• Nobu Stowe

    El arte ha acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales porque la amplitud de sus finalidades estéticas y la diversidad de sus recursos expresivos le han permitido al hombre manifestar sentimientos, ideas y conceptos; interpretar y ofrecer una visión de la realidad; imaginar nuevos mundos posibles y crear utopías o nuevos modelos de sociedad. Tal vez ese carácter subjetivo y multidimensional, que es inherente al arte, explique no sólo la imprescindible necesidad de su existencia sino también la infinita cantidad de pensamientos que se han elaborado en el afán por obtener una descripción apropiada para definirlo. Sería completamente ilusorio recopilar en este momento el inabarcable compendio de interpretaciones adjudicadas al arte a través de la historia. A modo de ejemplo de esa amplitud de significados podemos decir que, mientras el arte para Marcel Duchamp era “la novedad”, en el caso de Max Dvorak estaba representado en “el estilo”, así como para Tomás de Aquino era “el ordenamiento de la razón” y según Platón “aquello que hace visible lo invisible”.  De la misma manera y con idénticos contrastes, mientras George Bernard Shaw decía que el arte sirve “para mirarse el alma”, Charles Baudeleire lo describía lacónicamente como “prostitución”, al tiempo que Pablo Picasso afirmaba que era “una mentira que nos permite comprender la verdad” o que para Oscar Wilde se trataba simplemente de “la forma más intensa de individualismo que el mundo ha conocido”.
    En esa variedad conceptual no deberíamos descartar lo expresado por Ernest Gombrich en La Historia del Arte cuando afirmó, al inicio de ese tratado, que “no existe realmente el Arte, tan solo hay artistas”.  Más allá de acordar o no con esa definición, está claro que no habría obras de arte sin artistas dispuestos a crearlas, lo cual nos conduce directamente a la frase de William Morris que decía: “el artista no es una clase especial de hombre, sino que cada hombre es una clase especial de artista”.
    En ese sentido podemos colegir que, aun cuando todos poseemos el potencial para hacer arte, sólo algunos tienen la voluntad de sacrificio, la humildad de aprendizaje y una inextinguible energía creativa para trasformar ese potencial en realidad.
    Todos esos valores (como usted comprobará en esta entrevista) parecen estar cabalmente representados en el historial artístico, cultural y musical del notable pianista y compositor Nobu Stowe.

    Nobu Stowe nació en Maebashi, Gunna (Japón) y actualmente reside en Estados Unidos, país en el cual fue desplegando el cuerpo principal de su trayectoria musical hasta lograr erigirse como una de las figuras más inquietantes, prometedoras y talentosas de la escena jazzística del nuevo milenio y en uno de los principales cultores del innovador concepto de “improvisación total”, otrora acuñado por Keith Jarrett.
    Nobu Stowe comenzó tomando lecciones de piano a los tres años y de composición a los seis. En sus épocas de estudiante secundario conformó, junto al bajista Takeshi Kanai y el baterista Honyo Ohte, el trío de rock progresivo Pale Ghosts. Después de graduarse en el Maebashi High School, se radicaría en Estados Unidos para proseguir sus estudios en composición musical y psicología en la prestigiosa Universityof California, Berkeley. Más tarde se traslado a la ciudad de Chicago (en cuya universidad estatal obtendría un doctorado en Psicología) para finalmente ubicarse en Baltimore y trabajar como investigador científico para el National Institute of Health; tarea que hoy sigue desarrollando en la University of Maryland.
    Tras un breve paso en el trío de jazz Outside In junto al contrabajista lituano Vytis Nivinskas y Dan Bales en batería conformó, en compañía de Tyler Goodwin (contrabajo) y Alan Munshower (batería), el proyecto de post-fusión Trio Ricochet.
    A partir de ese momento Nobu Stowe, al amparo doctrinario de la “improvisación total”, desarrollaría lo más sustancioso de su trayectoria musical. En 2006 edita los álbumes Brooklyn Moments junto a Ray Sage en batería y Blaise Siwula en saxo alto y tenor, clarinete bajo y flauta de bamboo y New York Moments, con idéntica formación más el agregado de Dom Minassi en guitarra. Un año más tarde colabora con el percusionista y compositor Andrea Centazzo en The Soul in the Mist y edita, en sociedad con Lee Pembleton, el álbum Hommage an Klaus Kinski. Luego llegarían An Die Musik de 2008 (en trío con el legendario Badal Roy en tabla y Alan Munshower en batería) y su más reciente producción discográfica Confusion Bleue de 2010 con Lee Pembleton en sonidos, Ross Bonnadona en guitarras y saxo, Tyler Goodwin en bajo y Ray Sage en batería.
    En el futuro inmediato del pianista asoman su nuevo trío junto al experimentado Barry Altschul en batería y el multi-instrumentista italiano Achille Succi y un álbum de inminente edición titulado L’Albero delle Meduse (con colaboraciones de Lee Pembleton, Achille Succi, Alan Munshower y Daniel Barbiero).
    Además de todo lo mencionado, cabe consignar que Nobu Stowe participa como columnista en el influyente magazine online Jazz Tokyo; medio para el cual entrevistó a Keith Jarrett, Bill Frisell, Marilyn Crispell, Michel Legrand, Paul Bley, Gary Peacock y Martial Solal, entre otros.
    Nobu Stowe nos permitió compartir sus historias, experiencias, ideas y conceptos con inhabitual profundidad y conmovedora predisposición. Un auténtico placer…

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