• Rickie Lee Jones: En tiempo de descuento

    Jueves 25 de junio de 2009 – 21:30 hs.
    Teatro Gran Rex – Buenos Aires

    Al igual que ocurriera con Ornette Coleman, para poder desarrollar este comentario fue necesario un suceso que se lo puede encuadrar en el terreno de las casualidades. Pero no nos anticipemos tanto.
    La Argentina es un país extraordinario. Me refiero a la definición que surge del diccionario de la Real Academia Española (¿el Racing de Santander?): "fuera del orden o regla natural o común". No sufra de antemano, no haremos un análisis sociológico, político ni filosófico. Pero que es un país que no para de sorprender(nos), ya no cabe duda alguna. La lógica parece ausentarse bastante seguido a cada una de sus citas; de ahí que tal vez ya no nos sorprendan tanto algunas cosas. A todo nos habituamos rápidamente. O a casi todo.
    Se habla en el mundo entero de una crisis mundial que no discrimina y que ha hecho que en todos los países se tomaran los debidos recaudos para sobrellevarla. Aquí, en el cono sur, este 2009 es un año en el que nos visita una inesperada cantidad de músicos internacionales.
    A este escriba, de todas maneras, la situación no deja de llamarle la atención. Más aún en el caso que nos ocupa, la visita de Rickie Lee Jones para presentarse por primera vez en Buenos Aires, cerca de fin de mes, con el invierno ya iniciado, en un teatro con capacidad para más de 3000 espectadores y con su discografía completamente inédita en el país.
    Y con una escasa información previa que nos hizo afirmar en nuestra entrega anterior: "No tenemos la confirmación absoluta pero es muy probable que la acompañen Wyatt Stone, David Kalish, Peter Atanasoff y Joey Maramba".
    Afortunadamente no nos dedicamos oficialmente a las predicciones; ninguno de ellos vino…

    Tampoco había pistas (ni de músicos, ni ficha técnica, ni nada) en el programa de mano entregado en el teatro que incluía un texto titulado "Revolución en tacos" del que, si me lo permite, me abstendré de opinar.
    Pero lo que verdaderamente nos importaba era la presencia de Rickie Lee Jones. Sola, en trío, cuarteto, con orquesta, sentada, parada o acostada. Nacida en Chicago, Estados Unidos, en 1954, debutó discográficamente en 1979 con Rickie Lee Jones gracias a un demo con cuatro temas alcanzado al sello Warner en 1978. En 1981 apareció Pirates; luego se sucedieron álbumes que siempre, a pesar de su heterogeneidad, incluían dos o tres gemas de ésas perdurables. En lo personal, Pop Pop de 1991 fue el punto más elevado de su carrera. Allí deconstruía clásicos de manera admirable con una compañía ídem: Dino Saluzzi, Robben Ford, Joe Henderson, Charlie Haden…

    En tres décadas, la pianista, guitarrista, compositora e intérprete estadounidense editó apenas una decena de discos en estudio, más un EP y dos álbumes en vivo. Sin querer entrometernos en su vida privada, no se desconocen sus excesos (fundamentalmente con el alcohol), sus amoríos y hasta el abandono de su carrera escolar debido a una expulsión. Sus composiciones también han dicho algunas cosas. Fue una de las que se le plantó más duramente a George W. Bush y su último trabajo, The Sermon on Exposition Boulevard, está basado en letras surgidas del libro The Words, de Lee Cantelon, una suerte de relectura aggiornada de la palabra de Jesús.
    O sea… no estamos frente a una carmelita descalza…

    A las 21:30 hs. comienza su actuación Graciela Cosceri; la mayoría de los músicos evitan decirlo vaya uno a saber por qué motivos, pero la cantante argentina no anduvo con rodeos y se manifestó "feliz de ser telonera de Rickie Lee Jones". Y no se le cayó ningún anillo. Acompañada por un trío sin estridencias, interpretó siete canciones. Ninguna de su autoría. Cosceri, desde su bajo perfil, seduce y encanta a sus colegas con su voz. Muchos de ellos la adoran y, por supuesto, no falta quien la envidie. Con un currículum impresionante como "vocalista de", resulta llamativo, preocupante e injusto que aún no haya debutado como solista. Abrió con Power Flower, de Stevie Wonder, siguió con una sucesión de standards: Tenderly, Comes Love, How I Wish (o Ask Me Now, de Monk, con letra agregada por Jon Hendricks) y Mean to Me. Luego vino el turno de Junk, de Paul McCartney, para finalizar con la bella La miel en tu ventana, de Luis Alberto Spinetta. Correctamente sostenida por su grupo, Cosceri sonó afinada, sensible y expresiva como siempre. Lo que me queda por resolver es un enigma. En 2002 ella declaró: "no quiero cantar standards ni hacer un show típicamente femenino". Lo de "show típicamente femenino" no lo entiendo, pero cuatro de los siete temas fueron standards. Cosceri tiene con qué y eso está fuera de toda discusión. Pero queda la sensación de que falta un proyecto, una propuesta firme, algo que no acote su notable capacidad interpretativa.

