• Nina Polverino

    Que decidamos entrevistar a Nina Polverino en el número inmediatamente posterior a nuestra encuesta, no ha sido azaroso.
    Nina y el Lobo fue elegido el Grupo Revelación del año 2008 y varios de sus músicos lideraron sus rubros (o estuvieron muy cerca); pero más allá de eso (se sabe que las encuestas sirven, en la mayoría de los casos, a lo sumo como indicios, referencias), la idea nos estaba rondando desde hacía un rato… no… largo, no… porque no hace tanto tiempo que descubrimos al sexteto y a su voz líder. Nuestro primer acercamiento fue exactamente el 27 de mayo de 2008, en la actuación que realizaran en el Club Lounge. Y quedamos encantados.

    La experiencia previa de la cantante era (es) prácticamente nula. Con 24 años (ella) podemos afirmar que Nina y el Lobo fue su primer proyecto serio. Y que comenzó casi a su pesar. Porque la adolescente Polverino estaba muy cómoda imitando a sus cantantes predilectas… pero en su cuarto. Lo cierto es que gracias a la insistencia (y también a un arrebato digno de un kamikaze, si se me permite) de Juan Pablo Arredondo, a Polverino no le quedó otra alternativa más que subirse a un escenario a decir lo suyo con palabras de otros.
    Y vaya si lo hizo…

    El viejo, glorioso y nunca bien reconocido «boca a boca» realizó su tarea en magnífica forma. Cada actuación del sexteto sumaba nuevos y enfervorizados adeptos. Y en un momento nos preguntamos si ese torbellino que se hacía presente sobre el escenario, podría trasladarse sin fisuras a la frialdad de un estudio.
    La aparición del álbum debut, titulado simplemente Nina y el Lobo, despejó toda duda. Allí la cantante, acompañada por los guitarristas Juan Pablo Arredondo y Patricio Carpossi, el baterista Carto Brandán, Jerónimo Carmona en contrabajo y Ernesto Jodos en teclados, versionaron a Fiona Apple, Pearl Jam, Radiohead y P.J. Harvey.
    Una cantante y cinco músicos de jazz (de los mejores de la Argentina) haciendo un disco de rock con un cuidado arte de tapa a cargo de Arredondo.
    Y que terminó resultando de lo mejor del año.

    Y si el pasado musical de Nina Polverino es decididamente escaso, no lo es su presente y, mucho menos, su futuro.
    La cantante, que sobre el escenario mantiene una actitud ascética, casi pletórica de timidez, está en pleno acopio (voraz) de información. Esto se dice con conocimiento de causa, más aún después de la publicación de la encuesta a la que hicimos referencia. No dudamos de sus palabras cuando nos comentó que, primero estando de vacaciones y luego en su morada porteña, tomó nota de todo aquello que se está cocinando en el exterior. Búsqueda, ensayo y error, inquietud… y también ingenuidad (y cierta baja en su autoestima, ya lo comprobarán en la nota).

    Pero Nina y el Lobo, que realizará un ciclo en Thelonious durante todos los jueves de abril a las 22:00 hs., no es el único proyecto que cuenta con sus dotes. Además de haber ido a estudiar (inducida por el gran Enrique Norris) con Bárbara Togander, forma parte de un trío y un cuarteto. Junto con las guitarristas Sofía Vítola y Candelaria Molina, integra Tropicalíssima, donde además de cantar, toca un teclado de juguete. El otro proyecto, denominado Plan Be, incluye a las tres chicas mencionadas más el aporte del baterista Augusto Urbini. El cuarteto, con disco en proceso de mezcla, se presentará el 20 de marzo en Virasoro.

    Fuimos a su encuentro en una cálida noche de finales de febrero. La encontramos relajada, muy bien predispuesta y, también, tensa. Lo notamos; así es que decidimos iniciar por el principio. Y la charla tuvo derivaciones inesperadas, casi rayando lo psicológico, con la cantante contribuyendo, otorgando respuestas absolutamente genuinas que, en algunos momentos, desnudaron ciertas (simpáticas) contradicciones.

