• Ricardo Cavalli

    Michael BreckerTodo esto a los 12 ó 13 años…

    Y sí… yo me fui de viaje de egresados en el ’87 escuchando el disco debut de Michael Brecker, con esa introducción en piano de Kenny Kirkland que cuando lo escuché… ¡casi me muero! Yo estaba con Brecker en el micro y los demás con Depeche Mode (risas). Que también me gustaba… porque la música ochentosa fue bastante linda, a mí me gusta esa porquería (carcajadas).

    También había otras cosas…

    Claro… estaba Sting con Bring on the Night, por ejemplo. Yo me muero con Sting, un capo…

    Pero convengamos que no era algo habitual escuchar a Brecker en un viaje de egresados…

    Y… era medio aparato pero tuve una adolescencia insertada. Yo cursaba clarinete en el conservatorio con Julio Rizzo. A la mañana iba al secundario y todas las tardes me iba desde Bella Vista hasta el (conservatorio) Manuel de Falla. Y tenía mis amigos en la música y mis amigos en la escuela. Y la pasaba fenómeno…

    Pero ibas a fiestas también, supongo…

    Sí, claro… me encantaba… no era un nerd… (risas). Y me gustaba estudiar música. Mucho. Desde pibe fui muy devoto del instrumento. (Piensa y sonríe) Algo gracioso va a salir de esto, leí un par de cosas que escribiste sobre mí y otras sobre Lovano que me hicieron reír mucho. Lo de cómo fue criado y lo que morfaba de chico…

    Y… pasa que hay gente que cree que si escuchás jazz no te podés divertir…

    Por supuesto, entiendo lo que decís, todavía queda de esa gente…

    Y mucha. Pero volvamos a tu historia. Tocar el saxo, ¿te ayudaba a relacionarte con los demás? Porque hasta no hace mucho, cuando en un concierto aparecía un saxofonista, a la mayoría de las chicas se le iban los ojos o con el músico o con el instrumento. En cambio para los muchachos el instrumento debía ser una guitarra o una batería, no un saxo…

    (Piensa) Yo sabía que era algo importante para mí y que algún efecto en la gente tenía, porque no era lo habitual tener un saxo en el placard. Creo que no lo necesitaba tampoco porque siempre fui muy jodón.

    ¿Y no te jodían con eso de “tocate algo”?

    Y sí… pero yo siempre fui muy reticente. Me reventaba un poco la situación de que la gente creyera que de la campana iba a sonar una orquesta. Y cuando tocás solo, escuchás el saxo… solo (risas). Nunca me gustó esa situación. Y es muy difícil tocar bien melodías. El Gato Barbieri es un gran melodista. Es muy difícil, es todo un arte que muchas veces los improvisadores jóvenes subestiman. Están muy preocupados por el solo. Esa cuestión ombliguista.

    ¿A qué te referís con “los jóvenes”?

    LovanoJóvenes musicalmente. En una clínica en Boston lo escuché a Lovano decir algo muy interesante. Decía que le parecía mal que los acordes de una melodía estén en la página siguiente; que tenían que estar juntos. Que no había que peder de vista la melodía, que en definitiva es el leit motiv de la improvisación. En la época del be bop, al no haber tiempo para ensayos, algunas estructuras armónicas se utilizaban para distintos temas. (Charlie) Parker, por ejemplo: Donna Lee es Indiana. Pero vos no podés hacer el mismo solo sobre un tema que en otro. Porque vos estás haciendo un aporte sobre una variación, sobre una composición diferente, por más que la armonía sea la misma.

    ¿Cómo se piensa un solo?

    Ésa es una respuesta difícil porque hay miles de formas de encararlo. Es como intentar responder a “cómo se piensa un cuadro”…

    O sea que no tenés solos compuestos…

    (Piensa) Mirá… yo sé que Pat (Metheny) ha escrito solos para muchos de sus discos. Lo ha declarado, incluso. Yo celebro, del jazz, la hermosa oportunidad de… (piensa), el arte de capturar el instante.

    Una foto.

    Eso. Ni más ni menos. Reflejar el momento.

    OK, pero vos un día hacés un solo que te encanta, que es una improvisación. ¿Y no te jode tener la certeza de que, igual, no lo vas a volver a tocar?

    Y… vos podés ver el vaso medio vacío o medio lleno. No sé quién lo dijo, pero es seguro que las noches más geniales han quedado sin registro. Esto no tiene fin. La creatividad un poco me remite a pensar en la abundancia, el infinito de la vida. Van a haber más ideas, más cosas por tocar.

    ColtraneY por otro lado, un solo, ¿no termina, en algún punto, transformándose en parte de un tema?

    Puede pasar. Después del solo de My Favorite Things de Coltrane… porque ahí ya no encontrás ni la melodía ni el humor del tema. Es una bola de energía tremenda. Y a partir de ahí se hizo más habitual que los solos tengan cierta independencia. Al principio sí, los solos en el jazz estaban más agarrados a la melodía. Con el tiempo, eso fue cambiando. Y el solo cobró una importancia que poco tiene que ver con la melodía. Está bueno que haya cierta unidad entre una cosa y otra. Pero no tiene por qué ocurrir, necesariamente.

    ¿Se puede ser músico de jazz sin hacer solos?

    (Piensa) Y qué sé yo… Me cuesta pensarlo eso, porque la verdad que para mí los elementos más importantes en el jazz son la interacción, la improvisación y captar el momento. No sé cómo improvisaría Billy Strayhorn; porque ese  tipo es uno de los compositores más importantes del jazz y como nunca lo escuché tocar…
    Yo creo que es muy difícil… podrás ser muy buen compositor, pero tenés que saber improvisar también…

    Pero mirá que no lo digo como una carencia sino como una elección. Un disco de trío o cuarteto, de jazz, que no tenga solos.

    Y… no existe ese disco…

    No sería jazz

    Not file under jazz (risas).

    ¿Cuándo dijiste “voy a ser músico”?

    (Piensa… mucho) A los… doce años…

    ¿Y tocabas con otros chicos, con otra gente?

    A los trece. Tocaba sobre bases y con algún guitarrista. De chiquito a Papá Noel le pedía xilofones y trenes. Se ve que lo mío era viajar por la música. 

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