• Palle Windfeldt

    Dinamarca es un país del norte de Europa del que, debo reconocer, sé bastante poco. Su superficie es de 43.094 kilómetro cuadrados; la población, de aproximadamente 6.000.000 de habitantes. Su forma de gobierno es, desde 1849, la Monárquica constitucional; desde 1901 se convirtió en Monarquía parlamentaria. Copenhague es la capital y la moneda es la corona danesa. Forma parte de Escandinavia y limita con Alemania. Su economía se sustenta en la agricultura, la pesca y la industria naval. De acuerdo a algunas encuestas, estadísticas o similares referentes a 2008, Dinamarca ha sido considerado el país menos corrupto, el segundo más pacífico y Copenhague la mejor ciudad para vivir.
    Pero hay a quienes sí conozco: Hans Christian Andersen, Kierkegaard, Michael Laudrup, Scarlett Johansson, Lars Ulrich, Viggo Mortensen y, por supuesto, Lars Von Trier.

    En el año 1964, en Copenhague, nació el guitarrista Palle Windfeldt. De niño ya despuntaba el vicio con una pequeña guitarra acompañando a su padre. Ya más crecido, ingresó al Conservatorio de Música Rítmica de Copenhague. Tuvo la chance, beca mediante, de profundizar sus estudios en el exterior. Pero no eligió ninguna de las prestigiosas escuelas estadounidenses ni ningún destino europeo: se vino a estudiar tango a Buenos Aires. Previo a ello, luego de integrar el Trío Confetti, fue miembro fundador de la agrupación de jazz fusión Bagdad Dagblad, con la que editara hasta el momento cinco álbumes. Recién iniciada la década del ’90 y luego de su periplo porteño creó, junto a compañeros del Conservatorio, Tango Orkestret, combo de tango contemporáneo (no electrónico). En 1991, el guitarrista Ernesto Snajer anduvo de gira por Dinamarca con Semblanza. Poco tiempo después, y a pesar de la distancia geográfica, ambos conformarían el dúo Guitarreros. Un álbum producido por Egberto Gismonti y otro, Ida y vuelta, de reciente edición en la Argentina, son notables cartas de presentación de este singular dúo guitarrístico en el que confluyen infinidad de estilos.

    Pero, además, el universo de Windfeldt se amplía con Djanzz (junto con Carl Quist Møller y Sille Grønberg), un grupo que hace música para chicos de extraordinaria factura y que goza de una gran popularidad en Dinamarca.
    Hay mucho más, como su participación en la agrupación Wombat, junto a Hans Ulrik, Kaare Munkholm y  Sille Grønberg y en Dos Mundos, en compañía de Frederik Lundin, Trine Lise Væring, Jonas Johansen y Matthias Svensson.
    Desde 1999 es profesor de guitarra en el Kongelige Danske Musikkonservatorium. Y desde 2000 es profesor de guitarra y ensamble en el Conservatorio de Música Rítmica de Copenhague.
    Es casi una obviedad pero no está de más decir que con cada uno de los proyectos de los que formó o forma parte, anduvo tocando por infinidad de países (Italia, Holanda, Alemania, Bélgica, China, Uruguay, Argentina, España, Dinamarca, Francia, Suecia, etc.) y festivales (Molde Jazzfestival, Roskildefestival, Copenhagen Jazz Festival, Aarhus Jazz Festival, Guitarras del Mundo, etc.).

    Palle Windfeldt anduvo realizando varias actuaciones en la Argentina junto con el guitarrista Ernesto Snajer. Para que se den una idea de la febril actividad a la que se han sometido, han realizado 9 actuaciones en 9 días, incluyendo un doblete el sábado 26 de septiembre.
    Un día después, temprano en la mañana y con un frío impropio para estas épocas primaverales, Windfeldt accedió a charlar con nosotros y en castellano. Contamos, como circunstancial traductor del danés, con el invalorable aporte de Ernesto Snajer.
    El danés viajaría ese mismo día por la tarde, pero nada pudo con una amabilidad infrecuente y con un esfuerzo por momentos supino a la hora de encontrar las palabras adecuadas; lo que agradecemos, pues nuestro danés, todavía, tiene algunas imperfecciones.
    Un músico extraordinario, del que lamentablemente en la Argentina se sabe poco, pero a quien recomendamos fervorosamente escuchar. O escuchar fervorosamente. Nos lo agradecerán, sin dudas.

    Con ustedes, Palle Windfeldt.

    Cuando yo era chico cantaba en shows con mi papá; él tocaba la guitarra y yo lo acompañaba. Él era más un cantante que se acompañaba con la guitarra, pero algunas cosas me inculcó. Conformábamos un dúo e incluso hemos grabado algunos discos.

