• Osvaldo Lamborghini: Año 2981 – La torta de crema (extracto)

    Editorial Sudamericana

    La Imaginación, al cuarto de los trastos viejos. Quien imagina carece de precio -no vale nada, o no aprecia:

    – La operación muda, pero Cámara y Acción al fin y al cabo, de encender un cigarrillo con la mente en blanco.

    Y los Maestros le hablan al interlocutor (la vida es dura), no a usted. Y menos, toavía menos, a mí. A no deprimirse: la vida es como unas castañuelas, ya que no hay nada que escuchar. Alegremente, una pandereta de algodón, machacada por manos de seda.

    Silencio. En inglés, Silence, el título de un libro y, aunque no parezca mentira, se trata de un libro escrito, obviamente (¡qué palabra tan esquisitamente castrada!) por un músico que vive, de puro tonto nomás, unos cuantos siglos adelantado: John Cage. (Bastaría aquí un error de apellido -de imprenta- Lennon, para introducir larosa negra y desequilibrada de un crimen y un funeral).
    Pero, basta. Silence, John Cage. Los hombres matan lo que aman, escribió Oscar Wilde. Los hombres suicidan lo que aman, respondió un autor sin obra, cuando el fútbol empezó a parecerle -según sus cuadernos (of course) póstumos- demasiado elitista, el fútbol o el deporte en general, para que nadie pudiera decir, con justicia, "de esa agua yo nunca bebí". Menotti, anotó ese autor para una inexistente posteridad (decíamos ayer), introduce en sus diagramas maquiavélicos -la Historia del Mundo estaba en juego-, en sus páginas del hoy muero para la ingenua, niña Eternidad, blancos y formas blancas y suspensos de doble lectura donde el paralelismo no se da entre los versos sino por enfrentamiento de una hoja con otra, más complicados que el famoso, Utópico Libro de Mallarmé ("Menotti, autor de la Biblioteca de Pierre Menard"). Los que tienen la incómoda costumbre de leer entre líneas, sacaron la siguiente conclusión: el fútbol terminó siendo demasiado pesado para los hombres de un Occidente excesivamente habituado a la resolución de fáciles crucigramas o al recitado, tan breve, de los poemas japoneses: habituado al desciframiento y a la interpretación, cuando el deporte (como el cine, las historietas o la música -silencio-) exige un pensamiento en primeros planos. Formas de nubes (que pasan, las nubes y las formas), el humo del cigarrillo que -¡ni siquiera!- contiene cáncer, canchas absolutamente conservadas pero vacías (los ases del deporte, ahora, juegan al póker con los bisnietos de Breccia y Guido Crepax) y bandadas de señoritas sin musgo, sin musgo ni siquiera entre las piernas.

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