• Ricardo Cavalli

    ¿Y cuándo formaste parte de un grupo “en serio”?

    Billy HarperA los 14 tocaba en una banda de San Martín que se llamaba Los Dietéticos. Era una banda de garage y yo no tenía ni idea de lo que estaba tocando. Pero me encantaba el solo hecho de ir a los ensayos. A los 15 ó 16 ya empecé a encarar la cosa de otra manera. El primer concierto que vi fue a los 13 años: Billy Harper en el Teatro San Martín. Me llevó mi vieja. Y yo quedé entarugado en la butaca. Imaginate lo que podía ser para un pibe de la provincia de Buenos Aires ver eso a los 13 años… y con ese quinteto… Arranca el concierto con un gong y aparece Billy Harper arando y tocando a lo Harper… no quedó nada… ése fue mi primer show. Antes había ido a ver a Markama, porque era la recuperación de la democracia y había un momento de euforia…

    Pero no ibas a los clubes

    Y… era muy chico y vivía en provincia…

    ¿Y cómo te empezaste a relacionar con los músicos?

    Un muy amigo mío fue el plomo de Horacio Larumbe y compañero de clarinete, Alfredo Torres. Los Torres son una familia a la que quiero mucho. Cuando se hacía tarde me quedaba a dormir en casa de ellos. Fijate…. mi primer trabajo profesional fue tocando en una obra de teatro, en Carlos Pellegrini y Av. Corrientes. Yo tenía 16 años y me tomaba, con mi saxo al hombro, el último colectivo 176 que salía para José C. Paz a la 1:40 de la mañana. Llegaba a mi casa a cualquier hora y al rato tenía que ir a la escuela.

    Igual… disculpame, pero para llegar al 176 tenías que tomarte otra cosa antes…

    176Sí… estoy pensando cómo miércoles llegaba hasta Chacarita… era otra época… y más de una vez me quedaba dormido. Empezar a tocar conciertos con un grupo propio me costó bastante, si bien siempre tocaba con amigos o compañeros. Pasa que 15 ó 20 años atrás acá la escena del jazz era muy diferente. Antes de irme a estudiar a Estados Unidos teníamos que pagar para tocar… corríamos las mesas de un bar y tratábamos de juntar la guita para que el baterista pudiera volverse en taxi, aunque sea. Cuando volví, en el 2000, la escena estaba profesionalizada. Al toque empecé a tocar con Javier Malosetti, con el Quinteto Urbano, había boliches que se llenaban y empezaron los viajes al interior… era otro mundo…

    ¿Cuándo te fuiste a los estados Unidos?

    En 1995, acababa de cumplir 25 años. Acá tenía un trío con Diego Lutteral y Guillermo Delgado con el que tocábamos por dos mangos en un barcito que se llamaba “El Mirador”, en Parque Lezama. Tocábamos standards y temas míos. Paralelamente tocaba en musicales y obras de teatro, que fue lo que me permitió juntar la plata para irme a estudiar.

    Cavalli - Lutteral - DelgadoY luego, a tu regreso, el primer disco lo grabaste con ellos y con Guillermo Romero, ¿no?

    Y sí… no podía ser de otra manera…

    ¿Qué te encontraste afuera que no encontrabas acá?

    Y… acá no había nada en ese momento… estaba Malosetti, Navarro y otra gente a la que uno respeta y admira, pero había un estancamiento enorme en comparación a los Estados Unidos, por supuesto.

    En ese momento el jazz era, como dijimos hace un rato, de saco y corbata, ¿no?

    Lo que pasa es que con el tiempo el término jazz… ¡engorda! (risas). Dentro de poco, Shakira va a hacer jazz… es un lío esto ya… hablemos de buena música original, de música de autor comprometida, cualquier proyecto de Jodos, el Quinteto Urbano, Escalandrum, Iaies con sus distintas búsquedas, Javier Malosetti con lo que se le ocurra hacer… me están quedando afuera un montón… Mariano Otero con su orquesta… hay muchas cosas buenas… hemos recuperado valores, hemos tenido la suerte de recuperar a algunos músicos como Richard Nant o Guillermo Klein, que vino para armar un grupo y grabar, la suerte de que Juan Cruz de Urquiza no se quedara en los Estados Unidos… hay tipos que podrían haberse quedado en el exterior pero que han decidido quedarse acá y compartir sus búsquedas.

    ¿Vos creés que el jazz local tiene una identidad propia?

    Uhhh… (se fastidia). Esa pregunta ya me la hicieron muchas veces. Y el otro día se me había ocurrido una buena respuesta pero me la olvidé (risas). ¿Alguna otra pregunta? (más risas).

    Voy a esto: cuando escuchás a un músico argentino tocando jazz, ¿lo identificás con el país o el jazz es una música universal que no importa quién la toque?

    (Enérgico) Mirá… hay que empezar diciendo qué es el jazz, qué es un músico de jazz, con qué cosa vos le das un diploma a un tipo como “músico de jazz”… qué sé yo… es un quilombo…

    Pero vos escuchás un tango de acá y uno hecho en… Finlandia… y te das cuenta de la diferencia…

    A ver… pará, pará… porque tal vez… depende… porque si yo me mato estudiando be bop y me despersonalizo al punto de tocar “casi” como Sonny Rollins, ¿cómo vas a saber dónde nací?

    Por ahí pasa la pregunta…

    ¿La contesté?

    No. A lo que voy es a algo más urticante, si se quiere. A si el músico argentino de jazz tiene identidad propia o intenta emular a otros.

    Y… eso es muy personal. Hay tipos que tienen identidad nazcan donde nazcan. Y después están los otros que intentan emular a los grandes, así hayan nacido en Oslo. A mí me pasó en Berklee con un japonés que lo escuchabas y era un clon de Sonny Rollins. Si uno se acerca tanto a un estereotipo que define al género y lo imitás, lo imitás, lo imitás… te despersonalizás al punto de que no hay manera de que se sepa de donde sos.

    ¿Y eso es bueno o es malo?

    Es una búsqueda muy personal. No lo podemos juzgar. Yo creo que es un desperdicio emular a otro en lugar de encontrarte a vos mismo. También hay que reconocer que encontrar la voz propia te puede llevar toda una vida.

    Ahí, vos, ¿en qué plano estás?

    Escuchando lo que estoy grabando y en relación a mi disco anterior encuentro grandes cambios; es como si en un viaje a Mar del Plata estaría por el cruce Etcheverry, más o menos… (aclaremos: Mar del Plata queda a unos 400 kilómetros de Buenos Aires y el cruce Etcheverry a aproximadamente 60). Es inevitable que haya cosas que son personales y que me pertenecen. Creo que estoy encontrando una voz propia, pero es un camino muy largo.

    Vos creés que acá hay músicos con identidad propia…

    ¡Sí! (enfatiza) Hay tipos que ya se encontraron, aunque también puede ser que cambien. Vos escuchás al Coltrane de los inicios y poco tiene que ver con el de los últimos años. ¿Y Davis? ¿Cuántas veces volanteó? 

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