• Paula Shocron

    Para la oyente Shocron; lo que hace la pianista Shocron, ¿es riesgoso?

    Y, sí... si no, no me hubiera pegado tantos porrazos. Y estaría más conforme. Pero bueno... el que no arriesga...

    ¿No estás conforme?

    En la intención, sí. En lo que toco, varias veces, no. Asumir riesgos hace que a veces las cosas se te escapen de control. Que la música no sepas cómo resolverla. Y bueno... es que yo soy así. Si no, no me hubiera venido a Buenos Aires y me hubiese quedado en Rosario dando clases, ¿entendés? Hay gente que no arriesgó...

    ¿Ese mismo temor te pasa cuando te escucha un colega?

    Me estás haciendo pensar... (yo sonrío).

    No me refiero a un grupo que liderás, sino por ejemplo a Taveira convocándote; ¿Pensás en el oyente Taveira?

    No.

    Percepciones CDPero sí en el que está debajo de la tarima.

    Obviamente. Con un músico, es como estar hablando con otro, estás interactuando, como en un diálogo con palabras.

    Hubo muchas diferencias con respecto a tu debut y el disco en cuarteto con Gutfraind, ¿no?

    Y... en el piano solo tuve más libertad. Estaba sola. Pero también soy yo en el cuarteto. Son facetas distintas pero sigo siendo yo. El trabajo del silencio y la ausencia de silencio se modifica mucho, por supuesto.

    Ya que lo mencionás, ¿qué importancia le asignás al silencio?

    ¿Yo? Mucha. No me estoy haciendo la John Cage, pero mucha. El silencio es importante. El silencio es sonido. Sin una cosa, no resalta la otra.

    ¿Por qué hay tan pocas mujeres que se dediquen al jazz?

    Uy... (sonríe)

    Bueno, coincidimos en que son pocas, ¿no?

    Sí... pero no sé por qué. La verdad que no lo sé.

    ¿Y cómo te trata, entonces, un gremio más bien masculino?

    La verdad que no...

    Convengamos que nunca te han dicho “¿qué estás tocando, imbécil?”

    Bueno... algunas veces me lo han dicho... (carcajadas). No imbécil, pero...

    Imbécila...

    Claro... (risas). Yo tengo mis hormonas femeninas y debo tener mis costados difíciles. Igual que los hombres. Supongo que incluso el hecho de ser mujer haya influido para que me llamen... o no... pero no me consta.

    Utilicemos la táctica del espejo. Vos como integrante de un grupo de mujeres y convocando a un hombre para tocar; pobre muchacho, ¿no?

    Y... sí... (risas). Igualmente, yo no armaría un grupo de mujeres. Ya pasé por esa experiencia y no lo haría otra vez. Muchas mujeres juntas es... mucha energía junta. Demasiada.

    ¿Más energía que la de los muchachos?

    Es que deja de ser positiva esa energía; por eso también los grupos de mujeres, en general, tienen relaciones problemáticas (sonrío). Es que cuando vas a una reunión de mujeres, ¿con qué te encontrás? (silencio stampa): con el “cotorreo”. Y es que ese “cotorreo” existe...

    “El cotorreo femenino existe” es un muy buen título para la nota...

    Pero es cierto... y yo también soy así... no sé muy bien cómo es ese tema de la energía, si el Yin o el Yang... pero creo que la mujer posee la energía más fuerte... llevala para el lado que quieras... también son más pasionales... bueno, todo gira sobre lo mismo.

    Perdón, pero... vos dijiste que de nuevo un grupo con mujeres no, ¿pero no estás acompañando a cantantes... mujeres?

    Pero eso es distinto... es una cantante... vas, la acompañás y listo.

    ¿No hay compromiso ahí?

    (Con naturalidad) No... es distinto... (carcajadas)

    Te quiero ver salir de ésta...

    El compromiso no tiene nada que ver con que te lleves bien o mal...

    Está bien, pero yo hablo del compromiso artístico.

    Compromiso artístico hay... pero a ver... yo acompañando a una estrella... quien protagoniza es la cantante; no importa que el acompañante sea mujer u hombre. No es lo mismo que un montón de mujeres, con poder de decisión, tengan que ponerse de acuerdo en cuestiones puntuales. Además, con las cantantes, el contacto previo es casi nulo. La verdad es que me estás metiendo en un terreno en el que ya no sé ni lo que digo... (risas)

    La saco de este embrollo en el que se ha metido... Pegamos un salto y vamos a Urbes, tu tercer y reciente disco. Ya sé que es con un trío, más un invitado y todo eso. La sensación, una vez terminado el CD, ¿fue similar a la finalización del primero?

    Y no... Es el primer disco en trío. Es la formación más tradicional en el jazz. Y se diferencia del cuarteto en el hecho de que ahí tenemos responsabilidades compartidas con Marcelo (Gutfraind). Y acá, no.

    Yo no sé de qué se trata Urbes, porque acabo de llegar de Ganímedes; y me pongo a escucharlo. ¿Cómo me ayudarías a entender lo que sale de los parlantes?

    Es muy difícil eso... vos me preguntas cosas que... demasiada suposición...

    Pero no señora pianista, yo quiero comprar su CD, entonces pregunto: ¿de qué trata?

    De música mayormente mía, es bastante heterogéneo, hay algo de swing, algo de rock...

    ¿Heterogéneo o ecléctico?

