• Ozric Tentacles: Sunrise Festival (CD+DVD)

    …Blimey!, O-I, Vita Boom, Jurassic Shift, Sunrise Jam, Erpland, The Throbbe *, Snakepit, Eternal Wheel, White Rhino Tea, Tidal Convergence.
    * Sólo DVD.

    Músicos:
    Ed Wynne: guitarra, teclados.
    Brandi Wynne: bajo, teclados.
    Joie Hinton: teclados.
    Merv Peppler: batería.

    Snapper, 2008

    Calificación: Está bien.

    El Sunrise Festival es el epítome del festival hippie. Se viene desarrollando hace años y se proclama como un festival auto sustentable. Energía renovable, productos orgánicos, reciclado, conferencias, artes visuales, etc, etc… y muchísima música. El rango abarca todo el espectro hippie y va desde la world music al folk, pasando porla electrónica y la psicodelia. Si usted es un motociclista, con su Harley Davidson con escape abierto, fumador de tabaco, con campera de cuero y carnívoro, ni se le ocurra aparecer por este festival, porque estos pacíficos hippies lo linchan.

    Dentro de este contexto es la actuación de Ozric Tentacles que aquí nos compete. Esta banda, a lo largo de su historia, ha creado sus propios spin-offs. Eat Static, Zubzub, Dream Machine, Moksha, son algunos de los grupos de música electrónica formados por ex-integrantes de los OT. Paradójicamente, todas estas escisiones han dejado a Ed Wynne prácticamente solo; y lo que fuera una banda fuertemente cohesionada, se ha vuelto un "one man show". Los dos últimos discos en estudio, Spirals in Hyperspace y The Floor´s Too Far Away, son esfuerzos personales de Wynne por preservar el nombre de la banda. En vivo, desde 2004, ha recurrido a diversos músicos para re-armar el combo; pero sólo ante hechos puntuales como ser conciertos o grabaciones.

    En esta oportunidad ha recurrido a dos ex-miembros de la banda, Joie Hinton y Merv Peppler, ahora conocidos como Eat Static, quienes coincidentemente participaban en el mismo festival; y, mire usted, justo después de Ozric Tentacles.
    Esta formación remite a las grabaciones de fines de los ochenta y comienzos de los años noventa, de donde saldrán la mayor parte de los temas de este show, cuando Jon Egan y Rolly Wynne aún pertenecían a Ozric Tentacles. En esta oportunidad, la esposa de Ed, Brandi, se hace cargo del bajo y de algunos pasajes de teclados.

    A diferencia de Live at Pongmaster's Ball, esta grabación es más precaria y caótica, desde todo punto de vista. Sin embargo, permite destacar otros aspectos del grupo, más característicos de sus primeros años, que incluyen un carácter más áspero, rockero y órgánico que en su etapa más reciente en donde la electrónica y la precisión ganaron amplio terreno. Los temas más complejos y demandantes (incluidos en discos con formaciones posteriores) no están presentes en este set, más suelto, relajado e improvisado y que sirve para mostrar a una banda que se ha vuelto un todo terreno.
    De todas formas, Ed Wynne y sus tentáculos llegan a buen puerto, cumplen y bien, contra viento y marea.

    O-I es un caos. Leyendo el booklet nos enteramos que armaron en cinco minutos y ni probaron sonido, lo cual implica necesariamente que la mitad de las cosas no funcionaran como debían. Están volando a ciegas. Luego de un comienzo dudoso, remontan la situación y dominan las circunstancias, no sin errores, pero salvados con hidalguía. Las caras de tensión se convierten en relajación luego de terminar esta prueba de fuego.
    Sigue Vita Boom; la situación está un poco más controlada. Este tema permite que los errores sean mejor disimulados y se nota que todo comienza a acomodarse un poco mejor.
    El resto del set es clásico Ozric Tentacles. Erpland suena realmente bien, al igual que White Rhino Tea.

    Los temas siguen teniendo gancho, misterio y vértigo; como siempre, esa mezcla de psicodelia, rock y groove, está presente. El contexto hace que toda la atención se la lleve Ed Wynne, que toca como nunca y sostiene una banda ad-hoc, con una bajista casi de reemplazo, un tecladista que no toca con el grupo hace doce años y un baterista que no toca en vivo hace once.
    Estas circunstancias no logran alterar un buen trabajo final, en parte por el guitarrista y en parte por el carácter suelto de los temas que toleran ciertas ¨libertades¨ de los músicos.
    La grabación no alcanza el nivel de Live at Pongmaster's Ball pero es un excelente complemento, mostrando otra selección de temas, otra formación, otra etapa.
    Y bien distinta.

    Federico Larroca

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