    La joven, bonita, talentosa, tímida e inquieta cantante Nina Polverino no recurrió a frases de compromiso, sino que se esforzó para, incluso, comprender cuál es su lugar, hoy día, en el ambiente musical argentino.
    Ha sido un soberano placer el encuentro (suponemos más para nosotros que para ella) y esperamos haber podido trasladar esa sencillez y honestidad que destila la voz líder de uno de los grupos más interesantes de la escena porteña.

    ¿Por qué cantante?

    (Sorprendida) Porque sí… porque es lo más natural… desde siempre que…

    ¿Desde siempre… desde cuándo?

    Desde chica que canto, sola, encerrada… pero no fue una elección entre varias alternativas…

    Cantabas en la ducha, por ejemplo…

    Claro, en el cuarto, donde fuere, imitando a las cantantes…

    ¿A quién imitabas?

    En principio, a Björk; la imitaba, totalmente… cantaba la canciones de Glin-Glo (álbum en el cual Björk canta en islandés), me buscaba las letras y las cantaba, era fanática, tenía posters…

    ¿Y usabas la misma ropa ridícula (risas)?

    No… no soy tan creativa (risas)

    ¿Y además de Björk?

    Además de ella, de chica…

    ¿De chica? Pero… ¿de qué edad estamos hablando?

    Y, yo tenía 12 ó 13 años. Me gustaba Beyonce, Aretha Franklin… o sea, imitaba a negras o islandesas (risas).

    ¿Había antecedentes familiares?

    En principio, no. A mi papá le gustaba cantar y mi mamá, de chica, estaba en un coro. Ellos estudiaron teatro en el conservatorio. Después, cuando mi mamá se casó con Carlos (Cutaia), la música empezó a llamarme más la atención. Estaba Ezequiel (Cutaia, hijo de Carlos), que tocaba el contrabajo; y cuando empecé a trabajar en (el club) Thelonious me fui empapando cada vez más. Porque además… o me gustaba o tenía que buscarme otro trabajo. Yo al principio fui camarera, tenía unos 17 ó 18 años; después fui bachera, cajera y trabajé hasta los 20. Estaba en un momento de mi vida… intenso…

    ¿Intenso…?

    Sí… intenso (risas), ajetreado…

    ¿Ajetreado…?

    Adolescente… un poco liera (risas).

    ¿Algo así como haciendo currículum?

    Algo así… lo cierto es que en Thelonious me di cuenta de que quería «eso», la música: Estudié dos meses bajo y después me metí en una escuela a estudiar el instrumento. A todo esto, me gustaba cantar pero no me quería hacer cargo de eso…

    ¿Por qué?

    Me daba mucho pánico, vergüenza, para mí era algo muy privado. Pero si bien disfrutaba hacerlo, cuando me grababa y me escuchaba no me gustaba nada. Y si había gente adelante me ponía muy oscura.

    ¿Cuándo hiciste el click y dijiste «voy a cantar»?

    Un día que me invitó mi primera profesora de canto. Y la verdad que la pasé mal, hasta pensé en irme. Subí y la pasé realmente pésimo, como que estaba desafinando, mi mamá me grabó, mi papá llegó con un ramo de flores y yo no sabía adónde meterme. Después, cuando lo vi, no me pareció que hubiera sido tan grave.

    Pero hay algo que no entiendo: si era algo, para vos, muy privado, si te daba tanto pánico… ¿por qué, entonces, ir a estudiar? ¿Para qué? ¿Para arribar al pánico perfecto?

    (Piensa, mucho) Muy buena pregunta… No sé… Mis viejos me estimulaban, me motivaban, me decían «si te gusta tanto, ¿por qué no tratás de encontrar un espacio?»