    A las 22:25 hs Rickie Lee Jones comienza su actuación acompañada por… por…
    Un día después del concierto, nos cruzamos con la cantante en un negocio de Palermo Viejo. Hicimos todo lo posible para evitar la tentación de molestarla. Lo logramos, pero hubo una filtración; necesitábamos confirmar quiénes la habían acompañado. Es que, extrañamente, hubo algunas deficiencias de sonido durante el concierto; y en el momento de las presentaciones, el público nos tapó. A uno lo teníamos seguro, de vista y por el estilo: el bajista Rob Wasserman (que en la información previa no iba ni al banco). Los otros dos fueron Chris Joyner en teclados y Don Heffington en batería. O sea que no habíamos pegado una… Le agradecimos la deferencia y la dejamos marchar.

    El inicio fue con Jolie Jolie, de Traffic From Paradise (1993). El clima intimista, bien sostenido por el upright bass con arco de Wasserman, se cortó abruptamente por un fortísimo acople que provocó un "oooops" de la blonda. A continuación, un viaje a su álbum debut con Weasel and the White Boys Cool; Rickie Lee Jones está al frente de su grupo, con su acústica, en actitud rocker aunque la primera parte del show esté teñida fuertemente de blues. El órgano de Joyner no pasa desapercibido. A Stranger's Car, también de Traffic From Paradise, nos lleva a pensar que algo no está funcionando bien. La propuesta, decididamente, se encuentra incómoda en este recinto. Más aún cuando a la escasez de público hay que sumarle pequeños éxodos a la finalización de cada tema. Pero Jones no claudica y brinda una muy buena versión de Mink Coat at the Bus Stop, extraída de The Evening of my Best Day (2003), con una buena entrega de Heffington en batería.
    La cantante cambia a una guitarra eléctrica y ofrece, desde Ghostyhead (1997), la bucólica Scary Chinese Movie. Potente desde la letra, un tanto monótona en su oferta musical, cuando aclara que se refiere a un ex novio… el éxodo se acentúa. Heffington sigue mostrando una gran variedad de recursos, pero seguimos pensando en que algo está fallando. Falling Up, de The Sermon on Exposition Boulevard, contiene una previsible dosis litúrgica con un solo de órgano como para ir a llorar a la Iglesia.

    Quiero referirme nuevamente al breve encuentro informal con la cantante. Fue un viernes por la noche. Su amabilidad la llevó a escribir de puño y letra el nombre de sus músicos; pero también se preocupó de consultar a su acompañante si Joyner iba con "i" o con "y". Algo quedó claro además: amable, sí, pero obsesiva, curiosa y persistente. Igual que en el teatro, donde a la hora de interpretar The Last Chance Texaco, no le importó que el éxodo siguiera su curso. Una muy (pero muy) buena versión que disimuló sus treinta años de existencia. Tozuda, redobló la apuesta con un estreno, Bonfires, que interpretó casi en soledad, con algunos tibios aportes de Wasserman. Lo escuchado abriga expectativas inmejorables para el álbum que vendrá. Un hermoso momento, lo mejor de la noche hasta aquí.
    Pero la versión de Satellites, de Flying Cowboys (1989) la hace retroceder un par de casilleros.

    Cuando estaba por cumplirse una hora de concierto, Rickie Lee Jones se saca la guitarra de encima, le pide a Chris Joyner que se vaya y, sentada al piano, provocó un cambio sustancial en la noche. Pirates (So Long Lonely Avenue), de 1980, abrió el juego. Brilló, prácticamente en carácter solista, en la interpretación de On Saturday Afternoons in 1963, de su disco debut. En trío y en un plan absolutamente minimalista, otro gran momento con Coolsville que entregó un final rayano en la hipnosis. Regresa Joyner para hacerse cargo de los teclados pero a la Jones parece que no hay manera de sacarla del piano. En cuarteto avanzan con otros dos temas de Pirates: We Belong Together y Living It Up, a la que parecieron sobrarle un par de minutos. El final fue con otro estreno, Rehab, que nada tiene que ver con el tema de su hoy admirada Amy Winehouse.

    Cuando salió solamente para saludar, pensamos "¡qué pena!"; porque teníamos la sensación de que algo no se había hecho presente en el concierto. Hasta que apareció nuevamente, acompañada por Wasserman y Heffington. Este último, más como apoyo logístico que otra cosa. Jones y el bajista mantienen un diálogo en el que parecen decidir qué tocar. Wasserman le muestra un par de escalas, la cantante asiente y comienza entonces Bye Bye Blackbird. Y ahora sí. La magia en todo su esplendor. La gente intentó corear el "bye, bye, Blackbird"; Jones sonrió pero después parece que cambió de parecer y entonó "Blackbird, bye, bye", como para desorientar. Y hubo algo más. La pericia de Wasserman (de quien se recomiendan sus álbumes Solo, Duets y Trios, además de las participaciones con músicos como Lou Reed, Van Morrison, Elvis Costello y la propia Jones) nos sumerge en Autumn Leaves, que la cantante interpreta de manera extraordinaria e irrepetible provocando en el Gran Rex un silencio tan majestuoso como el teatro.

    Rickie Lee Jones se presentó por primera vez en Buenos Aires ofreciendo un concierto en el que los viejos clásicos terminaron ganando por goleada. Que pareció estar dividido en dos segmentos casi antagónicos. Y que terminó decidiéndose en un tiempo de descuento que, estamos convencidos, la cantante no tenía previsto.
    Y es que precisamente en ese momento fue más Rickie Lee Jones que nunca.
    Como si estuviera en su casa.
    O en algún lugar de Palermo Viejo.

    Marcelo Morales

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