    Uh... me mataste... a ver... creo que en el título condensé la heterogeneidad. Ya te dije, hay momentos de swing, de reggae, de rock, en algún momento hay cierto aire punk...

    ¿Una suerte de rapsodia de una hora?

    Podría ser... sí...

    ¿Y por qué una tapa oscura?

    Me la mandó el diseñador, me gustó y ya está. La ciudad no me remite a colores fuertes. Tengo un cuadro en casa, pintado por el Colo (Juan Pablo) Arredondo, que me remite a la ciudad. Y son trazos grises... Igualmente, la tapa de Urbes es gris, no negra...

    Yo dije oscura...

    Es cierto.

    Otro salto. Ante la inhabitualidad  de que así sea; los liderados, ¿se bancan tu liderazgo... femenino?

    Sí. De hecho intervienen, pero soy quien decide. La verdad es que nunca tuve problemas. Nadie se me rebeló (risas). Por ahora... Igualmente escucho y si me parece que es pertinente, cambio. Pero ser líder te expone...

    ¿Te sentís cómoda liderando o acompañando?

    Necesito de las dos cosas. Es más, a veces extraño que me “lideren”.

    Urbes, ¿contiene solamente elementos musicales o se han filtrado otros?

    En primer lugar es música. Eso no implica que otros factores no estén incluidos ahí. No pasa por mi consciente pero sí... seguramente todo aporta.

    A ver si encaramos por...

    No sé adónde querés llegar...

    Yo tampoco (risas). Es que no soy yo el que tiene que llegar... ¿Qué pasa con la pianista cuando no se dedica a la música, al margen de comer y hacer yoga?

    Me interesa el arte en general; el teatro, la danza, el rock, el cine, salir con amigos...

    O sea que hay otra vida.

    Sí, en particular el contacto con los no músicos me oxigena bastante.

    ¿Y qué cine vemos, por ejemplo?

    Te digo el que no veo. El Mega-cine, por ejemplo. No me interesa. Me gusta el cine europeo, oriental...

    ¿Oriental no uruguayo?

    Creo que cine uruguayo no vi nunca. Quise ver una pero el DVD me vino fallado tres veces y no pude.

    Te recomiendo Whisky...

    (Asombrada) Ésa es la que quise ver... Con lo que tengo deudas es con la literatura, aunque ahora estoy leyendo uno de Eduardo Galeano, “La canción de nosotros”. Pero tengo una larga lista de libros pendientes. Ahora le regalé a mi viejo “La traición de Rita Hayworth”, de Manuel Puig, que seguramente se lo pediré y será el próximo. No tengo un pasado literario. Voy picoteando. Tuve mi época Kundera, mi época Hesse...

    ¿Sos jodida en el trato diario?

    Ahora, ya no...

    Eso quiere decir que en algún momento, sí...

    Sí; ni yo me soportaba. Allá en Rosario y acá. Uno está todo el tiempo tratando de mejorar. Creo que ahora me estoy tomando las cosas con más calma. Soy medio chispita. Ahora por lo menos espero que el semáforo se ponga en verde. Antes no podía perder un microsegundo. Estoy más relajada.

    ¿Cuál es el disco que estás escuchando ahora?

    Invitation, de Andrew Hill. Estoy fanatizada y estoy tocando algunos temas de él, pero quiero conocer más.

    Y ayer, ¿qué escuchaste?

    A Moreno Veloso, que se parece mucho al padre (Caetano).

    Y lo que estás tocando ahora, ¿ya perfila el nuevo CD?

    Creo que va a ser también en trío. Ésa es la intención de hoy. No tengo idea de si serán temas míos o standards o qué.

    Hasta ahora no tocamos rock...

    Bueno, con Rodrigo Domínguez, en dúo, estamos tocando cosas de The Beatles. Y quizás termine siendo un proyecto de ambos. Y tal vez, a la larga, desemboque en un disco. Nos llevamos muy bien. O parece ser que estamos buscando lo mismo, aunque Rodrigo tiene mucha más experiencia que yo.

    ¿Qué te parece que se esté haciendo bien, acá en la Argentina?

    Bueno... hay que tener en cuenta que muchas de las cosas que se están haciendo acá, ya se han hecho en el exterior. Pero está bueno que ese camino se recorra porque hay proyectos como el de Mariano Otero y la orquesta que acá no existían. De mi generación hay muchos músicos que están grabando su música. Y me parece muy importante eso. Pepi (Taveira), por ejemplo, sabe dónde está parado y la música camina, te guste o no te guste. La misma sensación me ocurre con Enrique Norris. Y después, hay muchos proyectos y mucha gente nueva. Está Ramiro Flores que acaba de grabar, el trío de Verdinelli, los proyectos del Colo Arredondo, las composiciones de Tarzia...

    ToganderNo me nombraste ninguna mujer.

    Y si no hay... esperá... te nombro una que me gusta mucho lo que hace: Bárbara Togander.

    Ajá... una cantante...

    Pero toca el bajo y hace ruiditos, onomatopeyas...(risas). Lo cierto es que usa su voz como un instrumento; y de los buenos.

    Pero es cantante...

    Es que... Marcelo... nombrame una vos...

    ¿Será que no tenés competencia?

    ¿Vas a terminar la nota así?

    No... ¿cómo se le ocurre, señora?

    Menos mal...

    www.paulashocron.com.ar

    Marcelo Morales

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