• Peter Gabriel: Siempre Está Volviendo

    Domingo 22 de marzo de 2009 – 21:00 hs.
    Estadio Vélez Sarsfield – Buenos Aires

    Cuando esté usted leyendo estas líneas, ya se habrá escrito, leído y comentado mucho acerca de la actuación de Peter Gabriel en Buenos Aires. Incluso en esta entrega pueden ustedes acceder a otra visión de lo acontecido en la pluma del Poyo Magnacco. Intentaré entonces no ser redundante, ya que la tarea de ser original está reservada para unos pocos. Pero muy pocos.
    Peter Brian Gabriel nació en Chobham, Surrey (Inglaterra), el 13 de febrero de 1950. Dicho lugar cuenta, en la actualidad, con una población de 3.800 habitantes; y es de sospechar que medio siglo atrás la cifra era aún menor. Mi acercamiento al ex líder de Genesis fue con Selling England by the Pound, primer álbum de la banda editado en la Argentina en 1974. Un disco de gemas inoxidables, muchas de ellas aún presentes en el repertorio genesiano. Yo quedé prendado, sin embargo, de The Battle of Epping Forest; y hasta hoy día no sabría explicar muy bien el por qué. Empezar a realizar el camino inverso fue descubrir The Knife, The Musical Box, The Fountain of Salmacis, Watcher of the Skies y, fundamentalmente, Supper’s Ready.

    Era niño aún pero recuerdo en forma vivaz la aparición del, para un servidor (y por lejos), el álbum más completo del quinteto: The Lamb Lies Down on Broadway. Una obra maravillosa, literaria, musical, teatral y cinematográfica. La historia, basada en un cuento del mismo Gabriel, se desarrollaba a través de 23 composiciones, algunas de ellas instrumentales. Pero más justo es decir que The Lamb fue (es) una obra conceptual de inicio a fin, donde el resultado final superaba (supera) a la sumatoria de las partes. La importancia escénica de Gabriel la veía sólo en revistas, pero algo magno debió ser para que Phil Collins, inteligente, histriónico y talentoso, decidiera no competir con ella una vez que pasara a ser la voz cantante y la cara visible del entonces cuarteto y luego trío.

    A partir de ese momento (1975), Genesis fue otra cosa. No diré mejor ni peor; simplemente distinta. Y este cambio se debió, sin dudas, a la ausencia de su ex líder.
    A la carrera solista de Gabriel fui acercándome tímidamente en sus dos primeras entregas. En su debut se notaba claramente su intento por despegar del sinfonismo, adoptando una actitud más cercana al rock y a la canción. Su segundo álbum puede ser tomado como una transición. Hasta que llegó 1980 y los planetas volvieron a explotar. Es que III ó Melt (así fue como algunos lo han rebautizado) fue un quiebre absoluto, el riesgo esperado, su (opinión personal, por supuesto) obra cumbre.
    Luego el suceso para las masas con So, sus entregas cada vez más esporádicas, algunas bandas de sonido, los álbumes en alemán, Real World, WOMAD, las giras impactantes (¿por qué será que no se ha editado aún en DVD el notable Point of View?), Amnesty International, los proyectos vanguardísticos y multimedia y un largo etcétera; todo esto terminó posicionándolo, extrañamente, como un artista de culto… popular.

    Cuando Genesis surgió a finales de los ’60 (y ni Phil Collins ni Steve Hackett pertenecían al clan), eran muchas las bandas que peleaban por un lugar de privilegio: Yes, King Crimson, Emerson, Lake & Palmer, Jethro Tull, Van der Graaf Generator, Pink Floyd… ¿cómo captar al público entonces?
    Dicen, cuentan, comentan, que una manera fue la de ofrecer, con el valor de la entrada, una suerte de merienda sin cargo. Pero también se acudió a la teatralización de las canciones. Esto ha ido creciendo en forma directamente proporcional a la popularidad del quinteto y son célebres las transformaciones escénicas de Peter Gabriel utilizando todo tipo de artilugios: luces, máscaras, maquillaje, procesador de voces, etc., para dar diferente(s) vida (s) a cada uno de los protagonistas de las historias que el grupo interpretaba en escena.
    La complejidad de la música de Genesis requería, por entonces, la afinación de los instrumentos entre un tema y otro. Así fue que el cantante comenzó a narrar historias, generalmente preámbulos de las interpretaciones por venir, dando así tiempo a sus compañeros para afinar con tranquilidad.
    Las filmaciones de la época muestran a un grupo único sobre el escenario, donde el teatro, la literatura y el rock (y algunas cosas más) convivían en perfecta armonía.

