• Roxana Amed: La Búsqueda De La Estrella

    Teatro ND/Ateneo – Buenos Aires
    Viernes 11 de mayo de 2007 – 21:00 hs.

    AmedCuando chico, en la escuela, siempre me llamó la atención un hecho que se llevaba a cabo antes de ingresar al aula. En la formación (dos filas paralelas), debíamos levantar el brazo derecho hasta tocar levemente el hombro diestro de quien nos precedía. Nunca entendí muy bien el motivo ni la razón. Y mucho menos la denominación: “tomar distancia”.
    El tiempo ha pasado, ya no he vuelto a formar esas filas, ni he levantado mi brazo derecho en forma recta (casi nazi) para tocar hombro alguno. Pero sí me ha acompañado la frase “tomar distancia”. En otro sentido, por supuesto.

    Por varias razones que no viene a cuento mencionar aquí, hemos asistido a varias actuaciones de la cantante Roxana Amed, aun antes de la edición de Limbo, su álbum debut. O sea que conocemos bastante su repertorio y su manera de manejarse arriba de un escenario. Esto, así como así, no implica nada extraordinario. Pero luego de la nota que le realizáramos para este site en ocasión de la edición de su segundo disco, Entremundos, ya nada podía ser igual.
    En esa entrevista, Amed se desnudó verbalmente como nunca antes, al menos con este escriba. Nos sorprendimos y conmovimos. Y los comentarios posteriores que nos han llegado confirmaron esa percepción de que la cantante había hablado a corazón abierto.

    Y la Amed presentaba de manera oficial Entremundos. Y estuvimos en el ND/Ateneo.

    Nuestro trabajo consistiría entonces no solamente en intentar captar de la mejor manera posible lo que ocurriría en el escenario, sino también en “tomar distancia” para ser lo más neutrales y objetivos posibles. Porque sabemos que corríamos con cierta ventaja con respecto a la mayoría de los asistentes.

    AmedPorque Roxana Amed, entre tema y tema, habla. Mucho. Y cuenta cosas. Muchas.

    A las 21:20 hs. la cantante hace, sola, su irrupción en el escenario. Como es habitual en sus presentaciones, comienza con una impactante versión de Amazing Grace, a capella. Amed lo sufre, lo siente, lo goza, lo actúa. Arriesga la voz yendo a todas aprovechando su gran caudal y afinación. Y echa por tierra aquello de que hay que calentar la gola. Pamplinas. Merecida ovación y la primera revelación: “Yo paso por este proceso de revelación mientras la canto”.
    Mientras la banda en pleno se acomoda en el escenario, Amed anuncia Diferente: “ser diferente es el valor de estar solo”. Ella en este momento está acompañada por Mario Gusso en percusión, Fernando Galimany en contrabajo y los guitarristas Sebastián Espósito y Claudio Iuliano. Correcta versión que aporta la solidez del contrabajista (ya sea con el arco o los dedos) y el primer solo, espacial, de Espósito.

    Amed - KabusackiSe produce el primer éxodo. Queda solamente Iuliano a quien se le suma el primer invitado de la noche, Fernando Kabusacki y su “guitarra con alas”. Y no está mal la definición. Antes de interpretar Tres sueños, Amed recita “Visitas”, un poema de Octavio Paz que de alguna manera promovió la composición. Un bello momento con un sobrio Kabusacki y sus “Kabutronics”.

    Suben el tecladista Andrés Beeuwsaert y el baterista Pepi Taveira, quienes junto con Gusso, Iuliano y Galimany se despachan con una potente intro comandada por el contrabajo y la percusión. Taveira va calentando motores despacio hasta que se va transformando, a medida que el tema gana en intensidad, en el terrorista que conocemos todos. Amed exprime su garganta en un pseudo scat que va de palo a palo (de Taveira a Gusso). Estamos en De cómo las cosas buenas brillan como una mañana de sol. No se extrañan los caños ni la orquesta de la grabación original. Un corte sorpresivo da paso a una coda con sutilezas de Beeuwsaert.

    Amed - AznarSe va Taveira, entra Pedro Aznar, “un barco supersónico con música all around; ¡hola round!”, bromea Amed. Es el turno de Amelia, de Joni Mitchell, en su versión castellana. Un poco más acelerada y “optimista” que en Limbo. La cantan a dúo y parece haber un exceso de instrumentación. ¿Y si la cantaran solos, sin más que una acústica? Pregunto, nomás…

    Tenemos en escena de nuevo al grupo original para Violines en el campo, tema que abre Limbo. Muy bien Gusso en cajón. Espósito aporta cierto aire de psicodelia que suma. La versión tiene más swing; es casi… ¿funky? Buen momento.
    Sigue Arizona, también de Limbo y uno de los mejores temas del álbum. En la previa, Amed cuenta cosas de su vida. La sensación es que en lugar de armar su propio mapa, edificó un T.E.G., pero bombardeando con canciones. Se exige atención. La voz surge prístina, clara y potente. El acompañamiento es sólido, incluyendo una económica y sólida participación de Galimany. Si negás la realidad, éste no es tu tema. Aplasta, agobia. Gran final.