    Sigo encontrando contradicciones…

    (Con cara de sufrimiento) Ya veo que toda la nota va a ser así…

    Porque por un lado está la adolescente potente, que iba para adelante y a la que nadie podía osar decirle lo que tenía que hacer. Pero al aparecer la sugerencia, me acuerdo entonces -y de manera muy potente- de aquella frase de Groucho (Marx): «Éstas son mis convicciones, pero si no le gustan, tengo otras» (risas). Es decir… ¿cuál era la convicción real?

    No sé si había una convicción, yo lo llamaría curiosidad. También fue una cuestión de no encontrar el porqué de no hacerlo. Fui a la primera clase y me dije que sí, que era eso… Además empezaron a aparecer tareas específicas que yo desconocía con respecto a una canción, que no se trataba solamente de cantarla, sino de cómo decirla, trabajarla, tener otras miradas y eso aumentó mi curiosidad y me dio un gran empuje.

    A mí me llama mucho la atención esa dualidad que…

    (Interrumpiendo enérgicamente) Pero esa dualidad la tengo de…

    Perdón, pero no terminé… Me refería a la actitud de Nina Polverino abajo del escenario, combativa, yendo (aparentemente) siempre hacia adelante, que contrasta con la de hoy, que coincide con la Nina Polverino existente sobre el escenario, con una actitud ascética, casi minimalista, prácticamente sin hablarle al público, ofreciendo una imagen de timidez, casi de auto-reclusión, agachándose (como escondiéndose) en los momentos instrumentales y (pienso yo) cantando a pleno pero porque no queda más remedio que hacerlo. ¿Por qué ocurre eso?

    Aclaro que no se trata de ningún estilo, ni de una actitud premeditada; simplemente, es lo que hay, lo que tengo, lo que puedo ofrecer. Es muy cierto todo lo que decís (mira con cierta furia contenida), pero es algo que va a cambiar. Va a mutar pero como algo natural, aunque no sé hacia dónde… tal vez sea peor… (risas). Pero no hay premeditación de ninguna naturaleza. Originalmente la idea era presentar los temas, por ejemplo, pero… la verdad es que no me sale. Me cuesta mucho hablar en público, pero a la vez no me considero una persona tímida, para nada. Aunque en una reunión, por ejemplo, si hay mucha gente, yo no hablo (risas). (Dice como para sí misma) De acá me voy directo a terapia… Entiendo tu observación y sé a lo que te referís, pero es que mi riesgo está al cantar… ahí grito, pifio, la arreglo… y me banco lo que sea. Lo otro, la verdad… que espere.

    ¿Nina y el Lobo elige deformar los temas para evitar el academicismo?

    (Piensa… o se toma un respiro) Puede ser, aunque no creo que haya sido premeditado (vuelve a pensar). Lo que yo pienso con respecto a Nina y el Lobo, sobre todo, es que es algo muy natural donde todo fue fluyendo… pero todo… lo que los músicos tocan, el repertorio, lo que yo «no» hablo… (risas).

    Pero ¿qué es algo «natural», cómo se arma, qué significa? Porque es muy distinto un proyecto como éste donde vos sos la voz líder a que se trate de un combo donde te invitan a cantar un par de temas…

    Por supuesto que no es lo mismo, pero… ¿cuál es la pregunta?

    Que cómo pasamos de ese ascetismo, ese «yo no quiero ser el centro», si hay más de cuatro prefiero irme a un rincón con mi vasito… a, de pronto, estar liderando a músicos como Brandán, Carmona, Carpossi, Arredondo y Jodos, que no se dejan liderar así como así…

    Es que yo no me siento liderando… o sea… soy la líder porque soy la cantante, porque es «Nina» y el Lobo, porque estoy adelante… pero yo no siento que…

    Pero Nina y el Lobo no es algo donde alguien obligó a determinados músicos a que formaran un grupo que se llame de esa manera…

    No, por supuesto que no, pero tampoco fue que yo los convoqué o que les dije «quiero hacer estos temas» o «tengo este proyecto».

