• Robert Fulghum: Todo Lo Que Hacemos Sin Saber Por Qué

    Emecé editores

    Si hoy me hubieran formulado la pregunta de a-qué-se-dedica, hubiera respondido que era un cantante. No sólo no me pagan por cantar, sino que algunas veces mis amigos pagarían para que yo no cantara Sin embargo, a mí me encanta cantar. En la ducha, cuando voy en auto al trabajo, cuando voy a almorzar, y a dúo con cualquier canción que reconozca en la radio. Canto. Eso es lo que hago. Dios no me dio el equipo necesario para satisfacer mis deseos. Mi voz es lo que ustedes llamarían con amabilidad una “voz indefinida”. Escucho la música en mi cabeza, pero no puedo reproducir lo que escuché, aunque a mí me parezca que lo hago bien. Durante toda mi vida he tratado de ser solista pero siempre me dijeron que mi lugar era el coro. Y después me eliminaban del coro porque había demasiados de lo que yo soy (sea lo que fuere). Me encantaba ser el padre de mis hijos cuando eran pequeños y no tenían pautas musicales porque cantaban conmigo sin criticarme. No importaba que no supiéramos todas las palabras o que no fuera el tono adecuado. A nosotros, los cantantes, no nos intimidan las cuestiones técnicas. Cantantes son los que cantan.
    Y punto.

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