    Llega el turno del tema que da título al primer álbum. Me pregunto si no habrá gente que queda afuera de las historias que confiesa Amed. No de las que canta, sino de las que narra.
    Estábamos evaluando esta posibilidad cuando la intérprete presenta con respeto y admiración al pianista Adrián Iaies, “alguien capaz de conciliar mundos diversos bellamente”. Hacen solitos los dos Entremundos. La conjunción es perfecta. Iaies no acompaña, te lleva. Y Amed se deja llevar en un tremendo momento. Superlativo. De lo mejor de la noche. ¿Menos es más?

    Antes de Tu cuarto propio, nos habla de Virginia Woolf. Este tema refleja un par de obsesiones de la cantante: la necesidad de que la gente comprenda lo que interpreta y el por qué; y además, que las cosas suenen como en su cabeza, apostando a más. Por eso, Pepi Taveira en bolón, Gusso en marímbula e Iuliano en kalimba. La propia Amed en acústica y Galimany en contrabajo completan el combo.
    También nos cuenta la historia de Georgia Lee, tema compuesto por Tom Waits y, al igual que Amelia, interpretado en castellano. Aquí se suman Aznar en melódica y Beeuwsaert en teclados. Y, también como en Amelia, me pregunto si no hay un exceso de instrumentación.

    Con poca charla previa y con el grupo original, estamos en Hasta que nos nombre. Gusso empuja junto con Espósito y Galimany. Hay mucha energía; Iuliano aporta hacia el final un momento rocker que el tema pedía a gritos. Tremenda versión, con la cantante exprimiéndose y arriesgando una vez más.

    Amed va al piano para interpretar, sola, Strange Fruit, aquel tema de Allen (no, Woody no… Lewis) y que inmortalizara la gran Billie Holiday. La apuesta no es menor. Si bien el aire Holidayense aparece, Amed utiliza espíritu y formas Hammillianas para la interpretación. Y sale bien parada.

    Amed - GalimanyCuando comienza El jardín antes del Imperio, no se avizora que Galimany seguirá sosteniendo todo como ya parece habitual, que Iuliano se anima y va a más, que Espósito empuja y cómo… y que Gusso tapa todo hueco existente. “No digas nada de la sangre”, canta la cantante; pero justamente sangre es lo que hay sobre el escenario. Amed no pierde el control aunque los demás descontrolen en un final a todo rock and roll con Iuliano en primera fila. Momentazo de la noche.

    El propio Iuliano acompaña a Amed en Lejos de casa. Hay mucho respeto en la audiencia; casi una rendición ante la poderosa presencia de la artista sobre el escenario. Y casi sin escalas, con los demás integrantes del grupo, el concierto se cierra oficialmente con, por supuesto, Epitafio. Habiéndola escuchado antes de la grabación del CD Limbo, la versión que figura en el álbum no me había conformado del todo; pero aquí Amed grita como ahuyentando a todo espíritu maligno y la banda está a pleno. Porque si en frío, al comienzo del concierto, la voz subyugaba, ahora que calentó… agarrate. Gran y merecida ovación.
    Hubo tiempo para un bis. Aznar se calzó el Rickenbaker para una poderosísima versión de Friends, tema que figurara en Led Zeppelin III. Aquí todos echan el resto. Y la potencia (casi desmedida) que surge desde el escenario, hace que ni nos acordemos de las cuerdas con las que fuera grabado en Entremundos. El tema original es tremendo (y un tanto olvidado, reconozcámoslo) y aquí aparece como un notable bonus track de un concierto que, en sus más de dos horas de duración, dejó tela para cortar.

    Roxana Amed tiene la saludable intención de compartir su arte y sus vivencias con nosotros. Lo que nos preguntamos nuevamente, intentando “tomar distancia”, es si parte de los asistentes no quedan afuera de sus historias personales. Por otro lado, las introducciones en temas como Georgia Lee, Strange Fruit y algunos de sus propios temas, ayudan y enriquecen a la comprensión. Porque Amed apuesta a que haya un compromiso por parte del oyente. Se podrá decir que los parlamentos le quitan “ritmo” al concierto. Es probable; pero no creo que ésa sea la búsqueda de la artista.
    Y la sensación final es que Amed está navegando, justamente, entre mundos.
    Diversos.
    Y (me) pareció que estaba despidiéndose de algo. O recibiendo algo nuevo.
    Roxana Amed tiene una voz privilegiada y posee un fuerte concepto de la estética y lo artístico.
    Solamente le falta definirse por alguno de esos mundos.
    Que tal vez sea la resultante de la sumatoria de diversos mundos.
    No me quedan dudas de que hacia allí apunta.
    Y, casi seguramente, acertará.

    Marcelo Morales

    Nota: Las fotos fueron cedidas gentilmente por Horacio Sbaraglia

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