    Hablame de tu primer trabajo profesional

    Fue en un grupo, Bagdad Dagblad, con el que hacíamos jazz fusión; para que te des una idea, un estilo similar a John Scofield o Yellowjackets. Yo ahí tocaba guitarra eléctrica con muchos pedales y efectos, algo que me encanta. Esto fue aproximadamente a mediados de los ’80, hace ya mucho tiempo (sonríe).

    Paralelamente, ¿tenías otros proyectos?

    Bueno… era un teenager… y cuando se tiene esa edad generalmente uno se enfoca en una sola cosa. Es blanco o negro, no hay mucho espacio para los matices. Así que con un proyecto solo, bastaba. Todavía existe el grupo aunque hace mucho tiempo que no tocamos. Ya no somos teenagers y ahora sí nos permitimos tener otros proyectos. Pero en cuanto nos coincidan los tiempos y las ganas volveremos a tocar, seguro.

    ¿Y luego?

    Después de eso vino Tango Orkestret. Un día fui a una fiesta en Dinamarca en la que escuché una música que me deslumbró; era Ástor Piazzolla. Con Tango Orkestret hacemos lo que se denomina «tango nuevo». En esa época no teníamos contrabajista y todos los integrantes hacíamos los bajos con pedales. Ése fue mi primer acercamiento real al tango y me enamoré de él, así que fue bastante lógico que integrara un grupo para hacer esa música.

    ¿Qué es el tango danés?

    Es algo… (tararea algo más parecido a Nino Rota que al tango). A mí, de verdad, no me gusta mucho. No hay sentimiento, no hay verdad ni carácter.

    ¿La creación del grupo tiene que ver con tu venida a Buenos Aires?

    Sí, porque cuando escuché a Piazzolla estaba yendo a un conservatorio. Cuando llegó el momento de optar por una beca de estudios, en lugar de ir a New York a estudiar be-bop, decidí que quería venir a Buenos Aires a estudiar y conocer el tango. Esto fue en 1989.

    ¿Y así fue cómo conociste a Ernesto (Snajer)?

    No, fue en Dinamarca. Él estaba haciendo una gira con su grupo, Semblanza, y nosotros compartimos una fecha con ellos. Después nos encontramos acá.

    ¿Y por qué la idea de armar un dúo con Snajer?

    Porque cuando lo vi tocar me encantó lo que hacía. Cuando llegué a Buenos Aires lo llamé y nos pusimos a tocar informalmente, con otros músicos, standards y esas cosas, muy Real Book (risas). Cuando me estaba por volver a Dinamarca él me dijo «vamos a hacer un dúo». Y yo pensé (sonriendo) «claro… un dúo… uno en Copenhague y otro en Buenos Aires…» Pero ya lo ves… aquí estamos, así que él tenía razón. Él dijo que íbamos a hacer un dúo y lo hicimos.

    ¿Qué le aporta cada uno al dúo?

    La música es muy diversa. Hay folclore argentino, tango, composiciones mías… Llevamos casi 20 años juntos y confluyen varios estilos musicales y de geografías y realidades distintas. Te diría que es un intercambio, algo muy raro. No somos cerrados, podría decirte que somos músicos de muchas músicas. A los dos nos gusta el jazz, el folclore, el rock and roll, el tango, el pop… de eso sale una fusión que me cuesta definir con una palabra determinada. Pero el estilo en sí tiene más que ver con Argentina que con Dinamarca.

    ¿Por qué guitarras acústicas?

    Bueno… a veces usamos eléctricas. Hace poco tocamos con (el grupo de percusión) La Bomba de Tiempo y tocamos eléctrico. No es algo muy habitual pero nos encanta hacerlo.

    Vos también tenés un grupo, muy exitoso, que hace música para chicos…

    Sí… el público infantil es, sin ninguna duda, el más puro. Porque los chicos, cuando estás tocando, si les gusta, participan totalmente. Pero si no les gusta, simplemente se van. No es como el público adulto que tal vez se quede o aplauda por compromiso. La reacción de los chicos no deja lugar a dudas: es la más sincera de todas. No saben fingir y eso es extraordinario.

    ¿Qué te exige más mentalmente, hacer música para chicos o para adultos?

    Para mí es un sueño tener la posibilidad de hacer todo. No me gusta en absoluto encasillarme. Y si quiero hacer algo, lo hago; y si no… no. Para mí los chicos son personas también, por supuesto. Y no hago ninguna diferencia al respecto a la hora de hacer mi música. Nosotros, en Djanzz, no hacemos música pensando en el hecho de que son chicos. Por eso es que los adultos también pueden disfrutarla. Donde sí hay una diferencia importante es en las letras. Pero la música es simplemente música.

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