    Pero ciertas desavenencias con sus compañeros (sumado a algunos conflictos familiares) precipitaron el alejamiento de Gabriel. Se tomó un par de años sabáticos. Su regreso fue un quiebre fundamental en más de un sentido: un repertorio más directo, una gran entrega sobre el escenario pero la ausencia definitiva de todo tipo de máscaras y teatralizaciones. Tampoco quiso subirse a caballo de los éxitos de la banda (la mayoría le pertenecían); en sus primeras giras interpretaba algunos pocos, generalmente extraídos de The Lamb… que algunos incluso consideran su «verdadero primer álbum solista».
    Sus continuas apuestas artísticas le trajeron no pocos problemas financieros. Y aquí es donde podemos hallar la razón por la cual, el 2 de octubre de 1982, Gabriel decidiera unirse a Genesis para un solo concierto que luego se denominaría Gabacabriel (aunque también circula un bootleg titulado Six of the Best). Fue la última actuación realizada con sus ex compañeros.

    Peter Gabriel nos visitó por primera vez en 1988, como parte integrante del Amnesty International Tour. Con él llegaron Sting (que ya había brindado un memorable concierto en el estadio de River Plate en 1987) , Bruce Springsteen, Tracy Chapman Y Youssou N’Dour. Su participación fue extraordinaria, sin dudas el punto artístico más alto de una jornada que duró más de 12 horas. Volvería a Buenos Aires en 1993 donde las expectativas (tal vez desmedidas para los que habíamos visto el Secret World Tour en -ese momento- VHS) se hicieron añicos. Pero no se trató solamente de que la parafernalia escénica faltara a la cita; ausente Sinead O’Connor vaya uno a saber por qué cuestiones, su lugar lo tomó Celeste Carballo, quien interpretó tres temas junto al inglés; el sonido fue bajísimo y malo; hubo momentos, sí, pero la magia estuvo prácticamente en el último bis, donde solo con su piano ofreció una conmocionante versión de Here Comes the Flood, de su primer álbum.
    Dieciséis años después, con-el-que-de-lejos-se-parece-al-pelado-Cordera, tuvimos nuestra tercera vez.
    La gira inmediata anterior se denominó Growing Up Tour. Hay registro audiovisual de la misma y es verdaderamente impactante: canta boca abajo, adentro de una esfera vidriada, anda en bicicleta y en bote, el escenario se modifica en cada tema con precisión quirúrgica y sirvió de excusa para la presentación de Up, editado en 2002.
    Para esta ocasión, la cuestión fue bien distinta. Mayor austeridad en la puesta, ningún disco que estrenar, ausencia de composiciones nuevas, un cambio de tecladista y el agregado de un guitarrista. La gira comenzó en Caracas (Venezuela), siguió en Lima (Perú), recaló en Buenos Aires y luego prosiguió hacia Chile y Mexico. De estas presentaciones se editará un álbum en vivo. La gira se denominó Small Place Tour.

    A las 21:10 comienza su actuación la agrupación inglesa The Black Swan Effect, presentada desde las pantallas por Gabriel como «una de mis bandas nuevas favoritas». El cuarteto está integrado por Dominic Greensmith, Gareth Hale, John Hogg (que fuera reemplazado aquí por Kenwyn House) y Jesse Wood (sí, hijo de Ron, el de los Rollin’). Interpretaron 8 temas en poco menos de 40 minutos incluyendo los 4 que forman parte de su E.P. debut: Rat in a Cage, In the City, Pretty Things y la tremenda Winter Sun. Las otras cuatro composiciones formarán parte de su primer álbum a editarse a mediados de 2009.
    No se amilanaron ante la multitud, todo lo contrario. Con un sonido que la mayoría ha asociado al Radiohead de The Bends (y está bien), no he podido evitar que me rondaran los fantasmas de los daneses Kashmir y, por momentos, me recordaron a los Teardrop Explodes de Reward. The Black Swan Effect paseó su pop-rock con pulcritud sin evitar distorsiones y contundencia; los muchachos sonaron bastante bien y merecen su crédito. Cierto es también que hacia el final del set la agradable sorpresa inicial fue disminuyendo; pero ha sido un interesante número de apertura y una banda a la que, al menos desde este lado, se seguirá de cerca.

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