados en un espacio común. Un buen ejemplo del concepto mencionado fue la presentación de Mauger llevada a cabo en el Winfred Hall, con entrada libre y gratuita, bajo auspicio de la Universidad de Irvine, California.

    La apertura del concierto se produce con Accupa, composición de Gerry Hemingway que da inicio al álbum The Beautiful Enabler. Un vibrante alegato post-hard bop en el que se entrelazan intensidades en contraste, oblicuas texturas y devastadoras armonías para integrar en un mismo plano la tradición mas rancia del free jazz con la impronta sonora del vanguardismo arraigado a la escena del downtown neoyorquino. En la plástica del trío la distribución de espacios asignados a los solos, más que obedecer o limitarse a principios democráticos, parece ajustarse a las necesidades del momento, lo cual se traduce aquí en impecables intervenciones de Dresser y Hemingway intercaladas con dos vigorosos solos a cargo de Rudresh Mahanthappa y una catarsis colectiva final próxima al éxtasis. Flac, pieza cuya autoría corresponde a Mark Dresser, nos ofrece un respiro auditivo mediante el accesible lirismo de una agridulce línea melódica en la que abundan las sutilezas ejecutivas. Mientras Mahanthappa asume la voz principal sin recurrir a la explicitez del solo, Hemingway envuelve los perímetros de la melodía con encomiable precisión y agudeza, en tanto que el magistral pizzicato del contrabajo de Dresser le otorga al esqueleto armónico cuerpo y presencia. La autoridad interpretativa y la amplitud de vocabularios y estilos, les permite cruzar con envidiable soltura las fronteras que delimitan composición e improvisación, tornando casi imposible establecer en donde empieza o termina cada una de ellas. De todas maneras, a la luz de los resultados, ese dato resulta irrelevante.

    En la pieza de Rudresh Mahanthappa I’ll See You When I Get There, hallamos un entramado oscuro y amenazador con súbitos cambios de tempo, laberínticas turbulencias armónicas y rastros inequívocos de la comunión entre el exotismo de la música carnática y la lógica matemática que suelen identificar a sus composiciones. Todo realzado por un catedrático uso del arco en el contrabajo por parte de Mark Dresser y la infinita inventiva que despliega la batería de Gerry Hemingway.
    El cierre será con Meddle Music. Una inquietante composición colectiva gobernada por los principios rectores de la libre improvisación que oficia como recordatorio de los motivos que llevaron al trío a adoptar el contestatario nombre de Mauger como expresión de protesta u oposición.
    Esa protesta, en la paradójica complejidad del arte, nos obliga a creer que hay alternativas superadoras a un sistema que promueve una cultura de hojalata, cuya única función aparente es ayudar al hombre a estar entretenido o matar el tiempo. Esas alternativas sólo aparecen cuando se tiene, como en Mauger, la valentía para construir el poder de la oposición.

    Sergio Piccirilli

    Nota: Se agradece el aporte fotográfico de M. J. Riedes

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