• Ricardo Cavalli

    ¿Sos consumidor de música?

    Honestamente, en los últimos años he escuchado muy poca música. Volviendo… yo creo que cuando uno es honesto en una actividad creativa, no puede evitar que los campos personales se reflejen en el arte de uno. Yo la honestidad la vivo desde ahí. Habrá gente para la cual el proceso es más cerebral, pero en mi caso es más… emotivo.

    Hay una fuerte presencia religiosa en tu vida.

    Pongámosle espiritual.

    ¿De dónde viene?

    La música de John Coltrane… a ver… descubrir a Coltrane fue algo más que descubrir a un tipo que me abría inquietudes artísticas; porque en su sonido, incluso el de la primera época, ya se percibía un sonido espiritual, una necesidad muy íntima, una “Inner Urge”, como diría Joe Henderson. Al menos eso es lo que me pasó a mí. Su música fue como el primer link entre la espiritualidad y el arte. Mi vieja, de chico, me había dado a leer un libro de Kandinsky que se llama “Lo espiritual en el arte”, muy interesante… pero ahí no pude hacer la relación entre arte y espiritualidad; sí pude hacerlo con Coltrane a quien considero, de alguna manera, mi primer maestro espiritual. Cuando descubrí A Love Supreme, yo tenía 21 años; y ya hacía 7 años que lo escuchaba… y junto con Meditations y Crescent, los tres álbumes fueron para mí como una gran meditación. Como un canal a una energía superior, una invitación a percibir la vida desde un lugar tremendamente ligado más al espíritu que a la materia.

    ¿Pero vos tenías algún background, desde el colegio o algún otro lugar?

    No (enérgicamente).

    Te pintó a través de la actividad artística entonces…

    Exactamente. Y a través de la observación de la belleza. Por eso también Súndaram (título de su segundo álbum, que significa “belleza”). La contemplación de la belleza. Siempre recuerdo el jardín de mis abuelos y los viveros que visitábamos con mi viejo. Cuando yo era chico íbamos a la Fiesta de la Flor en Escobar. Ese paisaje, esos colores, esa variedad, esa sinfonía del color… también es un despertador a la actividad espiritual. Por eso en mi segundo disco le dediqué un tema a la colectividad japonesa en la Argentina por el recuerdo que tengo de los viveros (se refiere al tema Japanese Rendezvous). Porque para mí los viveros, de alguna manera, están ligados al jazz. Y ya veo que después de esta nota muchos me van a dejar de hablar (sonríe); pero no me importa (y sigue en lo suyo). Al igual que en un vivero, el jazz también celebra la diversidad. Es un género que siempre suma, que está hambriento de compartir. Por eso existe un Adrián Iaies que mete cosas tangueras, un Miles (Davis) que hace un Kind of Blue metiéndose con la música modal que fue una fuerte influencia de Oriente. El Chano Domínguez, toda la bossa, el Getz de los 60’s, Gillespie mismo… el jazz no excluye. Es tremendo… es una gran enseñanza espiritual también la que el jazz nos deja. Porque es ver la unidad en la diversidad. ¿Cómo puede haber tanta buena música desde fuentes tan diferentes?

    ¿Eso lo ves en el jazz y no en otros estilos?

    Definitivamente. Me parece que la música académica adolece de este ingrediente y por eso siento, desde mi ignorancia en el género, que falta un poco de flexibilidad en los compositores académicos que no sé ni quiénes son. La verdad es que no sé nada, así que estoy hablando al divino botón. Pero me parece que es así. Hay otros géneros que no… En algunos casos parece que no pueden dejar de mirarse el ombligo.

    ¿Sos de ir a la Iglesia o algo por el estilo?

    Soy de tratar de estar despierto lo más que puedo. No dormirme. Nada más. No voy a ningún lado.

    O sea que no sos partidario de…

    (Interrumpe) Yo soy partidario de todo lo que a la gente le traiga paz y conexión con su Saber, con mayúscula.

    Adonde iba es al hecho de si eso que recibís aunque no vayas a buscarlo produce algún efecto dominó en tus composiciones. Si vos decís que se refleja de alguna manera.