    Y entonces, ¿cómo fue?

    Todo empezó con el Colo (Juan Pablo Arredondo); yo no quería cantar pero él vino un día y me dijo «tenemos una fecha en Virasoro»; le dijo a Carto (Brandán), a Rodrigo (Domínguez)… y el tema fue que no queríamos hacer standards ni tampoco cantar en castellano. Yo elegí los de Fiona Apple y P.J. Harvey y él los de Pearl Jam. Después se sumó Pato (Carpossi) y con Carto (Brandán) y Jero (Carmona) decidimos empezar; también decidimos que el saxo no iba, así que en principio fuimos un quinteto. En esa primera fecha, antes de nosotros tocaba el trío de Sergio (Verdinelli), en el que tocaba Ernesto (Jodos). A la semana, más o menos, le comentó al Colo (Arredondo) que le había gustado lo que escuchó y que se quería sumar… imaginate… (risas).

    Fue algo parecido entonces a cuando Los Abuelos de la Nada grabaron el primer simple… ustedes, sin tener un grupo armado, de pronto tenían una fecha para tocar, ¿cómo se llamaron entonces?

    No tenía nombre, el concierto se presentó como «Canciones» y después iban los nombres nuestros. En diciembre hicimos un ciclo y ahí se llamó «Canciones de trasnoche». La primera fecha fue en septiembre de 2007; en diciembre ya estaba Ernesto (Jodos). Y el nombre surgió un día porque sí… nos gustó y quedó.

    Fue todo bastante rápido…

    Sí… muy, pero muy rápido…

    Ahora… ¿hay una propuesta, una idea, un compromiso?

    Sí… por supuesto (enfatiza)

    ¿Y cuál es?

    (Sonríe nerviosa o tímidamente, todavía tenemos la duda) La propuesta consta de temas de rock cantados por mí y tocados por músicos de jazz. No sé si tengo una idea formulada al respecto y, la verdad, no sé si la quiero tener.

    Pero, al menos, ¿se manejan algunos parámetros?

    El único parámetro está en la elección de los temas; porque al principio pensamos en que estaría bueno hacer temas de Michael Jackson pero nos dimos cuenta que no, que no nos cerraba. Después, a la hora de tocar… la verdad… es lo que surja en el momento. De hecho, para el disco ni ensayamos. Desde adentro lo que te puedo decir es que la propuesta es, justamente, ésa… no sé cómo le llega al público, pero es así como te comenté.

    Pero alguien tiene que tener una especie de látigo virtual, que yo creo que en este caso sos vos…

    No, yo te aseguro que no…

    Pero vos sos quien determina qué cosa podés cantar y qué no…

    Pero no sucedió. Lo que sí pasó es que hay un tema que a mí me cuesta mucho, Go, de Pearl Jam, al que nunca le pude encontrar bien la vuelta. Entonces, en lugar de hacer dos heads, hago uno solo y después, que se arreglen ellos. Fue lo único que les dije; después, nada más. Por ahí hablamos algunas intros, interludios, lo que nos ayude para que no sea un caos…

    ¿Cómo se sostiene en el tiempo un grupo como éste, con músicos tan ocupados?

    No hemos tenido tantos problemas, tienen mucha predisposición; además, generalmente tocamos en las trasnoches así que no había horarios encimados. Y para el ciclo en abril en Thelonious ya arreglamos todo.

    Son locales ahí, ¿no?

    Y, sí… además esta bárbaro el lugar, por lo que se genera, la gente, el trato… porque hay otros lugares que son la muerte (risas), pero ni a palos te voy a decir cuáles son (más risas). Tampoco hay tantos espacios ni hemos tocado mucho; pero, por el tipo de música que hacemos, si el lugar es muy chico o no tiene sonidista, se complica bastante.

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