• Miles Davis – Quincy Troupe: Miles, la autobiografía

    (Ediciones B)

    En 1960 estaban ocurriendo muchas cosas, entre ellas la presencia en Nueva York de un nuevo saxo alto negro llamado Ornette Coleman que ponía cabeza abajo el mundo del jazz. Fue aparecer y jodió a todos. Al poco tiempo no podías encontrar un asiento libre en el Five Spot, donde cada noche actuaba con Don Cherry, quien tocaba con una trompeta de bolsillo, de plástico (Ornette tenía también un saxo alto de plástico, según creo); con Charlie Haden al bajo y Billy Higgins a la batería. Interpretaban la música en un estilo que la gente llamaba "jazz libre" o "de vanguardia" o "nuevo", o lo que fuera. Muchas de las "estrellas" que venían a oírme, como Dorothy Kilgallen y Leonard Bernstein (quien, según me dijeron, una noche se levantó de un salto y exclamó: "¡Esto es lo más grande que le haya ocurrido al jazz!"), iban ahora a escuchar a Ornette. El grupo de éste actuó en el Five Spot durante cinco o seis meses, y cuando estaba en la ciudad yo solía ir a verificar cómo funcionaban, e incluso toqué con ellos un par de veces.
    Yo podía tocar con cualquiera y en cualquier estilo (si tú tocas de un determinado modo, allí voy yo), porque a aquellas alturas ya había aprendido todos los estilos de trompeta. Lo que Don Cherry hacía era sólo un estilo más. Pero Ornette, en aquella época, podía tocar de una manera, y basta. Lo vi claro después de escucharles unas cuantas veces, de modo que me añadí al grupo y toqué lo que tocaban. He olvidado el título de la pieza que interpretamos juntos en aquella ocasión, pero se trataba solamente de un cierto tiempo. Don me pidió que tocara, y lo hice. Don me apreciaba mucho y era un gran tipo.

    Pero Ornette, macho, es de la raza de los celosos. Tiene celos de los otros músicos. Siendo un saxofonista, que por las buenas cogiese una trompeta o un violín y creyese que podía tocarlos sin el debido aprendizaje es una falta de respeto a las personas que los tocan bien. Y luego pontificar sobre aquellos instrumentos sin tener ni puñetera idea de lo que decía, eso no era prudente. Ya sabes, de todos modos, que la música no es más que sonido. El violín es un buen instrumento y supongo que uno puede salir bien librado tocándolo como relleno en determinados lugares, si realmente no lo sabes tocar. No hablo de solos ni de nada parecido, sino de soltar unas pocas notas acá y allá. Pero si no sabes tocarla, la trompeta suena horrible. Las personas que saben tocarlas son capaces de hacerlo incluso con el instrumento obstruido. Mientras que toques acorde con el ritmo, incluso con una trompeta completamente jodida, si cuadra, puedes hacerlo. Te basta con tocar un estilo. Si tocas una balada, tocas una balada. Pero Ornette era incapaz de hacer esto con una trompeta porque no sabía nada del instrumento. A pesar de todo, Ornette es sensato; sólo me gustaría que no fuera tan celoso.

    Ornette y Don me gustaban como personas y consideraba que el primero tocaba mejor que el segundo. Pero no vi ni oí nada en su música que fuese en absoluto revolucionario, y así lo dije. Trane fue a escucharlos muchas veces más que yo, los estudiaba, pero, a diferencia de mí, no dijo nada. Un batallón de músicos jóvenes y de críticos pidió a gritos mi cabeza por haber desairado a Ornette, me llamó "anticuado" y cosas así. Pero qué iba yo a hacer, no me gustó lo que aquella gente tocaba, especialmente Don Cherry con aquella trompeta suya.. A mí me parecía, simplemente, que tocaba muchísimas notas y ponía cara seria, y que la gente se pirraba por ello como se pirra siempre por todo lo que no entiende si contiene suficientes estímulos. La gente quiere ser sofisticada, quiere estar constantemente a la última, que nadie piense que ha perdido la onda. Los blancos especialmente, y en particular cuando quien hace algo que no entienden es una persona de raza negra. No quieren tener que admitir que un negro ha hecho algo de lo que ellos no están al corriente. O que un negro pueda ser más inteligente que ellos. O incluso mucho más. No echarán mierda sobre sus propias cabezas, sino que correrán de acá para allá proclamando lo bueno que es aquello, hasta que la siguiente "novedad" aparezca y luego la siguiente y la siguiente y la siguiente. Esto es lo que yo pensé que ocurría cuando Ornette sedujo a la ciudad.

    Ahora bien, lo que Ornette hizo pocos años después fue de lo más refinado, y así se lo dije. Pero lo que él y su grupo hacían al principio era sólo tocar con espontaneidad, con libertad de formas, utilizando como trampolín lo que los demás tocaban. Eso es sensato, pero ya se había hecho antes, con la diferencia de que ellos lo hacían sin ninguna clase de forma o estructura: aquí radica la importancia de su trabajo, no en su manera de tocar.

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