    Y… como te decía hace un rato… inevitablemente (hace una larga pausa) la vida del artista refleja lo que uno es. Y no se puede evitar. Tenés que ser un esquizofrénico…

    O un mediocre.

    O un imitador. Pero en definitiva vas a sonar como un imitador y eso es lo que sos. No te escapás. Para mí la actividad artística es como un gran espejo.

    De uno.

    Sí.

    Y con quien toca… ¿también?

    Pero yo toco con grandes maestros…

    Por eso…

    Mirá… Brandán, Carmona, Tarzia, Otero, Gutfraind y Michelini son para mí personas antes que músicos. De tremendo nivel. Los quiero a todos…

    Personas de tremendo nivel. ¿Vos tocarías con una persona que no tenga un “tremendo nivel”?

    Por supuesto… porque yo no juzgo a las personas… aunque me he ido de grupos.

    O sea que para vos es más importante la persona que el músico…

    No, no, no… hay un aspecto profesional que también es importante. Si vas a hacer un proyecto de 4 horas o 4 días, entonces importa básicamente que el trabajo esté bien hecho. Ahora… si hacés algo como lo que estoy haciendo yo ahora, que implica viajes, horas de convivencia y demás, la persona importa mucho.
    De todas maneras, yo no juzgo. Porque en nuestro camino, todos tenemos que luchar contra los juicios y los prejuicios. Y el bien y el mal son cosas tan relativas… Yo trato de acercarme a la gente que me alimenta. Y estar con ellos el mayor tiempo posible.
    Yo lo que percibo últimamente es que hay muchos jóvenes que son tremendos músicos y tremendas personas. Y ojo, que no soy Heidi ni mucho menos…

    Ahora parece haber mucha más convivencia entre los músicos que hace algunos años…

    Romero - CavalliLa orquesta de Mariano Otero es un fenómeno muy interesante en ese sentido. Incluso tiene un valor social muy importante. Es un proyecto ambicioso. Pero también desde la cantidad de tiempo y energía que hay que ponerle. Y lamentablemente yo tuve que abrirme de la orquesta por esos motivos… porque el laburo es infernal. Y a veces no te queda otra que optar. Por eso también es entendible que Pepi (Taveira) haya dejado el grupo porque está muy enchufado con su nuevo cuarteto y además estamos por grabar un disco en trío con Jerónimo Carmona. Y yo también estoy por cristalizar un proyecto postergado que es un disco con (el pianista) Guillermo Romero. Y esto es algo que me pone muy contento, porque además de que hace siete años que tocamos juntos, Romero es un regalo que me dio esta vida. Una de las sorpresas que Dios me tenía preparada y estoy muy agradecido por ello. Es un gran músico, yo lo admiro mucho. Nos conocimos cuando yo tenía 16 años y ya se tocaba todo el pibe… ya de joven fue siempre muy maduro musicalmente. Igual que Jodos… que a los 18 años ya tocaba como un anciano el cretino… las ideas que tocaba… y es cierto que los medios no son los aptos como para sostener con holgura determinados proyectos. Pero también seamos agradecidos, porque ese proyecto existe. Veamos el vaso medio lleno…

    La sensación es que un grupo así puede alentar a la creación de otros combos similares, tal vez con menos músicos…

    Tal cual… y no nos olvidemos que hace pocos años la escena del jazz no existía… y la verdad que yo creo que todos somos sensibles a las cosas buenas. Ernesto (Jodos), a mi manera de ver, nunca llevó a cabo proyectos condescendientes. Y al tipo le ha ido bien. Porque la gente lo percibe sin tener por qué saber lo que es un acorde disminuido… Vos cuando ves algo bueno lo percibís desde un lugar que traspasa la mente. Y el público argentino está respaldando estos emprendimientos porque ve que hay gente de valor. La gente no es tonta.

    ¿Querés agregar algo más?

    No… tal vez quitar algunas cosas que dije que son innecesarias…

    Es que ésos van a ser los titulares… (risas)

    www.ricardocavalli.com.ar 

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